miércoles, febrero 22, 2017
Ambición
sábado, febrero 18, 2017
Dios
No tengo fisuras en lo que a mi agnosticismo se refiere. No puedo asumir ninguna creencia más allá del mundo terrenal que conozco.
He sido educado, sin embargo, en el catolicismo. En mi mente infantil se sembró un relato, muchas veces hermoso, otras tenebroso, de premios y castigos.
El otro día, durante décimas de segundo, tras una discusión fea, se me apareció de nuevo Dios. Me reprobaba, imagino. Ese Dios de los cristianos que habita en los que nos hemos criado con su presencia. Esa figura que, aunque no queramos ni creamos en ella, se cuela de estrangis para juzgarnos.
Puede llegar a ser ridículo que en los pliegues más recónditos de nuestro raciocinio, desplegado en circuitos hackeados de nuestra materia gris, hayamos creado, sin pretenderlo, a ese Dios imaginario que rechazamos, para toparnos con él en las soledades de nuestra habitación a oscuras, una figura holográfica que nos riñe y nos dice, 'ven a mí', 'no seas malo', 'yo cuido de ti'.
domingo, febrero 12, 2017
Ventanilla
Recuerdo un comentario que hacía mi madre acerca de un viaje a Galicia con un matrimonio amigo: 'Atravesábamos unos paisajes tan diferentes de Andalucía, ¡y ella iba leyendo el Lecturas!'
No sé hasta qué punto mi rareza, pero no entiendo que la gente no dé bofetadas por coger ventanilla en el avión. Ese placer inmenso de ver el mundo desde arriba parece que gran parte del género humano lo considera normal, contemplar cordilleras nevadas o grandes valles, las costas arenosas, los pueblos escondidos, tratar de adivinar qué ciudad es ésa, qué río aquél. Aun cuando las nubes lo tapan todo y juegas a imaginar cómo de oscuro estará ahí abajo, cuánto frío no hará allí donde no termina de calentar el sol; incluso cuando todo es igual, aun cuando es noche cerrada. En mi mente almaceno largos viajes sobre el Atlántico, con todo el pasaje dormido y yo asomado al gran balcón que me ofrece mi ventana para ver el océano a mis pies, con la luna sola, para mí, mostrándome lo pequeño que somos; cruzar los Andes y ver los lagos turquesas escondidos entre cumbres heladas; sobrevolar el Amazonas viajando hacia Bolivia, tapado con una manta y viendo amanecer con el sol proyectándose sobre un manto verde infinito; imaginar los tiburones durmiendo alrededor de un Puerto Príncipe iluminado en medio del Caribe; emocionarme con islas diminutas repartidas en un mar de Indonesia tan azul que no lo distingues del cielo, en una suerte de levitación en que todo podría acabarse y hacerlo bien; saltar el mar de Japón desde Corea con un gintónic hasta divisar tierra nipona y contemplar los pequeños templos desperdigados entre sus montañas; aterrizar por primera vez en Nueva York y admirar la inmensidad de esa urbe con la que tanto sueño desde que la pisé; ver acercarse el Teide cuando vas a Canarias, o entrar en la hermosa costa de Huelva y su espectacular Coto de Doñana al volver de allí; despegar de Ciudad de México para alucinar con la vastedad de una tierra maltratada, donde sobreviven colinas no urbanizadas de épocas grandiosas; saborear los momentos en que el avión balancea para tomar tierra, instantes de cosquillas en que se atraviesan los algodones de nubes para asumir con orgullo lo lejos que ha llegado el hombre, para felicitarme por haberlo sabido siempre disfrutar.
sábado, febrero 11, 2017
Excusas
domingo, febrero 05, 2017
Ridículo
Siempre enredada en proyectos creativos, esta licenciada por la Escuela de Interpretación de Cristina Rota, compagina su trabajo como coordinadora en un centro de personas sin hogar, como trabajadora social que es, con la dirección de una compañía teatral para adolescentes en su pueblo.
Hace pocos días inauguró, junto con un par de socios, un centro cultural en un barrio humilde de Sevilla donde crear cultura: teatro, fotografía, cine, literatura, música. Todo tiene cabida allí.
-Salva, empezamos fuerte con un intensivo de teatro todo un fin de semana. Cuento contigo.
Allí estaba yo. Por ella y contra mi sentido del ridículo. Entregado e incómodo a la vez. 12 alumnos que nos citamos en ese espacio de la Macarena un viernes por la tarde, con más vergüenza en el cuerpo de la que queríamos reconocer.
Extirpando nuestros prejuicios con mucha música, coreografías imposibles, a base de hacernos gritar, inventar vehículos con que desintegrarnos, utilizando nuestros textos, animándonos a llevar objetos personales, provocando abrazos, Carmen nos ha ido llevando a un territorio en el que no pensar tanto en el qué dirán para concentrarnos en el qué sentir y cómo transmitirlo; nos ha arrimado al país donde se escucha de verdad, aquél en que los humanos alejan sus tonterías para rozarse sin mirar qué ropa llevas o cuántos años acabas de cumplir. Nos ha hecho abrir los cajones atascados de nuestras emociones para convencernos de que se pueden airear al viento sin complejos, porque nadie se va a asustar de ver en ti lo que ellos esconden, sin querer, de sí mismos.
Anoche, tras una cena con amigos, me abrí un pasillo en el bar de copas para mostrar mi coreografía entre el asombro general de quien me conoce.
martes, enero 31, 2017
Atormentado
Reconozco mi querencia de otras épocas por ese estereotipo de personas que me ganaban con sus desgracias, algo así como si me purificara escuchándolos, una suerte de terapia de choque para minimizar mis problemas. Afortunadamente esa actitud en mí quedó enterrada en la juventud; lo hizo desde que descubrí que la supuesta terapia no era sino un sumidero de vitalidad descontrolado.
Hay gente que se condena en vida. Se recrea en su mundo de complejos, se agarra a sus debilidades como martirio, incapaz de ver la luz del día ni su sonrisa en el espejo. Lo más grande es que muchas de ellas tienen un trabajo, no padecen ninguna enfermedad importante, viven en ciudades amables, tienen incluso muchos atractivos que compartir.
Son carne de cañón porque se agarran a la parte mala de los demás, se aventuran a jugar con sus miserias como señuelo para llegar al otro, te seducen con la pena de su incapacidad para abrir los pulmones de lleno, sin darse cuenta que cuando te agarran te manchan, chantajeando ¡sin querer! la parte de ti que está dispuesta a dar sin recompensas.
lunes, enero 23, 2017
Bimba
Sospechamos el dolor intenso, la muerte a pellizcos, imaginada tan de frente que hasta se ven sus curvas, tan certera en su caminar hacia ella que se le ven los ojos; recreadas mil veces las escenas del después cuando no estás, de tus niñas creciendo con tu recuerdo; los recortes de revistas, los vídeos musicales, los pases de modelos, tatuajes, descaro, sinvergonzonería, provocación, ansias de comerse el mundo.
Maldito cáncer insensible, asesino, demonio infinito, castigo injustificable, veneno perverso. Benditas las criaturas que lo sufren, que se rebelan, que se agitan a patadas contra un enemigo que se ríe, rata amargada de odios inentendibles. Bendito el que se arma contra la muerte en plena vida, que lucha por los suyos aun en batallas perdidas.
Un aplauso por los que batallan contra el infierno en vida. Os queremos, nos dais el sentido de la existencia. Somos de vosotros.
viernes, enero 20, 2017
Tiempo
Los días pueden ser extraordinariamente largos si los aprovechamos, lo que ocurre es que somos poco ambiciosos con nuestras pretensiones. Si uno se plantea que la mañana del sábado la dedica a hacer la compra, esas largas horas matinales se le harán poco productivas porque sólo tiene una tarea con la que rellenarla.
Puede parecer contradictorio, pero estoy convencido de que quienes más se quejan de la falta de tiempo son los que menos actividades realizan y victimizan sus excusas aparándose en esa dimensión intocable, subjetiva y voraz que son las 24 horas del día. Incapaces de comprometerse a nada por falta de tiempo y lamentarlo desde el fondo del sofá con el mando de la tele en las manos.
Cuando, en cambio, amanecemos con varias tareas por delante, diversas, proyectos personales, culturales, laborales, sociales, deportivos, sensuales... nos damos cuenta de cómo de fácil puede resultar estirar una sola tarde.
Yo sólo me quejo del tiempo, en lo más íntimo, con un solo motivo: no disfrutar más de la gente que quiero.
martes, enero 10, 2017
Baile
martes, enero 03, 2017
Débil
-No te vengas abajo, tú eres muy fuerte.
Y yo le respondí:
-Estoy harto de serlo.
No sé cómo nos vamos encauzando las personas, cuánto cuenta la genética o la sensibilidad, para tomar un rol de autocontrol respecto a nuestras decisiones y las de los demás. No sé en qué momento uno se da cuenta de que no sabe dejarse ir, ni tomar de vez en cuando papeles secundarios en que poder observar el mundo correr sin querer intervenir para modificar el curso de las cosas.
Es probable que nuestros actos nos vayan definiendo y que esa figura que construimos de nosotros mismos a base de gestos nos condene a ser lo que somos, enredados en nuestra propia tela de araña.
Lo cierto es que cada uno de nosotros, en el lado del camino que nos hayamos colocado, vamos instintivamente buscando la felicidad. A mí me gusta ser como soy, tal vez por eso sea así. Ser fuerte, como me reconozco, a pesar del agotamiento que provoca tomar mochilas que no siempre me corresponden; pero no como virtud ni defecto.
Seguramente nadie haga nada gratuitamente y, en el fondo, todos busquemos el reconocimiento a nuestro comportamiento, sea el que sea. Quizás el fuerte lo que sea es un egocéntrico que no busca sino su independencia, tal vez persiga el no apreciar los valores en el otro, a lo mejor el que presume de fortaleza no es sino un desconfiado del mundo que le rodea. Un orgulloso incapaz de creerse digno de ser amado sin más.
No olvido la frase de Milan Kundera en 'La insoportable levedad del ser', envidio al personaje que la pronuncia, me reconozco en aquél a quien se dirige:
''Quiero que seas débil, quiero que seas tan débil como yo''.
lunes, diciembre 26, 2016
Peor
La proporción es alta, pero no nos ganarán. Son un ejército de almas incómodas con su cuerpo que se las afanan para hacer de nuestra sociedad algo despreciable que esté a la altura de lo que ellos son, que se relamen pensando en que las leyes se elaboren con las tripas y que la culpa de que lleven una vida frustrada no está en ellos, sino en los demás, especialmente si esos otros valen menos que ellos o tienen menos derechos, seguramente porque sean de fuera.
Son los que creen que todo tiempo pasado fue mejor, aunque tengan que adulterar sus recuerdos para extraer imágenes de felicidad, los que piensan que la mezcla, la diversidad o el diferente son malos de por sí.
Tienen un lema sencillo de memorizar, 'cuanto mejor, peor', y ése es su peligro, que son gentes binarias que actúan embelesadas detrás de líderes analfabetos que no saben que el mundo es lo que es gracias a los que pensaron justo lo contrario que ellos.
A los amargados se les combate con una sonrisa de amor.
jueves, diciembre 22, 2016
Joven
Días antes, un directivo del Instituto Renault, con sede en Valladolid, me contactó para decirme que él también participaría. Quedamos en vernos allí. Me quedé con su foto tras investigar en su tarjeta electrónica de empresa.
Seríamos 70 personas. La media de edad, alta. Mucho traje de chaqueta. Asistí con atención a la primera parte del comité, en un salón de actos a medio llenar. Al no ver a mi compañero de Renault, decidí enviarle un wasap. Me respondió excusándose:
'No he podido ir por un problema de última hora, pero he enviado a alguien de mi equipo. Hace por buscarte en la pausa del café'.
Cuando terminó la primera charla y anunciaron la pausa, me quedé entre los últimos en salir para hacerme ver. Ya por fin un hombre se me acercó.
-¿Salvador?
-Sí, soy yo.
-Verás, no estaba seguro. He estado intentando buscar desde mi asiento, hasta que he visto por fin a un tipo joven.
Se me subió el ánimo al oír eso.
-Hombre, muchas gracias.
-No... Pero no eras tú.
miércoles, diciembre 14, 2016
Izan
En euskera 'izan' significa 'ser'.
Este pasado puente hemos estado en su casa, la de mis amigos Txema y Paula, padres de Izan. Al estar ellos trabajando algunos de esos días, he tenido mucho tiempo para pasear con él y comprobar cómo va avanzando en su dominio del lenguaje. Me cuenta todo de sus compañeros de clase, con esas 'eses' tan marcadas del norte. No para de hablar.
A mí me gusta preguntarle, para ponerme al día de sus progresos y poder calibrar hasta qué punto comprende las cosas, cuál es su nivel de conocimiento del mundo que le rodea. Él, simpático donde los haya, no huye ninguna respuesta.
Íbamos caminando por La Concha cuando le pregunté:
-Izan, ¿tú sabes dónde vivimos Fran y yo?
-En Sevilla -respondió raudo.
-Ahá. ¿Y tú? ¿Dónde vives tú?
-En mi casa.
-Ya, pero... ¿dónde está tu casa?
-No muy lejos de aquí -me respondió serio, señalando hacia atrás, extrañado de mi despiste y de mi risa floja.
Me contaba Paula, su madre, que un día llegó del colegio y le preguntó:
-Amá, ¿tú sabes decir tacos?
Paula negó rápidamente con la cabeza, pero él se adelantó.
-Yo sí se uno.
-¿Cuál? -Preguntó Paula.
-¡Tonto!
-Ay, mi niño. Pues sí, sabes decir un taco.
-Venga, dilo tú.
Paula se lanzó:
-¡Tonto!
-¡Hijoputa! -Respondió él.
Días después le comunicaba a su madre lo que había decidido hacer cuando fuera mayor.
-¿Qué harás, mi niño?
-Cuando sea mayor, diré todo el tiempo ¡hostia!
lunes, diciembre 05, 2016
Emoción
La edad lleva a la repetición y ésta nos priva sutilmente de las sorpresas cotidianas, de forma que cada día que pasa nuestra manera de sentir una puesta de sol es menos entusiasta que la del día anterior; esa rutina vestida de negro que nos confina a un ver pasar el tiempo sin las pulsaciones de otras épocas.
Al no tener libro de instrucciones, ni termostato de emociones, el único método para no dejarnos llevar por el desencanto de lo ya vivido es nuestra inteligencia emocional, saber encontrar los resortes, donde no parece haber sino páramos infinitos del mismo amarillo plano, para enlazar esa plaza con tu infancia, ese olor con tu padre, ese café con el de la primera vez, ese vuelo en avión con aquéllos en que el estómago se revolvía de emoción ante lo desconocido.
La pasividad no es medicina, no, para encontrar la chispa al episodio de cada día. Hay que lucharlo, buscar los ojos, proyectar el futuro, tirar de recuerdos, estirar el alma contra la impavidez a que nos lleva lo ya conocido.
Cada año que pasa somos menos propensos a la sorpresa, más proclives al desencanto de las frustraciones confirmadas, pero también hemos vivido otras experiencias, somos más sabios, hemos aprendido a apreciar lo que es hermoso y no nos hace daño.
La vida no vale con vivirla, hay que pensarla, retorcerla, airearla, recolocarla de perfil, taparle sus agujeros, darle capas de pintura, desobedecerla incluso, arriesgarla a veces, para entenderla, y disfrutarla así, cada día.
miércoles, noviembre 30, 2016
Así
Es muy recurrente la falsa disculpa del 'yo soy así ' cuando se mete la pata. No hay mayor problema si los errores son llevaderos, porque aún no nació quien actúe sin tacha; lo desagradable empieza cuando la persona en cuestión abusa de su asumido defecto 'de fábrica' para fastidiar.
No creo en los maleficios ni en la irreversibilidad cuando éstos se aplican a los comportamientos humanos. Siempre estamos a tiempo de corregir el rumbo.
Hablarle sin respeto a un camarero, para mí, entra en la categoría de lo imperdonable. El abuso de la posición de cliente es detestable de todo punto. Pocas cosas me sublevan tanto como la no infrecuente prepotencia de quien paga.
La falta de solidaridad al volante es otro hábito fácil de encontrar a diario, como lo es el desprecio al diferente.
Cuánta gente no hay, por otro lado, que no sabe escuchar, que no considera a los demás si no es para contarles su vida, cansinos en su analfabetismo emocional de ególatras malcriados, ineptos para ponerse en la piel de quien se sienta a su mesa.
Son pautas, sin embargo, que acaban por perdonarse o asumirse de tan vistas.
Pues mire, no. El camarero, el que conduce a tu lado, quien te ofrece un pañuelo en un semáforo o quien aguanta con una sonrisa forzada tus mediocridades no tienen por qué saber que tú eres así.
Y si lo eres, ¡cambia!
domingo, noviembre 20, 2016
Andaluz
lunes, noviembre 14, 2016
Pecho
Sabía que iba a resultar un verano difícil, pero no que estaría yo solo con ella en la casa cuando mi madre se derrumbó redonda en la puerta de su habitación. Tenía 49 años.
Mi eterna carrera de quinientos metros hasta el local de la Cruz Roja, descalzo entre veraneantes, se repite como una secuencia de terror azul en mis pesadillas.
―¡Mi madre se está muriendo!
Me pedían una calma que mis pulmones no alcanzaban. Les expliqué el tumor, las convulsiones, el tratamiento. La ambulancia no tardó en llegar y las imágenes se vuelven oscuras hasta que, tumbada en su cama con el camisón de croché, me llama.
―Mamá quiere hablar contigo.
Yo me senté en el borde de la cama y ella me pidió cuidar de mi padre en el futuro. Yo se lo prometí y me derrumbé en su pecho, mientras ella me acariciaba la cabeza con suavidad, diciéndome las palabras más hermosas que escucharse puedan.
Tenía 17 años y no puedo volver a esa playa de mi infancia, esa larga y arenosa playa kilométrica donde pasé una infancia tan feliz.
Donde sí tengo la suerte de volver, cada vez que quiero y sin pedirle permiso a nadie, cuando me equivoco, cuando sufro, cuando la vida me sonríe, cuando creo no entender nada, donde vuelvo es a ese filo de la cama desde donde se veía el mar y sentir el abrazo de mi madre, mi cabeza en su pecho, sus caricias y las palabras hermosas.
Eso es mío para siempre y le da sentido a todo.
miércoles, noviembre 09, 2016
Desconsuelo
Se puede decir que fue ese mismo pueblo americano el que dio su confianza, por dos veces, al carismático y humano Barack Obama, que tanto echaremos de menos; pero no vale como argumento comparar dos opciones que navegan en espacios éticos que nada tienen que ver.
Es necesario establecer mecanismos que directamente eliminen de la contienda a personas que no suscriban la Declaración de los Derechos del Hombre, a hombres que consideren a las mujeres como objetos sexuales, a personajes que utilicen el racismo como factor movilizador, a ciudadanos que no hayan cumplido con sus obligaciones fiscales.
Es retorcido el argumento de comentaristas contraponiendo el voto de latinos, mujeres, afroamericanos o gays con el voto de los hombres blancos. ¿Quiere decirse que hay que sumar todo el voto del hombre blanco en el haber de Donald Trump? ¿Es que el hombre blanco americano del siglo XXI ha salido de las cavernas? Hablamos de un país con un 6 o 7 por ciento de paro, de la nación más poderosa del mundo.
Yo no culpo a la sociedad americana, sino al hombre en sí, a su falta de dignidad y de grandeza ante el futuro, a su manera de dejarse movilizar por sus miedos, el egoísmo y la insolidaridad. Al hombre que admite que alguien de otra raza recoja su basura y le ponga la comida por delante, pero al que le molesta compartir un trozo de calle, o de país, con él.
¿Qué viene ahora? ¿Marine Le Pen en Francia? ¿La vuelta a las aldeas y el garrotazo?
Hay días perturbadores en que me confieso desconsolado por la pequeñez del ser humano, miserable y esperpéntico.
lunes, noviembre 07, 2016
Chenoa
domingo, noviembre 06, 2016
Limbo
La incertidumbre es sustancia propia del ser humano, pero en nosotros está trabajar en nuestra particular receta para eliminar la parte sobrante de este componente mal amigo de andar a buen ritmo. No puede elegirse una cosa y la contraria, lo que no es óbice para que la parálisis, tan cómplice de los indecisos, haga de nosotros personas en lamento continuo.
Si pienso en las personas cercanas que más admiro encuentro en ellas una capacidad innata para tomar decisiones. No hacerlo nos sumerge en la mediocridad de los que encuentran siempre la excusa para justificar el no, sin ser conscientes de que los trenes acaban por no parar en su estación.