Hay autores actuales, siempre los ha habido, que componen novelas desparramadas de vísceras, palizas y cadáveres destrozados que una masa lectora devora con avidez.
Me planteo por qué.
Personas dulces en su día a día se lo pasan en grande con Carmen Mola o autores escandinavos que rozan lo sórdido y juegan con lo escabroso.
No sé si es sintomático de la sociedad en que vivimos.
Hay quien dice que la calidad literaria es inversamente proporcional al número de asesinatos.
Sé que no es verdad, pero me gustaría que lo fuera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario