No sé quién descubrió, antes que yo, que me agarro a los cojines.
Los busco sin pensarlo y me los coloco en la barriga, bien apretujados.
Dicen que todos tenemos gestos que nos delatan y el del cojín tiene pinta de ser de Primero de Psicología: el niño que se protege de ese mundo adulto, feroz a veces, que sigue dándole miedo.
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