lunes, junio 06, 2011
Tres cuartas partes
sábado, junio 04, 2011
Náuticos
miércoles, junio 01, 2011
La patria
sábado, mayo 28, 2011
Progreso
viernes, mayo 27, 2011
Elitista
Un compañero del trabajo al que aprecio sinceramente, y por tanto aprecio sus comentarios, me comentó el otro día que mi blog estaba desviándose hacia un tono elitista. Por mi insistencia en hablar de la gente interesante frente a la simple, por la importancia que doy a la cultura y la educación y, seguro, por algún comentario desafortunado entre tantas palabras escritas.
Cuando alguien te dice algo así, alguna razón lleva.
Sí, quizás sea elitista, aunque me duela reconocerlo.
Es cierto que tengo capacidad, como todo ser humano, de elegir mis compañías. Nadie busca la infelicidad a sabiendas, por lo que todos nos dirigimos hacia el terreno vital en que sentirnos más cómodos. A mí la vida se me ofrece como algo tan rotundo que no quiero desperdiciar una ocasión de avanzar, y considero que sólo avanzo cuando aprendo, y aprendo rodeándome de gente que me aporte.
Me gusta escuchar a quien tiene mensajes que transmitir y valoro las críticas cuando están expresadas con corazón.
miércoles, mayo 25, 2011
El Fugas
lunes, mayo 23, 2011
Plásticos
viernes, mayo 20, 2011
Votar
Estamos presenciando estos días con atención el movimiento ciudadano de indignación que recorre las ciudades españolas. Se echaba de menos en nuestro país un espíritu más combativo ante las inquietudes sociales que nos acechan. Mi miedo, respecto a esta iniciativa ciudadana, es que acabe derivando en un impulso anárquico hacia imposibles.
Sería, en cambio, un triunfo el hecho de que este malestar general se tradujese en propuestas concretas, realizables; conseguir dar un salto de higiene colectiva en que España salga de su adormecimiento y tome medidas concretas que la canalicen hacia una sociedad más sana.
Concreto sería que se impidiese, por ley, que imputados en juicios por corrupción o financiación irregular se pudiesen presentar a las elecciones.
O que el voto fuese proporcional. No es normal que partidos con 2 millones de electores tengan 2 diputados y otros con apenas medio millón puedan llegar a los 8.
O que se introdujese un impuesto a las grandes fortunas proporcional al que pagamos los asalariados.
O que se limitase, por ley, el salario máximo. No es normal que el Banco de Santander niegue créditos de veinte mil euros a un negocio y su Presidente cobre primas de cinco millones de euros.
O que toda transacción especulativa se fiscalice. Es cuestión de definir las reglas.
Necesitamos unos Servicios Públicos de Empleo eficaces, profesionalizados, que consigan organizar con precisión las potencialidades de una masa social en paro más preparada que nunca en nuestra historia de todos los tiempos.
Hay que conseguir redefinir por consenso una sistema educativo impecable, en que los alumnos no sean meros oyentes sino que se les forme en base a proyectos colectivos en que tengan que construir, argumentar, planificar, comparar. Que se les enseñe desde pequeños a razonar y no a memorizar.
Sería un éxito que este movimiento ciudadano nos llevara a plantearnos qué cosas concretas tenemos que cambiar para ser una sociedad más justa.
Pero el domingo hay que votar. No hay que dejar de votar porque éste es, hasta que no lo consigamos cambiar, el sistema más sano, el que nos hemos dado los españoles en estos treinta años de democracia que han sido, sin duda, los años de mayor progreso de la historia de siempre de nuestro país.
martes, mayo 17, 2011
Lille
Mi relación con Lille no sería tal si no trabajase en Renault, donde no trabajaría si no hubiese decidido estudiar Ingeniería ni leyese el País, y seguramente no habría elegido Ingeniería si no lo hubiesen hecho mis amigos de bachillerato.
Lille es fría y elegante. La gente del norte de Francia es simpática a pesar de los elementos.
No conozco días soleados en esta ciudad en la que ayer disfruté de una cena a solas con vino de Burdeos.
Nunca estuve acompañado en Lille.
Es un punto la soledad. Ver desde un cristal de un restaurante la gente pasar. Sentirte invisible. No tener que hablar más que contigo mismo.
A la gente le asusta la soledad.
La soledad es bonita en Lille porque la gente te sonríe cuando te ven beber vino y escribir, a solas, en una servilleta.
La gente de Lille no es parisina.
El teatro de la ópera es espectacular, todo en piedra, pero más lo es el antiguo palacio de la Bolsa.
Lille es como La Coruña. La visitas en medio día pero, al igual que La Coruña, es una ciudad agradable para vivir, manejable, triste y lluviosa.
Por Lille luchó el Rey Sol durante años.
La gente en Lille es mayoritariamente rubia.
Lille ha sido invadida varias veces, por pueblos distintos, y ese fulanismo la hace coqueta.
No me gustan las ciudades que presumen de ser vírgenes.
Me gusta estar en sitios donde no soy nadie.
Si es que soy alguien en algún sitio.
Lille se pronuncia 'Lil'.
sábado, mayo 14, 2011
5 euros
Problemas de correas de distribución. Un dineral.
Mientras esperábamos a la grúa le propuse al enano ir a tomar algo al McDonald’s y él, entusiasmado, saltó gritando que sí.
Raquel le dio 5 euros que, inmediatamente, él me dio a mí. En el centro comercial saqué 50 euros de un cajero, con ayuda de Iván, por si las moscas.
Sus nuggets, el zumo de naranja y dos cervezas, para Raquel y para mí, fueron 8 euros en total. Pagué con los 50 euros.
Volvimos a la plaza de Armas y, con un ataque de alergia de impresión, nos tomamos las cervezas e Iván los nuggets mientras esperábamos.
Cuando ya la grúa había montado el coche, acercándolos a su casa, mi sobrino me preguntó, con toda la inocencia de sus ocho años, aprovechando que Raquel hablaba por teléfono y poniendo en práctica el notable que acaba de sacar en matemáticas:
`¿Con qué billete has pagado en el McDonald’s?
‘Con el de 50’, contesté.
‘Entonces devuélvele los 5 euros a mi madre’.
‘¿Quién se ha comido los nuggets?’
‘Yo’
‘Pues entonces me quedo yo con los 5 euros’
El se quedó mosqueado con el razonamiento y, cuando Raquel colgó, le expliqué su teoría. Los dos nos moríamos de risa pero él seguía con la cara de mosqueo.
Con un platazo de lentejas por delante decidí darle de nuevo el billete.
Raquel me escribió más tarde un mensaje. Iván lo iba a utilizar para una excursión con el cole.
lunes, mayo 09, 2011
Aprensión
Escuchamos de tal vecino que le han extraído un trozo del intestino para hacerle una biopsia, que tal artista tiene una degeneración osea, que cierto político padece alzheimer, que nuestro primo tiene una cardiopatía con veinte años... que nos volvemos seres asustados ante lo que nos pueda llegar.
Yo mismo he sido especialista en padecer los mismos síntomas que la última enfermedad que me haya impactado. Encuentro ganglios, moratones o crujidos de huesos donde no hay más que obsesión por pensar que soy el siguiente en caer. Sobre todo recuerdo esa época negra en mi adolescencia y juventud, pero aún hoy tiendo a magnificar cualquier dolor en el costado.
Cuando las personas eran pasto de una medicina primitiva, invasiva y experimental seguro que ese abismo hacia el dolor no era tan profundo como lo es ahora. El no conocer penurias, epidemias o hambrunas nos hace ser más indefensos ante la fragilidad innata al cuerpo humano.
Y es complejo el cerebro para hacerse entender con razonamientos estadísticos o científicos cuando éste se ha emperrado en traducir esa dificultad para tragar en un tumor en la laringe. Un poco como el temor a volar. Ya te pueden explicar con argumentos bien construidos que es más fácil que te toque el gordo de lotería que, cuando una turbulencia te sube el estómago a la garganta, comienzas a gritarte por dentro que por qué a ti.
Si pensáramos que el final llegará cuando llegue y dedicásemos, los hipocondríacos, menos tiempo a inventar enfermedades, seguro que seríamos menos propensos a padecerlas y, sobre todo, a perder un tiempo más aprovechable en disfrutar de un cuerpo que, a día de hoy, está como un rey.
viernes, mayo 06, 2011
Dilema
miércoles, mayo 04, 2011
Elisa
lunes, mayo 02, 2011
Carcas
domingo, mayo 01, 2011
Sábato
Parecía que fuese inconcebible no hacer ese gesto al entrar en casa. Tomar el mando y conectar la televisión, como si el silencio de la casa asustase y ese sonido tranquilizase nuestras rutinas acompañándonos en nuestra intimidad.
Es de una purificación enorme tener la televisión como un objeto más, no necesario sino elegible entre otras muchas opciones. Saber entender el hogar como un espacio sin ruidos ni sonidos innecesarios.
El otro día, haciendo tiempo para ir al baño, encendí la tele. Aparecía un programa de aparente debate entre ‘corraleros’ que se gritaban acerca de no sé qué novio de no se qué famosa. Decían tales barbaridades que me quedé absorto, abducido. Cuernos, operaciones de estética, hijos repudiados y exclusivas de revistas del corazón.
Cuando la ducha quedó libre mi pareja se acercó, me quitó el mando a distancia, apagó la tele y me dijo:
‘Venga, vete a la ducha’.
Con mucha agua caliente, casi hirviendo, me planteaba hasta qué punto hay gente vulnerable a que trafiquen con sus más bajos instintos.
Anoche murió Ernesto Sábato y yo me pregunto ¿qué porcentaje de la población española conoce la trayectoria de este hombre íntegro?
jueves, abril 28, 2011
Iphonitis
domingo, abril 24, 2011
185.024
miércoles, abril 20, 2011
Huida
domingo, abril 17, 2011
Lebrija
viernes, abril 15, 2011
El punto rojo
martes, abril 12, 2011
Aparato
domingo, abril 10, 2011
Necrofilia
jueves, abril 07, 2011
Soez
lunes, abril 04, 2011
Desde dentro
sábado, abril 02, 2011
Vientos
jueves, marzo 31, 2011
Dientes blancos
Una ilusión.
La gente, cercana o lejana, que se deja ir es porque, sin que haga falta que te lo diga un yanqui de sonrisa colgate, ha roto los hilos básicos con la ilusión de construir un sueño.
En mi caso es básico: Suena el despertador, desagradable, y busco en mi cabeza un proyecto, una motivación.
Afortunadamente siempre hay cosas.
La primera es mi amor. Todo lo que sea pensar en mi pareja y su futuro es sinónimo de felicidad.
La segunda es Iván. Y con Iván mi familia entera.
La próxima novela, la próxima película, nuestro verano cercano en Nueva York, la semana santa en el Algarve, la novela por terminar de Paul Auster, liquidar la próxima Visa de Bankinter, evitar que el alcalde de Sevilla sea el carca de Zoido, pensar en asistir a un concierto de Zazie en París, creer que es posible una Libia libre, que Palestina encuentre su sitio digno en el mundo, soñar con una España con pleno empleo, asistir a una conferencia de Rosa Montero, que Isaac triunfe con su empresa de maniquíes, que mis hermanas logren consolidar su espíritu emprendedor tras tantos años de lucha...
Me sigo despertando con ganas de vivir...
lunes, marzo 28, 2011
Algarroba
A mi padre el ordenador le sirve, le servirá cuando aprenda a utilizarlo, como simple máquina de escribir. Especialista en Historia de España, su único interés es poder escribir la vida y obra de todos nuestros reyes, escritores, políticos... No se puede ser más feliz que mi padre haciendo árboles genealógicos de nuestra monarquía.
Contento con el regalo de su hijo, impaciente por aprender, se plantó en el Corte Inglés. Buscó dónde estaban los ordenadores y a algún encargado enchaquetado para preguntarle:
Yo quiero un libro para aprender a utilizar un ordenador.
Al parecer, el dependiente le preguntó:
¿Qué sistema operativo utiliza?, ¿MS-2?, ¿Windows?
Mi padre, altanero y guasón, le respondió:
Como usted siga hablándome así, cojo la puerta y me voy.
De eso hace más de diez años, y sigue escribiendo a mano las biografías reales.
Fue por esa época cuando un compañero de trabajo al que tengo especial cariño, en esos tiempos en que empezaban a instalarnos ordenadores personales corporativos a cada uno, recibió una llamada de un proveedor de San Sebastián. Mi despacho era contiguo al suyo, separándonos un panel de cristal que no llegaba al techo. De pronto, me pega un grito:
¡Salva!
Me asomé por el cristal para preguntarle en qué podía ayudarle. Él, con diez o doce años más que yo, tapó el auricular para preguntarme:
Este hombre me quiere enviar el plano de una pieza por internet.
Y me lo decía como si al proveedor vasco se le hubiese ido la cabeza.
Claro, le respondí, dale tu correo electrónico de Renault.
Me miró con cara de pánico, así que se lo apunté. No había más que poner su nombre, un punto, su apellido y @renault.com.
Se lo dejé encima de la mesa y me quedé esperando el final de la conversación.
Sí, sí, tenemos correo electrónico.
Entonces empezó a deletreárselo. Lo malo fue cuando llegó a mitad de camino:
Eso es... mi apellido y luego... algarroba... renault punto com.
¡¿Algarroba?!
Grité yo.
¡¿Algarroba?!
Gritó él.
No se me olvidará su cara al teléfono.
viernes, marzo 25, 2011
Química
Se trata de un criterio subjetivo, pero nadie mejor que uno mismo para saber quién te llama la atención o no. Por sensibilidad, belleza, inteligencia, bondad, cultura, estilo o simpatía.
Para el segundo grupo, el de la gente insulsa, no dedico mucho tiempo.
Para el primero, podría hacer una segunda distinción: con los que hay química y con los que no.
Evidentemente, si no hay química y a mí me parece interesante esa persona, hay un cierto toque de frustración en mí. Y cuando no hay química, poco se puede hacer. Casi todas las estrategias te llevan a reforzar la falta de feeling.
Pienso, por ejemplo, en una periodista con la que suelo coincidir, porque compartimos muchos amigos comunes, con la que me siento transparente. Me dice hola por respeto, pero al mismo tiempo me hace sentir insustancial. Por mucho que participe, dé mi opinión u ofrezca mi mejor sonrisa, no dejo de ser para ella un perteneciente a su segundo grupo, el de los no interesantes.
Como ella, me he cruzado con personas de gran valía a las que no he provocado ninguna sensación, algo dañino para mi vanidad. O tal vez sano.
Cuando tú, como ser humano, provocas nada en otro ser humano, lo mejor es seguir siendo tú. Las relaciones humanas son así. No hay que buscar estrategias. Hay que admitir que, de vez en cuando, somos transparentes.
martes, marzo 22, 2011
Explosión
Yo debí nacer escarabajo de tanto como me gusta el sol.
No sé qué hay en mí que siempre me hace soñar con noches de verano tomando cervezas en la Alameda. Sinónimo de la alegría de vivir. Tal vez porque mi cuerpo piense que el frío es la muerte.
Viajar te abre los pulmones, los ojos, los sentidos y con ellos la curiosidad, la capacidad de disfrute, la apertura de mente. Es tan tremendo el error de creerse en el centro del mundo como no saber valorar lo que se tiene.
En este día intenso, que pasará para siempre, he ido de un lado a otro como si el mundo se acabase mañana; pero tras tomarme un té con una escritora onubense encantadora he vuelto a casa por esa Alameda que resume mis imágenes de felicidad para toparme, en un callejón y por sorpresa, con una explosión de azahar indecente, enviándome a épocas lejanas y cercanas, a toda una vida de primaveras que vuelven una y otra vez.
Sé que no vivo en el paraíso, pero a veces se parece tanto...
domingo, marzo 20, 2011
Ni el Rey
El pequeño de la casa, fue el único que quedó fuera de la habitación del hospital donde falleció mi madre.
David nos esperaba, acunado por nuestros familiares, en la planta baja de esa clínica de infausto recuerdo. Tenía quince años. La familia, sin la madre, se desperdigó en dolores y vidas nuevas que se abrían.
Dejó de estudiar, se convirtió en un chaval complicado, desubicado, rebelde.
El verano siguiente a tan dolorosa pérdida, mi padre decidió alquilar un apartamento en nuestra playa de siempre, La Antilla. Mis hermanas ya tenían su propia vida, así que entre semana estábamos a solas mi hermano y yo. Recuerdo que yo no dejaba de estudiar las asignaturas pendientes de mi difícilisimo primer curso de ingeniería mientras David disfrutaba de su pandilla de entonces.
Una noche, mientras yo veía la tele tirado en el sofá de ese apartamento de muebles provenzales, un amigo de mi hermano llamó, excitado, a la puerta. A David y otros dos chavales los habían cogido tirando piedras a unas obras abandonadas del pueblo. A falta de padre, fui yo a rescatarlo. En el cuartelillo de la Guardia Civil estaba los tres niños, acojonados, aguantando los malos modos que por entonces se estilaban.
Yo traté de imponerme calma y pregunté qué delito habían cometido. Me respondieron de forma chulesca. Les dije, con muchos nervios, que los chavales estaban asustados y no merecían ese trato. Uno de los guardias civiles, se abalanzó sobre mí y me rompió la camisa, empujándome contra la pared.
Entonces salió David. Mi hermano cogió a ese hombre y lo levantó como si fuera un muñeco.
¡A mi hermano no lo toca ni el Rey!
jueves, marzo 17, 2011
Saragoza
No hay colores políticos. Desde Celia Villalobos a Diego Valderas pasando por María José Montero, me duelen los oídos al escuchar a paisanos míos utilizar sonidos diferentes para pronunciar la misma consonante.
Saragoza, Zaragosa... No.
De gente que nos represente no podemos permitir que se escuden en su 'andalucismo' para hablar mal.
De andaluces es 'sesear' o 'cecear', pero de personas preparadas no se puede permitir hablar de forma incoherente.
Que se nos escape una 'ese' o una 'ce' en un descuido no es problemático, pero hablar sin criterio sí redunda en nuestra imagen de pueblo descuidado.
Tenemos que luchar por nuestra dignidad y ser un poco más exigentes con nosotros mismos.
Quiero mucho a mi tierra como para no quejarme de la indolencia que supone refugiarse en supuestos dialectos para hablar como analfabetos.
Zaragoza o Saragosa... nunca Saragoza.
martes, marzo 15, 2011
La mochila
Tras haber vivido una época en que todo parecía que podía comprarse, esta generación que ahora se asusta ante las cifras de paro y la involución económica, parece tener un solo objetivo, desembarazarse de lo superfluo, de esa mochila que hemos cargado a nuestras espaldas a base de notarías, visas e hipotecas que coartan nuestra libertad para poder enfrentarnos al mundo con unas fuerzas que no sabemos si tenemos.
A mí me pesa esa mochila que yo mismo he decidido cargar a base de empeñarme en cosas materiales que no sé, ahora, si necesito.
Además de todo ello me debo considerar afortunado por tener un coche, un piso céntrico y medio apartamento en la playa, sin poder protestar por tener hipotecado tres cuartas partes de mi salario y la libertad de elegir radicalmente otro camino en mi vida.
Vamos, sin darnos cuenta, enmarañándonos en una prisión a medida que perdemos la juventud.
Una de mis grandes ilusiones es hacer más ligera esa mochila, que esas visas se vayan esfumando, la hipoteca se haga menos ingobernable y en unos años pueda decir que mi rumbo lo dirijo plenamente yo.
¿Quién tiene el valor en estos tiempos de arriesgar la seguridad de una nómina? Estamos condenados a agradecerla eternamente porque nosotros mismos nos hemos metido en la trampa de no poder ver otro horizonte que el de asumir que estamos comprometidos, de por vida, con nuestro banco.
Amor fatal.
domingo, marzo 13, 2011
Nada que hacer
Es tan lento ese acercarse a la tierra y el avión ralentiza tanto su velocidad que se puede disfrutar de un espectáculo bestial, inimaginable para la humanidad durante milenios. Ver tu mundo desde el cielo, las personas como hormigas, los ríos como pasillos de agua calma y las ciudades como juguetes de lego.
Hace pocos meses, con mi natural atracción por la geografía, un avión de Japan Airlines aterrizaba en el aeropuerto tokiota de Narita. El día estaba despejado, llegábamos desde Corea y memoricé la ciudad de Chiba en la aproximación a la pista.
Hoy veo una refinería de esa ciudad en llamas, una central nuclear ardiendo y ese Japón tantas veces visitado relamiendo sus heridas.
Hay películas morbosas acerca de catástrofes. Es impactante ver olas arrasar con todo lo que aparece a su paso a una velocidad de vértigo y observar los coches como si fueran clics de famóbil siendo tragados por el mar.
Ayer, al cerrar el telediario, pusieron las imágenes con música de Bach. El dolor era inmenso.
Personas que no son juguetes muriendo ahogadas sin remisión. ¡Cuántas historias anónimas!
El pueblo japonés es fuerte. De peores ha salido.
Ahora sólo pienso en ellos, en su dolor y en su fuerza para recuperar la vida.
No hace mucho me paseaba por las calles de Tokyo, observando con admiración esa cultura milenaria, comprando libros con los que entender su caligrafía, que cada día miro un rato en casa.
Todo lo construido por el ser humano, incluso por el japonés, es nada cuando la naturaleza se rebela. Estructuras de hormigón se vienen abajo con olas de diez metros.
Ante la brutalidad de esta naturaleza que nos hace vivir, no hay nada que hacer.
viernes, marzo 11, 2011
Fácil
A mí me gusta la gente fácil. Sin ser fácil sinónimo de simple. Me gusta la gente compleja, en cuanto a que tenga un mundo interior amplio, pero al mismo tiempo accesible, receptiva, atenta, cercana.
A Santi lo conocí en la biblioteca provincial de Sevilla. Nos habían invitado, junto a Javier Márquez, como autores jóvenes con publicaciones recientes para hablar del difícil mundo editorial.
Tanto él como Concha, su editora, me encandilaron.
Ese día salí pitando de allí porque había quedado, pero memoricé su libro: 'El que no vuela es porque no quiere'. Algún tiempo después lo compre, lo leí. Relatos cortos donde determinadas obsesiones se repetían, con un lenguaje directo, terrible e inocente a la vez. Le escribí gracias a que me hice con el email el día de la charla.
Por entonces vivía en Manchester.
En una de sus visitas a Sevilla quedamos. Volvió a aparecer Concha, su editora, que me habló de su pintura y nos invitó a una exposición hermosa en un bar de Triana donde se confundían dos temas enfrentados, el nacimiento de su hijo (a ella la conocí embarazada) y la muerte en accidente de moto de su hermano.
Santi se fue a vivir a Brasil y a Concha la retuve como contacto irrenunciable en esta Sevilla en la que a veces parece difícil, cada vez menos, encontrar gente que te provoque.
Hace meses apareció de nuevo Santi por Sevilla, al parecer para vivir por una larga temporada.
Santi es de las personas que sabes que te escuchan cuando te tomas una cerveza una noche cualquiera. Es casi imposible que te diga que no cuando apetece dar un paseo, organizar una cena o pegarte una fiesta.
El otro día me contó acerca de su sequía literaria. Tiene ideas buenísimas que no voy a contar a nadie, gente con superpoderes y 'mostros' que nos atacan. Quiero que se lance a escribirlas.
Me gusta la gente fácil.
martes, marzo 08, 2011
Caracuerno
Pero ese hombre era, es, tan desagradable, habla con tanto desprecio y desprende tanto odio en su discurso que lo nombré presidente honorífico del gremio de los 'caracuernos'.
Estos días, con Arzalluz en retirada, estoy pensando destronarle de su corona y pasársela a José Mourinho.
Creo que le gana en estupidez y egocentrismo.
No es suficiente con la tabarra con que los españolitos tenemos que empaparnos del Madrid a todas horas, en todos los medios; además hay que aguantar a este 'caracuerno' que siempre está enfadado con el mundo, con los suyos, con los otros y con quien no ha osado despreciarlo.
Me la refanfinfla la gente tan estúpida, creyente de su propia religión en que la única adoración es uno mismo en su pedestal de arena. Personas que se dan tanta importancia que no son capaces de entender que esta vida es un juego y que tomársela demasiado en serio crea, además de infelicidad, úlcera de estómago.
Si hay que hablar gilipolleces, al menos que se haga con una sonrisa.
Infelices.
sábado, marzo 05, 2011
Amanecer
Mientras me tomo el zumo de naranja y me asomo a la ventana sureña de mi salón, muchas veces, incluso con frío en el exterior, la abro para oler el día que nace y tomar la pausa necesaria antes de entrar en la vorágine devoradora de un nuevo día.
Hay veces que, como espectador privilegiado desde ese mirador, trato de encontrar ese cosquilleo que no viene, esa emoción ante lo básico que me lleva a tiempos pasados, a la esencia de mí mismo y de mi relación pasional con el vivir.
Será que la rutina, nada química, entorpece los chispazos entre neuronas causantes de esa sensación tonta y barata de felicidad total.
Lo bueno es que hay días, mañanas en que te levantas sin pensar en nada, que tomas el mismo zumo, enciendes el tostador con el mismo sueño y, como un reclamo, la ventana te llama para decirte:
Vente para acá, Salva, vente para acá y mira cómo de bonito se ha puesto hoy el sol para ti.
martes, marzo 01, 2011
Producir
Se dice, por un lado, que los convenios colectivos que se firman impiden avanzar en este concepto porque independiza los resultados de una empresa de la política salarial de la misma.
Entiendo que una política progresista, y progresista me siento yo, no debería obcecarse en considerar que esa petición es dominio exclusivo del conservadurismo más capitalista.
La virtud tiene que estar precisamente en que los que creemos en la redistribución de la riqueza y las políticas sociales reivindiquemos la palabra productividad.
Porque para repartir riqueza primero hay que crearla.
Olvidémonos de la empresa privada y de España. Vayamos a la Escuela pública en Finlandia. Allí se trabaja y se valora al profesorado en particular, y al centro escolar específicamente, por su rendimiento.
Tenemos que ser pragmáticos y entender que nuestra evolución salarial debe ir unida de algún modo, cuantificable, a los resultados, por un lado de mi trabajo y por otro de los de la empresa, el consorcio o la institución en que yo esté integrado.
No se puede permitir que una parte importante de nuestro funcionariado sea indolente porque tenga integrado que, pase lo que pase, llegará la misma nómina a fin de mes. Ni que un trabajador escaqueado de una multinacional reciba el mismo reconocimiento que el que saca con gallardía sus tareas adelante.
Si queremos una sociedad fuerte, cohesionada y justa tendremos que eliminar determinadas inercias que nos hacen aportar menos de lo que podríamos a su riqueza y, en consecuencia, al bienestar nuestro, de nuestra familia y nuestro entorno.
La izquierda a veces ha equivocado el mensaje pensando que protegía al trabajador y, sin embargo, lo adocenaba.
Establezcamos reglas, justas, que recompensen al que más se moja, desde la más impecable defensa del trabajador.
Seamos inteligentes, entendamos que nuestro futuro está en juego y encontremos fórmulas que nos hagan crear riqueza. No para unos pocos, sino para repartirla a partir de unos impuestos justos y progresivos.
sábado, febrero 26, 2011
Operación Salmorejo
Así que, a pesar de no encontrar un vuelo barato, organicé mi primera Operación Salmorejo. Llamé a todos mis amigos sevillanos y los cité en el bar Eslava un viernes por la noche, a sólo una semana de haberme ido, para invitarles a unas cervezas y unas tapas de Salmorejo.
Fue emotivo.
El tiempo fue pasando, yo me fui adaptando a mi nueva ciudad, a sacarle punta a mi trabajo y a soportar mejor el tráfico, el frío y el carácter parisino. Las Operaciones Salmorejo continuaban, pero se espaciaban cada vez más en el tiempo.
Cuando ya íbamos por la novena o décima, apenas venía nadie a tomar esas cervezas. La distancia es el olvido.
Mi apartamento de París, en pleno barrio latino, era anfitrión de múltiples visitas de amigos y familiares que me hacían feliz.
Llegó el día, tres años después, del regreso a Sevilla. Dejaba atrás una experiencia enriquecedora, una ciudad a la que vuelvo muchas veces al año, amigos franceses y una sensación de haber superado con éxito una etapa de mi vida.
En Sevilla me reencontré con menos amigos, los auténticos, los que casi nunca fallaron en mis sucesivas Operaciones Salmorejo.
A menudo me cruzo con los otros, los que me llamaban 'hermano', los que rápidamente se organizaron viajes de quince días a mi piso de París y que no supieron mantener el hilo abierto.
Nos cruzamos, yo les miro a la cara y me susurran, sin sonido, un hola endeble.
Entonces entendí que el viaje había tenido una cualidad más, había filtrado lo auténtico de mi vida emocional.
miércoles, febrero 23, 2011
¿Dónde quedan?
Todos somos culpables de haber asumido como normal que existiesen Libias.
Un Diablo vestido de túnica insulta al Islam escupiendo amenazas contra su pueblo, invocando ríos de sangre, bombardeando con la aviación a la patria que dice defender.
La gente, en cambio, sale, grita, se lanza contra la sinrazón de haber aguantado decenios, tal vez milenios de sometimiento a dictadorzuelos de harenes, banquetes y piedras de diamante.
No puedo acostarme estos días sin sentir una doble emoción, la de quien se sabe partícipe de la ruptura del mundo islámico con el fatalismo que suponía tener que asumir vivir en la edad media en plena época digital y el dolor de pensar en los muertos, héroes anónimos que están sacando a sus vecinos, a familiares y conciudadanos anónimos, de la postergación.
Yo sería seguramente el cobarde que miraría la tele horrorizado, maldiciendo a Gadafi, sin tener el valor de salir a la calle para gritarle ¡basta! por el temor egoísta a que una bala me borrara de este mundo.
Sin embargo, pienso en esos 23 valientes de la comisaría de Bengasi y me planteo, ¿dónde quedan esos héroes?
domingo, febrero 20, 2011
Al vuelo
Nos gusta investigar sitios diferentes y dar oportunidad a todo emprendedor que se lanza a montar un sitio nuevo, sobre todo si éste es original, se escapa de lo de siempre y arriesga.
Le había echado el ojo a esa casa de la Alameda desde hacía mucho tiempo, en la época en que ésta era una zona degradada de Sevilla que se iba reconvirtiendo y a la que yo me decidí venir a vivir.
La restauración del local ha necesitado sin duda de dinero y buen gusto. Varias plantas, tratando de darle a cada una un ambiente. Nos fuimos a la parte alta, la terraza. Hacía buena noche. Varias mesas, más de la mitad ocupada por turistas extranjeros.
¡Perfecto!
El camarero era belga -mi curiosidad hace preguntarlo todo.
Tardó en traernos la cerveza y la carta. Pero era domingo. No había prisa. Nunca debiéramos tenerla.
La carta estaba trabajada. Cada plato, casi dos líneas por cada uno, parecía haber estado redactado por un maître francés.
Tenía ganas de carne.
Cuando llevábamos más de media hora, con la cerveza recién puesta, por fin el belga se acercó.
Me tomaré la presa.
No queda.
Entonces el pato.
Hemos tenido día complicado. Pato acabado.
¿Qué os queda de carne?
Solomillo de buey.
Me encanta el solomillo.
Por medias se acabó la cerveza. Hubo que hacer una bajada para buscar otra. El belga no aparecía. Llegó un grupo justo a nuestro lado. La paciencia pudo con ellos. No llegaron al aperitivo.
¡Pero hacía tan buena noche!
Nos dio tiempo a pensar que comer carne tan tarde podría hacer pesado el sueño. El jaleíllo de la Alameda se iba apagando cuando llegó la ensalada.
A mi pareja le sirvieron su pescado y le pedí, por favor, que comenzara.
Estaba muy bien presentado, en un plato circular inmenso de cristal. La guarnición, escasa, parecía diseñada con pincel. Muy colorida.
Quedábamos solos en la terraza, junto a una pareja de jubilados ingleses, cuando, con el pescado ya más que digerido, llegó mi solomillo. Las tripas crujían.
Venía todo redondo, acompañado de patatas y una salsa morada, impecablemente expuesto en una tabla rectangular, inmensa, de pizarra.
El belga tenía la sonrisa de aquéllos que no se enteran de nada, o que prefieren no pensar que llevábamos dos horas esperando.
Fue a colocarme la tabla de pizarra en la mesa cuando, ¡uuupsss!, el solomillo salió rodando del plato.
Alargué la mano con reflejos que no creía tener para cazarlo al vuelo.
El guiri de la mesa de enfrente se rió de mi destreza.
El belga contuvo el aliento.
Yo me comí, feliz, mi solomillo.
martes, febrero 15, 2011
Frágil
Si lo vemos a la inversa, despreciamos benevolamente a quien ha nacido con determinados miedos, faltas o carencias.
Creemos que, porque sí, todo el mundo está preparado para afrontar este mundo exigente de locos.
Sin embargo hay gente frágil.
Sí, hay un gran porcentaje de caraduras, indolentes y aprovechados. Desgraciadamente. Y son esas personas con actitudes denigrantes y corruptas las que más hacen daño a las personas que nacieron con menos defensas que el resto.
Yo me considero un tío fuerte, tengo ganas cada día que pasa de comerme el mundo y los proyectos pululan en mi cabeza a un ritmo que dan calambre.
Eso no me quita para saber que tengo mucha gente querida alrededor a las que se les hace una montaña afrontar su futuro, que se ahogan ante la perspectiva de un trabajo incierto o una vida sentimental que no les aporta la felicidad soñada.
A mí esa gente sana, sensible, que nació con genética tendente a ahogarse en un vaso de agua, me hacen plantearme mis propias fuerzas.
No todo consiste en escalar, pisar y criticar al que no puede o no quiere vivir en este mundo de competitividades.
'Quiero que seas frágil, quiero que seas tan frágil como yo'.
sábado, febrero 12, 2011
Pasado
Es teoría comunmente aceptada que el pasado hay que dejarlo atrás. 'La clave de la felicidad está en saber vivir el presente'.
Pero es que todo es presente. No hay futuro ni pasado en nosotros porque lo que existe es todo construcción de los que lo percibimos, interpretamos y disfrutamos.
En mi presente están las palmeras de chocolate que me tomaba con Mariángeles junto a la biblioteca de la Universidad, entre pausa y pausa de estudios.
Me gusta tumbarme una tarde cualquiera con las luces apagadas, en silencio, a solas y disfrutar de lo que he ido siendo.
Construyo terapias no invasivas ni químicas a base de ordenar esa biblioteca imaginaria que me lleva a ir comprendiendo por dónde están las claves de mis sentimientos.
Mi presente es pasearme con mis padres y mis hermanos por la Plaza de América y cerrar los ojos, histérico, aguantando los picotazos de las palomas a las que, aunque haga treinta años, estoy dando de comer ahora.
miércoles, febrero 09, 2011
Conexiones
Tan cierto como que no hay verdades absolutas ni maneras únicas de interpretar la vida y, por ende, las relaciones humanas, lo es el hecho de que hay determinadas reglas que siempre se cumplen.
Leí hace tiempo a Milan Kundera reflexionar hasta qué punto las relaciones con los demás no son sino una relación de fuerzas entre nosotros, los humanos.
¿Hasta qué punto nuestras acciones hacia el exterior, hacia el otro, son desinteresadas?, ¿cómo de sinceras son las sonrisas, los favores, las invitaciones a cerveza, las llamadas telefónicas, los abrazos?
Si profundizamos en el alma humana seguro que encontramos que hay mucho de cierto en esa reflexión. Aún con buenas intenciones y cariño sincero puede que nuestro subconsciente nos guíe hacia territorios que nos hacen sentirnos más queridos al querer, menos solos al ayudar, más completos al vernos como útiles al otro.
Entrar en esos terrenos, en cambio, no sé si es del todo sano. No quiero analizar hasta qué punto hay soledad, angustia o frustraciones que expliquen el universo de personas que me rodean y dan sentido a mi vida.
Creo que la aproximación más sana es jugar al juego de nuestros instintos y entender la vida como una prueba en positivo. Utilizar todas nuestras actitudes y calidades para interactuar.
En este mundo duro que nos toca vivir, sin haber elegido, tengo claro que hay que cultivar las conexiones. Yo estoy aquí y ofrezco lo que soy. Tú me aportas tus valores. Aprovechémonos mutuamente, utilicémonos sin complejos, con generosidad y las mejores intenciones.
Como dicen los chinos 'todo lo que no se da, se pierde...'
No dejemos que pasen los trenes y, un día, nos encontremos en medio de ninguna parte.
lunes, febrero 07, 2011
Temps pourri
La semana pasada estuvimos unos días intensos en París. El frío era brutal y el viento helado hacía que aún lo pareciese más. Para colmo la primera noche no funcionaba bien la calefacción en el hotel y esa gelidez se colaba por las rendijas de las antiguas ventanas de madera.
Este fin de semana estuvimos en nuestro apartamento de Conil. La mañana, espléndida, me permitió dar un paseo de dos horas bajo un sol primaveral viendo al fondo el perfil de la costa africana.
Respiraba hondo y me sentía pleno.
Recuerdo un amigo, que vivía en el pirineo catalán, que exageraba diciendo preferir un árbol de esas montañas a todas las catedrales del mundo.
Si a mí me dan la oportunidad de vivir de nuevo en París, seguramente diré que sí, que me voy de nuevo para allá, mi amada ciudad. Pero eso no es óbice para que, mientras no lo disfrute, me recree en todo lo que hace de ella una ciudad invivible.
Su tráfico, el mal humor y su 'temps pourri'.
jueves, febrero 03, 2011
Magnolia
Momento de felicidad. Periódico y café con dulce de chocolate blanco un día de fiesta.
Leo una entrevista a un director de cine, Manuel Benito, ganador de varios premios internacionales de cine con documentales y cortos. 'Grabé mi primera película con 8 años utilizando mis muñecos de Star Wars'.
Vivía en Sevilla.
Busqué por google información acerca suya. Encontré su productora: 'Producciones La Chari' y su email.
'Me llamo Salva, quedé finalista de un premio de novela... y me gustaría invitarte a un café'.
Tardó poco en responder positivamente.
Un café llevó a un gintónic, y el gintónic a otro café... Se fue con mi novela un día, yo con su documental otro. Un martes quedamos para un jueves, otro jueves para un martes.
Mi novela le llevó a Magnolia, una película triunfadora en Cannes en el 2000 de Paul Thomas Anderson, con Julianne Moore y Tom Cruise.
Hace una semana me la dejó. Me acosté tardísimo disfrutándola.
'Esa película presenta la historia como tu novela lo hace'.
Hoy teníamos la cita definitiva. Yo estaba nervioso. Una comida y un chupito de licor de hierbas precedieron a un pequeño conflicto de tráfico antes de aparecer en nuestro habitual lugar de encuentro.
'¿Tenemos peli?'
Le pregunté.
'Sí'
Nos dimos un abrazo.
La semana que viene empezamos.
La vida es eso.
sábado, enero 29, 2011
Fiabilidad
Todo comenzó con una broma hacia mi amigo David. En una época pasada en que su vida era más 'turbulenta' llegábamos a reírnos por su escasa fiabilidad. Quedar con él era saber que no aparecería.
Entre los intangibles de las relaciones humanas está precisamente la confianza en el otro. Y ésta se va fortaleciendo o destruyendo sin darnos apenas cuenta.
Entiendo que no hay nada más sano que tener la absoluta certeza de que las personas que te importan van a estar ahí. Que si quedan contigo van a aparecer, que si les pides que te echen un cable te lo van a echar. Saber que ante cualquier petición te van a decir, de entrada, que sí.
Porque cuando entre dos personas existe un vínculo de amistad sincero y cabal, sabemos dónde están los límites de nuestras anhelos respecto a ellos.
Es mentalmente muy sano tener certezas sobre tus amigos. Que si has quedado dentro de tres días para ir al cine, allí estará. Que no te va a dejar con la cena tirada en casa. Que si envías un SMS de socorro, él o ella sabrán responderlo como si les fuera la vida en ello.
Si quedas conmigo, antes se cae el mundo...
miércoles, enero 26, 2011
Sonrojo
Así lo hicimos el sábado pasado, destino La Coruña.
Tras reventar de pulpo, subir a la Torre de Hércules, sufrir el viento norte procedente del Atlántico o recorrer por la noche la coqueta ciudad vieja, el domingo ya estábamos de vuelta tras una mañana imponente de frío sol gallego.
El aeropuerto coruñés es muy pequeño y, a la hora del embarque, apenas sólo estábamos los viajeros para Sevilla.
Vimos aterrizar el avión a través de las grandes cristaleras y, por la megafonía, descubrimos que ocuparíamos la nave que procedía de Londres.
En la misma sala de embarque estaba la de desembarque. Un policía nacional de barriga prominente y pelo canoso se plantó en la salida de la pasarela del avión, a puerta gayola. Con los brazos cruzados observaba a los pasajeros que regresaban de Inglaterra.
De golpe, ¡qué mala suerte!, un hombre con aspecto indio o paquistaní, bien vestido pero con la piel, mala pata, más oscura de lo normal.
-¡¡¡¿Español?!!!
El turista, acongojado por tal recibimiento, casi levanta las manos. De malos modos, el policía le señala a voz en grito que se aparte del resto de pasajeros. Y con el mismo tono le da un papel y le dice, por supuesto en español, que lo rellene.
Siguió como un bulldog con los brazos cruzados olisqueando por si acaso se le escapaba otra persona que, tal vez, maquillara su piel con polvos blancos.
Qué vergüenza.
domingo, enero 23, 2011
Lujo
Hay listas de multimillonarios que van publicándose cada cierto tiempo. Hay, del mismo modo, gente con mucho dinero a nuestro alrededor, en nuestras ciudades, minoritarias, sí. Gente que no va a ir regalando su capital, ganado limpiamente (o no), heredado, construido de la nada o de la suerte, del empeño, el esfuerzo o la mala leche, de la ambición desmedida o del espíritu emprendedor y currante.
Pero existen y, en su mayoría, como corresponde al ser humano por norma general, no van a compartirlo en beneficio de los que no tienen ni la milésima parte de su capacidad económica.
El capitalismo es ley de vida, desgraciadamente. Seguramente el sistema más justo dentro de la injusticia que significa buscarse la vida y progresar.
El lujo crea muchísimo empleo. Un restaurante con estrellas michelín tiene una cocina con decenas de empleados. Del mismo modo que Ferrari, Prada o Sheraton, que consiguen hacer 'chiribitas' los ojos de quien tienen dinero para gastarlo.
A mí me gusta que en mi ciudad se abran nuevos hoteles de cinco estrellas, que lleguen nuevos restaurantes y boutiques de alto nivel, que se organicen jornadas para discutir del sexo de los ángeles entre sibaritas de los cuatro extremos del globo terráqueo.
Quienes hemos vivido en Francia sabemos que la cosmética o la alta costura crean miles y miles de empleos.
Si la sociedad no ofreciese esos 'alicientes' apetitosos la avaricia haría enterrar mucha riqueza en tumbas de mármol de Carrara mientras el resto de mortales siguiera echando monedas en un tarro para ir quitándose una nueva tarjeta Visa con la que llegar a fin de mes.
Que disfruten de la vida, claro que sí, creando riqueza.
¡Viva el lujo!
jueves, enero 20, 2011
Fanfarrón
¿Dónde está la Italia renacentista?
¿En qué lugar se oculta la cuna latina de nuestra civilización?
Parece que tenemos que resignarnos a pensar que ese país va a la deriva, que no hay solución a esa grotesca deriva de parlamento vendido a estrellas de una televisión servil.
¿Qué hace que una sociedad preparada se arrodille ante semejante personaje?
Se le ríen las gracias a este viejo verde que se acuesta con jovencitas menores de edad a las que paga en sobres con la inscripción de 'ayudas familiares'.
Añoro una Italia que no sé si existe. Una Italia que demuestra, una vez sí y otra también, que no es capaz de sacudirse la caspa, que está dominada a partes iguales por Berlusconi y la curia vaticana.
martes, enero 18, 2011
Tiempo y vida
Era en el teatro de la Maestranza. No sabía más.
Invité a todas las personas que pensé interesadas en mi querido escritor portugués. Todo el mundo tenía planes, o pereza, o trabajo, o excusas.
No pensé en mi amor porque creí que no le interesaría un acto de varias horas acerca de un personaje del que no había leído nada.
Habló Paco Lobatón, habló el presidente de la Junta, habló su viuda, Pilar del Río, habló Agustín Almodóvar y Miguel Gonçalves, productor y director respectivamente de la película, 'José y Pilar', que nos proyectaron a continuación.
Dos horas deliciosas de proyección centradas en la vida amorosa, personal e íntima de este pensador, erudito, irreverente y humanísimo Saramago.
El corazón no me cabía en el pecho escuchando la visión del ser humano de esta persona íntegra, honesta, ejemplar.
Su pesimismo vital se relativizaba oyéndole hablar. Su amor por Pilar le hacía entrañable.
La película trazaba un recorrido de 4 años, paralelo a la construcción de su última novela, 'El viaje del Elefante'. Un viaje de Portugal a Austria de un elefante que es regalado a un rey en tiempos pasados y cuyas patas fueron transformadas en un lujoso paragüero por la monarquía austríaca.
Tras una grave enfermedad que estuvo a punto de hacerle morir antes de terminar la novela, José Saramago presenta al mundo su obra recién publicada en la ciudad de Sao Paulo.
Entonces recuerda, delante de un auditorio entregado, una pregunta que le hicieron no mucho tiempo atrás.
'Pero usted, ganador del Premio Nobel, traducido a ciento y pico idiomas, reconocido en todo el mundo... ¿qué ilusiones más le quedan?'
Saramago respondió:
'Tiempo y vida', 'tiempo para vivir mi felicidad junto a Pilar'. 'Vida para vivirla junto a ella'.
Yo acariciaba los muslos de mi amor, henchido de felicidad.
Arrepentido de haber ofrecido esa invitación a nadie más.
lunes, enero 17, 2011
Bosnia-Herzegovina
-¿Señor Salvador?
Lo saludé con una sonrisa, esperando que no hubiese ocurrido ningún 'marrón técnico' a falta de un rato para dejar el trabajo por unos días.
-Verá, soy Walter, el jardinero de la fábrica.
Tenía acento andino, y cara de serlo también. Llevo más de quince años trabajando en la fábrica y no se me había pasado por la cabeza que existiese un jardinero. De hecho, tenía la sensación de ver a ese hombre por vez primera.
-Es que quiero regalar a una hija su novela este día de Navidad y no la encontré en las librerías que busqué.
Me quedé de piedra. No sólo no tenía ni idea de quién era él, que seguramente pasará a mi lado decenas de veces durante el año, sino que además él sabía quien era yo y, aún más, estaba interesado en mi novela.
-Espere un momento. Dígame cómo le puedo localizar.
Llamé urgentemente al editor, me dijo las librerías donde lo tenían en ese momento, con seguridad, en existencias y cogí el coche.
Un rato después busqué a Walter para entregarle el libro.
Entonces él me contó que era de Cuzco y me habló de su ciudad, de su familia allí.
Yo fui contando a colegas de la fábrica lo que me había ocurrido y, como compinchados, todos conocían perfectamente a Walter el jardinero.
Qué desazón estar tan poco atento a las personas que tengo al lado.
Como bien dice quien bien me quiere:
Salva, es como si vivieses en Bosnia-Herzegovina.
viernes, enero 14, 2011
Takiripinti
El viaje en tren entre Haparanda, en la frontera norte con Suecia, y Helsinki había sido largo. Francis y yo llevábamos semanas viajando, muchas latas de conserva entre pecho y espalda, y ésta última medio jodida de tanto dormir en el suelo de los campings. Tendríamos no mucho más de veinte años.
La llegada nocturna a la capital finlandesa fue movida. En el trayecto en tren nos habíamos peleado por alguna tontería y viajábamos cada uno en un vagón. La necesidad hizo que nos uniéramos para buscar un sitio donde dormir.
Él hizo migas con un anciano francés, que se nos encalomó en busca de un sitio donde acampar en las afueras de la ciudad. Tras tomar un autobús llegamos a un sitio fuera de cualquier civilización. El viejo olía a alcohol y a Francis no se le ocurrió otra cosa que ofrecerle nuestra tienda de campaña para compartirla.
Pasé toda la noche oyendo las tripas del viejo y alaridos de perros maltratados, que resultaron ser gaviotas para el urbanita que esto escribe.
Amanecimos, esa mañana de verano nórdico, en un paisaje verde muy cercano al mar.
El viejo desapareció, quizás por mi falta de cariño.
Francis y yo nos duchamos, nos pusimos guapos y nos lanzamos a conquistar Helsinki por vez primera.
Descubrimos una parada de autobús y una chica rubia, Saana, con unos walkman. Le preguntamos cómo llegar a la ciudad y ella se ofreció a acompañarnos.
Me llevé años escribiéndome con Saana. ¿Cómo podría volver a localizarla? ¿Cómo localizar a tanta gente perdida por el camino?
Ella era profesora de francés y eso me permitió chapurrearlo con ella.
El autobús llegó a su última parada y la seguimos por una boca de metro. El vagón se iba llenando conforme nos acercábamos a la ciudad con gente cada vez más rubia y alta. Saana hablaba y hablaba...
En un momento dado, con la charla, ella puso cara de preocupación. ¿Nos habremos pasado de estación? Gente tan alta a nuestro alrededor nos impedía ver en qué lugar estábamos.
'Don't worry, Saana'.
Me escabullí entre la gente cuando el metro paró y memoricé el nombre de la estación. Entré de nuevo en el vagón y le grité.
'¡We are in Takiripinti!'
No se me olvidará la risa colectiva del vagón.
'That is Don't smoke!'
lunes, enero 10, 2011
Ridículo
Tal vez pensarán que es fácil olvidar al abominable De Juana Chaos y sus veinticinco asesinatos, que borraremos de nuestra memoria a las víctimas de Hipercor, o las matanzas de Zaragoza o Vic, la indescriptible crueldad insoportable que supuso la cuenta atrás de Miguel Ángel Blanco.
Yo tomaba unas copas por el centro de Sevilla a pocos metros de donde, sin piedad y como salvajes, unos pistoleros apuntaron en la nuca de Alberto Jiménez Becerril y su mujer, dejando tres niñas huérfanas. Tal vez oí los disparos como silbidos.
A unos bloques de mi casa, una tarde-noche que volvía del trabajo, me encontré calles cortadas y helicópteros sobrevolando en busca de quienes se habían presentado en la consulta del doctor Cariñanos para plantarle un tiro en la cabeza.
Me considero una persona abierta, dialogante, de izquierdas, defensor de una España federal, en que cada pueblo pueda ir eligiendo su destino. Doy pruebas de mi amor por el País Vasco visitándolo, cultivando mis amistades en esa tierra, vendiendo las maravillas de ese país singular, personalísimo.
Sé que llegará un momento en que la sociedad española, civilizada y democrática como es, tendrá que dar ejemplo de bondad para cerrar esta herida sangrante de criminales que, si no fuese por los 850 muertos a sus espaldas, ¡850 muertos!, darían risa con sus indumentarias ridículas y su pretendido tono solemne que sólo suena a irrisorio.
No hay olvido.
sábado, enero 08, 2011
La parte negra
Ha estado mal visto airear nuestras limitaciones, desconsuelos o complejos. Mostrar debilidades, expresar dudas respecto a nuestro lugar en el mundo.
Se nos educa para ser fuertes sin darnos las herramientas para ello.
Y muchos nacen fuertes, sí, pero por el camino se van quedando muchos, gente cercana, que se encierran en su caparazón de impotencia por no haber tenido los estudios, la pareja, el cuerpo, el trabajo o la gracia al hablar que se esperaba de ellos.
En la soledad nos encontramos a nosotros mismos, y todos tenemos nuestras miserias, sanas de curar en soledad, sí, pero no siempre.
Todos tenemos nuestra parte negra. Vicios, miedos, angustias, complejos y frustraciones que rumiamos en silencio.
Mi futura sociedad deseada será aquélla en que se destapen esas alcantarillas personales que creemos malditas y nos demos cuenta, entonces, que nuestra miseria no lo es tanto ni estamos tan solos en el mundo.
martes, enero 04, 2011
Madina
Lo fácil es la crítica, pero es cierto que los países, regiones, ciudades y organismos internacionales deben ser dirigidos para que el ser humano pueda integrarse, mediante leyes, obligaciones fiscales, derechos sociales.
A la vista de los años de crisis que padecemos, parece que una condición para ser político, independientemente de ideales, es la licenciatura en Económicas. A ser posible con un máster.
Todo es y se reduce a la Economía. Esa ciencia inexacta de la que tanto hemos aprendido a base de ver subir y bajar nuestra hipoteca, ver congelados los salarios, cuando no bajados o, simplemente, tras comprobar cuántos a nuestro alrededor van perdiendo el empleo o cómo la vida se va haciendo más incierta para los más jóvenes.
¿Qué libertades ofrecen los dogmas económicos? ¿Dónde se integrarían ahí los ideales? ¿Deberíamos estar gobernados por tecnócratas que sepan jugar con nuestros impuestos con la precisión de un campeón de tetris?
Eduardo Madina es licenciado en Historia Contemporánea y tiene una pierna menos por una bomba-lapa de ETA.
Es suficiente escucharle para saber que yo quiero políticos que crean en el ser humano.
Y él, inmerso en el aparato del PSOE, de un PSOE que se descalabra, mantiene la dignidad de su discurso a pesar de que a veces, muchas, tendrá que tragar quina ante los vaivenes a los que, seguramente sin remedio en la mayoría de los casos, se ve obligado a someterse su partido.
¿Tenemos que rendirnos a una política dirigida por los 'mercados'?
Yo pienso en Eduardo Madina, en su dignidad y su pasión por la política con mayúsculas.
domingo, enero 02, 2011
EBTG
En medio del sueño se mezcló una canción y quedé tan impactado por esa voz penetrante, la melodía suave, la letra, en lo que podía entender... que conseguí salir del sueño y llegar al final del tema, ya en el mundo de lo real, para anotarlo.
The language of life.
Esa canción llegaba para mí desde Londres y el grupo se llamaba Everything but the girl.
Soy muy pasional, y novelero, y cualquiera que me conoce bien sabe que flipo con el chocolate blanco, leo siempre a Paul Auster, sufro con el Betis y adoro a Everything but the girl (EBTG).
Empecé a comprar todo de ellos, desde el principio de los tiempos. Las letras eran brutales, las canciones, con un toque electrónico, incapaces de no gustar.
Un día, henchido de emoción tras comprar su último disco, me decidí a escribirles como si fuera un quinceañero. Les conté el porqué de mi adicción a ellos en un pobre inglés.
Everything but the girl, 'todo menos la chica'. Se pusieron ese nombre porque su estudio de grabación estaba frente a una tienda que vendía regalos de boda, te vendían 'todo menos la novia'.
Un día llegó mi padre con el correo. 'Niño, tienes una carta de Londres'.
Glups...
Tracey Thorn y Ben Watt me escribían una carta manuscrita para decirme que un día les gustaría venir a mi hermosa ciudad para cantar para mí.
No sé hasta qué punto esa carta influyó en mí, pero es cierto que me impactó enormemente en una época en que yo andaba perdido por la vida. No la carta en sí, no el mensaje, sino el saber que todo era posible.
Que yo existía.
Cuando pienso en acometer nuevos retos siempre pienso en EBTG. No sé si algún día tocarán para mí, pero si sé que si no les hubiese escrito nunca habría recibido esta carta desde Londres. Para mí...
The language of life.