Con mi espíritu siempre interesado por lo público y la política, he vivido con intensidad estos días de confrontación entre Rubalcaba y Chacón que desembocaron este fin de semana en la elección del primero como Secretario General del PSOE.
Ambos compartieron mesa en el anterior gobierno, ambos han dado suficientes pruebas de ser personas válidas para gestionar la 'cosa pública'. Uno representa la experiencia, otra la nueva generación, el cambio. Rubalcaba es buen orador, Chacón es pasional.
Sé que es difícil cuando un político se enfrenta a situaciones en que se postula para ser líder de su formación el concretar al máximo sus propuestas, pero al menos tendría que ofrecer una estrategia construida, creíble, coherente con ese espacio de socialdemocracia a la que muchos nos sentimos cercanos.
No es sano, a mi juicio, votar por personas sin saber qué hay detrás.
Es cierto que hay despiste, mucho, en la clase política respecto a qué hacer y cómo. La Economía se ofrece como un gran monstruo que se lo come todo, las reglas incluidas. No hay matemática que valga. Se puede defender una cosa y justo la contraria para tratar de llegar a los mismos objetivos.
Partiendo de la base ya asumida por todos de que no se puede gastar lo que no se tiene para evitar situaciones de desasosiego como la que vivimos en España, yo querría oír un discurso entrelazado, formal, comprometido con una estrategia integral, no vagas propuestas aisladas.
Creo que es posible ofrecer una visión de país próspero potenciando a la iniciativa empresarial sin por ello menoscabar la base redistributiva que todo partido de izquierdas debe tener como bandera.
La política de recortar y mirar para otro lado se la deben de dejar a otros, de ellos yo espero propuestas más inteligentes, arriesgadas, guiadas por el humanismo más que por los mercados.
Quiero que mi país siga teniendo una fuerte sanidad pública, que se avance en una escuela pública laica que sea orgullo de nuestra sociedad, un país que proteja a sus más débiles, porque la debilidad existe, que se fomente la investigación, la cultura, el pensamiento. Me aterra esta involución en lo social que se está produciendo con el Partido Popular; yo quiero una sociedad solidaria, en que no haya discriminaciones por la orientación sexual, donde no se penalice el aborto, una sociedad preocupada por el medio ambiente, una sociedad en que lo religioso sea respetado pero no subvencionado.
Sé que hay armas para llegar a conseguir construir una España basada en lo social y no en los mercados, pero esas armas hay que mostrarlas en público para optar a dirigir a este país.
Esas ideas construidas no las veo en Rubalcaba ni las veía en Chacón.
No quiero que se me venda humo, sino que se me convenza con una propuesta conjunta de futuro.
Me siento cómodo pagando impuestos siempre que se haga para construir un país del que me sienta orgulloso, un estado fuerte que piense en las personas. Desde la austeridad, seguro. Pero con el ser humano en el centro.
Me niego a aceptar que no existe esa alternativa.