Paseábamos por los jardines de Yves Saint-Laurent en Marrakech, de una estética arrebatadora y lancé una reflexión al aire:
—Qué duro, para este hombre, ser mortal.
Llegados a un nivel de calidad de vida tan inmensa, teniendo cualquier lujo al alcance de la mano, meciéndose uno en la belleza de lo cotidiano, es mucho más terrorífico pensar en perderlo todo.
Poseer es condenarse.
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