Cuando teletrabajo en casa tengo dos lugares donde instalarme, dependiendo del grado de concentración y el número de ordenadores que necesite.
Hace unos meses aparecieron hormigas en casa. No muchas pero las suficientes para hacerme la puñeta en la mesa de los ordenadores. En cuanto me descuidaba ya las sentía subiendo por mis piernas y salía en busca del insecticida. Así estuve algún tiempo hasta que, de un día para otro, desaparecieron.
A día de hoy, cada vez que me focalizo en una tarea en ese rincón, siento que me suben desde los tobillos.
Pero no hay hormigas.
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