No hay vez que vaya al Eslava y no me sirvan el salmorejo con alegría. Y no sé si voy por el salmorejo o por el buen ambiente.
También hay otras en las que ocurre todo lo contrario, te hacen sentir incómodo.
El otro día entrevistaban a un personaje público y manifestaba que lo que nunca admitiría sería un empleo en el que le obligaran a sonreír.
Esa controversia mental me hace llegar a una conclusión: en una empresa los trabajadores no se mostrarían amables si hubiera mal rollo. Luego la política no será solo de 'atiende al cliente con una sonrisa', sino de 'para que este negocio funcione, tenemos que ser amables'.
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