x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

lunes, agosto 31, 2009

Cenizas

Por circunstancias, pertenezco al núcleo de personas que ha vivido un porcentaje mayoritario de su vida sin pareja.

Ayer cumplí 42 años y descubrí cuánta gente me quiere.

Mis sucesivos fracasos en el amor fueron quizás la base para construir amistades sólidas en que apoyarme. Tanta gente tan diferente y tan fiel, que no me llaman a diario, que no conocen los detalles de mis rutinas, pero que están ahí.

El verdadero amor correspondido no lo conocí hasta los 36 años. Hay quien no lo conoce nunca.

Estos últimos años he pasado todo tipo de situaciones, graves problemas familiares, momentos de fuerte presión en el trabajo, mudanzas, enfermedades. Frente a todo ello, puedo decir que éstos han sido los años más felices. A todos los niveles. Cuando me he sentido más persona. Sé apreciarlo en toda su intensidad.

Cuando por las noches me acuesto y siento su brazo envolverme, tomo su mano y la acaricio suave.

No hay problema ni dolor que no solucione ese abrazo de cada noche, esa mano que se deja acariciar por mí. No importan los desengaños pasados, ni los daños olvidados, cuando sé que tengo quien me quiere sin condiciones, alguien a quien ese abrazo le supone el mejor de los somníferos. En esos momentos entre lo real y lo soñado en que voy quedando dormido me planteo un único dolor: dejar de tener esa mano al dormir. Desaparecer algún día y no tenerla.

Cuando no sea más que cenizas esparcidas por el aire y me funda de nuevo con la naturaleza, me gustaría soñar que esa materia, que era yo, echará de menos el haber estado alguna vez tan en sintonía con el universo...

martes, agosto 25, 2009

Dejarse oír

Es tan frecuente como insoportable estar en espacios públicos, llámese AVE, aeropuerto, salas de espera…, y tener que soportar las conversaciones telefónicas, con móviles de última generación, que a voz en grito mantienen personas (personajes) que relatan a los cuatro vientos los contratos que su empresa ha firmado, los próximos viajes a China, la devaluación del euribor, el 4x4 que se van a comprar el próximo mes.

A veces pienso que no hay nadie al otro lado de la línea de sus teléfonos.

Estas actitudes reflejan un egocentrismo desfasado, una falta de educación impropia de los estudios que aparentan, una soberbia a prueba de bomba.

No creo que sea difícil de entender que la vida de esos desconocidos no nos interesa, ni sus negocios de altos vuelos. Estos personajes venden estrés al mundo exterior, como si de un perfume se tratase. Oler a estrés para mostrar que su vida es más válida e interesante que la del mortal medio.

A mí me gusta que me hablen las personas que yo elijo. En los asientos de los trenes, si estoy solo, prefiero tener mis sentidos concentrados en cosas más enriquecedoras que conocer cómo de amplia es la nómina de un ejecutivo que, tal vez, no tenga con quien hablar cuando llegue a casa.

viernes, agosto 21, 2009

Dormir otra vida

La gente que me quiere se ríe de mi lado dormilón.

Soy capaz de dormir encima de un árbol, echarme una siesta a las nueve de la noche, aunque sea diez minutos, o volando en un avión, o tirado en la playa… con suma facilidad. Además, no me resisto.

Está en su derecho quien defiende la teoría de que dormir es perder el tiempo, años de vida si vas sumando la hora de más que permaneces ‘desconectado’.

Yo soy de los que disfrutan esa otra vida. Cada día al despertar recuerdo todo.

Mi otra vida me permite seguir en contacto con mi madre, muerta a mis dieciocho años, que me visita con frecuencia. Sigo charlando con mi amigo Quino, de la época universitaria, con Gregorio, mi amigo inseparable del colegio al que hace tantísimo tiempo que le perdí la pista, con los hijos madrileños de mi tía Elo; viajo a épocas felices de veraneo en las playas de Huelva, a mis años de remo las mañanas de los domingos por el Guadalquivir. De pronto, en mis sueños estoy enamorado de Mariángeles, o leyéndole 1984 de Orwell a Mariló, tumbados junto al mar.

A veces despierto pensando por qué se repiten en mi otra vida determinadas imágenes. ¿Por qué siempre tengo asignaturas pendientes en la universidad, cuando saqué mi título en el 94?, ¿por qué aparezco tantas veces desnudo en reuniones de trabajo?, ¿por qué siempre me enfado con mi hermana Raquel, con la que me llevo tan bien en mi vida real?, ¿por qué se caen tantos aviones en ese otro lado del espejo?...

Hay quien piensa que la calidad de tus sueños depende de no haber comido una cena pesada un rato antes (y está demostrado que tras un buen plato nocturno de chorizos y morcillas hay pesadillas). Seguro que hay explicaciones neuronales que demuestran que nuestros sueños no son más que ‘puestas a cero’ de la información acumulada durante el día.

Yo, en cambio, vagabundeo por librerías buscando información, indago por internet para obtener respuestas, leo artículos en prensa y compruebo que, a pesar de estar ya en el siglo XXI, nadie ha podido aún desmontar mi ilusión por creer que gran parte de nuestra espiritualidad se manifiesta en ese otro lado, allí donde viajamos sin preguntar.

martes, agosto 18, 2009

Nubes

Paseando un día muy nublado, fijé mi mirada en una nube especialmente negra. La situé entre dos torres desde el puente al que estaba asomado. Retuve mi mirada intentando enfocar la distancia entre el pico de la nube y una de las torres. No llegaba a percibir movimiento, era una estampa congelada, hermosa, de un momento irrepetible a orillas del Sena.

Con nuestra vida ocurre como con esa nube. El día en que vivimos, el período en el que estamos, aparece congelado.

En cuanto nos descuidamos, tan sólo un paseo por los alrededores del puente, la nube ya no está. Las torres continúan como referencias fijas, pero no hay nube que encuadrar en nuestro horizonte.

domingo, agosto 02, 2009

Pecado original

Confieso mi lejanía infinita de la religión católica.

Creo que, de haber sido obligado a elegir una religión al nacer, para adoptar como propia, me hubiera sentido mucho más atraído por el budismo, aún estando bien lejos de tomarlo como religión de forma voluntaria.

Nos ponen en este mundo sin que nadie nos pregunte. Nos plantan en una ciudad, en una familia, con un físico y un intelecto, sin darnos un manual de instrucciones.

Con el paso de los años entendemos que esta existencia, no solicitada, es además caduca. Y que no hay nada que hacer contra ello.

Títeres, se podría llamar la película.

La religión católica, para más inri (nunca mejor dicho), nos coloca otra mochila más a trasportar: El pecado original.

No vale con haber aparecido sin haber sido preguntados, ni saber que por muy bien que hagamos las cosas nuestro destino es morir, sino que además nacemos pecadores.

El drama, a mi entender, pasa a ser cómico.

Claro, eso sí, pórtate bien y entonces encontrarás el perdón de tus pecados y la vida eterna.

La vida eterna…

La vida mundana, la que sí sabemos que existe, porque la pensamos, sufrimos y disfrutamos, ya es suficiente prueba como para andarla con cadenas de más y amenazas subterráneas.

La bondad, para mí, es la única clave. No podemos pretender que existan seis mil millones de ‘Vicentes Ferrer’, no aspiro, porque yo soy el primero que no tengo la fuerza, ni la calidad humana suficiente, en abandonarlo todo por los pobres, por los que sufren. No creo que ese espíritu, además, case con la naturaleza humana, demasiado imperfecta sin necesidad de pecados originales.

Buscar la santidad, la perfección, es encontrar la frustración.

La bondad como clave en el sentido de actuar teniendo como lema el hacer por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti. Sencillo. Con el más cercano, con tu gente, en tu barrio, en tu trabajo… La bondad es una cualidad difícil de trabajar pero enriquecedora al máximo.

Es cuestión de ponerse a ello, y las marionetas comenzaremos a sentir menos tensas las cuerdas que nos manejan.

Lo que tenga que venir después, vendrá… no hay que preocuparse, porque no nos preguntarán.

viernes, julio 31, 2009

Solo

Una de las mejores señales de que se está madurando positivamente como persona lo marca, a mi entender, la capacidad para estar solo.

Puede resultar sencillo decirlo para alguien que, como yo, lleva tantos años de vida afectiva plena, estable, de amor intenso y correspondido.

Tal vez una de las claves para el éxito de mi vida en pareja es la oportunidad que nos damos mutuamente para encontrarnos en nuestras burbujas de soledad.

Cada cierto tiempo necesito pasearme la ciudad por la noche, vagabundearla, a solas.

Se me vienen a la mente muchos nombres de gente a la que quiero que no sabe estar dos horas seguidas sin coger el móvil y llamar a alguien. Para contarse nada.

Es duro y purificante que pase un fin de semana completo sin que suene el teléfono, sin que te escriban un correo.

No me gusta llenar el silencio con conversaciones huecas.

Adoro el silencio, los espacios abiertos para caminarlos, los libros cuando se leen en una cama amplia, prepararme un gintónic con música de Suzanne Vega, conducir oyendo las noticias y dejar que tu mente razone con presteza, que profundice, que digiera cómo va el mundo.

Esta terriblemente compleja vida se ve con otros ojos, más llenos, cuando tenemos la fortaleza de mirarla de frente sin confirmar, de reojo, si tenemos ángeles guardianes protegiéndonos.

Cuando te descubres feliz en un asiento aislado de una sala de cine, sin pensar en qué dirán, tienes mucho ganado para conquistar el cariño de los demás.

Poca gente más atractiva que aquella que sabe manejarse por ella misma.

No hay mejor seducción que la fortaleza de saberse capaz de por sí, mejor amor que el dado por una persona serena.

Por mucha gente que tengamos alrededor, sea triste, duro o no, pasamos el noventa y mucho por ciento de nuestra vida nosotros con nuestros pensamientos, nosotros con nuestras miedos, cavilando, hablando con nuestro interior, dándole vueltas a lo más nimio y a lo que no. La cabeza siempre dando vueltas, sin compartir con el exterior más que una mínima parte, siempre con los límites del lenguaje, las trabas de saber expresar qué hay aquí dentro.

La felicidad es paz interior. Complicada de luchar.

domingo, julio 26, 2009

Tres mujeres

En estas últimas semanas he vivido de cerca historias frustradas de tres mujeres que me importan mucho.

En los tres casos coincide un factor: tres hombres que no valen un pimiento.

Historias de sexo disfrazadas de virilidad, cafés de media tarde a escondidas de sus esposas, promesas de estar disfrutando la mejor de las historias mientras a otras mujeres en lugares no lejanos les están contando la misma película.

Me gusta escuchar. Prefiero no dar consejos que no sé si serán correctos. Mejor escuchar e indignarme, mostrarme cercano y comprender sus desazones.

No todo vale en este mundo. No por ser una sola vida se tiene que vivir a costa de los sentimientos de los demás. La fidelidad debe ser, a mi entender, un grado.

Es fácil pensar ‘ojos que no ven, corazón que no siente’, pero es de una falta de respeto impresionante estar calentando la cama de otras personas sin decirlo, mientras promesas vagas llenan los huecos entre cerveza y cerveza.

Siempre hay una parte de culpa, importantísima, en quien se deja engañar, en quien asume juegos con quienes no van de frente. Acostarse con una persona casada es una opción que se puede tomar, pero es frecuente salir escaldado, por muy tranquila que se tenga la conciencia, por muy libre de ataduras que uno esté.

Yo, personalmente, no podría mantener una historia de amor con alguien que tiene un compromiso y duerme abrazado a otros brazos.

A estas tres mujeres a las que adoro sólo les sé aconsejar una sencilla palabra: dignidad.

miércoles, julio 22, 2009

150 años

Yendo al trabajo esta mañana, hacia una fábrica francesa en las afueras de París, escuché en la radio una entrevista a Raphaël, un cantante joven, compositor de sus letras, de su música. Un tipo de éxito.

El no vivir ya en París me hace desconocer su album 'Caravane'. De hecho, hasta hoy, sólo conocía de él su nombre. Ni siquiera una melodía, un estribillo.

Su voz en la radio era suave, tranquila, con cierto aire de tristeza impropio de su juventud.

Le preguntaron por una canción. El chaval explicó que la letra procedía de una frase que le repetía su padre cuando él era un niño, en la época en que el mundo se le venía encima a cada momento por problemas irresolubles para él.

''Tranquilo, Raphaël, dentro de 150 años nadie se acordará de ello''.

Esta tarde ando paseándome la ciudad de Mons, al sur de Bélgica, en mi enfermedad bien controlada de búsqueda de nuevas ciudades y paisajes.

Me estoy tomando un café frente a la estación de tren, tras haber subido y bajado cuestas de esta ciudad tranquila. No sé de dónde viene el nombre de Mons, tengo que investigarlo. Sé que, como ciudad fronteriza, ha sido destrozada en los últimos siglos por franceses, holandeses y españoles. Aun así, mantiene la figura, con hermosos edificios de piedra azul.

No sé si tendré tiempo de comprar el disco de Raphaël.

En la entrevista nombraba frases retenidas de su madre, pero no las recuerdo.

Tengo un amigo a quien también le gusta escribir, que me dice tener otro punto de vista sobre la literatura. A él no le interesan las calles de Nueva York, ni las costumbres de otros sitios, de otras gentes. Él, me dice, tiene todo su mundo en su habitacion, con una lata de cerveza y un pitillo.

Me parece hermosa su reflexión.

Voy a pagar el café y seguir paseándome las calles de Mons. El monstruo que hay en mí necesita combustible.

El combustible tiene nombre de disco esta vez, y se llama 'Caravane'.

Tal vez dentro de 150 años siga sonando la frase del padre de Raphaël en las ondas de emisoras de radio hoy inexistentes.

viernes, julio 17, 2009

Túnel bajo el Louvre

Tuve la fortuna de trabajar tres años en París. Desde un principio tuve claro que sacrificaría la comodidad de vivir junto a mi lugar de trabajo, en las afueras del oeste de la ciudad, por la calidad de vida que supondría hacerlo en el centro. La empresa me ayudó, de forma que me decidí por un pequeño apartamento en el Boulevard de Port Royal, a escasos cien metros de los jardines de Luxemburgo.

Mi ritmo vital había cambiado de golpe. A la avalancha de información en todos los sentidos que suponía la ciudad, a la oportunidad de expresarme en otra lengua y de viajar con facilidad por el centro de Europa, de conocer otras gentes, de disfrutar de fines de semana paseándome las orillas del Sena, se unían otras particularidades menos agradables.

Llegar al trabajo me suponía 45 minutos en coche la ida (no había combinación de metro posible) y más de hora y cuarto la vuelta (con suerte). Pasé por todas las fases de desespero, respiración profunda, cursos de inglés en CD, revistas para aguantar los parones… hasta que mi cuerpo se hizo. ¡Echaba tanto en falta los cinco minutos que necesitaba para llegar al trabajo desde mi casa sevillana!

Probé todas las rutas posibles. Por las autopistas exteriores, por el periférico, entrando por distintas ‘portes’, sumergiéndome en las calles del centro… Decidí que la mejor opción era entrar por la Porte Saint Cloud y tomar la voie Georges Pompidou, una vía rápida que transcurre por la rive droite del Sena. En un momento dado subía hacia el puente del Alma y en la plaza de la Concorde me unía a la confluencia de la avenida proveniente de los Campos Elíseos.

Ahí llegaba el nudo gordiano de mi historia.

Para poder acceder al túnel que me permitía desembarazarme del atasco, un gran pasadizo de varios kilómetros que discurría paralelo al Louvre, tenía que hacer lo posible por encontrar huecos que me permitieran pasar del carril más derecho, del que yo provenía, a justo el otro extremo de esa inmensa avenida.

Peleaba, a diario, con el malhumor parisino (expertos en no hacer sonar el claxon pero a desgañitarse con maldiciones desde el interior de sus coches). Pero conseguía llegar, casi siempre, al túnel que me llevaba a las puertas de mi casa.

Entonces me daba por reflexionar sobre el alma humana.

Observaba un porcentaje altísimo de conductores que suplicaban por que les hicieran un hueco en su intento de entrar en la fila afortunada del túnel pero, una vez allí, maldecían, chuleaban, impedían a toda costa que ningún otro conductor entrase en tan mágico pasadizo.

Yo observaba y lamentaba el profundo egoísmo humano.

El túnel del Louvre es paradigma de la condición humana. Cuando se trata de pedir… y cuando se trata de dar.

lunes, julio 13, 2009

Dudas meditadas

Hace pocos días un amigo me preguntaba por mi opinión acerca de las centrales nucleares. Le comenté que mi posición respecto a este tema era de un bloqueo reflexivo.

Hay numerosas cuestiones a las que dedico mucho tiempo de reflexión sin llegar a tomar posición.

No sé si eliminar centrales nucleares conllevaría aumentar la producción de centrales térmicas, que son unas de las grandes responsables del efecto invernadero con emisiones de CO2 que las nucleares no emiten. No sé hasta qué punto la ciencia avanzará para poder hacer desaparecer la radioactividad de los residuos de las centrales. Me faltan datos para posicionarme.

Sé que la humanidad tiene que hacer lo posible para crear un planeta más limpio, creo en los efectos perversos del cambio climático.

Tengo dudas sobre el consumo en la sociedad actual. Criticamos con fuerza el consumismo, y como tal concepto me parece repugnante. Pero, ¿qué sería de nosotros si no consumiéramos?, ¿qué sería de la actividad laboral si no hubiera objetos que producir porque no se consumen?, ¿qué haríamos con los cientos de millones de trabajadores de este mundo que viven de la industria, los servicios, la investigación? Investigar nuevos productos, ¿para qué? En esa sociedad sólo tendría sentido la producción de los elementos básicos. Todo basado en la agricultura, la medicina, la enseñanza, la justicia… ¿habría suficiente para mantener al ser humano en un mundo ‘hippy’ de no consumo?

Sé, en cambio, que detesto la especulación, el hacer dinero a costa de cualquier principio. Estoy convencido de que las empresas tienen que apurar su pilar humano, dejar de creer que los beneficios deben crecer a costa de cualquier cosa. Potenciar la productividad sin dejar de lado el respeto a las personas.

Tengo dudas y certezas.

Admiro a la gente que tiene una posición clara y contundente acerca de cualquier tema, siempre que sea apoyada en principios y datos, no en radicalismos de barra de bar.

Yo me apunto a la duda reflexiva y los principios firmes.

miércoles, julio 08, 2009

Ojos abiertos

Hace pocos días terminé la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, 'Ni de Eva ni de Adan'. De ella extraje una cita:

Me gustaba la idea de no saber si iba a ver pintura, escultura o una retrospectiva de varios estilos. Sería bueno acudir a las exposiciones siempre así, por casualidad, con total ignorancia. Alguien quiere mostrarnos algo: simplemente eso ya cuenta.

No sé por qué, pero en los últimos meses me he encontrado sumergido en conversaciones, con personas que aman la creación literaria, sumamente críticas con el llamado 'arte moderno'.

Comentarios del tipo: todo es una farsa, un niño de cinco años hace mejores dibujos que muchos de esos artistas, es un mundo de arribistas...

Se critica 'el urinario de Duschamp', los cuadros de salsa de tomate de Warhol, las esculturas de Picasso con elementos básicos, los contenidos del Centro Pompidou de París, del Reina Sofía de Madrid, de la Biacs de Sevilla.

Creo, sinceramente, que no es un problema tan sólo de falta de humildad de quien critica (que estoy convencido que algo hay), sino de incapacidad de disfrutar.

La arquitectura de hoy es consecuencia de movimientos rompedores, los logotipos de las empresas, los apeaderos de los autobuses, el diseño de los automóviles... No podemos volver a tiempos en que no existía la fotografía, el vídeo, donde la única forma de reflejar la realidad era el pincel o el cincel.

Si Duschamp consiguió que un urinario entrara en el Museo de Arte Moderno de Nueva York sería por algo... Al menos así lo veo. No tengo la formación ni la experiencia para emitir juicios firmes, casi que ni quiero, pero como persona que trata de crear, de hacer reflexionar, de plantearse el mundo desde su propia esencia, sé que cuando entro en el Gugenheim de Bilbao o en el Museo de Arte Moderno de Estrasburgo, estoy totalmente dispuesto a dejarme seducir.

Quiero que me provoquen, quiero ver momias colgadas de un ventilador, habitaciones desordenadas, desnudos impúdicos, video-performances, manchas en el techo, cuadros de un solo color, lámparas que son tetas, tetas hechas de corcho, corcho repartido en vitrinas... Me apetece ver sillas de siete patas, relojes sin agujas, interpretaciones del dolor hechas por Francis Bacon, interpretaciones de Bacon hechas por escultores de metal, paisajes sin paisaje, figuras deformadas que me transmitan que la vida es eso: absurda, imprevisible, sarcástica, terrible, hermosa, incomprensible, interpretable...

No niego el derecho a criticar, a veces, con fuerza, incluso con desprecio, obras no entendibles o posibles farsas.

Pero quiero ver con ojos abiertos y tratar de entender al otro.


jueves, julio 02, 2009

Escoria europea

Nací dos generaciones después de los ignominiosos acontecimientos nazis que condenaron por siempre a Alemania a arrastrar las cadenas de la vergüenza.

En poco tiempo se constituirá el nuevo Parlamento europeo, votado con desgana hace pocas semanas. Según se lee en algunos artículos, uno de cada cinco parlamentarios electos es extremista, entendiéndose por tal, en ciertos casos, a personajes que militan en partidos políticos xenófobos, fascistas, neonazis…

Asistimos con preocupación a elecciones en Bélgica, Holanda o Hungría donde hay porcentajes altísimos de votos para partidos que muestran desprecio por las minorías, sin sonrojo.

Afortunadamente a España no ha llegado aún esa lacra de forma notoria.

Soy partidario, firme partidario, de elaborar una ley de rango europeo en que se defina claramente lo que no es posible.

Cualquier cámara de televisión que salga por las calles de cualquier ciudad se puede encontrar con ciudadanos que sueltan por su boca barbaridades que da miedo escuchar. La gente tiene tendencia al más bajo populismo. ‘Muerte al moro, al gitano…’

No estaría de más prohibir lo que no puede tener sentido.

Un partido xenófobo, por definición, es escoria. La historia de la humanidad ya debería habernos enseñado los límites que nunca conviene trasvasar.

Y a la escoria no se le debe poder votar. No es cuestión de coartar la libertad de expresión, sino de limitar el perímetro del campo de juego (la Declaración de los Derechos del Hombre como fronteras de ese terreno no estaría mal).

Buen ejemplo tenemos con Batasuna. Si a estas alturas del siglo XXI no condenas el asesinato impune, no tienes derecho a representar a nadie.

Nos jugamos mucho.

viernes, junio 26, 2009

Hojin Lee

Ha sido al terminar la última copa (the fourth level) cuando me ha ofrecido, ceremoniosamente, un llavero en el que está plastificada para la eternidad una flor nacida en metal, en una estatua de Buda de la que su madre es muy devota.


No hace falta ser muy perspicaz para comprender la asociación de ideas que rápidamente he hecho con tantas otras madres sevillanas y las vírgenes correspondientes.



Hojin Lee es un coreano de 40 años que apareció, con previo aviso, hace dos semanas en Sevilla para realizar un trabajo de largo plazo con la fábrica de Renault. Lo recibí, organicé sus jornadas de trabajo y hoy, un día antes de su partida definitiva hacia su ciudad, Pusan, le ofrecí cenar conmigo.



No hizo falta más que dos cervezas para que me leyera la mano (si no mueres a los setenta, serás centenario), que tres cervezas para que me hablara de la decisión de tener su segundo hijo (un día después de que muriera su suegro, justo tras celebrar su setenta cumpleaños), que cuatro cervezas para decirme que el mundo es pequeño, que las gentes son iguales, que la vida es corta...



Me enseñó fotos de sus hijos (de pronunciación imposible), me habló de las otras vidas en las que cree, me invitó al último gintónic y me agradeció en el alma, con un abrazo fuerte y tímido en la puerta del hotel, haberle invitado a esta cena.



Mediocres los que ven en los rasgos asiáticos simplemente chinos, estúpidos quienes ven en la raza un signo de diferenciación.



En Hojin Lee he encontrado a Corea, unos ojos agradecidos, ganas de conocer el mundo. Pena que mi inglés no llegara a las sutilezas de entender cada risa, cada gesto de Hojin Lee.



Para siempre su llavero.

miércoles, junio 24, 2009

Nuestra naturaleza

De entre mis reflexiones más íntimas, hay una que me lleva a construir una teoría que no sé hasta qué punto es propia, reinterpretada de opiniones ajenas o de lecturas que ahora no consigo situar.

Este razonamiento nace en mi búsqueda de la verdad del ser humano. Hasta qué punto somos como creemos ser.

Mi teoría me conduce a pensar que un ser humano no mostrará su verdadera realidad hasta no encontrarse en una situación límite, desesperada, radical, imprevista, explosiva, desgarradora.

Nuestra verdadera naturaleza se esconde, tal vez, tras rutinas diarias que ejecutamos en gran parte sin pensar. Somos buenos hermanos, amigos, hijos, padres, compañeros de trabajo, en general. Amamos con pasión mientras la pasión dura.

A mí me gustaría saber cómo actuaría si tuviera que jugarme la vida por comer, si la muerte se me apareciese de frente, si cayera en la mayor de las ruinas, si ganase el premio nobel, si perdiera las piernas en un accidente, si perdiera de un día a otro a mi gran amor, si hubiese en Sevilla un terremoto, si me tocase mañana la lotería.

Hay resortes en nosotros que están inutilizados, y no sabemos si los tenemos engrasados. Los músculos los utilizamos hasta límites sensatos.

Creo que en esas circunstancias verdaderamente valoraríamos nuestra calidad humana.

Reflexiones, quizás, insensatas…

lunes, junio 22, 2009

Petulante

Una mujer madura, a la que he tenido el placer de conocer personalmente a través de la vidilla que me da la publicación de mis novelas, me comentó hace unos días que mi blog y mi página web me mostraban como una persona pretenciosa, petulante y engreída. Cierto es que estos comentarios los acompañaba de otros en que mostraba su sorpresa por encontrar en mí dos ‘personas’ diferentes. Una preocupada por las pequeñas cosas (quise entender que ‘alababa’ mi humanidad) y otra focalizada en el ‘aparentar’.
El hecho de escribir esto en público quizás sea una muestra más de petulancia. O no…
Es sano recibir este tipo de críticas, de visiones externas fotografiadas por ojos que envían sus datos a procesadores de información que no tienen que ver con el tuyo.
Todo en esta vida es interpretable, y eso la hace rica en matices.
‘No hay rincón en el que no dejes de decir que eres ingeniero, no hablas más que de viajes, de restaurantes…’
Decía de mí que no sabía si le caía mal o bien, pero que le gustaba hablar conmigo. Lo cual ya es un punto positivo, que me reconforta.
Estas líneas las escribo porque me apetece. Todo el mundo tiene capacidad para abrir un blog y lanzar sus reflexiones al exterior. De hecho, la red está hasta arriba de blogs, webs, foros… que tal vez nadie lea. Como árboles que caen en un bosque perdido. ¿Produce ruido si nadie los escucha caer?
La libertad consiste en eso. Yo escribo porque me apetece, de lo que me apetece, de lo que siento importante o no, profundo o frívolo, de mi visión del mundo. Prefiero decir que soy ingeniero para que nadie se piense que me creo escritor. Hablo de mis viajes por el mundo porque estoy orgulloso de ello, de haber vivido experiencias tan diferentes y poder compartirlas. Hablo de música porque la siento como uno de los mayores goces, de restaurantes porque entiendo que pocos placeres existen como una buena cena en compañía.
La vida es compleja, y torticera a veces. Sé que en mi futuro personal me esperan muchas alegrías y también mucho dolor. Disfruto de ella todo lo que puedo y comparto, tal vez como árbol caído en un bosque perdido, mi forma de verla, sensaciones obligatoriamente personales.
Me duele que me llamen petulante porque en mi fuero interno sé que no lo soy. ¿O sí?

domingo, junio 14, 2009

El pestillo

Soy de los que creo en la infancia como una etapa fundamental en la vida de las personas. Es una época sobre la que, desafortunadamente, no tenemos apenas dominio.

Es cuestión de azar que te toque una familia que te eduque en valores, que te trate con cariño sabiendo imponer normas básicas, que te dé tu espacio.

Tengo muy cerca ejemplos detestables de mala educación disfrazada de buenas intenciones. Niños malcriados, caprichosos, insoportables por consentidos.

Tuve la suerte de caer en el lado de aquellos, numerosísimos, que hemos sido formados con un alto grado de sentido común y mucho amor.

Mi susceptibilidad de los primeros años, la cabezonería, la hipersensibilidad de esos años de niño me hubiesen podido costar en el futuro una vida de un frustrado de no haber sido por lo que viví en casa.

Solía enfadarme como un energúmeno por cada comentario que yo considerase hiriente. Me levantaba del sofá, con todo el orgullo que cabía en un enano de 6 u 8 años, me encerraba en mi habitación y echaba el pestillo. Apagaba la luz. Lloraba y sufría en mi rincón de incomprendido.

Un día de cabreo llamó mi padre a la puerta y me explicó que, mientras yo pasaba las horas encerrado rumiando mis cabreos, ellos seguían viendo la tele tan tranquilos.

-El único que sufre eres tú.

He visto a lo largo de mi vida tantos pestillos cerrados que me congratulo de haber tenido un padre que me explicase, siendo yo un niño, que la felicidad está en nosotros, que el mundo no gira a nuestro alrededor, que las cosas no se solucionan encerrándote en ti con tus miserias.

domingo, mayo 31, 2009

El cordero de oro

En mi ciudad es delicado tocar determinados temas, y no debiera serlo.

Todo lo que se trate desde el respeto, con una óptica personal y razonada, más a sabiendas que en el terreno en que voy a entrar conozco gente, cercana, a la que quiero, todo lo que atañe a cada cual es opinable.

Mi reflexión versa sobre la romería del Rocío.

A mi modesto entender, la peor publicidad que se puede hacer de nuestra tierra. Soy sevillano, tengo 41 años y, por tanto, argumentos, experiencias e historial al respecto.

Tengo un gran factor en mi contra. Nunca fui a esa romería.

Cuando se mezcla la religión con el alcohol, malo. Si la devoción se confunde con idolatría, peor.

Estoy cansado de lágrimas falsas, de sevillanas a la Blanca Paloma, de grandes dosis de incultura disfrazadas de gracia y salero, de hipocresía vestida de faralaes.

Cuando se ven imágenes de Kerbala y ese peregrinaje de 'fanáticos' golpeándose la cabeza, pienso que no está tan lejos del Rocío. Es más bonito éste, más romántico, pero en el fondo hay la misma materia.

Haría una gráfica e iría anotando los peregrinos que acuden cada año a este festejo. Que la curva de asistentes bajara sería, en mi opinión, el mejor síntoma de que nuestra tierra está dando saltos en positivo.

¿Mi lucha va contra el floklore?, ¿contra la cultura popular?, ¿contra la tradición?

Tal vez.

Tengo el derecho a tomar postura.

Quizás por eso defienda la Feria de Abril, con las críticas correspondiente a su exclusivismo y demás (que se podrán corregir en el futuro), donde para divertirnos, cantar a la vida y los amigos, bailar sevillanas y beber (con o sin) moderación, no hace falta buscar corderos de oro.

viernes, mayo 29, 2009

El Calder de un Yakuza

Ayer tuve una hora entre que terminé de comer en un restaurante parisino y la partida hacia el aeropuerto destino de vuelta a Sevilla, tras tres días de trabajo en Francia.
Justo antes había tenido tiempo de pasarme por la Fnac a ver las últimas novedades musicales de mis artistas preferidos, que las había, y a bichear entre las novelas de bolsillo para seguir con mis lecturas en francés. Ahí sale mi parte conservadora, que busca lo seguro: Amélie Nothomb, y la arriesgada, que lucha por introducir nombres nuevos casi al azar: Gilles Leroy en este caso.
Comía el entrecot pensando cómo aprovechar esa hora libre, mientras leía las primeras páginas de ‘Ni d’Adan ni d’Eve’, de la Nothomb. Dos primeras páginas electrizantes.
Tomé rumbo hacia el Centro Pompidou. Anunciaban dos muestras temporales: Kandinsky y Calder. Entré y pregunté en información a un chaval.
-Tengo menos de una hora, ¿qué me recomiendas?
Ni Kandinsky ni Calder, me ofreció visitar una exposición de mujeres artistas a partir de los años 60.
-Es lo más original en mucho tiempo en este museo.
Y cómo el museo no peca precisamente de recato, me lancé a por las mujeres.
Exposición brutal, en los conceptos, en los mensajes, en la puesta en escena. Salas donde se advertía que lo visto podría herir tu sensibilidad. Yo me acercaba a grupos formados donde una guía daba explicaciones que no terminaban de convencerme. No sé si me gusta que me expliquen tan en detalle el arte contemporáneo, puede llegar a hacerlo ridículo. Para mí el arte contemporáneo es inmersión, íntima, sin red.
Quise ver todo tan rápido que aún me quedaban quince minutos.
¿Kandinsky o Calder?

¿Quién era Calder?

Fui a lo seguro. Kandinsky. Intercambiando miradas a los cuadros del ruso, intercalados con vistazos a los tejados de París de la sexta planta del Beaubourg. Una evolución de lo figurativo hacia lo geométrico, donde siempre importaron especialmente los colores. Me gustó mucho la época intermedia, creo que vivida en Estocolmo. Pena de no poder leer todas las explicaciones en esa visita acelerada.
Pasé de lado por Calder. Vi mucha gente. Me pareció ver figuras de animales hechas con alambres.

Ya en el aeropuerto pude comprar prensa española tras varios días sin hacerlo. Abrí por el final y me encontré con Barbra Streisand y Robert Redford, ‘Tal como éramos’… ‘película imprescindible de Sidney Pollack, autor de ‘Yakuza’… decía el comentarista de la programación de televisión.

¿Qué significará Yakuza?

El avión despegó y decidí volver a las páginas iniciadas de la belga Amélie Nothomb. Es autobiográfica, te lleva a los tiempos de su reencuentro casi adolescente con Japón, tras haberlo abandonado con cinco años. Para ganarse la vida, busca alumnos de francés.
Aparece el primero, Rinri, un adolescente universitario de familia bien.
Entonces Amélie se acuerda de su apasionado lector sevillano. En esas primeras páginas me explica que el nivel de vida correspondía al de un hijo de un miembro de la Yakuza, una suerte de mafia japonesa. Cuando el adolescente le presentó a su padre, mafioso y encantador, éste le regaló una joya similar a un móvil de Calder, a quien no quise visitar unas horas antes en el Pompidou.

Volando a Sevilla, a diez mil metros de altura, confirmé que la literatura es magia.

lunes, mayo 25, 2009

Aviones

Yo disfruto hasta con los bocatas de pan duro con jamón que te sirven en los aviones a precios astronómicos.

Me gustan los aviones, los hoteles, los aeropuertos, las estaciones de tren, los coches de alquiler, las esperas, los planos de metro.

Mañana vuelo hacia Francia, duermo en la costa normanda y al día siguiente en la frontera con Bélgica.

Y soy feliz.

Me subleva la gente que se queja por quejarse, de la incomodidad de los aviones, de los tiempos perdidos en los aeropuertos.

No hace falta más que echar un poco, sólo un poco, la vista atrás. Para comprender lo que éramos y lo que somos.

Saber que esta noche duermo en mi cama de Sevilla y mañana a eso de las nueve y pico de la mañana estaré en París. Que podré tomarme un croissant de almendras francés insuperable, que en apenas unas horas estaré en la desembocadura del Sena paseándome por un pueblo normando de iglesias de madera, aunque sea para trabajar.

El ser humano, la gran mayoría, no aprecia lo que somos, lo que hemos llegado a ser. Pensar que en unas cuantas horas te plantas en cualquier lugar del mundo, con otras lenguas, otros rasgos, otras formas de entender la vida y de expresarte.

Yo lo aprecio con especial sensibilidad. Disfruto cada viaje con el corazón abierto a respirar otros aromas, consciente del privilegio que supone conocer culturas distintas a la mía.

Mañana será Francia, otros días fue Japón, o México, o Chile, o Turquía, Eslovenia, Marruecos, Bolivia, Suecia, Rumanía, Estados Unidos, Italia, el maravilloso Portugal tan cercano, Bélgica, Finlandia, Inglaterra… sí, me siento orgulloso de ser un ser viajado.

Me llena haber leído, haber conocido otros sitios, saber relativizar (por mucho que le joda al Papa el relativismo). Soy la persona más afortunada sabiendo que el mundo es grande pero abarcable, que ninguna raza es mejor que otra, que todas las lenguas suenan bien. Que en todos los sitios la gente se ama, se odia y se desespera ante la muerte.

Recuerdo mi primer viaje con interrail, con 18 años, cuando llegué a Copenhague. Me tiré en el césped del camping, reventado. Miré hacia un cielo azul de nubes hiper rápidas y me dije: Tan lejos de mi Sevilla y el cielo sigue en su sitio, las gentes andan igual y el suelo está igual de duro.

sábado, mayo 23, 2009

Tiempos eternos

Leí a Benedetti por primera vez... no sé cuándo.

Tengo tantas citas tomadas de sus libros, que pueden llegar a atosigar.

Me siento cercano a él y pienso en su tiempo, en su experiencia vital. Lo siento cercano. Trato de parar el tiempo, eliminar escalas, referencias, ejes de abcisas y ordenadas.

Con Benedetti no hay tiempo. Él sintió, digirió, observó, masticó, acarició, razonó, expresó lo que el mundo, el suyo y el de los suyos, le ofrecía, y nos lo envió en forma de poemas sencillos, de novelas ágiles.

Yo quiero ser como él. Quiero ser bueno.

Me gustaría creer que hay posibilidades remotas de detener el tiempo, de darle marcha atrás y adelante, de pararlo y ver a Benedetti, oírle decir que sí, que otra vida es posible.

Sería hermoso no diferenciar edades, volar entre épocas, no ver en Cernuda el pasado, no verlo en Rimbaud ni en Maupassant, sentirlos cerca, humanos.

Benedetti nos habla desde el hoy y el ahora, para decirnos que otra vida es posible, mejor, más luminosa.