Cuando recibes tantas emociones, el cuerpo reacciona a esa estimulación recolocando piezas.
Tras 17 días intensos en Italia, de ciudad en ciudad, todos mis sueños son febriles, con personajes inventados que recorren castillos y canales, dándome sustos y tocándome la barriga. Llevo dos días despertándome alterado:
—Fran, no te imaginas lo que he soñado hoy.
—No hace falta que me lo jures. Mira tu WhatsApp.
Ahí está la foto de cómo me defiendo contra mis fantasmas italianos.
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