─A mí me gustaría comentarte algo ─me dijo Raquel.
─Miedo me das.
Estábamos recién llegados a la playa para pasar unos días y, por un instante, pensé en una escena desagradable.
─Me encantaría que escribieses una novela intimista ─comentó, por fin, mi hermana─. Cuando termines la que tienes entre manos.
─¿Y eso?
─Porque creo que te funcionaría muy bien ─razonó─. Tus novelas me gustan mucho, pero me encanta cuando escribes con un toque poético y surrealista y te permitiría tocar otros registros. Una novela corta. Piénsalo.
Raquel siempre ha sido de mis lectoras más exigentes.
─Lo haré ─prometí, derretido de amor.
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