x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

sábado, septiembre 26, 2026

Lapismo

—Soy una lapa —le gusta decir a Fran cuando se me tira encima mientras leo en el sofá.

Como un pulpo, cuando le detengo una mano por aquí ya saca otra por allá. Es tan toquetón como arisco soy yo.

Las siestas de fin de semana en la cama son un festival de achuchones antes de dormir. Las pocas veces en que me despierto antes que él me desplazo sigilosamente hasta conseguir salir de la habitación sin que se entere, pero en cuanto llego al baño ya aparece por detrás, gritando:

—¡Lapismo!

viernes, septiembre 25, 2026

Haiku

Son tres versos y diecisiete sílabas. que cuenten algo que vemos y se remate con una sorpresa.

Eso es un haiku japonés.

El pasado miércoles, en un acto cultural íntimo organizado por la revista Alikindoi, Alberto J. Fuentes nos enseñaba a componer estas delicias con letras.

—No hace falta más que querer escribirlos.

Transmitía paz. Él y la propuesta. Darle al botón de parar el mundo y escribir un haiku:

'Sacó las garras
tras la gran barandilla.
No supo maullar'

¿Me escribes uno?

miércoles, septiembre 23, 2026

Helio

Uno de mis mejores amigos es ceutí. 

Suele venir a cenar a casa porque es su casa. 

Esta semana, nada más sentarse, quise que se desahogara. Que nos contara lo que nos quisiera contar de su ciudad, de su familia allí, de los paisajes de su adolescencia, en los años previos a su venida para estudiar en la universidad de Sevilla, de donde ya no se movería.

—Pienso en mis padres, Salva, y lo que habrían sufrido de estar vivos.

Se emocionaba hasta las trancas hablando del agua cristalina de la playa del Trampolín.

—Esas vistas del Peñón... Era el paraíso.

Habló con ansiedad y le dejamos soltar toda la rabia. Sin juzgar.

—¿No entendéis que también somos España?

—Claro que sí, Helio —le dije—. Claro que sí.

Cómo no vamos a entenderlo.

martes, septiembre 22, 2026

Salvia

No imaginé que supiera tan fuerte, tan amarga. Entre romero y tomillo. Nos la ofrecieron en tempura y a mí me dio un vuelco el corazón.

—¿Sabe qué? —pregunté a la camarera cuando nos dijo de qué se trataba esa cortesía de la casa.

Ella, sonriente, quedó a la espera de mi explicación.

—Estoy leyendo una novela que transcurre en Moscú, tras la Revolución rusa, y el chef del hotel donde está recluido el protagonista hace milagros con lo que tiene en la despensa.

—Y utiliza la salvia —comprendió ella.

—Era algo que no había probado en mi vida —le confesé—. Anoche leí ese pasaje y me quedé con la curiosidad de probar a qué sabría. 

—¿No es bonita la vida? 

Cuchillo

—Lleva un cuchillo en la maleta —me dijo.

—Es cierto —me excusé—. Olvidé sacarlo.

Tomé la maleta de la cinta y tiré de la mochila en el control de seguridad de Atocha.

—¡Deje la mochila ahí! —me gritó, ya con malos modos.

Se acercó otro miembro de seguridad y me indicó dónde abrir el equipaje, pidiéndome los datos y el billete de tren. Sin amabilidad.

Explicarles que unos días antes pedí cubiertos en la recepción del hotel para tomarme cada tarde una manzana al volver de trabajar, y que lo guardaba en la maleta para que no se lo llevaran al hacer la habitación, era una quimera.

Pero yo, en ese momento y en Atocha, era un peligro.

Le di el cuchillo para la fruta como me enseñó mi madre a darlo.

viernes, septiembre 18, 2026

Monólogos

Cuántas conversaciones no son sino dos monólogos.

El que escucha, preparando su discurso. El que habla, concentrado en el suyo.

Así asistimos a diario a partidas de ping-pong en las que la disposición a olvidarse uno de sí se convierte en quimera.

─¿Sí o no?

─¿Perdona?


Surrealista

─A mí me gustaría comentarte algo ─me dijo Raquel.

─Miedo me das.

Estábamos recién llegados a la playa para pasar unos días y, por un instante, pensé en una escena desagradable.

─Me encantaría que escribieses una novela intimista ─comentó, por fin, mi hermana─. Cuando termines la que tienes entre manos.

─¿Y eso?

─Porque creo que te funcionaría muy bien ─razonó─. Tus novelas me gustan mucho, pero me encanta cuando escribes con un toque poético y surrealista y te permitiría tocar otros registros. Una novela corta. Piénsalo.

Raquel siempre ha sido de mis lectoras más exigentes.

─Lo haré ─prometí, derretido de amor.

Manolo

Es muy edificante pasarlo bien con quien piensa muy distinto.

Me ha pasado esta semana con un compañero de trabajo al que llevaba años sin tratar. Una semana compartiendo horas de formación que han servido para confirmar que seguimos a años luz en cuestiones ideológicas.

Coherentes los dos con nuestros principios, tenemos en el humor la mejor arma para replicarnos, porque sabemos que, por encima de todo, nos apreciamos.

No debería ser tan difícil salir de las trincheras.

Japonesa

Fui allí porque tenía ganas de comer sashimi, llevado por las reseñas del restaurante, en una zona cercana a mi hotel de Madrid.

Me encontré con un espacio vacío, con una decoración de película de terror y paredes rojas.

─¿Me pone una copita de rosado?

No podía venirme abajo. Salir solo a cenar no tiene por qué ser una condena.

La mujer, oriental, me sirvió el vino y me entregó la carta. No era muy tarde, pero la sentí incómoda. 

No tardó un minuto en traerme la ensalada de algas. Deliciosa, por cierto. Antes de terminarla, no más de dos minutos después, ya tenía el sashimi de salmón enfrente. Que tampoco estaba malo.

Ella se apostó frente a mí y no me quitó ojo durante la cena. 

La cuenta tardó en llegar menos de un suspiro en cuanto hice el gesto.

Luego hay negocios que se quejan de estar vacíos.

miércoles, septiembre 16, 2026

Por favor

Simpatice más o menos con ella, el caso es que trato con respeto a la IA.

Le pido las cosas por favor y le respondo con un gracias.

─Qué exagerado ─me decía, entre risas, un compañero. 

─Sí ─le comentaba yo─. Tú ríete, pero cuando vengan a asesinarnos seguro que dicen: 'A Salva, no, a ese hombre dejadlo tranquilo'.

Admirar

─Escribid en un papel el nombre de la persona que más admiréis. Lo primero que os llegue a la mente ─dijo el monitor─. Y anotad el porqué. 

Yo escribí Saramago. Por su humanidad, por su sabiduría, por haber sido tan combativo.

Era nuestro segundo día de formación en Madrid, esta semana, sobre un método complejo de resolución de problemas. 

Entonces cada uno empezó a decir cuál era esa persona que se les había venido a la cabeza y casi todos habían escrito el nombre de un familiar. 

¿Seré tan raro?

lunes, septiembre 14, 2026

Lavadora

─Mamá, mi hijo Yago, con 12 años, ya sabe poner lavadoras.

Lo comentaba por el manos libres una profesional de la limpieza que caminaba delante de mí recogiendo cubos de basura.

Yo sentí un golpe de ilusión.

Por ella, por su hijo y por mí.

Oriental

Soy afortunado de haber podido trabajar, codo con codo, con gentes de Japón y China.

En este mundo inmenso, tener esa oportunidad es no solo una ventaja, sino un disfrute que te permite valorar de primera mano lo que significan esas dos potencias orientales.

Más metódicos los japoneses, más impulsivos los chinos, la primera lección que aprendes es que son humanos. Sí. Convivir con el otro, cuando es muy otro, te ayuda a eliminar fantasmas.

Cierto es que cunde una sensación de decadencia en lo japonés, que se manifiesta incluso en el ánimo del país, y de desmesura en lo chino, que siente, no sin razón, el mundo a sus pies.

Yo, por si acaso, estoy aprendiendo chino.

lunes, septiembre 07, 2026

Ángel

No hace falta ser creyente para soñar con que te cuiden desde arriba.

Yo, que no imagino ángeles volando por el cielo, siento a mi madre vivir en mí. Cuidarme. Apreciar a Fran. Alegrarse de que los hermanos nos llevemos tan bien.

Porque lo que existe es lo que sientes y eso nadie te lo puede quitar. Hay una parte de mí que es suya, en la que habita, porque un puñado de mí está fabricado de ella.

Se hace más fácil vivir cuando te permites organizar tus verdades sin pedir permiso.

Murillo

Paso, a menudo, por la plaza del Museo de Sevilla. Allí luce, imponente, la estatua de Murillo.

He leído tanto sobre él, sobre su bonhomía, su campechanía, su amor por la ciudad que lo vio nacer, que a veces me pregunto, al asomarme a su cara de bronce, cómo nos verá desde ahí: las pintas de la gente, los coches, los ruidos.

¿Qué pensará de lo que hemos hecho de aquello que se nos dio?

Es probable que pensase que no lo estamos haciendo bien, que perdemos la oportunidad de aprovechar todo el progreso y el bienestar de los que él no disfrutó para volvernos cada día más egoístas, como si el mundo fuera a acabar mañana, sin pensar en aquellos tipos que pasearán esa plaza, dentro de quinientos años, buscando la complicidad en su mirada.

Estamos creando un mundo zafio cuando lo teníamos todo para brillar.

Hermano

George Orwell escribió una novela que tal vez estemos viviendo: 1984.

Sí. Estamos en 2026. No podíamos pedirle tanta precisión al buen hombre. No, tampoco existe ese Gran Hermano que desde pantallas gigantes nos dicta qué tenemos que hacer.

Tal vez sea peor, porque es el mismo escenario pero más sutil, porque nos creemos libres.

Sin embargo, vamos enganchados a un móvil que nos muestra lo que queremos ver y nos oculta aquello con lo que no estamos de acuerdo: nunca me propondrá comida india, porque no me gusta; ni reflexiones de un tipo de derechas, porque no las comparto; ni me invitará a leer una novela romántica.

No hay una gran pantalla que nos domine, sino una pequeñita, en nuestros bolsillos, que nos dice qué bien lo hacemos.

Ring

Los tiempos han convertido el sonido de una llamada telefónica en una intromisión violenta en nuestra intimidad.

Si antes el noventa por ciento de esos ring-rings venía de la familia y los amigos, ahora suelen provenir de bancos, aseguradoras y vendelotodos que se sorprenden de que no quieras comprarles cosas que no necesitas.

Pudiendo 'hablar' con mensajes, ¿quién necesita una voz al otro lado? Al menos que venga enlatada, que yo la puedo escuchar cuando quiera y ¡terrible! al doble de velocidad.

La tecnología nos hace huraños y, visto lo visto, tal vez peores personas.

Flotar

—A mí no me da la vida —te sueltan algunos cuando hablan de su día a día.

Muchos puede que incluso presuman de ello. De tener tantas cosas que hacer que terminan por no hacer nada que les colme.

Con lo bonito que es parar. 

Hemos creado el culto a la hiperactividad y hemos cerrado el templo de los que flotan en el tiempo.

A mí me gustaría que me parasen por la calle evangelizadores de esa religión: no un curso gratuito sobre la Biblia, sino sobre aprender a parar sin remordimiento.

La otra noche cenábamos en Portugal y el camarero nos empezó a hablar de la situación de su país. En nada, entraron los nervios alrededor de los platos. Nos había desviado demasiado tiempo de nuestra conversación.

Dejémonos flotar.

Yogures

Estaba en un supermercado portugués buscando cuatro cosas esenciales, entre otras mi yogur preferido, cuando tuve que pedir disculpas a una chica para que apartara su carro y así poder agarrarlo.

La joven llevaba bloqueando un rato esa nevera comprobándolos uno por uno.

Fue a por mis manzanas coloradas, a por las cápsulas del café y a la pescadería a que me preparasen un filete de salmón, antes de volver a la caja. Tiré por el pasillo más despejado y allí seguía ella, mirando yogures.

No podría convivir con alguien tan indeciso.


Vértigo

Hay alarmas que saltan en las redes para recordarme cumpleaños de gente que ya no trato: personas que en un período de mi vida veía a diario, con las que viajé a solucionar problemas para la empresa, con quienes preparé decenas de exámenes en la universidad, amigos a quienes les confesé mi homosexualidad.

Entonces rastreo sus fotos y no reconozco al tipo que fue, ni la niña que conocí, ni el confidente de entonces.

No me atrevo a preguntarles por reparo a lo que me puedan contar o, qué sé yo, por miedo a que pasen de mí.

Hubo tiempos en los que algunos fueron imprescindibles.

Da vértigo la vida.