Como un pulpo, cuando le detengo una mano por aquí ya saca otra por allá. Es tan toquetón como arisco soy yo.
Las siestas de fin de semana en la cama son un festival de achuchones antes de dormir. Las pocas veces en que me despierto antes que él me desplazo sigilosamente hasta conseguir salir de la habitación sin que se entere, pero en cuanto llego al baño ya aparece por detrás, gritando:
—¡Lapismo!
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