Si eres comunista en Ávila no existes para la democracia.
Yo, que no soy comunista, querría defender el voto de ese ciudadano que vive en una provincia en la que jamás su opinión será tomada en cuenta.
Un partido como Izquierda Unida u otro como UPyD tendrán millones de votos en estas elecciones, pero sus votantes riojanos, zamoranos o jienenses nunca podrán contribuir a otorgarles un escaño de representación popular.
Criticar a nuestra democracia, desde algunos medios, se quiere condenar como movimiento anárquico o antisistema, pero la realidad es que nuestro sistema electoral es muy defectuoso.
Cuando las cosas van tan mal, uno que es de izquierdas casi quiere que el partido popular, ya que ganará, lo haga de forma rotunda; en caso contrario aparecerán los chantajes nacionalistas que lo empozoñan todo.
¿Cómo es posible que Esquerra Republicana con ocho veces menos votos que Izquierda Unida pueda conseguir incluso más escaños?, ¿por qué todo un país tiene que vivir preso de políticos que quieren la destrucción del propio país?, ¿por qué quién desprecia al andaluz toma las riendas de su destino?
Defiendo a muerte la posibilidad de presentarse de forma democrática a las opciones independentistas o soberanistas, pero también critico con fuerza el que haya tantos votantes inexistentes por toda España. Gente que lleva desde hace treinta años acercándose a su mesa electoral para defender opciones que nunca llegarán a representarle.
¿Por qué el voto de un abertzale guipuzcoano vale diez veces más que el de un votante de Izquierda Unida de Huelva?
Hay que construir la democracia desde valores sanos como la igualdad, y en España no somos todos iguales.
La solución está clara. Una circunscripción estatal única para 50 escaños, que sea proporcional al número de votos, y que se sumarían a los 350 ya existentes por provincias.
Yo quiero que el comunista de Ávila tenga la esperanza de que en un futuro muy próximo su voto no estará secuestrado.
miércoles, noviembre 16, 2011
lunes, noviembre 14, 2011
Excusas
Un ejercicio muy sano que comencé a practicar hace tiempo me ha dado muy buenos resultados como persona.
Podría parecer de perogrullo, pero el ejercicio en sí no es otro que tener la gimnástica mental suficiente para evitar a toda costa, ante una pregunta incómoda, buscar excusas.
A nivel profesional, por ejemplo. Siempre hay mil motivos exteriores a uno para justificar decisiones tomadas. 'Es la herencia de mi jefe', 'es la situación de la empresa', 'son los comentarios de la gente' o 'la presión de la dirección' serían, en muchas ocasiones, buenas muletas para torear ante la falta de valor para asumir responsabilidades propias. En cambio, gana tu credibilidad como profesional cuando no tiras de ningún argumento parecido para justificar tus actuaciones.
'He actuado así porque yo considero que es la mejor decisión'.
Cuando las circunstancias aprietan e incomodan, se tiene tendencia a mirar hacia otro lado para encontrar respuestas. Te puedes salvar en una, dos o tres ocasiones, pero acabas pagándolo.
En cuestiones personales es aún más evidente. No hay nada más sano que hablar de frente y, si no te apetece ir a una comida, asistir a un evento o meterte en un negocio 'equis', lo mejor es decir que no. Decir además que no o que sí porque tú no o sí lo quieres. Y, a ser posible, con una sonrisa serena.
En este hermoso período de producción de la película que me está tocando vivir, he recibido llamadas de actores o voluntarios que buscaban una explicación a no haberlos elegido en cuestiones que no venían al caso y yo me esforzaba por abstraerme de todo para asumir mi propia responsabilidad.
'No te hemos elegido porque consideramos que no eres el mejor'.
Asumir las decisiones como propias es un camino para crecer cada día.
Podría parecer de perogrullo, pero el ejercicio en sí no es otro que tener la gimnástica mental suficiente para evitar a toda costa, ante una pregunta incómoda, buscar excusas.
A nivel profesional, por ejemplo. Siempre hay mil motivos exteriores a uno para justificar decisiones tomadas. 'Es la herencia de mi jefe', 'es la situación de la empresa', 'son los comentarios de la gente' o 'la presión de la dirección' serían, en muchas ocasiones, buenas muletas para torear ante la falta de valor para asumir responsabilidades propias. En cambio, gana tu credibilidad como profesional cuando no tiras de ningún argumento parecido para justificar tus actuaciones.
'He actuado así porque yo considero que es la mejor decisión'.
Cuando las circunstancias aprietan e incomodan, se tiene tendencia a mirar hacia otro lado para encontrar respuestas. Te puedes salvar en una, dos o tres ocasiones, pero acabas pagándolo.
En cuestiones personales es aún más evidente. No hay nada más sano que hablar de frente y, si no te apetece ir a una comida, asistir a un evento o meterte en un negocio 'equis', lo mejor es decir que no. Decir además que no o que sí porque tú no o sí lo quieres. Y, a ser posible, con una sonrisa serena.
En este hermoso período de producción de la película que me está tocando vivir, he recibido llamadas de actores o voluntarios que buscaban una explicación a no haberlos elegido en cuestiones que no venían al caso y yo me esforzaba por abstraerme de todo para asumir mi propia responsabilidad.
'No te hemos elegido porque consideramos que no eres el mejor'.
Asumir las decisiones como propias es un camino para crecer cada día.
viernes, noviembre 11, 2011
Cerrado
Ayer me acusaron de intransigente.
Fue en una discusión nocturna, amigable, en casa, con gente de confianza, mientras cerveceábamos y esperábamos a nuestra amiga Carmela que viniera a hacernos un pavo que no terminó de hacer.
Esperando a las pizzas salió un tema político en que yo no quise entrar, porque me chirriaban los razonamientos que se utilizaban. Pero mi amigo Antonio era insistente.
Sé que, una vez que entro, soy vehemente; y entré.
A saco.
Debe ser verdad que tengo un punto de intransigencia y así se debe llamar a lo que yo, inteligentemente para mi argumentario, defino como pasión a la hora de defender mis ideas.
Pero de pronto me dicen que no escucho, y puede que las ansias por explicar me hagan no valorar el discurso de mi interlocutor.
La vida es un progreso continuo y, desde esa base, tengo que aceptar las críticas para eliminar esa visión de lo que a veces soy y me repele.
Critico a quien no escucha, a quien no sabe ponerse en la piel del otro, a quien se cree poseedor de la verdad para, de golpe, en una noche relajada de cervezas, perder el paso y naufragar.
Seguiré en mis trece, pero más relajado. La pasión me lleva a la intransigencia.
Fue en una discusión nocturna, amigable, en casa, con gente de confianza, mientras cerveceábamos y esperábamos a nuestra amiga Carmela que viniera a hacernos un pavo que no terminó de hacer.
Esperando a las pizzas salió un tema político en que yo no quise entrar, porque me chirriaban los razonamientos que se utilizaban. Pero mi amigo Antonio era insistente.
Sé que, una vez que entro, soy vehemente; y entré.
A saco.
Debe ser verdad que tengo un punto de intransigencia y así se debe llamar a lo que yo, inteligentemente para mi argumentario, defino como pasión a la hora de defender mis ideas.
Pero de pronto me dicen que no escucho, y puede que las ansias por explicar me hagan no valorar el discurso de mi interlocutor.
La vida es un progreso continuo y, desde esa base, tengo que aceptar las críticas para eliminar esa visión de lo que a veces soy y me repele.
Critico a quien no escucha, a quien no sabe ponerse en la piel del otro, a quien se cree poseedor de la verdad para, de golpe, en una noche relajada de cervezas, perder el paso y naufragar.
Seguiré en mis trece, pero más relajado. La pasión me lleva a la intransigencia.
martes, noviembre 08, 2011
Interruptor
En una larga espera en un edificio público, vi entrar a un hombre mayor en el baño. Entró y salió sin encontrar el interruptor hasta que, mosqueado, dio con él, lanzando improperios.
Me dio por reflexionar acerca de lo asumido que tenemos ese interruptor en nuestras rutinas. Un toque y ¡clic!, se enciende la luz.
El hombre, no como individuo, ha sido capaz de construir a base de ingenio, ensayos, definición de axiomas, interpretación de leyes físicas, químicas, estudios biológicos, astronómicos, botánicos o farmacéuticos todo un sistema que nos rodea en busca del confort, de facilitarnos la vida.
Nos paramos poco a pensar en cómo hemos llegado a todo esto. Nada nos fue dado salvo nuestro intelecto y la vida en sí, y resulta admirable como nuestros ancestros fueron consiguiendo avanzar, reinventarse, descubrir lo que la naturaleza nos iba dando para conseguir que el paso por el mundo fuera menos penoso.
No sólo los hitos del descubrimiento de la bombilla o la penicilina, sino la evolución imparable del hombre hacia el progreso que nos ha llevado a pertenecer a la generación con más posibilidades de vivir sin muchas penalidades absurdas.
Vivimos una época de grave crisis, sabemos que gran parte del progreso ha estado mal orientado, que nuestro mundo está contaminado y la atmósfera se resiente, que hay pueblos que aún cabalgan entre las oscuridades de religiones fanáticas o que viven en lugares desérticos donde la hambruna no es noticia.
Aún así, confío en el hombre. No en el individuo. En el hombre como ser capaz de hacer frente a las adversidades.
Es difícil admitir que el mundo vaya a peor cuando hace apenas un siglo la gente moría por enfermedades hoy dóciles, cuando para calentarnos necesitábamos del fuego o de días para recorrer un trozo de nuestro país.
No encontramos un interruptor y nos cabreamos, oímos el sonido de un avión y nos molesta.
¡Mirar al cielo y ver un avión volar! Con esa potencia, doscientas personas dentro que en un par de horas estarán a dos mil kilómetros de distancia.
Observar esa silueta de pájaro metálico es una sensación casi mareante si se analiza con el corazón.
Me dio por reflexionar acerca de lo asumido que tenemos ese interruptor en nuestras rutinas. Un toque y ¡clic!, se enciende la luz.
El hombre, no como individuo, ha sido capaz de construir a base de ingenio, ensayos, definición de axiomas, interpretación de leyes físicas, químicas, estudios biológicos, astronómicos, botánicos o farmacéuticos todo un sistema que nos rodea en busca del confort, de facilitarnos la vida.
Nos paramos poco a pensar en cómo hemos llegado a todo esto. Nada nos fue dado salvo nuestro intelecto y la vida en sí, y resulta admirable como nuestros ancestros fueron consiguiendo avanzar, reinventarse, descubrir lo que la naturaleza nos iba dando para conseguir que el paso por el mundo fuera menos penoso.
No sólo los hitos del descubrimiento de la bombilla o la penicilina, sino la evolución imparable del hombre hacia el progreso que nos ha llevado a pertenecer a la generación con más posibilidades de vivir sin muchas penalidades absurdas.
Vivimos una época de grave crisis, sabemos que gran parte del progreso ha estado mal orientado, que nuestro mundo está contaminado y la atmósfera se resiente, que hay pueblos que aún cabalgan entre las oscuridades de religiones fanáticas o que viven en lugares desérticos donde la hambruna no es noticia.
Aún así, confío en el hombre. No en el individuo. En el hombre como ser capaz de hacer frente a las adversidades.
Es difícil admitir que el mundo vaya a peor cuando hace apenas un siglo la gente moría por enfermedades hoy dóciles, cuando para calentarnos necesitábamos del fuego o de días para recorrer un trozo de nuestro país.
No encontramos un interruptor y nos cabreamos, oímos el sonido de un avión y nos molesta.
¡Mirar al cielo y ver un avión volar! Con esa potencia, doscientas personas dentro que en un par de horas estarán a dos mil kilómetros de distancia.
Observar esa silueta de pájaro metálico es una sensación casi mareante si se analiza con el corazón.
sábado, noviembre 05, 2011
Desidia
Hay palabras hermosas para describir la fealdad del ser humano, y quizás este término castellano, desidia, sea el que se lleve la palma.
Desidia no hace referencia a los días en los que las ganas de no hacer nada nos atacan y nos dejamos enredar por una maraña de excusas para no movernos del sofá.
Hace tiempo que comprendí que esas excusas no hacen sino dificultad ese disfrute que supone dejar al cuerpo a su libre albedrío y descansar la mente en una gimnasia perfecta en que las explicaciones no son necesarias.
La desidia, en cambio, comienza cuando esas justificaciones comienzan a ser admitidas en nuestro fuero interno y la falta de motivación para avanzar se hace genética.
Anoche cenábamos con nuestra querida amiga cubana Amín y ella lo hacía ver de su patria. Cómo se ha instalado allí la desidia. Cómo un sistema nacido con buenas intenciones se ha vuelto putrefacto hasta el punto de contagiar a todo un pueblo a encontrar excusas para no avanzar.
Me da miedo este período de inmensa crisis que atravesamos, que se presume largo en el tiempo, por lo que puede traernos de esa maldita bacteria de la desidia.
Contra la desidia, indignación, imaginación, búsqueda de caminos recónditos para llegar a nuestros sueños, pero nunca una bajada de brazos.
Leía el otro día un artículo sobre la sociedad portuguesa en que las entrevistas al pueblo llano comenzaban a dar pistas de un cierto fatalismo, consustancial ya de por sí a ese pueblo, por duro que sea generalizar. Se admitía que no había nada que hacer sino apretar los dientes.
No quiero pensar en una sociedad avejentada por la desidia. Tenemos que rebelarnos de la mejor manera: buscando alternativas al mundo que se nos ofrece, creyendo en nuestras capacidades, convenciéndonos entre todos que el camino no son las excusas.
Desidia no hace referencia a los días en los que las ganas de no hacer nada nos atacan y nos dejamos enredar por una maraña de excusas para no movernos del sofá.
Hace tiempo que comprendí que esas excusas no hacen sino dificultad ese disfrute que supone dejar al cuerpo a su libre albedrío y descansar la mente en una gimnasia perfecta en que las explicaciones no son necesarias.
La desidia, en cambio, comienza cuando esas justificaciones comienzan a ser admitidas en nuestro fuero interno y la falta de motivación para avanzar se hace genética.
Anoche cenábamos con nuestra querida amiga cubana Amín y ella lo hacía ver de su patria. Cómo se ha instalado allí la desidia. Cómo un sistema nacido con buenas intenciones se ha vuelto putrefacto hasta el punto de contagiar a todo un pueblo a encontrar excusas para no avanzar.
Me da miedo este período de inmensa crisis que atravesamos, que se presume largo en el tiempo, por lo que puede traernos de esa maldita bacteria de la desidia.
Contra la desidia, indignación, imaginación, búsqueda de caminos recónditos para llegar a nuestros sueños, pero nunca una bajada de brazos.
Leía el otro día un artículo sobre la sociedad portuguesa en que las entrevistas al pueblo llano comenzaban a dar pistas de un cierto fatalismo, consustancial ya de por sí a ese pueblo, por duro que sea generalizar. Se admitía que no había nada que hacer sino apretar los dientes.
No quiero pensar en una sociedad avejentada por la desidia. Tenemos que rebelarnos de la mejor manera: buscando alternativas al mundo que se nos ofrece, creyendo en nuestras capacidades, convenciéndonos entre todos que el camino no son las excusas.
viernes, noviembre 04, 2011
Partido Popular
Todo hace ver que nuestro próximo presidente será Mariano Rajoy.
Y digo nuestro porque soy demócrata, y querré que lo haga de la mejor manera para que mi querida España salga de este atolladero de depresión.
Son muchos los que sufren, demasiados los que no tienen que poner la alarma al despertador para no hacer nada y corremos el peligro de entrar en la desidia que puede dañar gravemente a nuestra sociedad.
De cualquier manera, para mí, librepensador y 'reflexionador', que mira con ojos pasionales el transitar de la sociedad en que vivo, me apena profundamente pensar que el 40 o 45 por ciento de mis conciudadanos voten al Partido Popular.
Que uno de cada dos españoles opten por esta opción es un desgarro para mí, y lo digo a boca llena.
Un partido político rancio, que se ha manifestado durante años con la cúpula de la iglesia y con banderas de España, acaparándolas, para renegar de cualquier avance social, que no apoyó una ley de dependencia, o la del matrimonio homosexual, que no cree, o hace que cree a regañadientes, en la Enseñanza o Sanidad pública, que ridiculiza a los andaluces, que boicotea productos catalanes, que fomenta teorías de conspiración, que bendice a personajes como Aznar, que atiza a los medios más retrógrados contra lo que no sea la 'sacrosanta' unidad de España, católica, castellana y 'bienpensante', no es un partido, a mi entender, de fiar.
Lamentablemente, no tenemos muchas opciones que enfrentar a ésta de la derecha más rancia.
Lamentablemente, mi voto en esta ocasión no será un voto de ilusión, sino de negación de lo que el partido de Rajoy representa.
No quiero que mi país dé pasos atrás y sé, en mi fuero interno, que con esta opción política vamos a darlos de forma acelerada.
Luego nos quejaremos, de su despotismo, de los retrocesos sociales, de la chulería en el trato, de la vuelta atrás en derechos que hoy nos parecen básicos.
Soy libre para opinar desde esta tribuna que la magia de internet me concede y digo, desde esa libertad, que no quiero a Mariano Rajoy al frente de mi país.
lunes, octubre 31, 2011
Menos tres
No hay reglas universales en cuestiones de amor.
La experiencia, sin embargo, nos da pistas acerca de los buenos planteamientos en cuanto a las relaciones afectivas se refiere.
Yo mantengo la teoría del 'menos tres'.
Cuando alguien aparece por tu vida y crees haber sentido mariposas en el estómago, en el mismo momento en que se establezca la primera conexión hay que poner el contador a cero.
Que te envía un mensaje: ya estás en 'más uno'.
Que tú le respondes: de nuevo en 'cero'.
Que le llamas: 'menos uno', que te llama: otra vez 'cero'.
Los comienzos son tan hermosos como frágiles y las malas interpretaciones dan al traste con muchas relaciones bellísimas en potencia que nunca llegan a materializarse.
No valen las excusas de 'estoy muy liado o liada', 'apenas miro el móvil', 'creí que te había contestado'.
Cuando se llama tres veces a la puerta, en los inicios de las historias de amor, y la puerta no se abre, ya has llegado al límite del 'menos tres'.
Conozco personas que están en el 'menos doscientos treinta y dos', y así les va.
viernes, octubre 28, 2011
Pendiente
No sé cómo nos lo montamos los humanos para ir dejando siempre de lado obligaciones que se acumulan y nos hacen menos felices.
Tareas ingratas que se pretenden borrar de manera poco inteligente con el olvido.
Creo, honestamente, que una de las maneras de asegurarse una porción grande de estabilidad personal es la de afrontar cuanto antes aquello que nos incomoda, bien sea una conversación pendiente o una llamada al seguro del coche.
Los obstáculos hay que ir sorteándolos mientras los veamos venir, pero más a menudo de lo que quisiéramos nos damos de bruces contra ellos, y lo mejor es desembarazarse cuanto antes de las trazas que éstos van dejando para no acumular demasiados daños.
Esconder las malas emociones debajo de la alfombra es una práctica torpe, a la vida hay que cogerla por los cuernos.
Debemos coger el teléfono que no queremos, abrir los sobres con malas noticias, confesar los errores antes que nos los echen en cara de mala manera, aceptar que la existencia es jodida para así enfrentarla con mejor cara.
Yo querría no tener cosas pendientes en mi bolsa de basura particular, o al menos que la carga sea liviana.
Tareas ingratas que se pretenden borrar de manera poco inteligente con el olvido.
Creo, honestamente, que una de las maneras de asegurarse una porción grande de estabilidad personal es la de afrontar cuanto antes aquello que nos incomoda, bien sea una conversación pendiente o una llamada al seguro del coche.
Los obstáculos hay que ir sorteándolos mientras los veamos venir, pero más a menudo de lo que quisiéramos nos damos de bruces contra ellos, y lo mejor es desembarazarse cuanto antes de las trazas que éstos van dejando para no acumular demasiados daños.
Esconder las malas emociones debajo de la alfombra es una práctica torpe, a la vida hay que cogerla por los cuernos.
Debemos coger el teléfono que no queremos, abrir los sobres con malas noticias, confesar los errores antes que nos los echen en cara de mala manera, aceptar que la existencia es jodida para así enfrentarla con mejor cara.
Yo querría no tener cosas pendientes en mi bolsa de basura particular, o al menos que la carga sea liviana.
lunes, octubre 24, 2011
Una vida
Si uno debe tardar tiempo en reconocerlo de sí mismo, más difícil aún es para un amigo descubrir en el otro un proceso depresivo.
No he pasado nunca por ese trance, pero la depresión debe suponer un desafío casi irresoluble para aquél que la padece.
Cuando uno se arrastra de la cama para ir al trabajo y no ve hermosura en nada, la espiral se va cerrando casi siempre hacia dentro, hacia lo oscuro, lo negro.
Quien está cerca a veces tiene pistas y a veces no, porque la persona que está contra el mundo también lo está de algún modo contra ti, a pesar de que las apariencias dicten amistades que no existen cuando uno no puede ver más allá de su congoja.
Son varias las veces que he tenido gente querida al lado sumida en procesos de hundimiento y me reconozco torpe para investigar, tener la habilidad para comprender que no hay agresividad hacia mí, sino un torrente de desasosiego que se canaliza en todas direcciones.
Deberíamos recibir lecciones de psicología básica para saber si a un ser humano que se hunde le resulta contraproducente o no que tú le digas que sólo se vive una vez, que el daño producido tiene como gran perjudicado al mismo que lo provoca y que sumirse en la negrura del no ver sentido a nada lleva a cerrar las ventanas a cualquier escapatoria.
Se me cae el alma viendo a un ser querido así.
El tiempo pasa deprisa, la vida es una, sin borrador ni local de ensayo; pero para ver eso se necesitan luces, focos, al menos una rendija.
Me gustaría tener las claves para encontrar esas rendijas que me lleven a aportar luz, y aire, a aquél que se queda encerrado en su propia trampa.
No he pasado nunca por ese trance, pero la depresión debe suponer un desafío casi irresoluble para aquél que la padece.
Cuando uno se arrastra de la cama para ir al trabajo y no ve hermosura en nada, la espiral se va cerrando casi siempre hacia dentro, hacia lo oscuro, lo negro.
Quien está cerca a veces tiene pistas y a veces no, porque la persona que está contra el mundo también lo está de algún modo contra ti, a pesar de que las apariencias dicten amistades que no existen cuando uno no puede ver más allá de su congoja.
Son varias las veces que he tenido gente querida al lado sumida en procesos de hundimiento y me reconozco torpe para investigar, tener la habilidad para comprender que no hay agresividad hacia mí, sino un torrente de desasosiego que se canaliza en todas direcciones.
Deberíamos recibir lecciones de psicología básica para saber si a un ser humano que se hunde le resulta contraproducente o no que tú le digas que sólo se vive una vez, que el daño producido tiene como gran perjudicado al mismo que lo provoca y que sumirse en la negrura del no ver sentido a nada lleva a cerrar las ventanas a cualquier escapatoria.
Se me cae el alma viendo a un ser querido así.
El tiempo pasa deprisa, la vida es una, sin borrador ni local de ensayo; pero para ver eso se necesitan luces, focos, al menos una rendija.
Me gustaría tener las claves para encontrar esas rendijas que me lleven a aportar luz, y aire, a aquél que se queda encerrado en su propia trampa.
viernes, octubre 21, 2011
Paz
La memoria suele ser frágil, pero hoy nadie nos puede quitar la alegría de saber que ETA deja de matar.
En los momentos más sanguinarios de la banda, durante decenios, todos hemos soñado con una portada de periódico como la que encontramos hoy en los kioscos, y si algunos no valoran con euforia este comunicado de ETA es porque nuestra democracia ha ido acabando con ellos de forma paulatina hasta casi ningunearlos.
Sé que, en momentos históricos como los que estamos viviendo, se impone la altitud de miras y la llamada a la concordia. No puede ser de otro modo. Como sociedad civilizada y señorial que somos, nuestra meta debe ser la defensa de este Estado democrático en el que cabemos todos, defendiendo con fuerza la posibilidad de que quienes no quieran estar con nosotros así lo expresen de forma rotunda a través del voto.
Nuestra memoria, sin embargo, no se puede resetear.
ETA nació al mismo tiempo que yo, y he pasado toda una vida oyendo acerca de sus fechorías, su bajeza y los tiros en la nuca. Una mirada a la infancia me lleva a paseos camino del colegio de la mano de mi madre en que yo le preguntaba el porqué de tanto odio y crueldad.
Ahora se van como payasos, con la cara tapada y una boina, sin la gallardía de pedir perdón.
Me alegro profundamente de que el pueblo vasco vuelva a estar libre de llevar esa pesada carga y el resto de los españoles, junto con ellos, podamos, por primera vez en nuestra historia, presumir de una democracia en paz.
¡Ha sido tanto el dolor!
En los momentos más sanguinarios de la banda, durante decenios, todos hemos soñado con una portada de periódico como la que encontramos hoy en los kioscos, y si algunos no valoran con euforia este comunicado de ETA es porque nuestra democracia ha ido acabando con ellos de forma paulatina hasta casi ningunearlos.
Sé que, en momentos históricos como los que estamos viviendo, se impone la altitud de miras y la llamada a la concordia. No puede ser de otro modo. Como sociedad civilizada y señorial que somos, nuestra meta debe ser la defensa de este Estado democrático en el que cabemos todos, defendiendo con fuerza la posibilidad de que quienes no quieran estar con nosotros así lo expresen de forma rotunda a través del voto.
Nuestra memoria, sin embargo, no se puede resetear.
ETA nació al mismo tiempo que yo, y he pasado toda una vida oyendo acerca de sus fechorías, su bajeza y los tiros en la nuca. Una mirada a la infancia me lleva a paseos camino del colegio de la mano de mi madre en que yo le preguntaba el porqué de tanto odio y crueldad.
Ahora se van como payasos, con la cara tapada y una boina, sin la gallardía de pedir perdón.
Me alegro profundamente de que el pueblo vasco vuelva a estar libre de llevar esa pesada carga y el resto de los españoles, junto con ellos, podamos, por primera vez en nuestra historia, presumir de una democracia en paz.
¡Ha sido tanto el dolor!
domingo, octubre 16, 2011
Miserables
Hace unos años capturaron a un joven treintañero, parisino, de aspecto impecable, que trabajaba en la Défense, el barrio financiero de la capital francesa, lleno de rascacielos acristalados, desde el que se ve el mundo con otros ojos, vestido con traje de chaqueta de marca y con la cartera llena de tarjetas profesionales en las que tan importante como el cargo que se ocupa es el tono del color o la exclusividad de las fuentes de las letras.
Este chaval, avejentado por corbatas y una vida social que sólo se puede ganar con verdaderos años de esfuerzo, había estafado a su empresa, la enorme entidad bancaria Société Générale, más de 5.000 millones de euros.
El caso es que no lo había hecho para beneficio propio, sino que había conseguido burlar todas las seguridades informáticas, si es que éstas existían, para invertir y desinvertir a un ritmo febril en busca de ganancias rápidas, impactantes, que le hicieran subir como la espuma en su meteórica carrera hacia algún puesto en el consejo de dirección de su empresa.
A este chaval lo denunciaron, pero cuántos más como éste no habrá en la Défense, la City londinense, Wall Street, Shangai o en cualquier despacho de fondos de inversión de nuestro propio país.
Gente que juega a hacer dinero a base de toquetear un teclado de ordenador, para que clientes que están tomando el sol en las Bahamas se encuentren con la alegría de tener varios millones de dólares más en su cuenta a final de cada semana.
Paranoia financiera que nos está hundiendo.
Hemos asumido con naturalidad sueldos imponentes de presidentes de cajas de ahorro o entidades bancarias que nos cobran el céntimo por cada transferencia o movimiento en nuestras cuentas. Y a esas personas sin escrúpulos, y aquí soy intransigente, les están salvando el pellejo un día sí y otro no nuestros gobiernos.
¿Gobiernos de quién?
Gobiernos amedrentados porque la política parece haber dejado paso a la finanza. A la más maquiavélica de las actividades humanas.
Somos muchos los que nos levantamos antes de que amanezca para ir a trabajar. Y son muchos otros, gente cercana, a la que queremos, con nombres y apellidos, los que querrían hacerlo. A ellos y a nosotros nos toman por el pito de un sereno ésos que se dedican a jugar con nuestro dinero, sinónimo de esfuerzo, sin importarles las empresas que se destruyen o las miserias humanas que hay detrás de cada embargo.
Estoy convencido que a esos miserables se les puede regular por ley. Hay que querer.
Este chaval, avejentado por corbatas y una vida social que sólo se puede ganar con verdaderos años de esfuerzo, había estafado a su empresa, la enorme entidad bancaria Société Générale, más de 5.000 millones de euros.
El caso es que no lo había hecho para beneficio propio, sino que había conseguido burlar todas las seguridades informáticas, si es que éstas existían, para invertir y desinvertir a un ritmo febril en busca de ganancias rápidas, impactantes, que le hicieran subir como la espuma en su meteórica carrera hacia algún puesto en el consejo de dirección de su empresa.
A este chaval lo denunciaron, pero cuántos más como éste no habrá en la Défense, la City londinense, Wall Street, Shangai o en cualquier despacho de fondos de inversión de nuestro propio país.
Gente que juega a hacer dinero a base de toquetear un teclado de ordenador, para que clientes que están tomando el sol en las Bahamas se encuentren con la alegría de tener varios millones de dólares más en su cuenta a final de cada semana.
Paranoia financiera que nos está hundiendo.
Hemos asumido con naturalidad sueldos imponentes de presidentes de cajas de ahorro o entidades bancarias que nos cobran el céntimo por cada transferencia o movimiento en nuestras cuentas. Y a esas personas sin escrúpulos, y aquí soy intransigente, les están salvando el pellejo un día sí y otro no nuestros gobiernos.
¿Gobiernos de quién?
Gobiernos amedrentados porque la política parece haber dejado paso a la finanza. A la más maquiavélica de las actividades humanas.
Somos muchos los que nos levantamos antes de que amanezca para ir a trabajar. Y son muchos otros, gente cercana, a la que queremos, con nombres y apellidos, los que querrían hacerlo. A ellos y a nosotros nos toman por el pito de un sereno ésos que se dedican a jugar con nuestro dinero, sinónimo de esfuerzo, sin importarles las empresas que se destruyen o las miserias humanas que hay detrás de cada embargo.
Estoy convencido que a esos miserables se les puede regular por ley. Hay que querer.
viernes, octubre 14, 2011
Herencia
Cuenta mi padre que, montado en el autobús, se levantó del asiento para dejárselo a un anciano que apenas podía andar. Éste, orgulloso, le rechazó el ofrecimiento:
-¡Pero si usted es más viejo que yo!
El otro día, probándome una camisa, comenté:
-No me pongo esto ni muerto. Parezco un señor de 40 años.
Y tengo 44...
-¡Pero si usted es más viejo que yo!
El otro día, probándome una camisa, comenté:
-No me pongo esto ni muerto. Parezco un señor de 40 años.
Y tengo 44...
martes, octubre 11, 2011
Volumen
No dejar hablar levantando la voz es un fenómeno muy hispánico que suele venir potenciado por el estrés y, en muchos casos, por la mala educación.
No somos conscientes de hasta qué punto es incómodo y despreciativo el subir el volumen de tu voz cuando tu interlocutor intenta preguntar, aportar alguna idea o rebatir.
Los franceses, cuando se sienten interrumpidos de forma abrupta te dicen con calma y con la sequedad que les caracteriza: 'déjame terminar'.
Tendríamos que hacer un ejercicio de diagnóstico interior en nuestras relaciones con los demás, porque hay veces en que da la sensación de que no escuchamos cuando dialogamos sino que nos comportamos como monolitos que sólo saben meter baza y subir el volumen como argumento.
Si alguien nos habla, no está de más respetar sus tiempos, escuchar sin dedicarnos en exclusiva a buscar razonamientos que defiendan nuestras posiciones.
No tengo la fórmula mágica para hacer que mi interlocutor no levante la voz como estrategia, a no ser el hecho de no hacer lo mismo y, tras aguardar a que baje de las cimas de lo extemporáneo, decirle con todo el afecto: 'permíteme hablar'.
Aunque no está científicamente probado, creo que en ocasiones la buena educación es contagiosa.
No somos conscientes de hasta qué punto es incómodo y despreciativo el subir el volumen de tu voz cuando tu interlocutor intenta preguntar, aportar alguna idea o rebatir.
Los franceses, cuando se sienten interrumpidos de forma abrupta te dicen con calma y con la sequedad que les caracteriza: 'déjame terminar'.
Tendríamos que hacer un ejercicio de diagnóstico interior en nuestras relaciones con los demás, porque hay veces en que da la sensación de que no escuchamos cuando dialogamos sino que nos comportamos como monolitos que sólo saben meter baza y subir el volumen como argumento.
Si alguien nos habla, no está de más respetar sus tiempos, escuchar sin dedicarnos en exclusiva a buscar razonamientos que defiendan nuestras posiciones.
No tengo la fórmula mágica para hacer que mi interlocutor no levante la voz como estrategia, a no ser el hecho de no hacer lo mismo y, tras aguardar a que baje de las cimas de lo extemporáneo, decirle con todo el afecto: 'permíteme hablar'.
Aunque no está científicamente probado, creo que en ocasiones la buena educación es contagiosa.
sábado, octubre 08, 2011
Pas sur toi
Hay una hermosa canción de Zazie, compositora e intérprete de canciones llenas de contenido, en que habla y medita acerca de lo que ella no refleja en sus temas musicales.
Quienes escribimos solemos hacerlo acerca de lo que nos preocupa, nos inquieta, el mundo que quisiéramos cambiar, las incertidumbres que nos esperan, los desengaños vividos o los recuerdos de otros tiempos.
Y, como ella dice en su canción, 'je n'écris pas sur tout ce qui va bien, je n'écris pas sur toi'.
No escribimos que todo nos va bien, que somos felices, que la vida se comporta con nosotros de forma magistral.
En mi caso, además y por encima de todo, no escribo sobre la persona que me hace feliz, aunque ella lo sepa. No canto a los cuatro vientos mi amor porque siento equivocadamente que no es necesario cantar al amor, a lo evidente.
La fortaleza en mí desde hace ocho años está en ti, mis éxitos, mi capacidad de lucha y mis sueños agarrados. Las ilusiones, los mensajes que siempre llegan, los besos de buenos días, las historias compartidas, los amigos en común, los proyectos de viajes y los viajes ya vividos.
Contigo las risas y las escasas lágrimas de esta vida ya madura en que un día tuve la suerte de encontrarte. Contigo que me adoras y me haces sentir querido como nadie se puede sentir más.
Si no escribo sobre ti es por torpeza, porque llenas espacios que hacen dejar a un lado las preocupaciones y me introducen en un esquema vital en que se da por supuesto el amor.
Pero el amor hay que cantarlo a diario.
Te quiero.
Quienes escribimos solemos hacerlo acerca de lo que nos preocupa, nos inquieta, el mundo que quisiéramos cambiar, las incertidumbres que nos esperan, los desengaños vividos o los recuerdos de otros tiempos.
Y, como ella dice en su canción, 'je n'écris pas sur tout ce qui va bien, je n'écris pas sur toi'.
No escribimos que todo nos va bien, que somos felices, que la vida se comporta con nosotros de forma magistral.
En mi caso, además y por encima de todo, no escribo sobre la persona que me hace feliz, aunque ella lo sepa. No canto a los cuatro vientos mi amor porque siento equivocadamente que no es necesario cantar al amor, a lo evidente.
La fortaleza en mí desde hace ocho años está en ti, mis éxitos, mi capacidad de lucha y mis sueños agarrados. Las ilusiones, los mensajes que siempre llegan, los besos de buenos días, las historias compartidas, los amigos en común, los proyectos de viajes y los viajes ya vividos.
Contigo las risas y las escasas lágrimas de esta vida ya madura en que un día tuve la suerte de encontrarte. Contigo que me adoras y me haces sentir querido como nadie se puede sentir más.
Si no escribo sobre ti es por torpeza, porque llenas espacios que hacen dejar a un lado las preocupaciones y me introducen en un esquema vital en que se da por supuesto el amor.
Pero el amor hay que cantarlo a diario.
Te quiero.
miércoles, octubre 05, 2011
Cómicos
No olvidaré el vacío que sentí en el estómago cuando, en plena vorágine del rodaje de la primera escena de nuestra película, vi el abrazo entre Carmen Tamayo y Rubén Carballés justo antes de interpretar un momento especialmente complicado.
En un rincón de la casa, apartados, se abrazaban para meterse en la piel de Gloria y El Pirata, escondidos, antes de presentarse delante de veinte personas, tres cámaras, dos grandes micrófonos y una ilusión colectiva enorme.
Este mes de rodaje me ha servido para ponerme a prueba en muchos sentidos, pero sobre todo para aprender.
Un oficio tan viejo como el propio hombre, en esa necesidad de contarnos de forma creíble lo que habita en nuestra interior: risas, desgracias y cotidianeidad.
Estoy deseando ver en la gran pantalla el ataque de histeria que le entra a Gloria cuando prueba un trozo de pastel de hachís, o la violencia en la cara de Yann cuando Lola le ningunea, el desasosiego de Roberto cuando imagina a su mujer secuestrada, la dulzura de Marga al confesar a su madre todos sus miedos...
Son los actores personas con un oficio tan hermoso como duro. No tener, salvo excepciones, una nómina a fin de mes ni un proyecto de vida claro porque no saben dónde estarán al terminar la próxima obra, la siguiente película o serie de televisión.
Consiguen hacernos cómplices observadores de otras vidas y nos abstraen de nuestras rutinas.
Nos excitan, nos hacen reír, provocan dudas en nuestros comportamientos, nos emocionan, se desnudan para mostrar la naturaleza humana en situaciones extremas y, con ello, nos hacen practicar una de las terapias más reconfortantes que puedan existir: eliminar por algún rato nuestra unicidad y permitirnos volar con ellos hacia otros espacios que no son los nuestros.
Nos dejan sus miradas, los instintos y sus miserias para hacernos entender mejor el alma humana.
En un rincón de la casa, apartados, se abrazaban para meterse en la piel de Gloria y El Pirata, escondidos, antes de presentarse delante de veinte personas, tres cámaras, dos grandes micrófonos y una ilusión colectiva enorme.
Este mes de rodaje me ha servido para ponerme a prueba en muchos sentidos, pero sobre todo para aprender.
Un oficio tan viejo como el propio hombre, en esa necesidad de contarnos de forma creíble lo que habita en nuestra interior: risas, desgracias y cotidianeidad.
Estoy deseando ver en la gran pantalla el ataque de histeria que le entra a Gloria cuando prueba un trozo de pastel de hachís, o la violencia en la cara de Yann cuando Lola le ningunea, el desasosiego de Roberto cuando imagina a su mujer secuestrada, la dulzura de Marga al confesar a su madre todos sus miedos...
Son los actores personas con un oficio tan hermoso como duro. No tener, salvo excepciones, una nómina a fin de mes ni un proyecto de vida claro porque no saben dónde estarán al terminar la próxima obra, la siguiente película o serie de televisión.
Consiguen hacernos cómplices observadores de otras vidas y nos abstraen de nuestras rutinas.
Nos excitan, nos hacen reír, provocan dudas en nuestros comportamientos, nos emocionan, se desnudan para mostrar la naturaleza humana en situaciones extremas y, con ello, nos hacen practicar una de las terapias más reconfortantes que puedan existir: eliminar por algún rato nuestra unicidad y permitirnos volar con ellos hacia otros espacios que no son los nuestros.
Nos dejan sus miradas, los instintos y sus miserias para hacernos entender mejor el alma humana.
domingo, octubre 02, 2011
Penas
La inteligencia emocional es uno de los grandes avances en la investigación del ser humano de los últimos decenios. Al menos, así nos lo han vendido. Definida como la capacidad del hombre para entender al otro, ponerse en su piel, manejar sus propios sentimientos y entender los de las personas que tiene alrededor.
Cada vez más valorado a nivel laboral, soy consciente de su importancia en las relaciones nuestras del día a día.
¡Hay tanta gente analfabeta en ese sentido! Personas que tienen cualidades tremendas a nivel intelectual, o bien situadas socialmente o con grandes dotes para actividades específicas y apreciadas que, sin embargo, se hunden ante una mirada o no saben acercarse al círculo social que les rodea sin meter la pata.
Uno de los mayores fallos que yo observo a ese nivel emocional en lo que respecta a las relaciones sociales, o de amistad, es el querer utilizar la pena como argumento. Pretender, enmascarado en una proyección de compasión, llegar a la fibra sensible del amigo a través de la desgracia.
Todos tenemos nuestra dosis de dolor. Sí, cierto que algunos parecen haber nacido estrellados, pero son pocos. Recrearnos en nuestras miserias para retener a gente querida es una estrategia perversa.
De inteligentes, emocionalmente hablando, es dar lo mejor de nosotros mismos en nuestro contacto con la sociedad. Primero por una cuestión de generosidad, segundo por sentido común y tercero, por egoísmo. Egoísmo porque, siendo una persona que transmite buen rollo, estamos lanzando boomerangs de buen rollo hacia nosotros.
La gente no quiere más problemas de los que ya tiene y no debemos, nunca, abusar de las penas.
Cuando éstas vengan, que vendrán, tendremos todo un ejército de amigos que estarán ahí, pendientes de nosotros, para confortarnos sin tener que explicarles nada.
Cada vez más valorado a nivel laboral, soy consciente de su importancia en las relaciones nuestras del día a día.
¡Hay tanta gente analfabeta en ese sentido! Personas que tienen cualidades tremendas a nivel intelectual, o bien situadas socialmente o con grandes dotes para actividades específicas y apreciadas que, sin embargo, se hunden ante una mirada o no saben acercarse al círculo social que les rodea sin meter la pata.
Uno de los mayores fallos que yo observo a ese nivel emocional en lo que respecta a las relaciones sociales, o de amistad, es el querer utilizar la pena como argumento. Pretender, enmascarado en una proyección de compasión, llegar a la fibra sensible del amigo a través de la desgracia.
Todos tenemos nuestra dosis de dolor. Sí, cierto que algunos parecen haber nacido estrellados, pero son pocos. Recrearnos en nuestras miserias para retener a gente querida es una estrategia perversa.
De inteligentes, emocionalmente hablando, es dar lo mejor de nosotros mismos en nuestro contacto con la sociedad. Primero por una cuestión de generosidad, segundo por sentido común y tercero, por egoísmo. Egoísmo porque, siendo una persona que transmite buen rollo, estamos lanzando boomerangs de buen rollo hacia nosotros.
La gente no quiere más problemas de los que ya tiene y no debemos, nunca, abusar de las penas.
Cuando éstas vengan, que vendrán, tendremos todo un ejército de amigos que estarán ahí, pendientes de nosotros, para confortarnos sin tener que explicarles nada.
jueves, septiembre 29, 2011
Palabra
El ser humano se va haciendo escéptico a lo largo de su vida a base de múltiples desengaños. La muerte de los seres queridos sea, quizás, el más fuerte de ellos. Una destrucción de inocencia, una pérdida de referencia que tal vez sea necesaria para llegar al final de nuestros días con la mochila cargada de la energía justa para no aterrorizarse ante el irremediable final.
El gran desasosiego del hombre, sin embargo, pienso que se gesta a base de múltiples decepciones con el propio hombre, el que comparte nuestra amistad, el trabajo, el espacio inmediato o el anónimo y lejano.
No hay nada más frustrante que el comprobar la infidelidad a la palabra dada.
En tantos casos a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a esa vulnerabilidad que supone sentirse engañados por el otro, que reaccionamos de dos maneras: contagiándonos de esa actitud que supone no ser de fiar, o manteniéndonos en nuestros trece de ser fiel con nosotros mismos y, por ende, con el otro.
Las dos posiciones frustran, pero sólo la segunda es sana.
Mantenerse fiel a la palabra dada es, a pesar de desengaños, la más reconfortante de las actitudes.
Ser garantía de compromiso, no hacer dudar al otro de que si tu has dicho sí, ese sí es más fuerte que ninguna excusa.
El gran desasosiego del hombre, sin embargo, pienso que se gesta a base de múltiples decepciones con el propio hombre, el que comparte nuestra amistad, el trabajo, el espacio inmediato o el anónimo y lejano.
No hay nada más frustrante que el comprobar la infidelidad a la palabra dada.
En tantos casos a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a esa vulnerabilidad que supone sentirse engañados por el otro, que reaccionamos de dos maneras: contagiándonos de esa actitud que supone no ser de fiar, o manteniéndonos en nuestros trece de ser fiel con nosotros mismos y, por ende, con el otro.
Las dos posiciones frustran, pero sólo la segunda es sana.
Mantenerse fiel a la palabra dada es, a pesar de desengaños, la más reconfortante de las actitudes.
Ser garantía de compromiso, no hacer dudar al otro de que si tu has dicho sí, ese sí es más fuerte que ninguna excusa.
sábado, septiembre 24, 2011
Paciencia
En una entrevista publicada al célebre director de cine mexicano Arturo Ripstein, éste se lamenta de la pérdida de paciencia colectiva e individual que representa a pasos forzados la irrupción de la era digital.
Esta reflexión, que yo comparto plenamente, junto con otras que se hacen eco de los cambios en nuestra sociedad a resultas de los avances tecnológicos, no pueden ser interpretadas como un freno al progreso o miedo a evolucionar, sino como todo lo contrario. Son mensajes que vienen de intelectuales que no hacen sino pensar en voz alta acerca de los caminos inescrutables a que nos vemos abocados con esta aceleración exponencial en usos diarios a que nos vemos sometidos.
Cuando se habla de pérdida de la capacidad de ser pacientes parecería que se refiriese a sensaciones abstractas y subjetivas, pero es cierto que ese razonamiento se puede concretar en muchas de nuestras actividades habituales que nos hacen perder determinados valores adquiridos por el ser humano a lo largo de los siglos.
Mi miedo es ése, el no dominar el miedo extendido a perder el tiempo que se instala en nuestra conciencia colectiva.
Quizás se hagan estudios para comprobar cómo nuestro cerebro comienza a entender los segundos como más cortos y los meses como semanas, porque todo va rápido; y si no va lo suficientemente veloz, lo aceleramos.
Queremos la información al instante, las respuestas a los mensajes inmediatas y eso hace que nos quitemos tiempo para la sana constumbre que implica la espera.
Nuestros anhelos de comunicación se pueden llegar a convertir en enfermizos y absurdos.
Hay una práctica sana, pienso yo, que tiendo a ejercitar. Que la tecnología no controle mis ritmos, a base de dejar reposar los mensajes y sms en la memoria de mi cerebro y responder a ellos con calma y dedicación cuando así lo merezcan.
Esperar a quedar para darme un paseo para contarle a alguien cómo me va la vida es mucho más hermoso que acumularlo todo en 3 mensajes de móvil.
Esta reflexión, que yo comparto plenamente, junto con otras que se hacen eco de los cambios en nuestra sociedad a resultas de los avances tecnológicos, no pueden ser interpretadas como un freno al progreso o miedo a evolucionar, sino como todo lo contrario. Son mensajes que vienen de intelectuales que no hacen sino pensar en voz alta acerca de los caminos inescrutables a que nos vemos abocados con esta aceleración exponencial en usos diarios a que nos vemos sometidos.
Cuando se habla de pérdida de la capacidad de ser pacientes parecería que se refiriese a sensaciones abstractas y subjetivas, pero es cierto que ese razonamiento se puede concretar en muchas de nuestras actividades habituales que nos hacen perder determinados valores adquiridos por el ser humano a lo largo de los siglos.
Mi miedo es ése, el no dominar el miedo extendido a perder el tiempo que se instala en nuestra conciencia colectiva.
Quizás se hagan estudios para comprobar cómo nuestro cerebro comienza a entender los segundos como más cortos y los meses como semanas, porque todo va rápido; y si no va lo suficientemente veloz, lo aceleramos.
Queremos la información al instante, las respuestas a los mensajes inmediatas y eso hace que nos quitemos tiempo para la sana constumbre que implica la espera.
Nuestros anhelos de comunicación se pueden llegar a convertir en enfermizos y absurdos.
Hay una práctica sana, pienso yo, que tiendo a ejercitar. Que la tecnología no controle mis ritmos, a base de dejar reposar los mensajes y sms en la memoria de mi cerebro y responder a ellos con calma y dedicación cuando así lo merezcan.
Esperar a quedar para darme un paseo para contarle a alguien cómo me va la vida es mucho más hermoso que acumularlo todo en 3 mensajes de móvil.
martes, septiembre 20, 2011
Pensar
Una tarde, por las calles de Huelva, Mariángeles me contó sus propuestas para llevar a la práctica en el Instituto de Secundaria donde da clases.
Consistía en involucrar todas las asignaturas en un sólo proyecto de reordenación de un barrio de la ciudad. Y que ese proyecto fuera el hilo conductor de todo el curso escolar.
Ahí entraba la lengua, redactando informes, el dibujo, diseñando edificios, las matemáticas, calculando presupuestos, la historia, la física...
El objetivo era hacerles trabajar en grupo, elaborar estrategias, plantearse para qué sirven los libracos con que se les avasalla.
Todo esto se uniría, en ese proyecto imaginado, con la investigación por internet. Aprenderían que un ordenador no sirve tan solo para descargarse juegos o infiltrarse en páginas porno a escondidas.
Evidentemente las inercias de siempre impidieron que mi querida Mariángeles pudiese llevar a cabo ese reto; la autonomía de los centros escolares es muy limitada y los enemigos no sólo los encontró en las instituciones, sino en compañeros que no querían complicarse la vida.
El éxito de las próximas generaciones vendrá por la capacidad que tengamos de hacer a nuestros chavales pensar.
Finlandia queda muy lejos.
Consistía en involucrar todas las asignaturas en un sólo proyecto de reordenación de un barrio de la ciudad. Y que ese proyecto fuera el hilo conductor de todo el curso escolar.
Ahí entraba la lengua, redactando informes, el dibujo, diseñando edificios, las matemáticas, calculando presupuestos, la historia, la física...
El objetivo era hacerles trabajar en grupo, elaborar estrategias, plantearse para qué sirven los libracos con que se les avasalla.
Todo esto se uniría, en ese proyecto imaginado, con la investigación por internet. Aprenderían que un ordenador no sirve tan solo para descargarse juegos o infiltrarse en páginas porno a escondidas.
Evidentemente las inercias de siempre impidieron que mi querida Mariángeles pudiese llevar a cabo ese reto; la autonomía de los centros escolares es muy limitada y los enemigos no sólo los encontró en las instituciones, sino en compañeros que no querían complicarse la vida.
El éxito de las próximas generaciones vendrá por la capacidad que tengamos de hacer a nuestros chavales pensar.
Finlandia queda muy lejos.
viernes, septiembre 16, 2011
Alcohol
Si no fuese porque conozco gente cercana que ha tenido problemas serios con el alcohol o porque está más que demostrado que su consumo excesivo es perjudicial para la salud, lanzaría una oda al gintónic o a las cervezas mañaneras.
A mí el alcohol me sirvió en mi juventud para abrirme al mundo. Junto con otras muchas circunstancias, sí; pero también.
Vivimos tan aprisa, tan de golpe, que nuestros conflictos internos encuentran un resquicio para ser compartidos cuando te encuentras con una copa de vino delante.
La debilidad del ser humano le confunde y toma por Jauja lo que es un pequeño placer que debería ser controlable. Deshinibirse, desacelerar el ritmo de los pulmones, mirar a los ojos que tienes enfrente y evacuar presiones casi siempre minúsculas que nos aturullan como fundamentales cuando la vida es mucho más sencilla que todo eso.
Un gintónic para terminar la noche, una cerveza para comenzar el fin de semana o un vino blanco para disponerte a preparar una paella.
Me repatea la frase 'no necesito alcohol para divertirme'. Por simple e injusta con los que sabemos apreciarlo en su justa medida.
Renunciaría, eso sí, si con eso consiguiera que gente que ha sufrido por sus enganches volviera al mundo real, al de la construcción de nuestro día a día, del que una vez se apartaron creyendo que en una botella de cristal se encontraba otro mundo menos injusto.
A mí el alcohol me sirvió en mi juventud para abrirme al mundo. Junto con otras muchas circunstancias, sí; pero también.
Vivimos tan aprisa, tan de golpe, que nuestros conflictos internos encuentran un resquicio para ser compartidos cuando te encuentras con una copa de vino delante.
La debilidad del ser humano le confunde y toma por Jauja lo que es un pequeño placer que debería ser controlable. Deshinibirse, desacelerar el ritmo de los pulmones, mirar a los ojos que tienes enfrente y evacuar presiones casi siempre minúsculas que nos aturullan como fundamentales cuando la vida es mucho más sencilla que todo eso.
Un gintónic para terminar la noche, una cerveza para comenzar el fin de semana o un vino blanco para disponerte a preparar una paella.
Me repatea la frase 'no necesito alcohol para divertirme'. Por simple e injusta con los que sabemos apreciarlo en su justa medida.
Renunciaría, eso sí, si con eso consiguiera que gente que ha sufrido por sus enganches volviera al mundo real, al de la construcción de nuestro día a día, del que una vez se apartaron creyendo que en una botella de cristal se encontraba otro mundo menos injusto.
martes, septiembre 13, 2011
Barcelona
La ciudad, monstruosa, era un gigante que se abría en dos cuando yo la atravesaba por vez primera camino de Bañolas, en uno de mis viajes como remero.
Era hora punta y la Diagonal se hacía interminable, los autobuses iban cargados de trabajadores y estudiantes apelotonados. Yo tendría quince o dieciséis años y el descubrimiento de la ciudad supuso un shock.
No llegamos ni siquiera a parar. Tal como entramos, salimos, y durante mucho tiempo quedó en mi retina esa visión impactante que me hacía pequeño en mis proyectos de vida adolescente.
Allí he vuelto tantas veces que para mí existen ya decenas de Barcelonas, como corresponde a la majestuosidad de ciudad total en que los siglos la han convertido.
Conozco la Barcelona crápula, la mestiza, la currante, la política, la de los arroces en la Barceloneta, o los cursos de robótica, la de Nissan en la zona franca, la de las Olimpíadas, la del Museo de Arte Contemporáneo o la de los bares de jazz.
Aquélla que sale en los telediarios, la Barcelona por la que nos preguntan cuando estamos recorriendo Europa, la del cine, la de las novelas de posguerra, la anarquista de principios de siglo, la luchadora, la snob, la sórdida y la coqueta.
A ningún españolito se nos puede sustraer de soñar con esta urbe cercana, capital de la modernidad y la vanguardia.
A Barcelona hay que quererla porque, como todo miembro de la familia 'fashion' y emprendedor, perverso y atractivo, detrás de esa fachada real de fortaleza hay una necesidad de afecto.
Desde el resto de España deberíamos mimarla más, porque nos ofrece demasiado como para que podamos permitirnos el lujo de que se nos aleje.
Era hora punta y la Diagonal se hacía interminable, los autobuses iban cargados de trabajadores y estudiantes apelotonados. Yo tendría quince o dieciséis años y el descubrimiento de la ciudad supuso un shock.
No llegamos ni siquiera a parar. Tal como entramos, salimos, y durante mucho tiempo quedó en mi retina esa visión impactante que me hacía pequeño en mis proyectos de vida adolescente.
Allí he vuelto tantas veces que para mí existen ya decenas de Barcelonas, como corresponde a la majestuosidad de ciudad total en que los siglos la han convertido.
Conozco la Barcelona crápula, la mestiza, la currante, la política, la de los arroces en la Barceloneta, o los cursos de robótica, la de Nissan en la zona franca, la de las Olimpíadas, la del Museo de Arte Contemporáneo o la de los bares de jazz.
Aquélla que sale en los telediarios, la Barcelona por la que nos preguntan cuando estamos recorriendo Europa, la del cine, la de las novelas de posguerra, la anarquista de principios de siglo, la luchadora, la snob, la sórdida y la coqueta.
A ningún españolito se nos puede sustraer de soñar con esta urbe cercana, capital de la modernidad y la vanguardia.
A Barcelona hay que quererla porque, como todo miembro de la familia 'fashion' y emprendedor, perverso y atractivo, detrás de esa fachada real de fortaleza hay una necesidad de afecto.
Desde el resto de España deberíamos mimarla más, porque nos ofrece demasiado como para que podamos permitirnos el lujo de que se nos aleje.
sábado, septiembre 10, 2011
Saber estar
Todo ser humano va marcando su destino sin saberlo a partir de reglas creadas internamente de forma más o menos consciente y que le hacen ir por la vida con rumbos diferenciados.
Hay, en mí, un modelo de conductas que me atrae de los demás. Que me motiva, por tanto, a ponerme siempre en cuestión. Mi padre tiene mucho que ver en esa admiración por la gente que siempre sabe estar en su sitio, con hidalguía y humildad.
Cuando los conflictos aparecen hay muchas maneras de afrontarlos. Los conflictos, en mayor o menor grado, nos buscan a diario.
Soy partidario de atajar los problemas de frente, sin escorzos que nos hagan sortearlos para que luego aparezcan, más fuertes, como un boomerang.
Pienso que las actitudes son mejorables siempre, que no nos podemos escudar en el 'yo soy así' para eternizar nuestros defectos. Pienso, de igual modo, que la actitud óptima para afrontar los retos diarios debe venir dada por el saber estar.
No perder la calma, no reprochar a gritos, no decir más de lo necesario ni agredir para luego pedir perdón.
Saber estar es considerar siempre a tu interlocutor como tan válido como tú. Ser humilde y transmitir, mirando a los ojos, que todo es solucionable.
Hace unos días se fue de la fábrica de Sevilla un alto ejecutivo de Renault para continuar su carrera profesional en Francia. A pesar de sus responsabilidades, nunca dejó de ser una persona afable hasta con el operario recién contratado o el empleado de la limpieza.
Saber estar.
Hay, en mí, un modelo de conductas que me atrae de los demás. Que me motiva, por tanto, a ponerme siempre en cuestión. Mi padre tiene mucho que ver en esa admiración por la gente que siempre sabe estar en su sitio, con hidalguía y humildad.
Cuando los conflictos aparecen hay muchas maneras de afrontarlos. Los conflictos, en mayor o menor grado, nos buscan a diario.
Soy partidario de atajar los problemas de frente, sin escorzos que nos hagan sortearlos para que luego aparezcan, más fuertes, como un boomerang.
Pienso que las actitudes son mejorables siempre, que no nos podemos escudar en el 'yo soy así' para eternizar nuestros defectos. Pienso, de igual modo, que la actitud óptima para afrontar los retos diarios debe venir dada por el saber estar.
No perder la calma, no reprochar a gritos, no decir más de lo necesario ni agredir para luego pedir perdón.
Saber estar es considerar siempre a tu interlocutor como tan válido como tú. Ser humilde y transmitir, mirando a los ojos, que todo es solucionable.
Hace unos días se fue de la fábrica de Sevilla un alto ejecutivo de Renault para continuar su carrera profesional en Francia. A pesar de sus responsabilidades, nunca dejó de ser una persona afable hasta con el operario recién contratado o el empleado de la limpieza.
Saber estar.
jueves, septiembre 08, 2011
Friki
Es un adjetivo utilizado con sorna.
Cuando a alguien se le define así se le imprime cierta dosis de cariño a pesar de tener una connotación peyorativa.
A mí, sin embargo, me gusta la gente friki.
Ser friki, por lo pronto, supone tener personalidad. Por lo general, además, implica unos gustos precisos, un ideal.
Frikis de la informática, de los mangas o de la fotografía, que se hacen su hueco a base de concentrar sus energías en descubrir, casi siempre de forma autodidacta, todos los entresijos de ese mundo propio en el que se sienten felices.
Yo tengo un espíritu generalista. Tanto así que me hace ser un inexperto de todo.
Prefiero, evidentemente, un friki por la música jazz que uno que coleccione sombreros cordobeses o estampas de santos.
Interesarse por el mundo, aunque sea en una especifidad que se nos escapa supone amar la vida.
Entre tanta gente que pasa gris por el mundo, mirando de reojo y con envidia todo lo que se mueve a su alrededor, ellos y ellas, los frikis, iluminan pequeñas zonas de nuestro espacio con una luz intensa, coloreada y divertida.
Cuando a alguien se le define así se le imprime cierta dosis de cariño a pesar de tener una connotación peyorativa.
A mí, sin embargo, me gusta la gente friki.
Ser friki, por lo pronto, supone tener personalidad. Por lo general, además, implica unos gustos precisos, un ideal.
Frikis de la informática, de los mangas o de la fotografía, que se hacen su hueco a base de concentrar sus energías en descubrir, casi siempre de forma autodidacta, todos los entresijos de ese mundo propio en el que se sienten felices.
Yo tengo un espíritu generalista. Tanto así que me hace ser un inexperto de todo.
Prefiero, evidentemente, un friki por la música jazz que uno que coleccione sombreros cordobeses o estampas de santos.
Interesarse por el mundo, aunque sea en una especifidad que se nos escapa supone amar la vida.
Entre tanta gente que pasa gris por el mundo, mirando de reojo y con envidia todo lo que se mueve a su alrededor, ellos y ellas, los frikis, iluminan pequeñas zonas de nuestro espacio con una luz intensa, coloreada y divertida.
lunes, septiembre 05, 2011
Anchoa
Aunque las leyes me protegieron de sufrir novatadas cuando hice la mili, no podré olvidar los años de remo.
De adolescente, viéndome un chaval delgado y poco social, mi tío Yiyi me animó a apuntarme a remo. Su amigo 'Anchoa' entrenaba en el Círculo de Labradores y pensó que me vendría bien en todos los aspectos.
Salvo por mi espalda actual, hecha una 'ese', no le puedo estar más agradecido.
Federarme a los 14 años, ir a entrenar a diario, marcarme metas que no pasaran por los estudios, hacer amigos de distintos estratos sociales alejados de la burbuja del colegio de curas donde estaba, navegar a las ocho de la mañana los domingos oyendo las campanas de la catedral desde el Guadalquivir y Sevilla en silencio.
Fueron casi diez años de mi vida.
Ya la primera temporada conseguí que me seleccionaran para ir a los Campeonatos de España que se desarrollaban en un pueblo zaragozano, Mequinenza.
Allí íbamos todos en autobús, a pasar varios días cuando terminaba el curso escolar.
Pero mis nervios por competir se transformaron en 'terror' cuando descubrí lo que pasaba en ese autobús.
Los veteranos se sentaban en los asientos traseros, con Anchoa justo en el medio de la última fila. Entonces empezaba el cántico:
'¡Hey, Hey, Hey... Anchoa es el rey!'
En ese momento iban llamando uno a uno a los novatos. Afortunadamente no fui el primero en ser llamado. Recuerdo que fue Javi, mi compañero de asiento. Cuando volvió a su asiento y vi su cara de pánico, quise morirme.
Les hacían un 'gazpacho', es decir, les bajaban los pantalones, le echaban en los genitales desde pasta de dientes hasta leche condensada y se morían de risa ridiculizándolo.
Con dos palmos y veinte años menos que él, en la primera gasolinera que paramos camino del norte, me acerqué a Anchoa y le dije: 'Como me llaméis desde atrás, os mato'.
Nunca me hicieron un 'gazpacho'.
Pero en mis pesadillas de adulto ya vivido aún resuena ese cántico:
'¡Hey, Hey, Hey... Anchoa es el rey!'
De adolescente, viéndome un chaval delgado y poco social, mi tío Yiyi me animó a apuntarme a remo. Su amigo 'Anchoa' entrenaba en el Círculo de Labradores y pensó que me vendría bien en todos los aspectos.
Salvo por mi espalda actual, hecha una 'ese', no le puedo estar más agradecido.
Federarme a los 14 años, ir a entrenar a diario, marcarme metas que no pasaran por los estudios, hacer amigos de distintos estratos sociales alejados de la burbuja del colegio de curas donde estaba, navegar a las ocho de la mañana los domingos oyendo las campanas de la catedral desde el Guadalquivir y Sevilla en silencio.
Fueron casi diez años de mi vida.
Ya la primera temporada conseguí que me seleccionaran para ir a los Campeonatos de España que se desarrollaban en un pueblo zaragozano, Mequinenza.
Allí íbamos todos en autobús, a pasar varios días cuando terminaba el curso escolar.
Pero mis nervios por competir se transformaron en 'terror' cuando descubrí lo que pasaba en ese autobús.
Los veteranos se sentaban en los asientos traseros, con Anchoa justo en el medio de la última fila. Entonces empezaba el cántico:
'¡Hey, Hey, Hey... Anchoa es el rey!'
En ese momento iban llamando uno a uno a los novatos. Afortunadamente no fui el primero en ser llamado. Recuerdo que fue Javi, mi compañero de asiento. Cuando volvió a su asiento y vi su cara de pánico, quise morirme.
Les hacían un 'gazpacho', es decir, les bajaban los pantalones, le echaban en los genitales desde pasta de dientes hasta leche condensada y se morían de risa ridiculizándolo.
Con dos palmos y veinte años menos que él, en la primera gasolinera que paramos camino del norte, me acerqué a Anchoa y le dije: 'Como me llaméis desde atrás, os mato'.
Nunca me hicieron un 'gazpacho'.
Pero en mis pesadillas de adulto ya vivido aún resuena ese cántico:
'¡Hey, Hey, Hey... Anchoa es el rey!'
lunes, agosto 29, 2011
Negros
En mis años parisinos solía quedar con gente del trabajo para cenar, compañeros que pasaban por la ciudad y a los que me hacía ilusión reencontrar y enseñarle nuevos sitios de un París que iba descubriendo en solitario.
Un día recibí una llamada de un empresario que solía trabajar para Renault. Un hombre afable.
Cenamos en Bastilla. Me hizo un repaso por toda su trayectoria laboral hasta haber llegado al punto en el que se encontraba, con un proyecto bien encarrilado y mucha gente a su cargo.
Dimos un repaso a las amistades comunes, a mi puesto de por entonces en la central de la empresa y a mi vida en la ciudad.
Le comenté que estaba encantado de haber dado un sí rotundo cuando me ofrecieron la posibilidad de salir de mi país por unos años, por lo que suponía de confianza depositada en mí, de posibilidad de hacerme con otro idioma y de vivir en una ciudad tan hermosa como aquélla.
Entonces él, señor mayor ya entrado en los sesenta, me habló de sus primeras visitas a la ciudad, cuando joven.
'París era otra cosa. Daba gusto viajar. Ahora está llena de negros que la ensucian'.
Menos mal que la cena estaba acabando. Le hice notar manifiestamente mi incomodidad y no le acepté una copa.
Un día recibí una llamada de un empresario que solía trabajar para Renault. Un hombre afable.
Cenamos en Bastilla. Me hizo un repaso por toda su trayectoria laboral hasta haber llegado al punto en el que se encontraba, con un proyecto bien encarrilado y mucha gente a su cargo.
Dimos un repaso a las amistades comunes, a mi puesto de por entonces en la central de la empresa y a mi vida en la ciudad.
Le comenté que estaba encantado de haber dado un sí rotundo cuando me ofrecieron la posibilidad de salir de mi país por unos años, por lo que suponía de confianza depositada en mí, de posibilidad de hacerme con otro idioma y de vivir en una ciudad tan hermosa como aquélla.
Entonces él, señor mayor ya entrado en los sesenta, me habló de sus primeras visitas a la ciudad, cuando joven.
'París era otra cosa. Daba gusto viajar. Ahora está llena de negros que la ensucian'.
Menos mal que la cena estaba acabando. Le hice notar manifiestamente mi incomodidad y no le acepté una copa.
miércoles, agosto 24, 2011
Millón y medio
Ése es el número oficial de asistentes a la misa principal que celebró el Papa en Madrid, y a la vista de las imágenes me lo creo.
Una enorme masa de gente joven entusiasta con el Jefe de la Iglesia Católica.
Además, comprobado personalmente en la antesala de estas jornadas en Sevilla y San Sebastián, estos jóvenes actuaban con alegría. No dudo que una alegría sincera.
Cánticos, bailes, corrillos, rezos.
Y yo me pregunto, ¿en qué mundo vivo?
¿Qué proporción de esos jóvenes utiliza preservativo? ¿Cuántos de entre ellos eran homosexuales?,¿Cuántas de esas niñas no habrán abortado? ¿No habría ninguno con padres divorciados? ¿Ninguno ha tenido relaciones sexuales sin casarse?
Si yo fuera Papa cogería los bártulos y me iría a Somalia, porque es allí donde se necesita piedad y compasión, actitudes ejemplares.
Hay una historia muy hermosa contada en el Nuevo Testamento. Habla de un hombre bueno, humilde, que pregonaba el amor a los otros sin condiciones, que se ofrecía como siervo al resto.
Yo, de esa historia, me quedo con la bondad. Del resto no tengo capacidad de creer nada, pero respeto a quien tiene fe.
Un millón y medio de jóvenes gritan:
'Ola, ola, ola, Benedicto sí que mola'.
Y yo me pregunto, ¿en qué mundo viven?
sábado, agosto 20, 2011
Orgullo
Estoy teniendo la suerte de finalizar un verano espléndido.
En los tiempos que corren sé que somos afortunados los que nos lo podemos permitir.
A todo ello contribuye el que hace más de quince años entrase a trabajar en Renault, una empresa modelo en el trato a sus trabajadores y en la gestión de los recursos.
Durante todo este período he vivido diferentes estrategias de empresa en las que se iba informando al asalariado de cuáles eran las prioridades a trabajar, cuáles nuestras debilidades y fortalezas así como nuestra posición en el mercado.
Transparencia y preocupación por el personal. Visión estratégica y competitividad.
Gracias a los que formamos la plantilla de la fábrica de Renault en Sevilla, hemos conseguido mantener con orgullo una posición de liderazgo entre todas las fábricas del grupo. Algo que no es fácil conseguir en este deprimido, industrialmente hablando, sur de España.
¿Cómo se alcanza todo esto?
Teniendo sentido de grupo, capacidad de sacrificio y creyendo en nosotros mismos.
Formo parte de una fábrica que exporta a casi todos los confines de la tierra y que ve crecer sus producciones año a año. Pertenezco a una plantilla que no para de reciclarse y formarse. Renault me ha dado la oportunidad de vivir tres maravillosos años en París y conocer medio mundo.
Hay quien me critica que hablo demasiado de Renault en mi blog. Pero es que Renault es parte de mí.
Es la empresa donde me he hecho hombre, que me da calidad de vida, estabilidad, que me ha enseñado que es necesario estar siempre alerta para triunfar y que no se consigue nada si no se trabaja en equipo.
Cuando veo el mercado de trabajo cómo está y las barbaridades que algunos amigos sueltan acerca de sus empresas, yo me reafirmo en mi orgullo Renault.
En los tiempos que corren sé que somos afortunados los que nos lo podemos permitir.
A todo ello contribuye el que hace más de quince años entrase a trabajar en Renault, una empresa modelo en el trato a sus trabajadores y en la gestión de los recursos.
Durante todo este período he vivido diferentes estrategias de empresa en las que se iba informando al asalariado de cuáles eran las prioridades a trabajar, cuáles nuestras debilidades y fortalezas así como nuestra posición en el mercado.
Transparencia y preocupación por el personal. Visión estratégica y competitividad.
Gracias a los que formamos la plantilla de la fábrica de Renault en Sevilla, hemos conseguido mantener con orgullo una posición de liderazgo entre todas las fábricas del grupo. Algo que no es fácil conseguir en este deprimido, industrialmente hablando, sur de España.
¿Cómo se alcanza todo esto?
Teniendo sentido de grupo, capacidad de sacrificio y creyendo en nosotros mismos.
Formo parte de una fábrica que exporta a casi todos los confines de la tierra y que ve crecer sus producciones año a año. Pertenezco a una plantilla que no para de reciclarse y formarse. Renault me ha dado la oportunidad de vivir tres maravillosos años en París y conocer medio mundo.
Hay quien me critica que hablo demasiado de Renault en mi blog. Pero es que Renault es parte de mí.
Es la empresa donde me he hecho hombre, que me da calidad de vida, estabilidad, que me ha enseñado que es necesario estar siempre alerta para triunfar y que no se consigue nada si no se trabaja en equipo.
Cuando veo el mercado de trabajo cómo está y las barbaridades que algunos amigos sueltan acerca de sus empresas, yo me reafirmo en mi orgullo Renault.
miércoles, agosto 17, 2011
Donostia
Cuando hay amigos en ellas, las ciudades que visitamos siempre nos resultan acogedoras, de ahí que me resulte difícil desligar San Sebastián de Txema y Paula, y de Ainhoa, Peio, Román, Ignacio, David, Badi y todas las personas que se han encargado de hacerme feliz en esta tierra.
Mi primera visita al País Vasco fue hace muchísimos años, a Elgoibar. Fue por cuestiones de trabajo y no tuve oportunidad de acercarme a Donostia. Desde mi hotel de trabajo en Zarauz mis compañeros me explicaban que esas luces que se veían a lo lejos pertenecían a la ciudad.
Luego tuvimos la suerte de que Txema y Paula se cruzaran por nuestras vidas y que, incluso, tengamos un apartamento casi construido para nosotros en la trasera del Victoria Eugenia.
San Sebastián es una postal. La naturaleza y el hombre se han conjurado para hacer de ésta una ciudad estéticamente impactante. Edificios neoclásicos en avenidas rectilíneas junto a bahías, montañas, playas y verde frondoso.
Aquí, en esta ciudad donde me encuentro pasando las vacaciones, te reciben con los brazos abiertos al decir que eres sevillano. Incluso los abertzales más radicales que me han presentado.
Aún así hay un aroma de falta de libertad para hablar. Miradas y silencios que lo dicen todo, y una sensación de que los amos de la calle son los que llevan las camisetas con la ikurriña.
Donostia está lejos de ser libre. Y no creo que su libertad sea el paraíso soñado por aquéllos que, con todo el derecho del mundo, quieren una ciudad en que yo tenga pasaporte extranjero.
Mi primera visita al País Vasco fue hace muchísimos años, a Elgoibar. Fue por cuestiones de trabajo y no tuve oportunidad de acercarme a Donostia. Desde mi hotel de trabajo en Zarauz mis compañeros me explicaban que esas luces que se veían a lo lejos pertenecían a la ciudad.
Luego tuvimos la suerte de que Txema y Paula se cruzaran por nuestras vidas y que, incluso, tengamos un apartamento casi construido para nosotros en la trasera del Victoria Eugenia.
San Sebastián es una postal. La naturaleza y el hombre se han conjurado para hacer de ésta una ciudad estéticamente impactante. Edificios neoclásicos en avenidas rectilíneas junto a bahías, montañas, playas y verde frondoso.
Aquí, en esta ciudad donde me encuentro pasando las vacaciones, te reciben con los brazos abiertos al decir que eres sevillano. Incluso los abertzales más radicales que me han presentado.
Aún así hay un aroma de falta de libertad para hablar. Miradas y silencios que lo dicen todo, y una sensación de que los amos de la calle son los que llevan las camisetas con la ikurriña.
Donostia está lejos de ser libre. Y no creo que su libertad sea el paraíso soñado por aquéllos que, con todo el derecho del mundo, quieren una ciudad en que yo tenga pasaporte extranjero.
viernes, agosto 12, 2011
Alamedeando
Tengo claro que el cariño por mi ciudad y las ganas de que evolucione siempre en positivo me hacen desear con fuerza que Zoido, el nuevo alcalde del PP, haga bien las cosas.
No ganamos nada yendo para atrás.
A un político no se le puede juzgar por apenas unas semanas de mandato.
Sin embargo hay gestos que a mí me hacen prever lo peor. Son simbólicos, tal vez, de cara a su público, sí. Pero ahí están.
Desde hace casi quince años tengo mi apartamento en el centro de la ciudad. Desde ese mismo tiempo, día tras día, un gorrilla envalentonado y amenazante tenía la calle a sus pies. Tras destrozarme varias veces las ventanillas y pincharme las ruedas por no pagarle, hace unos diez años conseguí alquilar una plaza de garaje. Con la llegada del Plan Centro, que impedía una permanencia indefinida de tiempo de coches en la zona vieja de la ciudad, el gorrilla tardó una semana en desaparecer.
Ya lo ha eliminado por decreto. Han vuelto los coches a ocupar las aceras, se ha desperdiciado una inversión millonaria en cámaras de televisión y... el gorrilla ha vuelto a mi calle.
Hace una semana, Zoido eliminó la Oficina de la Bicicleta. En la ciudad donde hay más ciclistas per cápita de España, casi el 7% de la población, y 140 km de carril-bici, donde se va a celebrar un Congreso Mundial de ciudades amantes de la bicicleta, si él no lo impide, toma una decisión sintomática. Tal vez por haber sido creada esa oficina y esos carriles-bici por Izquierda Unida.
Zoido va a cambiar, si no lo ha hecho ya, el rótulo de la calle Pilar Bardem (que no es santo de mi devoción) por el de Antonio Burgos. Éste sí que es sevillano de bien, representa lo que el sevillano 'normal': religiosidad, clasismo, 'grasia' torera y mucho fijata.
A pocos días de haber recibido en loor de multitudes a un grupo numeroso de chavales de toda Europa que van a preparar en Sevilla con rezos y oraciones la llegada del Papa a Madrid, el señor Zoido se destapa con la eliminación de las subvenciones a 'Alamedeando', un festival cultural multifacético (música, exposiciones, teatro...) que se desarrollaba desde hace cuatro años en la Alameda.
Y es que, para el PP, la Alameda es territorio comanche. Para ellos, todos los que vivimos allí somos 'perroflautas'.
Cabría preguntarse como esos 'perroflautas tirados y mugrientos' son capaces de mantener tan vivo una de los barrios más activos de la ciudad. ¿Cómo será posible que se mantengan decenas de restaurantes, garitos, salas de conciertos, de teatro, de exposiciones, de cine a base de 'perroflautas'?
Eso ocurre cuando se introduce como sinónimo de 'perroflauta' todo aquello que no sea 'normal'. Y ya se sabe lo que es 'normal' para un dirigente sevillano del PP.
Para cualquier joven, o no tan joven, que se pase por la Alameda encontrará una sociedad en ebullición, cosmopolita, con ganas de aprender, de discutir, de provocar, de crear.
El PP, con acciones concretas, demuestra que prefiere el rezo al pensamiento, la oración a la reflexión y el silencio a la discusión.
Yo quiero carril-bici, zonas peatonales, festivales culturales, exposiciones que me hagan pensar, teatro que me provoque, encontrar gente rara, de otros sitios, que piense distinto, que hable otras lenguas, que vista como le dé la gana.
Quiero una Sevilla rompedora, que se ría de sí misma, que avance por los senderos de la solidaridad y sea laica, ¡laica!
Somos muchos los que pensamos así.
Y si ser así no es ser sevillano, me voy buscando el perro y la flauta.
No ganamos nada yendo para atrás.
A un político no se le puede juzgar por apenas unas semanas de mandato.
Sin embargo hay gestos que a mí me hacen prever lo peor. Son simbólicos, tal vez, de cara a su público, sí. Pero ahí están.
Desde hace casi quince años tengo mi apartamento en el centro de la ciudad. Desde ese mismo tiempo, día tras día, un gorrilla envalentonado y amenazante tenía la calle a sus pies. Tras destrozarme varias veces las ventanillas y pincharme las ruedas por no pagarle, hace unos diez años conseguí alquilar una plaza de garaje. Con la llegada del Plan Centro, que impedía una permanencia indefinida de tiempo de coches en la zona vieja de la ciudad, el gorrilla tardó una semana en desaparecer.
Ya lo ha eliminado por decreto. Han vuelto los coches a ocupar las aceras, se ha desperdiciado una inversión millonaria en cámaras de televisión y... el gorrilla ha vuelto a mi calle.
Hace una semana, Zoido eliminó la Oficina de la Bicicleta. En la ciudad donde hay más ciclistas per cápita de España, casi el 7% de la población, y 140 km de carril-bici, donde se va a celebrar un Congreso Mundial de ciudades amantes de la bicicleta, si él no lo impide, toma una decisión sintomática. Tal vez por haber sido creada esa oficina y esos carriles-bici por Izquierda Unida.
Zoido va a cambiar, si no lo ha hecho ya, el rótulo de la calle Pilar Bardem (que no es santo de mi devoción) por el de Antonio Burgos. Éste sí que es sevillano de bien, representa lo que el sevillano 'normal': religiosidad, clasismo, 'grasia' torera y mucho fijata.
A pocos días de haber recibido en loor de multitudes a un grupo numeroso de chavales de toda Europa que van a preparar en Sevilla con rezos y oraciones la llegada del Papa a Madrid, el señor Zoido se destapa con la eliminación de las subvenciones a 'Alamedeando', un festival cultural multifacético (música, exposiciones, teatro...) que se desarrollaba desde hace cuatro años en la Alameda.
Y es que, para el PP, la Alameda es territorio comanche. Para ellos, todos los que vivimos allí somos 'perroflautas'.
Cabría preguntarse como esos 'perroflautas tirados y mugrientos' son capaces de mantener tan vivo una de los barrios más activos de la ciudad. ¿Cómo será posible que se mantengan decenas de restaurantes, garitos, salas de conciertos, de teatro, de exposiciones, de cine a base de 'perroflautas'?
Eso ocurre cuando se introduce como sinónimo de 'perroflauta' todo aquello que no sea 'normal'. Y ya se sabe lo que es 'normal' para un dirigente sevillano del PP.
Para cualquier joven, o no tan joven, que se pase por la Alameda encontrará una sociedad en ebullición, cosmopolita, con ganas de aprender, de discutir, de provocar, de crear.
El PP, con acciones concretas, demuestra que prefiere el rezo al pensamiento, la oración a la reflexión y el silencio a la discusión.
Yo quiero carril-bici, zonas peatonales, festivales culturales, exposiciones que me hagan pensar, teatro que me provoque, encontrar gente rara, de otros sitios, que piense distinto, que hable otras lenguas, que vista como le dé la gana.
Quiero una Sevilla rompedora, que se ría de sí misma, que avance por los senderos de la solidaridad y sea laica, ¡laica!
Somos muchos los que pensamos así.
Y si ser así no es ser sevillano, me voy buscando el perro y la flauta.
miércoles, agosto 10, 2011
Locales
Estos días de verano hemos tenido oportunidad de disfrutar muchos días en las playas del sur de Portugal, muchas de ellas atestadas de surferos que, como hormigas en manada, a los que se ve perseguir las olas diminutos frente a la naturaleza de los acantilados escarpados del norte de San Vicente.
Carmen y Miguel, surferos de pro, estuvieron charlando una noche, mientras cenábamos, de los 'locales'.
- Hay que tener cuidado con los locales si descubren que eres de fuera.
¿Los locales?
Entonces Miguel contó que, en un viaje a San Sebastián de hace unos años, los surferos de allí le expulsaron del agua por no ser 'local'. Al parecer, en las costas portuguesas no quieren ni ver a los sevillanos, al igual que en las del Palmar detestan a la gente de fuera.
Por lo que se ve te rodean, te amenazan y, si no eres de su agrado, incluso te destrozan la tabla.
Yo me quedé de piedra escuchándolos hablar.
Es tan diferente a lo que se ve desde arriba de los acantilados. Esa gente joven, valiente, que se enfrenta a la naturaleza, que la disfruta... y que encuentra esos momentos de éxtasis en que llega a unirse a ella en unos instantes preciosos.
Eso es lo que se ve desde lejos.
Carmen y Miguel, surferos de pro, estuvieron charlando una noche, mientras cenábamos, de los 'locales'.
- Hay que tener cuidado con los locales si descubren que eres de fuera.
¿Los locales?
Entonces Miguel contó que, en un viaje a San Sebastián de hace unos años, los surferos de allí le expulsaron del agua por no ser 'local'. Al parecer, en las costas portuguesas no quieren ni ver a los sevillanos, al igual que en las del Palmar detestan a la gente de fuera.
Por lo que se ve te rodean, te amenazan y, si no eres de su agrado, incluso te destrozan la tabla.
Yo me quedé de piedra escuchándolos hablar.
Es tan diferente a lo que se ve desde arriba de los acantilados. Esa gente joven, valiente, que se enfrenta a la naturaleza, que la disfruta... y que encuentra esos momentos de éxtasis en que llega a unirse a ella en unos instantes preciosos.
Eso es lo que se ve desde lejos.
martes, agosto 09, 2011
Ángel
Siempre he defendido como estrategia propia el mantenerse alerta planificando nuevos proyectos.
Creo que es un soberano error la actitud pasiva de quien ve las cosas venir y, en función de como vengan, se estructura.
Lanzarme en el proyecto de la película NTSP ha supuesto un giro nuevo a mi vida. Seis meses codo a codo con Manuel Benito de Valle organizando el guión mientras, en paralelo, realizábamos el casting y llamábamos a todas las puertas posibles buscando financiación y voluntarios que se sumasen a esta aventura.
A través de Santi, un día recibí un email. Una actriz amiga de él, Carmen Tamayo, se ofrecía para participar en la película. Acababa de leerse la novela y me pidió, con entusiasmo, interpretar el papel de Gloria.
Todo ocurrió con unas cuantas cervezas en la Alameda.
Tras hacer las correspondientes pruebas para el casting no había duda. Carmen sería Gloria.
La pasada semana estuvo con nosotros en Portugal. Ocurrente, sensible, culta, divertida, humana.
Cuando las primas de riesgo absorben nuestras energías, pasamos indiferentes ante las hambrunas de Somalia y el mundo parece no tener solución, de pronto aparece un ángel.
Carmen nació en una familia humilde de agricultores y se le cae la baba hablando de sus padres. Hace unos días fuimos a Prado del Rey, su pueblo gaditano, para encontrarnos con los paisajes de los que nos hablaba estas últimas semanas.
Luchadora y curranta, se ríe de su sombra hablando de sus primeros pasos en Madrid o te enternece al extremo recordando sus amores perdidos.
Qué placer encontrar personas que te hagan creer con fuerza en el ser humano.
Creo que es un soberano error la actitud pasiva de quien ve las cosas venir y, en función de como vengan, se estructura.
Lanzarme en el proyecto de la película NTSP ha supuesto un giro nuevo a mi vida. Seis meses codo a codo con Manuel Benito de Valle organizando el guión mientras, en paralelo, realizábamos el casting y llamábamos a todas las puertas posibles buscando financiación y voluntarios que se sumasen a esta aventura.
A través de Santi, un día recibí un email. Una actriz amiga de él, Carmen Tamayo, se ofrecía para participar en la película. Acababa de leerse la novela y me pidió, con entusiasmo, interpretar el papel de Gloria.
Todo ocurrió con unas cuantas cervezas en la Alameda.
Tras hacer las correspondientes pruebas para el casting no había duda. Carmen sería Gloria.
La pasada semana estuvo con nosotros en Portugal. Ocurrente, sensible, culta, divertida, humana.
Cuando las primas de riesgo absorben nuestras energías, pasamos indiferentes ante las hambrunas de Somalia y el mundo parece no tener solución, de pronto aparece un ángel.
Carmen nació en una familia humilde de agricultores y se le cae la baba hablando de sus padres. Hace unos días fuimos a Prado del Rey, su pueblo gaditano, para encontrarnos con los paisajes de los que nos hablaba estas últimas semanas.
Luchadora y curranta, se ríe de su sombra hablando de sus primeros pasos en Madrid o te enternece al extremo recordando sus amores perdidos.
Qué placer encontrar personas que te hagan creer con fuerza en el ser humano.
domingo, agosto 07, 2011
Intereses
Desde que el hombre es hombre, ha estado negociando.
Entendemos, por tanto, que si pedimos prestado tenemos que devolver.
A gran escala, los países han ido solicitando dinero para ir pagando facturas para las que no tenían liquidez. El problema es que se han acostumbrado a pedir más de lo que se tenía, siempre, para mantener un estatus al que quizás no tenían derecho.
Uno de los grandes problemas de la democracia es precisamente uno de sus pilares básicos: La alternancia.
Cuando uno sabe que va a estar un tiempo limitado en el poder no siempre tiene las amplias miras que debe tener. Gasta más de lo que las arcas públicas dan de sí para asegurarse el cariño (voto) popular.
El pecado es no haber legislado en contra de ese déficit eterno.
Ahora vienen los sudores fríos porque no se tiene dinero para pagar lo que nos prestaron. Y para obtener ese dinero nos piden más intereses.
¿Quién ofrece tanto dinero? China, por un lado, país productor por excelencia donde no se respetan los derechos humanos ni los de los trabajadores y los grandes fondos de inversión por otro (el gran capital) para obtener siempre el máximo beneficio.
Es decir, el dinero nos lo prestan entidades sin escrúpulos.
En nuestros gobernantes está poner coto a esas desmesuras: reduciendo el déficit aplicando sentido común (difícil de realizar sin tocar los básicos, por lo que hay que buscar la productividad al máximo y medidas innovadoras -los genéricos en las farmacias son un buen ejemplo-), obligar a las empresas chinas exportadoras a ser auditadas según los estándares de la Organización Internacional del Trabajo y penalizar fuertemente (impuestos) todas las transacciones financieras que tengan como único objetivo la especulación.
Hay que agarrar el toro por los cuernos y seguir con el cinturón apretado para darle un mundo mejor a nuestros hijos.
Entendemos, por tanto, que si pedimos prestado tenemos que devolver.
A gran escala, los países han ido solicitando dinero para ir pagando facturas para las que no tenían liquidez. El problema es que se han acostumbrado a pedir más de lo que se tenía, siempre, para mantener un estatus al que quizás no tenían derecho.
Uno de los grandes problemas de la democracia es precisamente uno de sus pilares básicos: La alternancia.
Cuando uno sabe que va a estar un tiempo limitado en el poder no siempre tiene las amplias miras que debe tener. Gasta más de lo que las arcas públicas dan de sí para asegurarse el cariño (voto) popular.
El pecado es no haber legislado en contra de ese déficit eterno.
Ahora vienen los sudores fríos porque no se tiene dinero para pagar lo que nos prestaron. Y para obtener ese dinero nos piden más intereses.
¿Quién ofrece tanto dinero? China, por un lado, país productor por excelencia donde no se respetan los derechos humanos ni los de los trabajadores y los grandes fondos de inversión por otro (el gran capital) para obtener siempre el máximo beneficio.
Es decir, el dinero nos lo prestan entidades sin escrúpulos.
En nuestros gobernantes está poner coto a esas desmesuras: reduciendo el déficit aplicando sentido común (difícil de realizar sin tocar los básicos, por lo que hay que buscar la productividad al máximo y medidas innovadoras -los genéricos en las farmacias son un buen ejemplo-), obligar a las empresas chinas exportadoras a ser auditadas según los estándares de la Organización Internacional del Trabajo y penalizar fuertemente (impuestos) todas las transacciones financieras que tengan como único objetivo la especulación.
Hay que agarrar el toro por los cuernos y seguir con el cinturón apretado para darle un mundo mejor a nuestros hijos.
viernes, agosto 05, 2011
Verano
Las noches de verano, pausadas, son dadas a hablar de nuestros amigos y conocidos, de los que nos rodean. Evaluar la vida que cada uno lleva dándonos permiso para aprobar o no las conductas ajenas.
Es sano, sin duda, analizar el comportamiento humano de cada cual. Se aprende observando.
Analizar, sin embargo, no debe llevar a juzgar formas de entender la vida siempre que no se salgan de conductas que vayan contra la ética.
Hay quien decide ir por la vida dando más importancia al sexo que a la profundización en las relaciones sentimentales y apoya su estabilidad en los buenos amigos o la familia. Hay quien rompe con todo cuando encuentra a la persona amada. Entre los dos extremos nos encontramos todos, de alguna u otra manera, decidiendo a cada paso qué hacer con nuestra existencia.
Las relaciones humanas implican dolor en muchas ocasiones. No estamos vacunados contra las rupturas que ensombrecen la sonrisa de la gente a la que queremos. También implican regocijo cuando las cosas fluyen como en una balsa de aceite.
A mí me preocupa el dolor causado por la falta de honestidad.
Jugar con otra persona es lo más doloroso.
No es sencillo renunciar para avanzar, pero es necesario. No me parece ético llevar vidas distintas con caretas diferentes según quién tengas enfrente.
El verano nos acerca, en charlas nocturnas, al mundo de los otros.
Es sano, sin duda, analizar el comportamiento humano de cada cual. Se aprende observando.
Analizar, sin embargo, no debe llevar a juzgar formas de entender la vida siempre que no se salgan de conductas que vayan contra la ética.
Hay quien decide ir por la vida dando más importancia al sexo que a la profundización en las relaciones sentimentales y apoya su estabilidad en los buenos amigos o la familia. Hay quien rompe con todo cuando encuentra a la persona amada. Entre los dos extremos nos encontramos todos, de alguna u otra manera, decidiendo a cada paso qué hacer con nuestra existencia.
Las relaciones humanas implican dolor en muchas ocasiones. No estamos vacunados contra las rupturas que ensombrecen la sonrisa de la gente a la que queremos. También implican regocijo cuando las cosas fluyen como en una balsa de aceite.
A mí me preocupa el dolor causado por la falta de honestidad.
Jugar con otra persona es lo más doloroso.
No es sencillo renunciar para avanzar, pero es necesario. No me parece ético llevar vidas distintas con caretas diferentes según quién tengas enfrente.
El verano nos acerca, en charlas nocturnas, al mundo de los otros.
miércoles, agosto 03, 2011
Portugal
Son los mismos paisajes, la misma tierra arcillosa, las playas arenosas, los arbustos y pinares a ambos lados del Guadiana.
Me gusta atravesar esa frontera porque me hace más humano viajar a Portugal. Ayuda a colocarte en tu sitio, a ver que otras posturas son posibles y no necesariamente menos buenas. Que el mundo es grande.
Son extremadamente educados, tristes y parsimoniosos. No hablan a voz en grito y son humildes. Adoran a su país sin dejar de criticar sus miserias.
Viajar a Portugal es sano porque venimos de un país que necesita reflejarse en ese espejo tan cercano. A nuestra energía impetuosa, a veces desquiciada, le seduce esa otra manera de ver el mundo que implica este país milenario.
Los amigos portugueses que tengo me da la sensación que lo son para siempre, algo que no es siempre evidente en nuestra tierra.
Portugal es el Norte en el Sur.
Yo paseo por Portugal sin sentirme en mi casa, pero tampoco extranjero.
Me gusta atravesar esa frontera porque me hace más humano viajar a Portugal. Ayuda a colocarte en tu sitio, a ver que otras posturas son posibles y no necesariamente menos buenas. Que el mundo es grande.
Son extremadamente educados, tristes y parsimoniosos. No hablan a voz en grito y son humildes. Adoran a su país sin dejar de criticar sus miserias.
Viajar a Portugal es sano porque venimos de un país que necesita reflejarse en ese espejo tan cercano. A nuestra energía impetuosa, a veces desquiciada, le seduce esa otra manera de ver el mundo que implica este país milenario.
Los amigos portugueses que tengo me da la sensación que lo son para siempre, algo que no es siempre evidente en nuestra tierra.
Portugal es el Norte en el Sur.
Yo paseo por Portugal sin sentirme en mi casa, pero tampoco extranjero.
lunes, agosto 01, 2011
Cosquilleo cerebral
Es una sensación difícil de compartir porque es extraña, pero enormemente placentera.
A mí me sucede en momentos de paz total, leyendo un libro, escuchando a algún amigo hablar, paseando a solas, tumbado en la cama.
Imagino que es algo que todos experimentamos y entra dentro de ese carro de experiencias individuales que todos llevamos con nosotros mismos, que no comentamos. Tendrá que ver, supongo yo, con lo más parecido a la cima de la felicidad.
Uno de mis primeros recuerdos de cosquilleo cerebral era cuando mi madre me lavaba el pelo. Yo era muy pequeño y ella me frotaba bien fuerte con champú, masajeándome la cabeza durante minutos mientras yo jugaba en la bañera con los muñequillos de plástico.
Sentir que te elevas, que la vida es eternamente bella, que eres un afortunado.
Es difícil cazar ese cosquilleo conscientemente porque, normalmente, cuando la felicidad la piensas se te escapa.
Es por eso que es complicado definir esa sensación, compartirla, retenerla. Sientes como un burbujeo de hormiguillas en la cabeza, todas las neuronas bailando y, si haces por disfrutarlo sin más, sin tratar de analizarlo, consigues vivir ese instante como infinito.
A mí me sucede en momentos de paz total, leyendo un libro, escuchando a algún amigo hablar, paseando a solas, tumbado en la cama.
Imagino que es algo que todos experimentamos y entra dentro de ese carro de experiencias individuales que todos llevamos con nosotros mismos, que no comentamos. Tendrá que ver, supongo yo, con lo más parecido a la cima de la felicidad.
Uno de mis primeros recuerdos de cosquilleo cerebral era cuando mi madre me lavaba el pelo. Yo era muy pequeño y ella me frotaba bien fuerte con champú, masajeándome la cabeza durante minutos mientras yo jugaba en la bañera con los muñequillos de plástico.
Sentir que te elevas, que la vida es eternamente bella, que eres un afortunado.
Es difícil cazar ese cosquilleo conscientemente porque, normalmente, cuando la felicidad la piensas se te escapa.
Es por eso que es complicado definir esa sensación, compartirla, retenerla. Sientes como un burbujeo de hormiguillas en la cabeza, todas las neuronas bailando y, si haces por disfrutarlo sin más, sin tratar de analizarlo, consigues vivir ese instante como infinito.
viernes, julio 29, 2011
Pues venga
No he conocido pueblo más amable que el mexicano.
Cuando tuve la oportunidad de ser destinado para trabajar allí unos meses, se me cayeron los estereotipos acumulados por tópicos y falsedades.
Recuerdo como si fuera ayer los encuentros con gente que me conocía por vez primera y cómo me integraron en sus casas, sus familias o sus amigos.
Era un placer asimismo apreciar la suerte que tenemos de poder hablar la misma lengua con todo un océano de por medio.
Por entonces no tenía miedo de pasearme por las calles de Torreón, la ciudad donde tuve la fortuna de trabajar, aunque los malditos narcoterroristas están pervirtiéndolo todo.
En mí encontraron a un españolito ávido de conocerles sin prejuicios, apuntándose a toda cena, visita, fiesta o tequila que se pusiese por medio.
Tan presto estaba que acabaron por llamarme el '¡Pues venga!'
Porque a cada proposición de introducirme en su mundo, éste que aquí suscribe siempre respondía así.
Como a todos los Salvadores, me llamaban Chava.
¿Unas quesadillas?
¡Pues venga!
Cuando tuve la oportunidad de ser destinado para trabajar allí unos meses, se me cayeron los estereotipos acumulados por tópicos y falsedades.
Recuerdo como si fuera ayer los encuentros con gente que me conocía por vez primera y cómo me integraron en sus casas, sus familias o sus amigos.
Era un placer asimismo apreciar la suerte que tenemos de poder hablar la misma lengua con todo un océano de por medio.
Por entonces no tenía miedo de pasearme por las calles de Torreón, la ciudad donde tuve la fortuna de trabajar, aunque los malditos narcoterroristas están pervirtiéndolo todo.
En mí encontraron a un españolito ávido de conocerles sin prejuicios, apuntándose a toda cena, visita, fiesta o tequila que se pusiese por medio.
Tan presto estaba que acabaron por llamarme el '¡Pues venga!'
Porque a cada proposición de introducirme en su mundo, éste que aquí suscribe siempre respondía así.
Como a todos los Salvadores, me llamaban Chava.
¿Unas quesadillas?
¡Pues venga!
miércoles, julio 27, 2011
Dial
Relaciono radio con coche porque es el único sitio donde la escucho. De hecho, no podría hacerlo en mi casa porque no tengo ningún transistor.
Aún así, sólo la echaría de menos en mis viajes a la playa o en mis trayectos cortos al trabajo. El placer de esa compañía que no te implica ningún esfuerzo y, a veces, te hace soltar una carcajada.
También reflexionar.
Hace menos de una semana la FAO, esa organización imponente de siglas rotundas dependiente de Naciones Unidas, anunció la hambruna en Somalia.
Recuerdo en mi adolescencia que era más normal hablar de ese tipo de catástrofes humanitarias, salían más reportajes sobre ello. Había, incluso, una reportera de Televisión Española que realizaba múltiples reportajes en África para acercarnos a esa situación extrema en que los niños morían de hambre en los brazos desgarrados de madres de miradas perdidas.
Ahora viene de nuevo la hambruna, que seguro nunca se fue, y comienzan los periodistas a dar datos, a acudir a los campos de refugiados de Kenia y contarnos que el mundo está así de jodido.
La cobardía, en estos casos, me tienta a cambiar de dial. Mi cabeza prefiere oír música, noticias fugaces de economía que apenas entiendo o tertulias de profesionales que se dedican a tirarse platos a la cabeza.
Mis dedos se van al dial y me esfuerzo en no cambiar de cadena, en aguantar el tipo oyendo lo que no queremos oír los occidentales: Que hay niños que mueren por no comer.
lunes, julio 25, 2011
Galibier
Volviendo del trabajo la semana pasada me contagié de la emoción radiofónica de la subida al Galibier en el Tour de Francia. Aceleré para llegar a casa a tiempo de verlo por la tele.
Cien años de subidas al mítico Galibier.
El mítico Galibier.
Visto por la tele era un paisaje espectacular. Contador ya se había descolgado en esa inmensa mole de piedra que surge en el paisaje alpino. Pasando de la radio a la televisión, los comentarios seguían siendo igual de épicos referente a ese nombre.
Yo sólo veía una montaña inerme, espectacular.
Admiro del ser humano la capacidad de construir alabanzas a abstracciones construidas por nosotros mismos. Realidades que lo son porque nosotros así las hemos elaborado.
Abstracciones, en sí, que nos hacen seres con alma, diferentes de amebas y rinocerontes. Seres que somos capaces de emocionarnos con conceptos que no tienen equivalencia con algo distinto de lo emocional.
Sevilla, mi ciudad, no existe como tal. España, mi país, tampoco. ¿Qué es la humanidad?, ¿qué es la juventud?, ¿el anhelo?, ¿la esperanza?
El hombre ha conseguido definir conceptos que nos emocionan, nos aturden, siendo inventos construidos a partir de bases intangibles.
Hace dos días un ser humano, de ésos que como nosotros tienen dos piernas y dos brazos, cogió una metralleta y destrozó la vida de 85 jóvenes noruegos que celebraban sentirse parte de un colectivo.
Seguro que el monstruo vestido de policía pensaba en algún concepto abstracto mientras reventaba sin piedad a gente inocente.
La grandeza y la terrible miseria del ser humano.
Mi pensamiento con ellos, comprometidos, que desde unos ideales concretos querían cambiar el mundo.
jueves, julio 21, 2011
Salvapatrias
Con un discurso plagado de llamamientos a su honorabilidad, por fin se quitó de en medio Francisco Camps.
Victimista y arrogante, dando pruebas hasta el último momento de su catadura moral al retractarse de una declaración pactada de culpabilidad cuando dos compañeros ya lo habían hecho, se presentó ante los medios con palabras populistas en que volvía a arrogarse la valencianidad como traje y los votos como argumentos.
Es tan difícil de entender, como respetable, que el pueblo valenciano le diera la mayoría absoluta de nuevo a un líder y un partido atestado de imputados desafiantes y chulescos, pero parece que el rodillo de la Justicia es implacable y va a ir desmontado poco a poco el chiringuito de medias verdades, dinero bajo cuerda, contratos partidos con 'amiguitos del alma' y despotismo.
Nuestra democracia debe establecer mecanismos para protegerse contra este rebaño de salvapatrias. Hay que higienizar. No se puede permitir que imputados se presenten a unas elecciones por más que exista la presunción de inocencia. No es normal que un parlamento recién constituido como el valenciano tenga a 12 imputados en sus asientos.
Pero siendo desagradable el tema de Camps y respirando por haber desaparecido ya del mapa político, el gran temor es pensar que pronto nos dirigirá un Mariano Rajoy que no tiene los arrestos para tomar decisiones difíciles. ¿Pretende liderar España una persona que no es capaz de imponer disciplina en su partido? ¿Un político que permite presentarse a presidente de una comunidad autónoma a alguien del que hay algo más que sospechas y actitudes desafiantes?
Para gobernar hay que ser justos y firmes.
Ni lo uno ni lo otro ha demostrado Rajoy.
lunes, julio 18, 2011
Monigotes
Son muchas las ocasiones en que uno puede comprobar cuánta gente no ve a su alrededor sino monigotes animados.
Es desagradable confirmar que gran parte de la falta de educación social viene dada por el hecho de que el personal, por regla general, no tiene capacidad de empatizar con el desconocido.
El desconocido con el que te cruzas por la calle es un monigote, por lo que es igual dejarle el paso, colarte en su cola, despreciar su presencia.
Este hecho es aún más pronunciado, por mucho que se me pueda acusar de misógino -que no lo soy-, en las mujeres.
Una mujer conduce el coche sin importarle para nada el mundo que circule alrededor. La mujer tiene la gran cualidad de ser un ser especialmente dotado para la vida familiar, de la que suele ser centro y motor. Pero, como regla general, la mujer ve monigotes fuera de su círculo íntimo.
Monigotes que se cruzan, que te pitan, que molestan en el cine, que se cuelan, que gritan; pero monigotes al fin y al cabo.
Si la ciudad la considerásemos como nuestra casa y a nuestros vecinos los sintiéramos como tales, seguro que seríamos más limpios, corteses y humildes.
Pensar que el que viene de frente por la calle tiene, al menos, el mismo valor que tú.
No son sombras.
viernes, julio 15, 2011
Madre Rafols
Hubo una época en que yo era la persona más frágil del mundo.
Me agarraba a los amigos con la ansiedad de quien cree que te quedarás atrás sin remedio.
No tenía ni dieciocho años y las relaciones humanas para mí no eran sanas, buscaba mi lugar en el mundo y tomaba los fines de semana casi como un castigo en el que tenía que encontrar mi espacio fuera de la seguridad de los horarios de clase y la familia. Se suponía que tenía que despegar y no sabía dónde encontrar las fuerzas para ser un joven lanzado, normal, valiente para escapar del nido y tomar mis propias decisiones.
Una noche esperaba a Bárbara en un bar de la calle Madre Rafols. Me pedí una coca-cola y esperé apoyado en la barra. Era un lugar de adolescentes de cuyo nombre no consigo acordarme ni sé si continuará existiendo.
Desde la negrura de mi adolescencia compleja me imaginé en ese mismo lugar siendo un cuarentón. Solo. Con una vida anquilosada en rutinas y sin amigos leales con los que contar.
Puede llegar a ser muy jodida la adolescencia.
Hoy, en cambio, estoy aquí. Con un proyecto de vida precioso, mucho cariño por dar y recibir, sereno, confiado, maduro.
miércoles, julio 13, 2011
Comer
No sé si tan radical como mi amiga Nuria, que dice no fiarse de la gente tiquismiquis con la comida, pero sí es cierto que me inspiran confianza las personas sin demasiados miramientos a la hora de atacar lo que le pongan por delante en la mesa.
Tal vez porque en mi subconsciente lo interprete como la flexibilidad que implica comportarse así frente algo tan concreto como el comer.
No alimentarse, sino comer.
Vivimos en un período en que todo son reglas y, lógicamente, la alimentación no se escapa de ellas:
No comas pasta de noche, no más de dos veces carne a la semana, no piques entre horas, nada de alcohol destilado.
Presumo de ser cuidadoso con la comida, pero no obsesivo.
Entiendo el buen comer como el mayor de los placeres que se nos puede ofrecer en este mundo y me niego a amputarme el gusto de hacerlo, con mesura y sin complejos.
El buen comer implica en muchos casos estabilidad emocional, en muchos otros una conversación amable, relajada, íntima o divertida.
No masticar, sino saborear. Degustar frente a deglutir. Observar los colores, oler. Agradecer un buen plato, compartirlo. Ponerse una copita de vino blanco, algo de música y lanzarte a hacer un sofrito como si fuera lo último que tuvieras que hacer en tu vida.
Y cuando te inviten a un plato desconocido, nunca fruncir el ceño. Tú me lo ofreces, yo me lo tomo.
Enfrentarte a un plato, dejarte llevar por lo que te ofrezcan, darle un sorbo al vino, a la cerveza, a un agua fresquita y decirte: ¡qué alegría de vivir!
lunes, julio 11, 2011
Demonios
Cuando se llega a una edad los tanatorios son localizaciones inevitables, pero cuando las tragedias aparecen en la infancia o la adolescencia, esos demonios te persiguen de por vida.
Sé que me equivoco al sentir como personas especiales a aquéllas que han vivido situaciones dramáticas en períodos en que no las merecían. Pero nadie merece sufrir cuando se están abriendo las puertas de la Vida.
De entre estas personas encuentro las que colocaron un caparazón a sus vivencias más negras y no las nombran, ni escupen ese veneno del terror de encontrarse desvirgados por un dolor inmenso cuando los amigos disfrutaban del sol resplandeciente que supone el despertar al amor, al sexo, al mundo.
Yo no estoy entre ellas, siempre evidencié mi dolor y consideré una terapia compartirlo con mis próximos.
Sin embargo, entiendo que no hay posturas desacertadas, que todo es plausible. Quizás cada alma sepa qué es lo que le conviene, nadie actúa evitando la felicidad personal a conciencia.
Yo tengo junto a mí personas que sufrieron un dolor inmenso y nunca, nunca, hablan de ese pasado intenso. Tienen una sonrisa y viven el presente, proyectando si acaso sus dudas en el futuro.
Quizás su forma de escupir el veneno es ésa, demonizándolo, ignorándolo, ridiculizándolo, riéndose de él.
viernes, julio 08, 2011
Jugar a otro
Es un juego que todos practicamos inconscientemente, pero que deberíamos ejercitar más a menudo para sanearnos por dentro.
A mí, por ejemplo, me gusta escuchar música pensando que soy Isaac, leer una novela con los ojos de Mariángeles, ver una película con las emociones de Fran, hacer un viaje con la capacidad de sorpresa de mi hermana Mónica.
Jugar a sentir qué sentiría el otro de quien bien conoces su sensibilidad.
De pronto oigo toda una tarde un disco de Mayte Martín y trato de abstraerme para intentar investigar cómo lo integraría mi adorada cantante francesa Zazie, porque pienso que ella sabría emocionarse con los poemas de Manuel Alcántara cantados por la voz desgarrada de la catalana.
Hay momentos en que realmente consigo dejarme llevar tanto y tan bien, que llego a construir en mi interior simulaciones de las emociones de la gente a la que quiero y, por ende, me hago más cercano y conocedor de sus esquemas.
Es muy hermoso tratar de olvidarte completamente de ti, dejando todo prejuicio en el cajón de lo prescindible, para tomar prestado sin pedirlo el mundo de otro y, desde allí, observar la vida discurrir.
lunes, julio 04, 2011
Ecuaciones
Me tomé la vida demasiado en serio desde muy pequeño.
He tenido la suerte, en cambio, de tener el intelecto suficiente como para comprender que nada es tan importante.
Cuando me pasaba las noches en vela estudiando los exámenes de junio, me entraban ataques de pánico ante una ecuación de matemáticas imposible de resolver.
Mi padre, siempre paciente, se ponía conmigo a razonarla, desde el principio. Tomaba el libro, estudiaba el tema y me dirigía en la búsqueda de la 'x' irresoluble.
Una vez que leía el enunciado del problema, el gráfico a analizar o el razonamiento a entender, ante esa disyuntiva, mi padre en numerosas ocasiones me decía: '¿pero no ves lo bonito que es este problema?'
¿Bonito?
Mi padre describía los problemas como bonitos.
El hecho en sí de plantarte ante una situación de incertidumbre a resolver, de la que tienes pocos datos que hay que hilar para encontrar un camino.
Ahora me lo aplico al trabajo, e incluso a situaciones de dilema en mi vida personal.
Cuántas veces no llegaré a una situación compleja, aparentemente inabordable, en que me acuerdo de mi padre y ante el nuevo reto me digo:
'Qué problema más bonito'
viernes, julio 01, 2011
Repipis
En mis habituales viajes a París, suele ser habitual compartir avión con trupes de familias con niños camino de Disneylandia.
Es un buen momento ése, entre intento de leer el periódico, dar una cabezada o abstraerme mirando nubes francesas por la ventanilla, en que reflexiono acerca de la educación que se les da a los niños y, especialmente, a los andaluces.
Hace quince días me tocó padecer a una niña que no debería tener más de cuatro años, con voz de aguardentera y un tono que hacía eco en el tubo de la cabina del avión.
¡¡¡Papito, me voy a jartar de bailar con er 'Miki Máu'!!!
¡¡¡Papito, yo le voy a comprar un traje de princesa a la abuela!!!
¡¡¡Papito!!!
Y medio avión, respestuoso, lleno de franceses, aguantando los gritos folklóricos de la niña.
Qué daño ha hecho Juan y Medio (si es que se escribe así) a las familias andaluzas. Ese programa (que no sé si aún existe) en que el centro de atención lo ponían en niños repipis a los que se reía cada frase más artificial, cada gesto más forzado y cada gracia supuestamente infantil. Quizás tenemos lo que nos merecemos.
Cuando por fin aterrizamos después de dos horas de insoportable portento de niña gritando, vi al padre. Estaba aún andando el avión y ya se había levantado a abrir los compartimentos superiores. Tuvo una azafata que llamarle la atención, y este personaje la retó permaneciendo de pie, dando 'camballás' como si en un autobús de línea estuviese y mirando a los pasajeros con cara de 'qué gracioso soy' y con cuerpo de '¡que esto se pare ya!'.
Entendí todo.
La familia se marchó a trompicones, riéndose las gracias entre todos y yo, por fin, pude coger mi metro para ir al hotel, leyendo a Tom Sharpe.
Es un buen momento ése, entre intento de leer el periódico, dar una cabezada o abstraerme mirando nubes francesas por la ventanilla, en que reflexiono acerca de la educación que se les da a los niños y, especialmente, a los andaluces.
Hace quince días me tocó padecer a una niña que no debería tener más de cuatro años, con voz de aguardentera y un tono que hacía eco en el tubo de la cabina del avión.
¡¡¡Papito, me voy a jartar de bailar con er 'Miki Máu'!!!
¡¡¡Papito, yo le voy a comprar un traje de princesa a la abuela!!!
¡¡¡Papito!!!
Y medio avión, respestuoso, lleno de franceses, aguantando los gritos folklóricos de la niña.
Qué daño ha hecho Juan y Medio (si es que se escribe así) a las familias andaluzas. Ese programa (que no sé si aún existe) en que el centro de atención lo ponían en niños repipis a los que se reía cada frase más artificial, cada gesto más forzado y cada gracia supuestamente infantil. Quizás tenemos lo que nos merecemos.
Cuando por fin aterrizamos después de dos horas de insoportable portento de niña gritando, vi al padre. Estaba aún andando el avión y ya se había levantado a abrir los compartimentos superiores. Tuvo una azafata que llamarle la atención, y este personaje la retó permaneciendo de pie, dando 'camballás' como si en un autobús de línea estuviese y mirando a los pasajeros con cara de 'qué gracioso soy' y con cuerpo de '¡que esto se pare ya!'.
Entendí todo.
La familia se marchó a trompicones, riéndose las gracias entre todos y yo, por fin, pude coger mi metro para ir al hotel, leyendo a Tom Sharpe.
jueves, junio 30, 2011
Los otros
La experiencia que cada uno tiene del ser humano es la que acumula a partir de su unicidad y su propia piel. No tenemos derecho a vivir dos vidas y eso relativiza nuestras opiniones, reduciéndolas al limitado mundo de nuestras sensaciones.
Hay veces, al menos así lo siento, en que creemos ver nuestro alrededor como un decorado eterno. Etapas en que te crees un ser sometido a cambios que sólo en ti se producen, que sólo en ti están las dudas, que los demás entienden de la vida como si siempre la hubiesen vivido.
Cumples los años y entras en mundos diferentes, pero eres joven y percibes que los jóvenes que hay a tu lado siempre lo han sido y conocen las reglas. Comienzas a currar, a enamorarte o a buscarte la vida creyendo que hay reglas, formas de hacerlo bien o mal, sin pararte a pensar que todos los que empiezan a labrarse camino lo hacen por vez primera, como tú.
Llegan los treinta y sientes que comienzas a entender el mundo, pero el resto de treintañeros han entrado en ese túnel de despedida de la juventud en paralelo a ti, reconociéndose diferentes a su manera, despistados, curiosos, maduros... pero no más que tú.
Cumples los cuarenta, los cuarenta y tres... y ves a los que tienen esa edad con los ojos de quien cree que está mirando a alguien que sabe de qué van esas canas, la llegada a regiones más tranquilas, con otras responsabilidades, un sexo distinto, un sosiego rebuscado en detalles tontos.
Evolucionas por vez primera en edades que nunca descubriste ni volverás a descubrir, viendo imágenes paradas a tu alrededor que nunca estuvieron congeladas.
El mundo que conocemos evoluciona con nosotros al mismo tiempo. El despiste es el mismo. Todo lo que viene es desconocido y no sólo somos nosotros, no soy sólo yo, sino el universo quien crece con nosotros.
Miras a alguien a los ojos y crees ver seguridad, prestanza, sosiego... pero tal vez él mire en los tuyos la certeza que tú no tienes.
No hay leyes, no hay caminos labrados, para nadie.
Hasta el más sabio titubea al andar ese camino que no tiene vuelta atrás.
Los otros son como tú.
Hay veces, al menos así lo siento, en que creemos ver nuestro alrededor como un decorado eterno. Etapas en que te crees un ser sometido a cambios que sólo en ti se producen, que sólo en ti están las dudas, que los demás entienden de la vida como si siempre la hubiesen vivido.
Cumples los años y entras en mundos diferentes, pero eres joven y percibes que los jóvenes que hay a tu lado siempre lo han sido y conocen las reglas. Comienzas a currar, a enamorarte o a buscarte la vida creyendo que hay reglas, formas de hacerlo bien o mal, sin pararte a pensar que todos los que empiezan a labrarse camino lo hacen por vez primera, como tú.
Llegan los treinta y sientes que comienzas a entender el mundo, pero el resto de treintañeros han entrado en ese túnel de despedida de la juventud en paralelo a ti, reconociéndose diferentes a su manera, despistados, curiosos, maduros... pero no más que tú.
Cumples los cuarenta, los cuarenta y tres... y ves a los que tienen esa edad con los ojos de quien cree que está mirando a alguien que sabe de qué van esas canas, la llegada a regiones más tranquilas, con otras responsabilidades, un sexo distinto, un sosiego rebuscado en detalles tontos.
Evolucionas por vez primera en edades que nunca descubriste ni volverás a descubrir, viendo imágenes paradas a tu alrededor que nunca estuvieron congeladas.
El mundo que conocemos evoluciona con nosotros al mismo tiempo. El despiste es el mismo. Todo lo que viene es desconocido y no sólo somos nosotros, no soy sólo yo, sino el universo quien crece con nosotros.
Miras a alguien a los ojos y crees ver seguridad, prestanza, sosiego... pero tal vez él mire en los tuyos la certeza que tú no tienes.
No hay leyes, no hay caminos labrados, para nadie.
Hasta el más sabio titubea al andar ese camino que no tiene vuelta atrás.
Los otros son como tú.
domingo, junio 26, 2011
Machacados
Europa no lo sería sin los discursos de Platón o la ética de Socrates. La democracia es una palabra hermosísima que Grecia entregó, como tantas otras, al ser humano. Palabras eternas y actuales.
Hoy leía acerca de la proliferación de indigentes en las calles de Atenas, los cierres de negocios y la rabia no siempre contenida.
El mundo occidental concedió no hace mucho la organización de unos Juegos Olímpicos al país que los creó. Y con ello le entregó un regalo envenenado que vació sus arcas para unas semanas de gloria.
Cuando Grecia entró en Europa no pensó estar entrando en una cueva de tecnócratas liderados por una Merkel ansiosa de disciplina monetaria, con un Banco Central que sólo mira por el crecimiento de alemanes y franceses.
Los políticos griegos, como tantos otros, han cometido errores imperdonables. En su caso especialmente graves, porque falsearon las cuentas para anunciar un déficit que era mucho mayor del publicitado. Es un país donde hay mucha economía sumergida y un empleo público inflado. Bien. Arreglémoslo entre todos, como europeos que vivimos en comunidad. Pidamos sacrificios, sí. Pero no criminalicemos a un pueblo culto y trabajador. No arruinemos a una generación a la ignominia y la falta de esperanza.
Pidamos control y ajuste, pero propongamos un plan de choque para ese país hermano, busquémosle fondos europeos para fortalecer su industria, llevemos allí, aunque sea un gesto simbólico, alguno de los organismos que se reparten en el centro de Europa. Démosle voz al Sur. Tenemos capacidad sobrada para ello. Somos grandes, estamos preparados.
Esta Europa, sin embargo, es carnaza de mercados y burócratas, nos hacen entender. No hay lugar para la imaginación ni la solidaridad.
¿Dónde está la ilusión con que se nos vendía a este viejo continente como un pueblo unido con la aparición de la Comunidad Europea?
Si ser europeo significa vivir a lo alemán, yo me bajo de este tren.
Hoy leía acerca de la proliferación de indigentes en las calles de Atenas, los cierres de negocios y la rabia no siempre contenida.
El mundo occidental concedió no hace mucho la organización de unos Juegos Olímpicos al país que los creó. Y con ello le entregó un regalo envenenado que vació sus arcas para unas semanas de gloria.
Cuando Grecia entró en Europa no pensó estar entrando en una cueva de tecnócratas liderados por una Merkel ansiosa de disciplina monetaria, con un Banco Central que sólo mira por el crecimiento de alemanes y franceses.
Los políticos griegos, como tantos otros, han cometido errores imperdonables. En su caso especialmente graves, porque falsearon las cuentas para anunciar un déficit que era mucho mayor del publicitado. Es un país donde hay mucha economía sumergida y un empleo público inflado. Bien. Arreglémoslo entre todos, como europeos que vivimos en comunidad. Pidamos sacrificios, sí. Pero no criminalicemos a un pueblo culto y trabajador. No arruinemos a una generación a la ignominia y la falta de esperanza.
Pidamos control y ajuste, pero propongamos un plan de choque para ese país hermano, busquémosle fondos europeos para fortalecer su industria, llevemos allí, aunque sea un gesto simbólico, alguno de los organismos que se reparten en el centro de Europa. Démosle voz al Sur. Tenemos capacidad sobrada para ello. Somos grandes, estamos preparados.
Esta Europa, sin embargo, es carnaza de mercados y burócratas, nos hacen entender. No hay lugar para la imaginación ni la solidaridad.
¿Dónde está la ilusión con que se nos vendía a este viejo continente como un pueblo unido con la aparición de la Comunidad Europea?
Si ser europeo significa vivir a lo alemán, yo me bajo de este tren.
sábado, junio 25, 2011
Tornillos
Se celebraba una boda en Almería y decidimos repartirnos en varios coches. Yo puse el mío. El fin de semana se presentaba divertido y era una oportunidad para conocer más de cerca a compañeros de trabajo con los que apenas hablábamos que de asuntos técnicos o insustanciales en las máquinas de café de la fábrica.
Durante la celebración varios de los sevillanos de la boda se acercaron a mí para ver si tenía hueco en mi coche para la vuelta. Por buena que fuera mi predisposición mi clío de entonces daba para un máximo de cinco.
Algo había ocurrido durante el viaje de ida que no terminaba de captar.
Entre copa y copa conseguí enterarme. El propietario de uno de los coches había hecho las cuentas del viaje y, a la parte de gasolina de cada uno, había sumado la amortización del desgaste de tornillos, ruedas, asientos... de los 500 km entre Sevilla y Almería.
El dinero sería mínimo, pero la indignación entre el pasaje rozaba los máximos.
Miserable...
Durante la celebración varios de los sevillanos de la boda se acercaron a mí para ver si tenía hueco en mi coche para la vuelta. Por buena que fuera mi predisposición mi clío de entonces daba para un máximo de cinco.
Algo había ocurrido durante el viaje de ida que no terminaba de captar.
Entre copa y copa conseguí enterarme. El propietario de uno de los coches había hecho las cuentas del viaje y, a la parte de gasolina de cada uno, había sumado la amortización del desgaste de tornillos, ruedas, asientos... de los 500 km entre Sevilla y Almería.
El dinero sería mínimo, pero la indignación entre el pasaje rozaba los máximos.
Miserable...
lunes, junio 20, 2011
Gante
Con 19 años y dos amigos, llegamos a nuestro centro de operaciones en Gante. Hacíamos interrail y se nos iba el alma intentando conocer cuantos más países mejor en un ansia adolescente por descubrir mundo.
Allí había un camping imponente, rodeado de campos verdes en pleno agosto.
Se celebraba esos días la Feria Gantesa y la ciudad era una fiesta. Recuerdo que, en una parada de autobús, intenté sacar mi mejor francés para preguntar acerca de una dirección. La mujer me miró con mala cara.
He vuelto muchas veces a Gante. Siempre lo quise enseñar a la gente querida. La pequeña patria de Carlos V, ciudad de torres viejísimas y canales siempre ensombrecida por su vecina Brujas.
Hace casi un año que Bélgica no tiene gobierno. Las dos grandes comunidades del país no se ponen de acuerdo.
Antes, los valones, los ciudadanos de lengua francesa, eran los mejor situados económicamente. La producción siderúrgica les daba poder en plena revolución industrial y sus vecinos flamencos, de lengua holandesa, eran menos, más pobres y se veían casi obligados a expresarse en francés.
Las tornas cambiaron y ahora los flamencos ven a los valones como un pueblo subsidiado. No se ponen de acuerdo ni el mínimo común que permita sacar un presupuesto adelante.
Con el tiempo conocí ciudades valonas como Mons o Tournai que no me hacían más que acordarme de mi querida Gante.
Desde cerca, se tiene escasa capacidad para ver lo que une y mucha habilidad para poner barreras con lo que separa.
Del pueblo belga, culto y educado, me gustaría descubrir la sensatez de quien sabe mirar en positivo su futuro. Entender que el destino del hombre es unirse, no atizarse con reproches menores. Nadie mantiene a nadie en Bélgica porque todos pagan los impuestos según sus posibilidades. Es un país de ciudadanos, no debe serlo de comunidades enfrentadas.
En Bélgica se batalla por el futuro de la sociedad. Porque, ¿queremos encerrarnos en nuestras peculiaridades o ganar con las diferencias en el otro?
Yo me quedo con Bélgica.
sábado, junio 18, 2011
Papel
Me reconozco un gran lector de periódicos.
De hecho una de las imágenes que para mí representa la felicidad, junto con muchas otras, es un buen desayuno, sin hora tope y con un periódico delante, pudiendo desbrozar cada artículo. Yendo hacia adelante y hacia atrás. Tomando notas sobre alguna ciudad del mundo o algún escritor para investigar en otro momento.
Quien me conoce sabe que, en esos momentos, me vuelvo invisible, introducido en mi esfera de placer en esa mirada al mundo. Afortunadamente comparto mi vida con alguien que respeta mis espacios.
Hoy, sábado, me he levantado tarde y con muchas cosas en mente. Como demasiados sábados recientes, he descartado el paseo a la Campana para comprar el periódico y leérmelo con el café.
Hay días como hoy, meses como los últimos, en que voy perdiendo hábitos que construyen, en pequeñas porciones, mi bienestar emocional.
Entiendo que llegarán momentos más tranquilos en mi vida en que volveré a sumergirme en páginas de papel.
¿O comienza a no haber vuelta atrás?
martes, junio 14, 2011
Litronas
Durante años en la fábrica, en mis comienzos como técnico de mantenimiento, pasaba muchas horas con compañeros que me acogieron con los brazos abiertos. A un joven que podía ser su hijo, recién salido de la Escuela de Ingenieros y con menos conocimiento práctico de la maquinaria que había instalada del que yo mismo pudiese imaginar.
Era un choque de humildad. Salías de la universidad comiéndote el mundo y unos grandes profesionales eléctricos y mecánicos, que llevaban décadas enfrentándose a grandes instalaciones de mecanizado industrial, te recibían con los brazos abiertos y te explicaban, sin tapujos, acerca del funcionamiento de cada torno, talladora, rectificadora o enderezadora que, a decir bien, no había visto en mi vida.
El aprendizaje implicaba horas de compañía en que me iban contando sus vidas. Currantes sevillanos hechos a trabajar bajo presión para sacar las producciones diarias en una fábrica que nunca le falló a Renault.
Y en esos ratos aprendía también acerca de sus miedos, las tragedias personales, los marrones económicos, sus ilusiones vitales. Me enseñaban fotos de sus niños, me hablaban de sus mujeres en esos interminables turnos de noche en que trabajábamos sin red. Si había una gran avería no teníamos un teléfono del que tirar para solucionarlo.
Recuerdo a un oficial eléctrico, sensible, tímido y honesto, que tenía la paciencia de dejarme a mí al mando de las reparaciones, corrigiéndome cada paso en falso, sabiendo que mi trabajo a su lado era transitorio para volar a responsabilidades mayores.
Años después, viviendo en Francia, me llegó la noticia de que su débil corazón dejó de funcionar.
Este hombre me contaba como cada viernes, al salir del trabajo, se iba al Carrefour y compraba una caja de cervezas. Luego se iba con la mujer y los niños a su apartamento de Barbate. Ésa era, aparentemente, su principal alegría en su día a día. Soñar con el viernes y sus litronas en Barbate, asomado a la terraza, viendo el mar.
A mí me agradaba escucharlo, aunque pensase que la vida te ofrecía mucho más que esas rutinas placenteras.
Con el tiempo uno va aprendiendo que no hay que minusvalorar las opciones vitales de nadie.
Era un choque de humildad. Salías de la universidad comiéndote el mundo y unos grandes profesionales eléctricos y mecánicos, que llevaban décadas enfrentándose a grandes instalaciones de mecanizado industrial, te recibían con los brazos abiertos y te explicaban, sin tapujos, acerca del funcionamiento de cada torno, talladora, rectificadora o enderezadora que, a decir bien, no había visto en mi vida.
El aprendizaje implicaba horas de compañía en que me iban contando sus vidas. Currantes sevillanos hechos a trabajar bajo presión para sacar las producciones diarias en una fábrica que nunca le falló a Renault.
Y en esos ratos aprendía también acerca de sus miedos, las tragedias personales, los marrones económicos, sus ilusiones vitales. Me enseñaban fotos de sus niños, me hablaban de sus mujeres en esos interminables turnos de noche en que trabajábamos sin red. Si había una gran avería no teníamos un teléfono del que tirar para solucionarlo.
Recuerdo a un oficial eléctrico, sensible, tímido y honesto, que tenía la paciencia de dejarme a mí al mando de las reparaciones, corrigiéndome cada paso en falso, sabiendo que mi trabajo a su lado era transitorio para volar a responsabilidades mayores.
Años después, viviendo en Francia, me llegó la noticia de que su débil corazón dejó de funcionar.
Este hombre me contaba como cada viernes, al salir del trabajo, se iba al Carrefour y compraba una caja de cervezas. Luego se iba con la mujer y los niños a su apartamento de Barbate. Ésa era, aparentemente, su principal alegría en su día a día. Soñar con el viernes y sus litronas en Barbate, asomado a la terraza, viendo el mar.
A mí me agradaba escucharlo, aunque pensase que la vida te ofrecía mucho más que esas rutinas placenteras.
Con el tiempo uno va aprendiendo que no hay que minusvalorar las opciones vitales de nadie.
domingo, junio 12, 2011
Irredentos
Hay personas que siempre responden en negativo, en un tic que quizás ellos mismos desconozcan y que les define, seguro, en su espíritu ante las cosas.
-Estás más delgado, ¿no?
-No, qué va, lo que pasa es que he perdido unos kilos.
Los puntos sobre las íes. Siempre tienen que ponerlas.
Seguro que en cada argumentación hay un detalle que corregir en las respuestas, en los diálogos, pero cansa esa actitud de corrígelotodo.
El pasado domingo leía una entrevista a Elena Ochoa, la esposa de Norman Foster. Resultaba ridículo leer como siempre comenzaba la respuesta en negativo.
Tal vez piense que eso dé valor a sus discursos, pero yo creo que más bien los empobrece.
Es un ejercicio que deberíamos practicar con nosotros mismos y con los demás. Escuchar a nuestros amigos y aconsejarles, a aquéllos que caigan en esta práctica irredenta, que es mejor comenzar a responder en positivo, aunque sea para argumentar una negativa.
Es cansino verte corregido a cada momento en tu intento de acercarte al otro, pudiendo darse el caso de que te hartes de establecer conexiones por no tener que sentirte a cada palabra bloqueado.
-Te aprecio mucho.
-No, tú no me aprecias, lo que pasa es que me tienes cariño.
viernes, junio 10, 2011
Máximo
De este humorista gráfico, Máximo, retuve una frase que me pareció redonda: hay determinados conceptos que criticaré o defenderé, a muerte, según las circunstancias.
Uno de ellos es el pragmatismo, del que me siento ferviente partidario mientras no me dé por pensar justo lo contrario.
Soy un tío pragmático, sí. Lo considero, además, una de mis principales virtudes, siempre que no me convenza de pensar que es ése uno de mis puntos flacos.
Pragmatismo en cuanto a practicidad, ver la vida como es e ir al grano respecto a las decisiones que tomar.
Sea a la hora de embarcarse en un préstamo, decidir una movilidad en el trabajo o hablarle sin tapujos a un ser querido.
Lo aplico al trabajo, a mis amistades o, incluso, a mis proyectos. Ser directo, tener sentido común y mano izquierda, atacar los conflictos sin enredarse en precisiones que te lleven a bloqueos paranoicos.
Me aburre la gente que se recrea en sus discursos, que discute sobre el método de discusión.
Las cosas son más sencillas de lo que pensamos.
Es peligroso, pienso, darle una vuelta a todo. Pensar que tras un guiño sano hay toda una historia de perversiones.
Me asustan los rodeos, los recovecos y las frases entreveradas.
Sin embargo hay días, como a Máximo le ocurriría, en que pienso que soy demasiado arisco, directo, controlador o mercantilista.
¿Hay que atacar nuestra existencia con sentido práctico? Respondería que no, si no fuese porque pienso que sí.
martes, junio 07, 2011
La alegría de la casa
Hay un juego divertido que practico con mi hermana Raquel: Imitarla al reírse.
Es incapaz de cortar la risa de golpe y yo, imitándola en esa última carcajada, le provoco a que siga riéndose.
Raquel es una mujer con tanta fuerza que no puede uno menos que sentirse orgulloso de ser su hermano.
Ella nos fue abriendo puertas a los demás, a base de independizarse muy joven, de trabajar mientras estudiaba o de conocer gente diversa que iba integrando en nuestras vidas, sobre todo en la mía, tan centrada en ser un buen alumno, poco atrevido a lanzarme a descubrir el mundo exterior en plena adolescencia.
Raquel nos ha hecho, a su familia, menos constreñidos, más modernos.
Durante muchos años la he tenido como protagonista de mis pesadillas. Casi seguro porque ella presentaba el mundo real, la tierra, la vida, el presente. Porque siempre me habló claro. Me bajaba de mi aureola de libros fantásticos para decirme sin decirlo: la realidad es ésta, la gente es así.
Cuando, viviendo yo en París, me dijo que iba a ser madre, sentí la alegría de quien sabe que ese hijo iba a serlo de todos los hermanos.
Observando el mundo que nos toca vivir, sabiendo que hay tanta gente que vale menos que un pimiento, es una gran suerte poder compartir amistad con tus hermanos.
En mi familia hemos pasado momentos muy críticos, a todos los niveles. Nos hemos alejado, para volver a reencontrarnos y descubrir que nos somos necesarios. No siempre ocurre.
Hace no muchos años que me siento de igual a igual con Raquel. Que nos miramos a los ojos y nos contamos la intimidad de nuestras vidas sin tapujos.
Mi madre, viendo su muerte certera con cuarenta y tantos años, dejó manuscritos muchos folios, difíciles de leer sin lágrimas.
Recuerdo como si fuera ayer, en la cocina de casa, cuando le leí a Raquel ese párrafo en que mi madre le llamaba 'la alegría de la casa'.
Vi llorar a Raquel y el pellizco fue enorme.
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