Estaba en un lugar morado y circular, de grandes vigas metálicas con remaches gigantes, cuando una alarma me expulsó de allí. Traté de agarrarme a la música que sonaba, pero trompetas y matasuegras se mofaban de mi intento de reingreso agarrado a una melodía que olvidaba, como se escapan el agua de las manos. Escuchaba a Raquel aún allí, sin embargo sus carcajadas se hacían confusas, tamizadas por pantallas de material chicloso. Atravesó una ambulancia, tremebunda y larga; infiltrada de otros mundos. Sé que lo pasaba infantilmente bien y que allí estaban gentes que no frecuento. Traté de recordar los vehículos que usábamos, los algodones que comíamos, el sentido de ese círculo de hierro azul, los sofás rosas, la utilidad de unos botones amarillos que rechinaban al presionarlos. Quise colarme dejándome caer, haciendo el muerto. Aporreé para que me abriesen y sentí vértigo. Comprendí que la alarma eran sonidos programados de móviles, las ambulancias eran de enfermos y despertaba de mi última siesta en Nueva York.
lunes, agosto 07, 2017
sábado, agosto 05, 2017
Cash
Acabábamos de cenar en La Esquina, un mexicano de carta corta y música altísima instalado en un subterráneo al que hay que acceder por la cocina, en el Soho.
Fuimos a tomar una copa a un bar de música en directo. Habíamos dejado a Iván en la casa, Fran fue al baño y pedimos 2 gintónics y una tónica para Raquel.
-40 dólares -me pidió el que parecía ser propietario de ese pequeño antro.
Le pasé mi tarjeta y la rechazó.
-¡Cash! -nos dijo de malos modos.
-I don't have cash.
Le quitó de un manotazo a mi hermana la tónica que empezaba a beber y tiró los dos gintónics al fregadero con toda la mala hostia imaginable. Nos quedamos de piedra.
-¡Me cago en tu puta madre! -le dije-. Fuck you! -insistí, imitando al peor cine americano.
A esto llegó Fran y se encontró el pastel. Fuimos a la salida con un cabreo de mil demonios.
-¡Bore, cuidado! -gritó mi hermana.
El dueño había salido de la barra y se encaró conmigo. Nos dijimos lo más grande cada uno en nuestro idioma.
Qué miedo da el ser violento que todos llevamos dentro.
miércoles, agosto 02, 2017
Flesh
Llegamos con tiempo para pasearnos Brooklyn, pero al situar la iglesia para tomar referencia vimos una cola enorme, así que decidimos quedarnos. El domingo pintaba espléndido y no importaba aguardar media hora al sol, más teniendo a nuestro lado el espectáculo de señoras negras vestidas con sus mejores galas, mucho color, para ir a misa.
La mercadotecnia era brutal. Grandes pantallas anunciaban actuaciones, daban cuenta de campañas de ayuda a Haití, de apoyo a jóvenes drogadictos, siempre invitando a contribuir.
Más que iglesia era un teatro descomunal, con grada alta y gallinero. Intentamos adelantar posiciones, pero los primeros asientos estaban reservados, luego entendimos por qué.
El comienzo, brutal. Una rubia de falda negra y tacones comenzó a cantar con todo el graderío posterior apoyando en un baile armonioso y voces nada improvisadas. Todos de pie. Palmas de los devotos. Todo era amor y Dios. El amor a Dios. 'Higher than mountains! Deeper than oceans!'. Veinte minutos de éxtasis, con las pantallas gigantes avanzando la letra a modo de karaoke.
Llegó el pastor, con aires de presentador televisivo. Empezó por hablarnos claro a los turistas. 'Este servicio es muy importante para nosotros y debe ser respetado en su integridad', apoyado por fuertes aplausos desde todos lados, rodeándonos.
Tras un par de cánticos colectivos de piel de gallina, 'no tires la toalla, Dios trabaja por ti', llegó el sermón, apoyado en efectos visuales.
Todo giraba en torno al 'flesh'. Rehuir del flesh, cobijar al espíritu santo en tu corazón y desobedecer al flesh. Todo era flesh. Parecía el club de la comedia, con el espíritu santo tirando del pastor a un lado, muy payaso, y el flesh del otro.
Mi inglés limitado y técnico no tenía registrado el flesh.
En cuanto encontré algo de wifi di con la explicación. Flesh es 'la carne'.
Qué misa más divertida.
martes, julio 25, 2017
Manhattan
miércoles, julio 19, 2017
Azul
Tiré de vuelta por esa misma calle dirección a la Campana. A cien metros vi un grupo de mujeres con petos azules sacando material de una maleta. Me fui acercando y comprobé que eran tápers con comida. Las mujeres, por su vestimenta y el cardado del pelo, parecían de clase alta. Superaban los sesenta años.
Al avanzar, descubrí que bajo los soportales había un grupo de indigentes tendidos sobre mantas y plásticos. Ellas les repartían comida, ofrecían vasos de plástico con agua. Justo al pasar a su altura, uno de estos hombres, viejo, ajado, malhumorado, les tiró el táper, que estalló, contra los pies de las señoras.
Ellas se miraron sin rechistar y, glups, me miraron a mí.
Yo pasaba por ahí, como invitado de piedra, sin derecho a opinar, infiltrado, sintiéndome muy pequeñito al lado de esos inmensos petos azules.
domingo, julio 16, 2017
Café
Daban la noticia en el telediario y entrevistaban a una chica por la calle.
'Beber café me lleva a un sitio que me gusta', respondía.
Podía haber contestado no tomo café o sí lo hago, me gusta más o menos, me activa, me acelera, no me viene bien o lo disfruto con amigos... Pero dijo lo que dijo, y lo anoté.
Soy un convencido de que el uso creativo del lenguaje es una fuente de felicidad, al menos de mayor aprovechamiento de las experiencias humanas. Cuando alguien sabe convertir una sensación en una frase elaborada contribuye a hacer más rica esa percepción vivida. Una persona que mima el lenguaje, que lo exprime y saca de él toda su gama de colores está dando rienda suelta a emociones mucho más sutiles con las que disfrutar de las pequeñas cosas. No sólo eso, hace más feliz al que lo escucha y le enseña a pensar.
Beber café me lleva a un sitio que me gusta... ¡Bravo por ella!
martes, julio 11, 2017
Blanco
Poco importaba qué carnet tuviera.
Todos desfilamos con las manos en alto suplicando un acto de humanidad que no vino. A Miguel Ángel Blanco lo remataron con dos tiros en su cabeza, desde atrás y con las manos atadas con cables, tirándolo moribundo entre matorrales.
Hoy, veinte años después, hay quien se permite decir que no es conveniente escribir en una pancarta en la capital de España que nos acordamos de él, de su dolor, que es el de todos los que sufrieron la afrenta del terrorismo atroz de ETA. Que no conviene porque sería despreciar a los otros...
Apuntaremos que no podremos homenajear a García Lorca, porque seremos injustos con Miguel Hernández. Que no será posible conmemorar la masacre de Srebrenica, porque estaremos olvidando a los judíos gaseados en Auswitch.
Sé que nunca votaré al partido de Miguel Ángel Blanco, pero que no habrá ocasión en que suene su nombre y no se me conmueva todo por dentro al recordar la puerta a la esperanza que un día él nos abrió sin pretenderlo.
domingo, julio 02, 2017
Araceli
La habitación aún estaba a oscuras. Acelerado por la visión, traté de conciliar el sueño, con la imagen clavada de Araceli siendo descubierta al entrar de madrugada en una casa que pensaría vacía.
Buceé por los años de juventud y di con el intenso viaje que hicimos con mi Clío por toda Europa. Rafa, ella y yo. Cómo tuvimos que refugiarnos en el camping de La Molina el mismo día en que una avalancha causaba una catástrofe en el de Biescas; la discusión con un policía en las calles de París por un semáforo que yo no reconocía haberme saltado; los planos del viaje volando por los aires camino de Bruselas; su petición comedida de que no dejara el volante, 'me da miedo cómo conduce Rafa'; las tardes largas paseándonos los fríos parques de Copenhague; el sol fuerte por las calles de Berlín y los huevos fritos que nos preparaba una 'froilán' anciana en un bucólico camping a las afueras de Zurich.
Se me venía su risa contagiosa mientras trataba de volver a dormir. Inseparable de mis hermanas, leal y tranquila. Dulce. Tal vez entraba en casa de mi padre a buscarlas y se dio de bruces conmigo.
No olvido la llamada de Raquel a mi despacho de París. 'A Araceli le han detectado un cáncer'. Desde 2000 kilómetros de distancia le envié un ramo de rosas. Las más rojas. No tardó en responderme.
Estaba guapa con su pañuelo en su cabeza, dando tumbos entre la esperanza y el horror. Al final no pudo. No sé hace cuántos años ya... Pero esa noche me la encontré. Sonó la cerradura y la descubrí. Maldigo haberme despertado, no haberle podido ofrecer un abrazo, aunque fuera sólo un abrazo de sueños inventados, aunque lo que me contase fuese lo que yo quisiera oír. Que todo iba bien.
jueves, junio 29, 2017
Tablet
martes, junio 27, 2017
Estadio
Entonces apareció un conocido, de ésos con los que lo único que comparto es el interés mutuo en no vernos por la calle; nos saludamos todo lo hipócritamente que la educación impone y escuchamos su aseveración paleolítica:
-Otra vez colapsado por los turistas -se refería al Eslava-. Yo los metía a todos en un autobús y los encerraba en el estadio olímpico.
Yo lo encerraba a él. Primero, para evitar cruzármelo en el futuro; segundo, por mentecato.
Una ciudad como Sevilla, en la que un porcentaje enorme de la población vive de los servicios, especialmente bien tratados por unos turistas que llegan con ansias de disfrutar de la belleza y el saber vivir de esta urbe necesitada de riqueza para mantener el limitado bienestar económico del que disfrutamos, una ciudad como la nuestra debe batirse el cobre por mimar a aquéllos que tienen la gentileza de venir a vernos.
Al del estadio, que trabaja como funcionario nombrado a dedo, le regalaría una aplicación de móvil pensada especialmente para él, con botones que habiliten envíos rápidos de comida del Eslava a casa. No se le ocurra salir.
sábado, junio 24, 2017
Presente
domingo, junio 18, 2017
Abadía
miércoles, junio 14, 2017
Riñones
Francófilo como soy, llegué muy tarde por vez primera a Londres. Tenía 30 años, vivía una relación sentimental desastrosa y acepté una invitación de mi prima Bele para pasar unos largos días allí. Todo Londres me gustó, lo viví con la ilusión de un adolescente y me integré sin las angustias del turista que quiere visitar cada rincón. Hay una escena recurrente en mi cabeza de esos días, subido al tejado de la casa de mi prima, al anochecer, con mucho alcohol, en el clásico suburbio británico donde vivían, observando a la gente pasar. Chispazos de felicidad.
He vuelto varias veces, siempre entregado. Tengo con la ciudad el romance propio de quien la ha conocido sin las tonterías propias de la seducción forzada por la ingenuidad. La paseo siempre sin rumbo, como se hace con las ciudades que sientes propias.
Ahora aterrizo aquí, en una ciudad convulsionada por el terror y expulsada a su pesar de Europa, con ganas de integrar de una vez el mapa visual de su estructura en mi cabeza. Hacerme con las distancias y los barrios como en mi amado París. Tengo tiempo y ninguna prisa.
En una de mis últimas visitas, deliciosa, con Mariángeles y mis hermanas, de pintas de cerveza y museos a toda prisa, hubo una noche en que, de vuelta al hotel, mi amiga se asustó al ver que nuestro taxi, de conductor paquistaní, cruzaba el Támesis. '¡Pero si Gloucester Road está al otro lado del río!'. Mis hermanas se morían de risa con sus gritos de mujer 'sabelotodo' y yo me planteaba que no conocía los parámetros de la ciudad. '¡Reíd, reíd!', nos decía, incluso al taxista del turbante, que también reía sin saber de qué, 'que este hombre nos está llevando a cualquier sitio para sacarnos los riñones'.
Ése podría ser mi máximo objetivo de estos días, un viaje romántico al Londres más cosmopolita para aprender a cuidar de mis riñones.
lunes, junio 12, 2017
Sol
Así estaba el sábado cuando decidí que, para no aguarle la fiesta a Fran, aprovecharía ese rato de exposición solar para hacer algo de deporte. No hay nada como la gimnasia pasiva. Así que me concentré en hacer estiramientos de lumbares de 30 segundos. Levantar lentamente la columna, desde el coxis hasta el cuello y permanecer con todo el cuerpo levantado, en forma de pirámide, para reforzar los lumbares. El silencio de esa zona de la playa acompañaba. Cada vez complicaba más el ejercicio, levantando una pierna, cruzándola, luego la otra...
Me giré boca abajo para continuar con los ejercicios. Decidí hacer una plancha. Colocar los codos sobre la toalla y subir todo el cuerpo manteniendo bien firme los abdominales. El sol pegaba de plano.
Entonces me acordé de que estaba a punto de terminar la deliciosa novela 'Un cuento dulce', premio Goncourt del 2016. La abrí por la hoja pellizcada por la que la dejé la noche anterior. Decidí que aguantaría en la posición de plancha el tiempo de leer las páginas pares. Las impares para descansar.
De pronto vi a Fran mirarme tomando el sol, haciendo abdominales, sumergido en una novela francesa.
domingo, mayo 28, 2017
Encierro
Despojado de todo lenguaje industrial, entramos de lleno en la novela. El enorme despacho luminoso atiborrado de libros me recibía con el manuscrito repleto de anotaciones en colores fluorescentes.
-¿Tú has conocido a mujeres que les hagan fotos a las VISAS de sus amantes?
Le aclaré que no. Me interrogó acerca de las prácticas sexuales de mis protagonistas, de las menciones a Saramago, de mi uso de la perífrasis, de la potencia de los diálogos.
Tomé nota de los consejos, aclaré sus dudas. Nos hemos dado unos días para el repaso final. Este miércoles entrego la versión definitiva. Sigo llorando en el capítulo 72 cuando me releo. Ando estos días encerrado como un ermitaño, en mi santuario de Marbella, dando forma a la versión definitiva de la novela.
-¿Qué te parece si consultamos por las redes sociales cuál de los dos títulos es más potente?
Al editor le pareció buena idea.
-¿Y hacer un concurso fotográfico para la portada?
'Genial'
Llevo el 47% de la novela revisada. Mis personajes se despiden de mí, mientras yo les pongo las últimas sonrisas.
Publicamos en otoño.
miércoles, mayo 17, 2017
Rubia
Una noche aciaga la infancia se rompió. Nos reunieron para comunicarnos que mamá estaba enferma. A ella, años después, le seguía llamando rubia, mi padre, en su lecho de muerte. Él le tenía cogida una mano, yo la otra. ¡Era tan pequeño!
La rubia nos dejó cartas a cada uno de sus hijos, escritas con la calma de quien ve un final inexorable, para decirnos que cuidáramos de él. Sé que ese sobre beige anda por algún cajón de entre mis cosas. De vez en cuando aparece, pero nunca me atrevo a leerlo. Han pasado treinta años, sigo sin tener las fuerzas para volver a leer lo que mi madre me decía a mí.
Hace justo un año mi padre se estaba yendo, también tuvo sus manos entre las nuestras. Murió en una atmósfera repleta de amor. En esos últimos días, en las últimas horas, con la cabeza ya perdida, llamaba a la rubia, y seguramente se abrazó a mi hermana Mónica creyendo que era ella, que venía a por él, a tomarle de nuevo la mano.
Preparé unas palabras para leer en su funeral lo bueno que había sido, para cantar mi orgullo de hijo en nombre de mis hermanos. Pero no supe. Me faltó el mismo valor que no encuentro para abrir el sobre beige de una madre que pedía que cuidásemos de él como merecía una persona a la que, hoy como siempre, no podemos querer más.
miércoles, mayo 10, 2017
Dinero
Al tener la suerte de contar, desde que tengo uso de razón, de tanta gente que me quiere, decidí explicar el detalle de mi situación a aquéllos de entre mis amigos que podían ayudarme. Así lo hice, a corazón abierto.
Bárbara, con la que hoy he pasado una tarde deliciosa, me dijo que me veía al día siguiente en la calle Virgen de Luján. 'Allí tengo las dos sucursales de mis dos cuentas. Sacamos tanto dinero como sea posible'. Mi querida Montse no tardó en firmarme un cheque. Jose Ignacio me prestó un millón de las antiguas pesetas. Incluso Paco, mi jefe, se involucró con quinientas mil pesetas. ¡Confiaban a ciegas en mí!
No tardé en recuperarme, en menos de un año ya les había invitado a cada uno de ellos a una cena, en la que les entregaba el dinero prestado con la mayor de las emociones.
Hubo alguien, sin embargo, que me dijo no.
Durante los años siguientes, en las numerosas veces en que nos veíamos los fines de semana para salir de copas, siempre que bebía más alcohol de la cuenta me decía: 'Salva, lo que daría por volver a esa tarde y poder decirte que sí, que tenías mi dinero a tu disposición'.
viernes, mayo 05, 2017
Ostia
Iba en zig-zag.
Borracho. Tela. Y feliz.
Nunca supe si se dice ostia u hostia. La u en medio es seguro. Porque detrás suena ´o´.
Me gusta la feria de Sevilla. Es un canto a la vida. Sin excusas religiosas ni mundanas. Beber y bailar. Porque sí.
Iba en zig-zag.
Mi sobrino Iván (daría la vida por él) me dijo a media tarde que se iba a la calle del Infierno. Yo le di dos besos y me sentí mi padre sacando la cartera para darle dinero.
-Ya tengo 30 euros -me dijo- Yo le di 20, por no darle la cartera.
Me he caído redondo en la Plaza de Cuba. Mis rodillas contra el asfalto. Duele. Nadie se ha dado cuenta. Me he levantado como un resorte. ¡Qué ostia!
Buscaba un taxi. Qué gustazo perder la cabeza.
Quería escribir esto, en zig-zag. Antes de acostarme.
Soy pueril y plano. Me gusta mi Sevilla. Vivir. No hay otra cosa. Vivir.
Mañana me arrepentiré. Una mancha en mi blog de 10 años.
Caminaba en zig-zag, pensaba en cuánto quiero a tanta gente.
Y me caí.
De bruces.
Tengo sangre en las rodillas.
lunes, abril 17, 2017
Vivir
Son oportunidades, también, para compartir horas de charla, cenas, aeropuertos y paseos con compañeros de trabajo. Tengo en mi cabeza momentos memorables, como cuando fui con mi amigo Rivo a París y me tiré las copas de bourbon por encima con un resbalón, o el accidentado viaje con Elisa a Eslovenia en que entramos en Venecia sin saber que era carnaval, o el divertidísimo con mi tocayo Salva, recién casado, a Japón, cuando nos llevaron a un bar de alterne y él no hacía más que tocarse su anillo recién estrenado, o el mes circulando por todo Asia con Pablo, comiendo serpientes en China y untándonos de pintura en la India.
Hay una persona con la que, especialmente, resulta divertido viajar. Se llama Fernando. De hecho, es una bendición trabajar con gente que siempre tiene una sonrisa en la boca y predisposición a solucionar los problemas que se presentan sin plantear excusas.
En el último viaje con él, hace pocos días, me vino a decir que había cosas que no le gustaban de mí como jefe, que no me quiso contar, aunque yo las intuya. Sin embargo, sí insistió en decirme qué admiraba de mí. Yo, azorado, le pregunté qué era.
-Tus ganas de vivir, Salva.
miércoles, abril 05, 2017
Indulgencia
Es cierto que en la vida estamos, casi todos, en una carrera loca por escapar del influjo de lo negro, lo dañino, de las personas que sabes que te la pueden jugar porque necesitan hacer sangre para saciar su odio a la vida. ¡Pero son pocas! Ocurre que, cuando algún hecho lamentable se produce, miramos al colectivo como envenenado, cuando son dos los que ponen las bombas.
Yo he conocido gente mala, no sé si malísima. He construido mis relaciones evitando la compañía de este tipo de personajes esquizofrénicos, que se regodean en las disculpas de los males cometidos para volver a pegártela en cuanto vuelves a su redil. Me vienen al menos dos caras a la cabeza. Pero no más.
Con el resto, donde me incluyo, practico la indulgencia. Me enternece, en cierta medida, la imperfección humana. Cuando coges una mentira, o te cogen en un renuncio; los sentimientos contradictorios, las promesas incumplidas, los falsos propósitos sinceros, la mentira piadosa; el creerte más de lo que eres, en nuestros millones de particulares centros del universo; las lágrimas de cocodrilo, los golpes en el pecho exagerados, las maldiciones de boquilla.
Nos debemos un poco de indulgencia, a nosotros mismos, humanos defectuosos que nos pretendemos dioses, que vivimos nuestra existencia caduca con la dignidad propia de quien no quiere entender que somos una efímera partícula volando en lo inmenso de la eternidad.
sábado, marzo 25, 2017
Liturgia
Hay en mí, en cambio, una particular devoción por la liturgia de las religiones. Hace casi un año quedé postrado en una silla de una iglesia florentina silenciosa, a oscuras, inundada de incienso, con las figuras tapadas de terciopelo, en la celebración de unos actos propios del Jueves Santo. Se repetían unos rezos por parte de mujeres vestidas de azul, como virgencillas, arrodilladas en el suelo de mármol y orientadas hacia una pequeña capilla lateral, único foco luminoso de la imponente iglesia de San Gaetano. Quedé transportado a una parte interior de mí que no suelo visitar.
Hago por entrar en las iglesias de las ciudades que visito, tengo la costumbre de hacerlo en las de mi ciudad. Me siento a disfrutar de su belleza. Me recreo en sus silencios.
Sé que el hombre, por tanto yo, no tiene argumentos para demostrar la existencia, o inexistencia, de un Dios. Admiro, aún así, el afán del ser humano por acercarse a él.
Me subyuga participar en liturgias construidas durante cientos de años, perfectamente sincronizadas e integradas en aquéllos que las practican, en busca de la conexión con ese ser supremo. De ahí que cuando me acerco a esa escalera de lo litúrgico, me apetece subirla con toda mi alma puesta en ello, para aproximarme a la frontera última a la que el hombre ha llegado con idea de asomarse a la mirilla con la que observar a quien nadie nunca ha visto.
jueves, marzo 16, 2017
Amargor
- No hay mucho movimiento, ¿no? -comento a la azafata de facturación.
No hay respuesta por su parte.
Una hora después, es ella misma quien toma mi tarjeta de embarque. Le doy las gracias.
No hay respuesta.
Esa misma noche llego a Venecia. Busco un restaurante en el que cené con Elisa. No lo encuentro. Entramos en una 'ostería' clásica a las espaldas de San Marco. Nos atiende un camarero que bien podría tener 70 años. La espalda encorvada, un caminar dificultoso entre las sillas y una sonrisa en la boca. Nos explica con paciencia, en un español aprendido en años de turismo impersonal, las especialidades de la casa. Cada diez minutos se acerca sonriente.
-Tutto bene?
-Tutto bene.
Es mucho más costoso no ser amable. Ser amable no aporta sino beneficios para la salud. Es barato y contagioso, reconfortante, te hace crecer, subes dos centímetros de estatura, pierdes años, ganas en admiración de los demás, sientes el poder de la vida.
viernes, marzo 10, 2017
Venecia
La primera vez que pisé Venecia entré en ella sin saber que estaba dentro. Apresurado en mi viaje hacia Eslovenia, llegué con el coche de alquiler a Piazzale Roma, lo dejé con las llaves puestas, desconfiado, en un parking cutre donde me mostraron todos los vehículos con sus llaves, para convencerme, y me adentré a la carrera. De golpe, el Gran Canal, a mis pies; un fogonazo brutal que aún perdura, arrollador, en mi memoria. Atemorizado por perder el coche, troté, borracho de belleza, siguiendo las indicaciones que me llevaban al Puente Rialto. Cruzaba canales, atravesaba soportales, olía la comida de mediodía bajo un sol espectacular. No hay emoción como la de atravesar Venecia por vez primera. Compré un trozo de pizza que comí extasiado ante la Basílica dorada de San Marco. Volví por el Puente de la Academia hasta dar con un coche que no sirvió sino de acicate para enamorarme de la ciudad en carne viva, deprisa, deprisa.
Hoy, tras muchas otras visitas, pausadas, y varios años sin meterle mano, vuelvo a ella, a dejarme de nuevo erotizar, poniendo a prueba mi capacidad de sentirme desarbolado por su mirada, en un juego de verme en el espejo de sus encantos, falsos, eternos, retadores, sibilinos, majestuosos. A la vieja socarrona Venecia, dada tantas veces por muerta y enterrada.
Quiero ver si sigo siendo aquél que se estremece ante la grandeza de lo sublime. Retozar entre sus muros para hacer valer mi derecho a decidir que nunca renunciaré a la vida.
jueves, marzo 09, 2017
Péndulo
No sé cómo se ha producido en mí, pero hay una cierta metamorfosis en mi forma de enfrentar los tiempos que me lleva a practicar, sin haberlo pretendido, la tan cacareada meditación venida de la cultura oriental, asociada al yoga o al budismo. Sin imposiciones externas ni reglas de funcionamiento, mi cuerpo, encabezado por mi mente, busca espacios de silencio en los que encontrarse, en una huida involuntaria de cualquier factor externo. Adorar el silencio como mantra motivador, bucear en lo más recóndito de mí para establecer una armonía imprescindible para tener una vida coherente.
La sociedad, como sujeto, acabará también encontrando sus terapias. Está sometida a tal revolcón de estímulos que debe reaccionar por mera supervivencia. No puede crecer exponencialmente el tantán de la cotidianidad sin que acabemos desestructurándonos como pueblo. Tengo la certeza de que la pervivencia de la especie humana debe venir de una reacción colectiva, en una evolución natural, innata, sutil y espontánea, contra el torbellino de excitaciones que sustraen al colectivo del necesario espíritu reflexivo para admitir que no podemos seguir aumentando la escalada tecnológica sin saber hacia dónde caminamos ni para qué.
El péndulo tendrá que girar.
sábado, marzo 04, 2017
Sugestión
'¡Qué rico está este vino!' (el vino debe estar decente). Condicionas al resto para así evitar que el entendido de turno ponga cara de cuerno y haga que todos nos contagiemos de la supuesta mediocridad de la bebida. Darán el sorbo de rigor influidos por tu comentario y les sabrá a gloria. 'Esta chica es encantadora' es otra frase que conjura las críticas propias de a quien nadie le cae bien. Funciona, incluso, con la meteorología. Siempre llega el cansino de turno para amargarnos con un 'vaya día de perros', cuando tú lo has podido neutralizar previamente diciendo 'cómo me gustan los días fresquitos'. Es especialmente útil cuando acudes a una exposición de arte contemporáneo. Si al ver el primer cuadro comentas un 'qué buen rollo me transmite', rápidamente inoculas el virus de la belleza en la mirada de los otros y terminan haciendo fotos de recuerdo a cada pintura.
Vaya, me he delatado...
miércoles, febrero 22, 2017
Ambición
sábado, febrero 18, 2017
Dios
No tengo fisuras en lo que a mi agnosticismo se refiere. No puedo asumir ninguna creencia más allá del mundo terrenal que conozco.
He sido educado, sin embargo, en el catolicismo. En mi mente infantil se sembró un relato, muchas veces hermoso, otras tenebroso, de premios y castigos.
El otro día, durante décimas de segundo, tras una discusión fea, se me apareció de nuevo Dios. Me reprobaba, imagino. Ese Dios de los cristianos que habita en los que nos hemos criado con su presencia. Esa figura que, aunque no queramos ni creamos en ella, se cuela de estrangis para juzgarnos.
Puede llegar a ser ridículo que en los pliegues más recónditos de nuestro raciocinio, desplegado en circuitos hackeados de nuestra materia gris, hayamos creado, sin pretenderlo, a ese Dios imaginario que rechazamos, para toparnos con él en las soledades de nuestra habitación a oscuras, una figura holográfica que nos riñe y nos dice, 'ven a mí', 'no seas malo', 'yo cuido de ti'.
domingo, febrero 12, 2017
Ventanilla
Recuerdo un comentario que hacía mi madre acerca de un viaje a Galicia con un matrimonio amigo: 'Atravesábamos unos paisajes tan diferentes de Andalucía, ¡y ella iba leyendo el Lecturas!'
No sé hasta qué punto mi rareza, pero no entiendo que la gente no dé bofetadas por coger ventanilla en el avión. Ese placer inmenso de ver el mundo desde arriba parece que gran parte del género humano lo considera normal, contemplar cordilleras nevadas o grandes valles, las costas arenosas, los pueblos escondidos, tratar de adivinar qué ciudad es ésa, qué río aquél. Aun cuando las nubes lo tapan todo y juegas a imaginar cómo de oscuro estará ahí abajo, cuánto frío no hará allí donde no termina de calentar el sol; incluso cuando todo es igual, aun cuando es noche cerrada. En mi mente almaceno largos viajes sobre el Atlántico, con todo el pasaje dormido y yo asomado al gran balcón que me ofrece mi ventana para ver el océano a mis pies, con la luna sola, para mí, mostrándome lo pequeño que somos; cruzar los Andes y ver los lagos turquesas escondidos entre cumbres heladas; sobrevolar el Amazonas viajando hacia Bolivia, tapado con una manta y viendo amanecer con el sol proyectándose sobre un manto verde infinito; imaginar los tiburones durmiendo alrededor de un Puerto Príncipe iluminado en medio del Caribe; emocionarme con islas diminutas repartidas en un mar de Indonesia tan azul que no lo distingues del cielo, en una suerte de levitación en que todo podría acabarse y hacerlo bien; saltar el mar de Japón desde Corea con un gintónic hasta divisar tierra nipona y contemplar los pequeños templos desperdigados entre sus montañas; aterrizar por primera vez en Nueva York y admirar la inmensidad de esa urbe con la que tanto sueño desde que la pisé; ver acercarse el Teide cuando vas a Canarias, o entrar en la hermosa costa de Huelva y su espectacular Coto de Doñana al volver de allí; despegar de Ciudad de México para alucinar con la vastedad de una tierra maltratada, donde sobreviven colinas no urbanizadas de épocas grandiosas; saborear los momentos en que el avión balancea para tomar tierra, instantes de cosquillas en que se atraviesan los algodones de nubes para asumir con orgullo lo lejos que ha llegado el hombre, para felicitarme por haberlo sabido siempre disfrutar.
sábado, febrero 11, 2017
Excusas
domingo, febrero 05, 2017
Ridículo
Siempre enredada en proyectos creativos, esta licenciada por la Escuela de Interpretación de Cristina Rota, compagina su trabajo como coordinadora en un centro de personas sin hogar, como trabajadora social que es, con la dirección de una compañía teatral para adolescentes en su pueblo.
Hace pocos días inauguró, junto con un par de socios, un centro cultural en un barrio humilde de Sevilla donde crear cultura: teatro, fotografía, cine, literatura, música. Todo tiene cabida allí.
-Salva, empezamos fuerte con un intensivo de teatro todo un fin de semana. Cuento contigo.
Allí estaba yo. Por ella y contra mi sentido del ridículo. Entregado e incómodo a la vez. 12 alumnos que nos citamos en ese espacio de la Macarena un viernes por la tarde, con más vergüenza en el cuerpo de la que queríamos reconocer.
Extirpando nuestros prejuicios con mucha música, coreografías imposibles, a base de hacernos gritar, inventar vehículos con que desintegrarnos, utilizando nuestros textos, animándonos a llevar objetos personales, provocando abrazos, Carmen nos ha ido llevando a un territorio en el que no pensar tanto en el qué dirán para concentrarnos en el qué sentir y cómo transmitirlo; nos ha arrimado al país donde se escucha de verdad, aquél en que los humanos alejan sus tonterías para rozarse sin mirar qué ropa llevas o cuántos años acabas de cumplir. Nos ha hecho abrir los cajones atascados de nuestras emociones para convencernos de que se pueden airear al viento sin complejos, porque nadie se va a asustar de ver en ti lo que ellos esconden, sin querer, de sí mismos.
Anoche, tras una cena con amigos, me abrí un pasillo en el bar de copas para mostrar mi coreografía entre el asombro general de quien me conoce.
martes, enero 31, 2017
Atormentado
Reconozco mi querencia de otras épocas por ese estereotipo de personas que me ganaban con sus desgracias, algo así como si me purificara escuchándolos, una suerte de terapia de choque para minimizar mis problemas. Afortunadamente esa actitud en mí quedó enterrada en la juventud; lo hizo desde que descubrí que la supuesta terapia no era sino un sumidero de vitalidad descontrolado.
Hay gente que se condena en vida. Se recrea en su mundo de complejos, se agarra a sus debilidades como martirio, incapaz de ver la luz del día ni su sonrisa en el espejo. Lo más grande es que muchas de ellas tienen un trabajo, no padecen ninguna enfermedad importante, viven en ciudades amables, tienen incluso muchos atractivos que compartir.
Son carne de cañón porque se agarran a la parte mala de los demás, se aventuran a jugar con sus miserias como señuelo para llegar al otro, te seducen con la pena de su incapacidad para abrir los pulmones de lleno, sin darse cuenta que cuando te agarran te manchan, chantajeando ¡sin querer! la parte de ti que está dispuesta a dar sin recompensas.
lunes, enero 23, 2017
Bimba
Sospechamos el dolor intenso, la muerte a pellizcos, imaginada tan de frente que hasta se ven sus curvas, tan certera en su caminar hacia ella que se le ven los ojos; recreadas mil veces las escenas del después cuando no estás, de tus niñas creciendo con tu recuerdo; los recortes de revistas, los vídeos musicales, los pases de modelos, tatuajes, descaro, sinvergonzonería, provocación, ansias de comerse el mundo.
Maldito cáncer insensible, asesino, demonio infinito, castigo injustificable, veneno perverso. Benditas las criaturas que lo sufren, que se rebelan, que se agitan a patadas contra un enemigo que se ríe, rata amargada de odios inentendibles. Bendito el que se arma contra la muerte en plena vida, que lucha por los suyos aun en batallas perdidas.
Un aplauso por los que batallan contra el infierno en vida. Os queremos, nos dais el sentido de la existencia. Somos de vosotros.
viernes, enero 20, 2017
Tiempo
Los días pueden ser extraordinariamente largos si los aprovechamos, lo que ocurre es que somos poco ambiciosos con nuestras pretensiones. Si uno se plantea que la mañana del sábado la dedica a hacer la compra, esas largas horas matinales se le harán poco productivas porque sólo tiene una tarea con la que rellenarla.
Puede parecer contradictorio, pero estoy convencido de que quienes más se quejan de la falta de tiempo son los que menos actividades realizan y victimizan sus excusas aparándose en esa dimensión intocable, subjetiva y voraz que son las 24 horas del día. Incapaces de comprometerse a nada por falta de tiempo y lamentarlo desde el fondo del sofá con el mando de la tele en las manos.
Cuando, en cambio, amanecemos con varias tareas por delante, diversas, proyectos personales, culturales, laborales, sociales, deportivos, sensuales... nos damos cuenta de cómo de fácil puede resultar estirar una sola tarde.
Yo sólo me quejo del tiempo, en lo más íntimo, con un solo motivo: no disfrutar más de la gente que quiero.
martes, enero 10, 2017
Baile
martes, enero 03, 2017
Débil
-No te vengas abajo, tú eres muy fuerte.
Y yo le respondí:
-Estoy harto de serlo.
No sé cómo nos vamos encauzando las personas, cuánto cuenta la genética o la sensibilidad, para tomar un rol de autocontrol respecto a nuestras decisiones y las de los demás. No sé en qué momento uno se da cuenta de que no sabe dejarse ir, ni tomar de vez en cuando papeles secundarios en que poder observar el mundo correr sin querer intervenir para modificar el curso de las cosas.
Es probable que nuestros actos nos vayan definiendo y que esa figura que construimos de nosotros mismos a base de gestos nos condene a ser lo que somos, enredados en nuestra propia tela de araña.
Lo cierto es que cada uno de nosotros, en el lado del camino que nos hayamos colocado, vamos instintivamente buscando la felicidad. A mí me gusta ser como soy, tal vez por eso sea así. Ser fuerte, como me reconozco, a pesar del agotamiento que provoca tomar mochilas que no siempre me corresponden; pero no como virtud ni defecto.
Seguramente nadie haga nada gratuitamente y, en el fondo, todos busquemos el reconocimiento a nuestro comportamiento, sea el que sea. Quizás el fuerte lo que sea es un egocéntrico que no busca sino su independencia, tal vez persiga el no apreciar los valores en el otro, a lo mejor el que presume de fortaleza no es sino un desconfiado del mundo que le rodea. Un orgulloso incapaz de creerse digno de ser amado sin más.
No olvido la frase de Milan Kundera en 'La insoportable levedad del ser', envidio al personaje que la pronuncia, me reconozco en aquél a quien se dirige:
''Quiero que seas débil, quiero que seas tan débil como yo''.
lunes, diciembre 26, 2016
Peor
La proporción es alta, pero no nos ganarán. Son un ejército de almas incómodas con su cuerpo que se las afanan para hacer de nuestra sociedad algo despreciable que esté a la altura de lo que ellos son, que se relamen pensando en que las leyes se elaboren con las tripas y que la culpa de que lleven una vida frustrada no está en ellos, sino en los demás, especialmente si esos otros valen menos que ellos o tienen menos derechos, seguramente porque sean de fuera.
Son los que creen que todo tiempo pasado fue mejor, aunque tengan que adulterar sus recuerdos para extraer imágenes de felicidad, los que piensan que la mezcla, la diversidad o el diferente son malos de por sí.
Tienen un lema sencillo de memorizar, 'cuanto mejor, peor', y ése es su peligro, que son gentes binarias que actúan embelesadas detrás de líderes analfabetos que no saben que el mundo es lo que es gracias a los que pensaron justo lo contrario que ellos.
A los amargados se les combate con una sonrisa de amor.
jueves, diciembre 22, 2016
Joven
Días antes, un directivo del Instituto Renault, con sede en Valladolid, me contactó para decirme que él también participaría. Quedamos en vernos allí. Me quedé con su foto tras investigar en su tarjeta electrónica de empresa.
Seríamos 70 personas. La media de edad, alta. Mucho traje de chaqueta. Asistí con atención a la primera parte del comité, en un salón de actos a medio llenar. Al no ver a mi compañero de Renault, decidí enviarle un wasap. Me respondió excusándose:
'No he podido ir por un problema de última hora, pero he enviado a alguien de mi equipo. Hace por buscarte en la pausa del café'.
Cuando terminó la primera charla y anunciaron la pausa, me quedé entre los últimos en salir para hacerme ver. Ya por fin un hombre se me acercó.
-¿Salvador?
-Sí, soy yo.
-Verás, no estaba seguro. He estado intentando buscar desde mi asiento, hasta que he visto por fin a un tipo joven.
Se me subió el ánimo al oír eso.
-Hombre, muchas gracias.
-No... Pero no eras tú.
miércoles, diciembre 14, 2016
Izan
En euskera 'izan' significa 'ser'.
Este pasado puente hemos estado en su casa, la de mis amigos Txema y Paula, padres de Izan. Al estar ellos trabajando algunos de esos días, he tenido mucho tiempo para pasear con él y comprobar cómo va avanzando en su dominio del lenguaje. Me cuenta todo de sus compañeros de clase, con esas 'eses' tan marcadas del norte. No para de hablar.
A mí me gusta preguntarle, para ponerme al día de sus progresos y poder calibrar hasta qué punto comprende las cosas, cuál es su nivel de conocimiento del mundo que le rodea. Él, simpático donde los haya, no huye ninguna respuesta.
Íbamos caminando por La Concha cuando le pregunté:
-Izan, ¿tú sabes dónde vivimos Fran y yo?
-En Sevilla -respondió raudo.
-Ahá. ¿Y tú? ¿Dónde vives tú?
-En mi casa.
-Ya, pero... ¿dónde está tu casa?
-No muy lejos de aquí -me respondió serio, señalando hacia atrás, extrañado de mi despiste y de mi risa floja.
Me contaba Paula, su madre, que un día llegó del colegio y le preguntó:
-Amá, ¿tú sabes decir tacos?
Paula negó rápidamente con la cabeza, pero él se adelantó.
-Yo sí se uno.
-¿Cuál? -Preguntó Paula.
-¡Tonto!
-Ay, mi niño. Pues sí, sabes decir un taco.
-Venga, dilo tú.
Paula se lanzó:
-¡Tonto!
-¡Hijoputa! -Respondió él.
Días después le comunicaba a su madre lo que había decidido hacer cuando fuera mayor.
-¿Qué harás, mi niño?
-Cuando sea mayor, diré todo el tiempo ¡hostia!
lunes, diciembre 05, 2016
Emoción
La edad lleva a la repetición y ésta nos priva sutilmente de las sorpresas cotidianas, de forma que cada día que pasa nuestra manera de sentir una puesta de sol es menos entusiasta que la del día anterior; esa rutina vestida de negro que nos confina a un ver pasar el tiempo sin las pulsaciones de otras épocas.
Al no tener libro de instrucciones, ni termostato de emociones, el único método para no dejarnos llevar por el desencanto de lo ya vivido es nuestra inteligencia emocional, saber encontrar los resortes, donde no parece haber sino páramos infinitos del mismo amarillo plano, para enlazar esa plaza con tu infancia, ese olor con tu padre, ese café con el de la primera vez, ese vuelo en avión con aquéllos en que el estómago se revolvía de emoción ante lo desconocido.
La pasividad no es medicina, no, para encontrar la chispa al episodio de cada día. Hay que lucharlo, buscar los ojos, proyectar el futuro, tirar de recuerdos, estirar el alma contra la impavidez a que nos lleva lo ya conocido.
Cada año que pasa somos menos propensos a la sorpresa, más proclives al desencanto de las frustraciones confirmadas, pero también hemos vivido otras experiencias, somos más sabios, hemos aprendido a apreciar lo que es hermoso y no nos hace daño.
La vida no vale con vivirla, hay que pensarla, retorcerla, airearla, recolocarla de perfil, taparle sus agujeros, darle capas de pintura, desobedecerla incluso, arriesgarla a veces, para entenderla, y disfrutarla así, cada día.