Recuerdo el pulgar de mi madre. Muy pequeño.
En una mujer esbelta como era ella, sorprendía esa peculiaridad que mi hermana Mónica heredó . Cuando, sin querer, observo a mi hermana comer y se me van los ojos a sus manos, vuelve como una explosión el recuerdo de mi madre.
Si su dedo sobrevivió en su hija, cuánto más y más profundo no habrá de ella en nosotros.
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