Basta con decidir hacer una ensalada palermitana para que mueva cielo y tierra para preparar una mesa perfecta.
Su capacidad de disfrutar con momentos terrenales se convierte en felicidad para mí de verlo entretenido yendo de aquí para allá.
No me emociona tanto lo que gira en torno a la ensalada, sino la energía vital del que la prepara.
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