Sea ciudad, restaurante o película. Cuando haces un canto a lo mucho que aquello te gusta siempre hay quien reacciona diciendo que hay algo mejor, en vez de preguntar por las bondades de tus querencias.
Sí, me pueden gustar Madrid y Barcelona. El pulpo y el entrecot. Cold Play y Amaral.
Al escuchar a alguien hablar de lo bien que se lo ha pasado con esto o con lo otro, ganamos una oportunidad de saber más, de preguntar, de pedir consejo. No es el momento de interrumpir para decir que conoces otros paraísos.
—Vengo enamorado de Roma.
—Pues a mí me gusta más Venecia.
—Pero, resulta, que te estoy hablando de Roma...
Comparar es de catetos.
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