Atento a lo que tienen que explicar, me concentro en la imagen de aquel o aquella que está exponiendo, hasta que llega un momento en el que, al observar al resto de conferenciantes, me topo con alguien inesperado.
'Menuda cara de gili...', me digo, al ver mi propia cara de repelente escuchador.
Entonces hago por sonreír, para quitar la cara de pánfilo. Me recoloco, me alejo, abro los ojos más, me atuso la barba y me planteo qué pinta de amargado ofrezco, cuando estoy tan feliz por dentro.
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