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jueves, marzo 31, 2011

Dientes blancos

Hace siglos que vi un programa en televisión en que un americano de camisa de leñador y dientes blancos, casi fluorescentes, decía lo obvio, que en esta vida no se es feliz sin un proyecto.

Una ilusión.

La gente, cercana o lejana, que se deja ir es porque, sin que haga falta que te lo diga un yanqui de sonrisa colgate, ha roto los hilos básicos con la ilusión de construir un sueño.

En mi caso es básico: Suena el despertador, desagradable, y busco en mi cabeza un proyecto, una motivación.

Afortunadamente siempre hay cosas.

La primera es mi amor. Todo lo que sea pensar en mi pareja y su futuro es sinónimo de felicidad.

La segunda es Iván. Y con Iván mi familia entera.

La próxima novela, la próxima película, nuestro verano cercano en Nueva York, la semana santa en el Algarve, la novela por terminar de Paul Auster, liquidar la próxima Visa de Bankinter, evitar que el alcalde de Sevilla sea el carca de Zoido, pensar en asistir a un concierto de Zazie en París, creer que es posible una Libia libre, que Palestina encuentre su sitio digno en el mundo, soñar con una España con pleno empleo, asistir a una conferencia de Rosa Montero, que Isaac triunfe con su empresa de maniquíes, que mis hermanas logren consolidar su espíritu emprendedor tras tantos años de lucha...

Me sigo despertando con ganas de vivir...

lunes, marzo 28, 2011

Algarroba

Cuando dejé la casa familiar para irme al piso céntrico de la Alameda que terminaré de pagar en veinticinco años, le regalé a mi padre mi viejo ordenador, ya por entonces casi una reliquia.

A mi padre el ordenador le sirve, le servirá cuando aprenda a utilizarlo, como simple máquina de escribir. Especialista en Historia de España, su único interés es poder escribir la vida y obra de todos nuestros reyes, escritores, políticos... No se puede ser más feliz que mi padre haciendo árboles genealógicos de nuestra monarquía.

Contento con el regalo de su hijo, impaciente por aprender, se plantó en el Corte Inglés. Buscó dónde estaban los ordenadores y a algún encargado enchaquetado para preguntarle:

Yo quiero un libro para aprender a utilizar un ordenador.

Al parecer, el dependiente le preguntó:

¿Qué sistema operativo utiliza?, ¿MS-2?, ¿Windows?

Mi padre, altanero y guasón, le respondió:

Como usted siga hablándome así, cojo la puerta y me voy.

De eso hace más de diez años, y sigue escribiendo a mano las biografías reales.

Fue por esa época cuando un compañero de trabajo al que tengo especial cariño, en esos tiempos en que empezaban a instalarnos ordenadores personales corporativos a cada uno, recibió una llamada de un proveedor de San Sebastián. Mi despacho era contiguo al suyo, separándonos un panel de cristal que no llegaba al techo. De pronto, me pega un grito:

¡Salva!

Me asomé por el cristal para preguntarle en qué podía ayudarle. Él, con diez o doce años más que yo, tapó el auricular para preguntarme:

Este hombre me quiere enviar el plano de una pieza por internet.

Y me lo decía como si al proveedor vasco se le hubiese ido la cabeza.

Claro, le respondí, dale tu correo electrónico de Renault.

Me miró con cara de pánico, así que se lo apunté. No había más que poner su nombre, un punto, su apellido y @renault.com.

Se lo dejé encima de la mesa y me quedé esperando el final de la conversación.

Sí, sí, tenemos correo electrónico.

Entonces empezó a deletreárselo. Lo malo fue cuando llegó a mitad de camino:

Eso es... mi apellido y luego... algarroba... renault punto com.

¡¿Algarroba?!

Grité yo.

¡¿Algarroba?!

Gritó él.

No se me olvidará su cara al teléfono.

viernes, marzo 25, 2011

Química

A las personas se las puede clasificar según infinitos criterios, pero uno de los más sencillos sería el que las divide en interesantes y las que no lo son.

Se trata de un criterio subjetivo, pero nadie mejor que uno mismo para saber quién te llama la atención o no. Por sensibilidad, belleza, inteligencia, bondad, cultura, estilo o simpatía.

Para el segundo grupo, el de la gente insulsa, no dedico mucho tiempo.

Para el primero, podría hacer una segunda distinción: con los que hay química y con los que no.

Evidentemente, si no hay química y a mí me parece interesante esa persona, hay un cierto toque de frustración en mí. Y cuando no hay química, poco se puede hacer. Casi todas las estrategias te llevan a reforzar la falta de feeling.

Pienso, por ejemplo, en una periodista con la que suelo coincidir, porque compartimos muchos amigos comunes, con la que me siento transparente. Me dice hola por respeto, pero al mismo tiempo me hace sentir insustancial. Por mucho que participe, dé mi opinión u ofrezca mi mejor sonrisa, no dejo de ser para ella un perteneciente a su segundo grupo, el de los no interesantes.

Como ella, me he cruzado con personas de gran valía a las que no he provocado ninguna sensación, algo dañino para mi vanidad. O tal vez sano.

Cuando tú, como ser humano, provocas nada en otro ser humano, lo mejor es seguir siendo tú. Las relaciones humanas son así. No hay que buscar estrategias. Hay que admitir que, de vez en cuando, somos transparentes.

martes, marzo 22, 2011

Explosión

Habiendo pasado más de media vida en Suiza, en una pequeña ciudad alpina que necesita una pala en pleno invierno para quitar un metro de nieve si quieres sacar el coche, mi tía Maribel siempre ha dicho que en Andalucía no sabemos lo que son las estaciones, saltos radicales de paisajes, del blanco al verde y del verde al marrón de hojas caídas.

Yo debí nacer escarabajo de tanto como me gusta el sol.

No sé qué hay en mí que siempre me hace soñar con noches de verano tomando cervezas en la Alameda. Sinónimo de la alegría de vivir. Tal vez porque mi cuerpo piense que el frío es la muerte.

Viajar te abre los pulmones, los ojos, los sentidos y con ellos la curiosidad, la capacidad de disfrute, la apertura de mente. Es tan tremendo el error de creerse en el centro del mundo como no saber valorar lo que se tiene.

En este día intenso, que pasará para siempre, he ido de un lado a otro como si el mundo se acabase mañana; pero tras tomarme un té con una escritora onubense encantadora he vuelto a casa por esa Alameda que resume mis imágenes de felicidad para toparme, en un callejón y por sorpresa, con una explosión de azahar indecente, enviándome a épocas lejanas y cercanas, a toda una vida de primaveras que vuelven una y otra vez.

Sé que no vivo en el paraíso, pero a veces se parece tanto...

domingo, marzo 20, 2011

Ni el Rey

Con mi hermano David siempre he tenido la relación que define a la unión de dos personas extrañas que se quieren.

El pequeño de la casa, fue el único que quedó fuera de la habitación del hospital donde falleció mi madre.

David nos esperaba, acunado por nuestros familiares, en la planta baja de esa clínica de infausto recuerdo. Tenía quince años. La familia, sin la madre, se desperdigó en dolores y vidas nuevas que se abrían.

Dejó de estudiar, se convirtió en un chaval complicado, desubicado, rebelde.

El verano siguiente a tan dolorosa pérdida, mi padre decidió alquilar un apartamento en nuestra playa de siempre, La Antilla. Mis hermanas ya tenían su propia vida, así que entre semana estábamos a solas mi hermano y yo. Recuerdo que yo no dejaba de estudiar las asignaturas pendientes de mi difícilisimo primer curso de ingeniería mientras David disfrutaba de su pandilla de entonces.

Una noche, mientras yo veía la tele tirado en el sofá de ese apartamento de muebles provenzales, un amigo de mi hermano llamó, excitado, a la puerta. A David y otros dos chavales los habían cogido tirando piedras a unas obras abandonadas del pueblo. A falta de padre, fui yo a rescatarlo. En el cuartelillo de la Guardia Civil estaba los tres niños, acojonados, aguantando los malos modos que por entonces se estilaban.

Yo traté de imponerme calma y pregunté qué delito habían cometido. Me respondieron de forma chulesca. Les dije, con muchos nervios, que los chavales estaban asustados y no merecían ese trato. Uno de los guardias civiles, se abalanzó sobre mí y me rompió la camisa, empujándome contra la pared.

Entonces salió David. Mi hermano cogió a ese hombre y lo levantó como si fuera un muñeco.

¡A mi hermano no lo toca ni el Rey!

jueves, marzo 17, 2011

Saragoza

Puedo entender que Lola Flores hablase mezclando las 'eses' y las 'zetas' en un batiburrillo de no saber dónde ponerlas, porque cuando no se sabe escribir todo es disculpable, pero no es admisible que políticos andaluces se refugien en sus orígenes para justificar un mal hablar.

No hay colores políticos. Desde Celia Villalobos a Diego Valderas pasando por María José Montero, me duelen los oídos al escuchar a paisanos míos utilizar sonidos diferentes para pronunciar la misma consonante.

Saragoza, Zaragosa... No.

De gente que nos represente no podemos permitir que se escuden en su 'andalucismo' para hablar mal.

De andaluces es 'sesear' o 'cecear', pero de personas preparadas no se puede permitir hablar de forma incoherente.

Que se nos escape una 'ese' o una 'ce' en un descuido no es problemático, pero hablar sin criterio sí redunda en nuestra imagen de pueblo descuidado.

Tenemos que luchar por nuestra dignidad y ser un poco más exigentes con nosotros mismos.

Quiero mucho a mi tierra como para no quejarme de la indolencia que supone refugiarse en supuestos dialectos para hablar como analfabetos.

Zaragoza o Saragosa... nunca Saragoza.

martes, marzo 15, 2011

La mochila

No sé cómo uno llega a enredarse tanto contra sus sueños.

Tras haber vivido una época en que todo parecía que podía comprarse, esta generación que ahora se asusta ante las cifras de paro y la involución económica, parece tener un solo objetivo, desembarazarse de lo superfluo, de esa mochila que hemos cargado a nuestras espaldas a base de notarías, visas e hipotecas que coartan nuestra libertad para poder enfrentarnos al mundo con unas fuerzas que no sabemos si tenemos.

A mí me pesa esa mochila que yo mismo he decidido cargar a base de empeñarme en cosas materiales que no sé, ahora, si necesito.

Además de todo ello me debo considerar afortunado por tener un coche, un piso céntrico y medio apartamento en la playa, sin poder protestar por tener hipotecado tres cuartas partes de mi salario y la libertad de elegir radicalmente otro camino en mi vida.

Vamos, sin darnos cuenta, enmarañándonos en una prisión a medida que perdemos la juventud.

Una de mis grandes ilusiones es hacer más ligera esa mochila, que esas visas se vayan esfumando, la hipoteca se haga menos ingobernable y en unos años pueda decir que mi rumbo lo dirijo plenamente yo.

¿Quién tiene el valor en estos tiempos de arriesgar la seguridad de una nómina? Estamos condenados a agradecerla eternamente porque nosotros mismos nos hemos metido en la trampa de no poder ver otro horizonte que el de asumir que estamos comprometidos, de por vida, con nuestro banco.

Amor fatal.

domingo, marzo 13, 2011

Nada que hacer

No hay mayor placer visual que aterrizar un día sin nubes en cualquier lugar del mundo.

Es tan lento ese acercarse a la tierra y el avión ralentiza tanto su velocidad que se puede disfrutar de un espectáculo bestial, inimaginable para la humanidad durante milenios. Ver tu mundo desde el cielo, las personas como hormigas, los ríos como pasillos de agua calma y las ciudades como juguetes de lego.

Hace pocos meses, con mi natural atracción por la geografía, un avión de Japan Airlines aterrizaba en el aeropuerto tokiota de Narita. El día estaba despejado, llegábamos desde Corea y memoricé la ciudad de Chiba en la aproximación a la pista.

Hoy veo una refinería de esa ciudad en llamas, una central nuclear ardiendo y ese Japón tantas veces visitado relamiendo sus heridas.

Hay películas morbosas acerca de catástrofes. Es impactante ver olas arrasar con todo lo que aparece a su paso a una velocidad de vértigo y observar los coches como si fueran clics de famóbil siendo tragados por el mar.

Ayer, al cerrar el telediario, pusieron las imágenes con música de Bach. El dolor era inmenso.

Personas que no son juguetes muriendo ahogadas sin remisión. ¡Cuántas historias anónimas!

El pueblo japonés es fuerte. De peores ha salido.

Ahora sólo pienso en ellos, en su dolor y en su fuerza para recuperar la vida.

No hace mucho me paseaba por las calles de Tokyo, observando con admiración esa cultura milenaria, comprando libros con los que entender su caligrafía, que cada día miro un rato en casa.

Todo lo construido por el ser humano, incluso por el japonés, es nada cuando la naturaleza se rebela. Estructuras de hormigón se vienen abajo con olas de diez metros.

Ante la brutalidad de esta naturaleza que nos hace vivir, no hay nada que hacer.

viernes, marzo 11, 2011

Fácil

Con el tiempo uno aprende a apreciar determinadas características en la gente que le rodea.

A mí me gusta la gente fácil. Sin ser fácil sinónimo de simple. Me gusta la gente compleja, en cuanto a que tenga un mundo interior amplio, pero al mismo tiempo accesible, receptiva, atenta, cercana.

A Santi lo conocí en la biblioteca provincial de Sevilla. Nos habían invitado, junto a Javier Márquez, como autores jóvenes con publicaciones recientes para hablar del difícil mundo editorial.

Tanto él como Concha, su editora, me encandilaron.

Ese día salí pitando de allí porque había quedado, pero memoricé su libro: 'El que no vuela es porque no quiere'. Algún tiempo después lo compre, lo leí. Relatos cortos donde determinadas obsesiones se repetían, con un lenguaje directo, terrible e inocente a la vez. Le escribí gracias a que me hice con el email el día de la charla.

Por entonces vivía en Manchester.

En una de sus visitas a Sevilla quedamos. Volvió a aparecer Concha, su editora, que me habló de su pintura y nos invitó a una exposición hermosa en un bar de Triana donde se confundían dos temas enfrentados, el nacimiento de su hijo (a ella la conocí embarazada) y la muerte en accidente de moto de su hermano.

Santi se fue a vivir a Brasil y a Concha la retuve como contacto irrenunciable en esta Sevilla en la que a veces parece difícil, cada vez menos, encontrar gente que te provoque.

Hace meses apareció de nuevo Santi por Sevilla, al parecer para vivir por una larga temporada.

Santi es de las personas que sabes que te escuchan cuando te tomas una cerveza una noche cualquiera. Es casi imposible que te diga que no cuando apetece dar un paseo, organizar una cena o pegarte una fiesta.

El otro día me contó acerca de su sequía literaria. Tiene ideas buenísimas que no voy a contar a nadie, gente con superpoderes y 'mostros' que nos atacan. Quiero que se lance a escribirlas.

Me gusta la gente fácil.

martes, marzo 08, 2011

Caracuerno

Durante años el perfil que a mi entender reflejaba lo que era un 'caracuerno' se llamaba Xabier Arzalluz. Y estoy lejos de clasificarlo así por su espíritu nacionalista, faltaría más, cada cual es libre de pensar a su manera.

Pero ese hombre era, es, tan desagradable, habla con tanto desprecio y desprende tanto odio en su discurso que lo nombré presidente honorífico del gremio de los 'caracuernos'.

Estos días, con Arzalluz en retirada, estoy pensando destronarle de su corona y pasársela a José Mourinho.

Creo que le gana en estupidez y egocentrismo.

No es suficiente con la tabarra con que los españolitos tenemos que empaparnos del Madrid a todas horas, en todos los medios; además hay que aguantar a este 'caracuerno' que siempre está enfadado con el mundo, con los suyos, con los otros y con quien no ha osado despreciarlo.

Me la refanfinfla la gente tan estúpida, creyente de su propia religión en que la única adoración es uno mismo en su pedestal de arena. Personas que se dan tanta importancia que no son capaces de entender que esta vida es un juego y que tomársela demasiado en serio crea, además de infelicidad, úlcera de estómago.

Si hay que hablar gilipolleces, al menos que se haga con una sonrisa.

Infelices.

sábado, marzo 05, 2011

Amanecer

Admitiendo que todo es física y química en nuestro cerebro, no sé cómo potenciar el proceso que lleva a mis neuronas a hacerme sentir un cosquilleo cerebral ante la contemplación de un amanecer de un día cualquiera.

Mientras me tomo el zumo de naranja y me asomo a la ventana sureña de mi salón, muchas veces, incluso con frío en el exterior, la abro para oler el día que nace y tomar la pausa necesaria antes de entrar en la vorágine devoradora de un nuevo día.

Hay veces que, como espectador privilegiado desde ese mirador, trato de encontrar ese cosquilleo que no viene, esa emoción ante lo básico que me lleva a tiempos pasados, a la esencia de mí mismo y de mi relación pasional con el vivir.

Será que la rutina, nada química, entorpece los chispazos entre neuronas causantes de esa sensación tonta y barata de felicidad total.

Lo bueno es que hay días, mañanas en que te levantas sin pensar en nada, que tomas el mismo zumo, enciendes el tostador con el mismo sueño y, como un reclamo, la ventana te llama para decirte:

Vente para acá, Salva, vente para acá y mira cómo de bonito se ha puesto hoy el sol para ti.

martes, marzo 01, 2011

Producir

Hay un término muy utilizado en Economía y, más concretamente, para explicar los atrasos de España: La productividad.

Se dice, por un lado, que los convenios colectivos que se firman impiden avanzar en este concepto porque independiza los resultados de una empresa de la política salarial de la misma.

Entiendo que una política progresista, y progresista me siento yo, no debería obcecarse en considerar que esa petición es dominio exclusivo del conservadurismo más capitalista.

La virtud tiene que estar precisamente en que los que creemos en la redistribución de la riqueza y las políticas sociales reivindiquemos la palabra productividad.

Porque para repartir riqueza primero hay que crearla.

Olvidémonos de la empresa privada y de España. Vayamos a la Escuela pública en Finlandia. Allí se trabaja y se valora al profesorado en particular, y al centro escolar específicamente, por su rendimiento.

Tenemos que ser pragmáticos y entender que nuestra evolución salarial debe ir unida de algún modo, cuantificable, a los resultados, por un lado de mi trabajo y por otro de los de la empresa, el consorcio o la institución en que yo esté integrado.

No se puede permitir que una parte importante de nuestro funcionariado sea indolente porque tenga integrado que, pase lo que pase, llegará la misma nómina a fin de mes. Ni que un trabajador escaqueado de una multinacional reciba el mismo reconocimiento que el que saca con gallardía sus tareas adelante.

Si queremos una sociedad fuerte, cohesionada y justa tendremos que eliminar determinadas inercias que nos hacen aportar menos de lo que podríamos a su riqueza y, en consecuencia, al bienestar nuestro, de nuestra familia y nuestro entorno.

La izquierda a veces ha equivocado el mensaje pensando que protegía al trabajador y, sin embargo, lo adocenaba.

Establezcamos reglas, justas, que recompensen al que más se moja, desde la más impecable defensa del trabajador.

Seamos inteligentes, entendamos que nuestro futuro está en juego y encontremos fórmulas que nos hagan crear riqueza. No para unos pocos, sino para repartirla a partir de unos impuestos justos y progresivos.

sábado, febrero 26, 2011

Operación Salmorejo

A la semana de haberme mudado a París, tras haber firmado un contrato de entre tres y cinco años de trabajo, me entró un ataque de pánico. ¿Qué he hecho con mi vida? Era pleno enero, apenas había luz del sol, las temperaturas eran gélidas y no conocía a nadie allí. Mi puesto, además, era de nueva creación y había que darle contenido a partir del trabajo con personas de distintas direcciones que me miraban con el recelo con que se suele mirar a un extranjero que viene a ocupar un asiento del que no saben si es merecedor.

Así que, a pesar de no encontrar un vuelo barato, organicé mi primera Operación Salmorejo. Llamé a todos mis amigos sevillanos y los cité en el bar Eslava un viernes por la noche, a sólo una semana de haberme ido, para invitarles a unas cervezas y unas tapas de Salmorejo.

Fue emotivo.

El tiempo fue pasando, yo me fui adaptando a mi nueva ciudad, a sacarle punta a mi trabajo y a soportar mejor el tráfico, el frío y el carácter parisino. Las Operaciones Salmorejo continuaban, pero se espaciaban cada vez más en el tiempo.

Cuando ya íbamos por la novena o décima, apenas venía nadie a tomar esas cervezas. La distancia es el olvido.

Mi apartamento de París, en pleno barrio latino, era anfitrión de múltiples visitas de amigos y familiares que me hacían feliz.

Llegó el día, tres años después, del regreso a Sevilla. Dejaba atrás una experiencia enriquecedora, una ciudad a la que vuelvo muchas veces al año, amigos franceses y una sensación de haber superado con éxito una etapa de mi vida.

En Sevilla me reencontré con menos amigos, los auténticos, los que casi nunca fallaron en mis sucesivas Operaciones Salmorejo.

A menudo me cruzo con los otros, los que me llamaban 'hermano', los que rápidamente se organizaron viajes de quince días a mi piso de París y que no supieron mantener el hilo abierto.

Nos cruzamos, yo les miro a la cara y me susurran, sin sonido, un hola endeble.

Entonces entendí que el viaje había tenido una cualidad más, había filtrado lo auténtico de mi vida emocional.

miércoles, febrero 23, 2011

¿Dónde quedan?

Leí que en Bengasi, en la costa este de Libia, los manifestantes contra el régimen de Gadafi se acercaron a una comisaría para solicitarles unirse al pueblo. Los policías abrieron las puertas y la gente, entusiasmada, entró. Pocos minutos después, con 23 manifestantes ya en el interior, cerraron a cal y canto y los acribillaron con balas en la frente.

Todos somos culpables de haber asumido como normal que existiesen Libias.

Un Diablo vestido de túnica insulta al Islam escupiendo amenazas contra su pueblo, invocando ríos de sangre, bombardeando con la aviación a la patria que dice defender.

La gente, en cambio, sale, grita, se lanza contra la sinrazón de haber aguantado decenios, tal vez milenios de sometimiento a dictadorzuelos de harenes, banquetes y piedras de diamante.

No puedo acostarme estos días sin sentir una doble emoción, la de quien se sabe partícipe de la ruptura del mundo islámico con el fatalismo que suponía tener que asumir vivir en la edad media en plena época digital y el dolor de pensar en los muertos, héroes anónimos que están sacando a sus vecinos, a familiares y conciudadanos anónimos, de la postergación.

Yo sería seguramente el cobarde que miraría la tele horrorizado, maldiciendo a Gadafi, sin tener el valor de salir a la calle para gritarle ¡basta! por el temor egoísta a que una bala me borrara de este mundo.

Sin embargo, pienso en esos 23 valientes de la comisaría de Bengasi y me planteo, ¿dónde quedan esos héroes?

domingo, febrero 20, 2011

Al vuelo

Teníamos hambre, era domingo noche y llevábamos todo el día en la calle.

Nos gusta investigar sitios diferentes y dar oportunidad a todo emprendedor que se lanza a montar un sitio nuevo, sobre todo si éste es original, se escapa de lo de siempre y arriesga.

Le había echado el ojo a esa casa de la Alameda desde hacía mucho tiempo, en la época en que ésta era una zona degradada de Sevilla que se iba reconvirtiendo y a la que yo me decidí venir a vivir.

La restauración del local ha necesitado sin duda de dinero y buen gusto. Varias plantas, tratando de darle a cada una un ambiente. Nos fuimos a la parte alta, la terraza. Hacía buena noche. Varias mesas, más de la mitad ocupada por turistas extranjeros.

¡Perfecto!

El camarero era belga -mi curiosidad hace preguntarlo todo.

Tardó en traernos la cerveza y la carta. Pero era domingo. No había prisa. Nunca debiéramos tenerla.

La carta estaba trabajada. Cada plato, casi dos líneas por cada uno, parecía haber estado redactado por un maître francés.

Tenía ganas de carne.

Cuando llevábamos más de media hora, con la cerveza recién puesta, por fin el belga se acercó.

Me tomaré la presa.

No queda.

Entonces el pato.

Hemos tenido día complicado. Pato acabado.

¿Qué os queda de carne?

Solomillo de buey.

Me encanta el solomillo.

Por medias se acabó la cerveza. Hubo que hacer una bajada para buscar otra. El belga no aparecía. Llegó un grupo justo a nuestro lado. La paciencia pudo con ellos. No llegaron al aperitivo.

¡Pero hacía tan buena noche!

Nos dio tiempo a pensar que comer carne tan tarde podría hacer pesado el sueño. El jaleíllo de la Alameda se iba apagando cuando llegó la ensalada.

A mi pareja le sirvieron su pescado y le pedí, por favor, que comenzara.

Estaba muy bien presentado, en un plato circular inmenso de cristal. La guarnición, escasa, parecía diseñada con pincel. Muy colorida.

Quedábamos solos en la terraza, junto a una pareja de jubilados ingleses, cuando, con el pescado ya más que digerido, llegó mi solomillo. Las tripas crujían.

Venía todo redondo, acompañado de patatas y una salsa morada, impecablemente expuesto en una tabla rectangular, inmensa, de pizarra.

El belga tenía la sonrisa de aquéllos que no se enteran de nada, o que prefieren no pensar que llevábamos dos horas esperando.

Fue a colocarme la tabla de pizarra en la mesa cuando, ¡uuupsss!, el solomillo salió rodando del plato.

Alargué la mano con reflejos que no creía tener para cazarlo al vuelo.

El guiri de la mesa de enfrente se rió de mi destreza.

El belga contuvo el aliento.

Yo me comí, feliz, mi solomillo.

martes, febrero 15, 2011

Frágil

Generalmente el ser humano no es consciente de las oportunidades con las que nace, sino que nos creemos en el derecho de presumir, aun inconscientemente, de valores que muchas veces nos han venido dados.

Si lo vemos a la inversa, despreciamos benevolamente a quien ha nacido con determinados miedos, faltas o carencias.

Creemos que, porque sí, todo el mundo está preparado para afrontar este mundo exigente de locos.

Sin embargo hay gente frágil.

Sí, hay un gran porcentaje de caraduras, indolentes y aprovechados. Desgraciadamente. Y son esas personas con actitudes denigrantes y corruptas las que más hacen daño a las personas que nacieron con menos defensas que el resto.

Yo me considero un tío fuerte, tengo ganas cada día que pasa de comerme el mundo y los proyectos pululan en mi cabeza a un ritmo que dan calambre.

Eso no me quita para saber que tengo mucha gente querida alrededor a las que se les hace una montaña afrontar su futuro, que se ahogan ante la perspectiva de un trabajo incierto o una vida sentimental que no les aporta la felicidad soñada.

A mí esa gente sana, sensible, que nació con genética tendente a ahogarse en un vaso de agua, me hacen plantearme mis propias fuerzas.

No todo consiste en escalar, pisar y criticar al que no puede o no quiere vivir en este mundo de competitividades.

'Quiero que seas frágil, quiero que seas tan frágil como yo'.

sábado, febrero 12, 2011

Pasado

En la biblioteca de mi memoria hay una escena que vuelve a mí a menudo. Mañana veraniega de playa en La Antilla, mi pandilla de entonces tumbada en la arena y risas a carcajada limpia, como sólo se puede reír con ocho o nueve años. Poco importan los motivos de esa felicidad tan sana y despreocupada que no volvería. No de esa forma.

Es teoría comunmente aceptada que el pasado hay que dejarlo atrás. 'La clave de la felicidad está en saber vivir el presente'.

Pero es que todo es presente. No hay futuro ni pasado en nosotros porque lo que existe es todo construcción de los que lo percibimos, interpretamos y disfrutamos.

En mi presente están las palmeras de chocolate que me tomaba con Mariángeles junto a la biblioteca de la Universidad, entre pausa y pausa de estudios.

Me gusta tumbarme una tarde cualquiera con las luces apagadas, en silencio, a solas y disfrutar de lo que he ido siendo.

Construyo terapias no invasivas ni químicas a base de ordenar esa biblioteca imaginaria que me lleva a ir comprendiendo por dónde están las claves de mis sentimientos.

Mi presente es pasearme con mis padres y mis hermanos por la Plaza de América y cerrar los ojos, histérico, aguantando los picotazos de las palomas a las que, aunque haga treinta años, estoy dando de comer ahora.

miércoles, febrero 09, 2011

Conexiones

Soy un convencido de que la vida hay que mirarla con ojos abiertos para entenderla porque, en cuanto te descuidas, te ves en medio de ninguna parte.

Tan cierto como que no hay verdades absolutas ni maneras únicas de interpretar la vida y, por ende, las relaciones humanas, lo es el hecho de que hay determinadas reglas que siempre se cumplen.

Leí hace tiempo a Milan Kundera reflexionar hasta qué punto las relaciones con los demás no son sino una relación de fuerzas entre nosotros, los humanos.

¿Hasta qué punto nuestras acciones hacia el exterior, hacia el otro, son desinteresadas?, ¿cómo de sinceras son las sonrisas, los favores, las invitaciones a cerveza, las llamadas telefónicas, los abrazos?

Si profundizamos en el alma humana seguro que encontramos que hay mucho de cierto en esa reflexión. Aún con buenas intenciones y cariño sincero puede que nuestro subconsciente nos guíe hacia territorios que nos hacen sentirnos más queridos al querer, menos solos al ayudar, más completos al vernos como útiles al otro.

Entrar en esos terrenos, en cambio, no sé si es del todo sano. No quiero analizar hasta qué punto hay soledad, angustia o frustraciones que expliquen el universo de personas que me rodean y dan sentido a mi vida.

Creo que la aproximación más sana es jugar al juego de nuestros instintos y entender la vida como una prueba en positivo. Utilizar todas nuestras actitudes y calidades para interactuar.

En este mundo duro que nos toca vivir, sin haber elegido, tengo claro que hay que cultivar las conexiones. Yo estoy aquí y ofrezco lo que soy. Tú me aportas tus valores. Aprovechémonos mutuamente, utilicémonos sin complejos, con generosidad y las mejores intenciones.

Como dicen los chinos 'todo lo que no se da, se pierde...'

No dejemos que pasen los trenes y, un día, nos encontremos en medio de ninguna parte.

lunes, febrero 07, 2011

Temps pourri

Así autolesionan su orgullo los franceses del norte cuando hablan de la meteorología de su país. 'Tiempo podrido'.

La semana pasada estuvimos unos días intensos en París. El frío era brutal y el viento helado hacía que aún lo pareciese más. Para colmo la primera noche no funcionaba bien la calefacción en el hotel y esa gelidez se colaba por las rendijas de las antiguas ventanas de madera.

Este fin de semana estuvimos en nuestro apartamento de Conil. La mañana, espléndida, me permitió dar un paseo de dos horas bajo un sol primaveral viendo al fondo el perfil de la costa africana.

Respiraba hondo y me sentía pleno.

Recuerdo un amigo, que vivía en el pirineo catalán, que exageraba diciendo preferir un árbol de esas montañas a todas las catedrales del mundo.

Si a mí me dan la oportunidad de vivir de nuevo en París, seguramente diré que sí, que me voy de nuevo para allá, mi amada ciudad. Pero eso no es óbice para que, mientras no lo disfrute, me recree en todo lo que hace de ella una ciudad invivible.

Su tráfico, el mal humor y su 'temps pourri'.

jueves, febrero 03, 2011

Magnolia

Me tomaba un café en el Starbucks de la Campana.

Momento de felicidad. Periódico y café con dulce de chocolate blanco un día de fiesta.

Leo una entrevista a un director de cine, Manuel Benito, ganador de varios premios internacionales de cine con documentales y cortos. 'Grabé mi primera película con 8 años utilizando mis muñecos de Star Wars'.

Vivía en Sevilla.

Busqué por google información acerca suya. Encontré su productora: 'Producciones La Chari' y su email.

'Me llamo Salva, quedé finalista de un premio de novela... y me gustaría invitarte a un café'.

Tardó poco en responder positivamente.

Un café llevó a un gintónic, y el gintónic a otro café... Se fue con mi novela un día, yo con su documental otro. Un martes quedamos para un jueves, otro jueves para un martes.

Mi novela le llevó a Magnolia, una película triunfadora en Cannes en el 2000 de Paul Thomas Anderson, con Julianne Moore y Tom Cruise.

Hace una semana me la dejó. Me acosté tardísimo disfrutándola.

'Esa película presenta la historia como tu novela lo hace'.

Hoy teníamos la cita definitiva. Yo estaba nervioso. Una comida y un chupito de licor de hierbas precedieron a un pequeño conflicto de tráfico antes de aparecer en nuestro habitual lugar de encuentro.

'¿Tenemos peli?'

Le pregunté.

'Sí'

Nos dimos un abrazo.

La semana que viene empezamos.

La vida es eso.

sábado, enero 29, 2011

Fiabilidad

Se me puede pecar de exigente, aunque yo no exija nada sino simplemente razone en voz alta la importancia que doy a ser una persona fiable cuando, sobre todo, de tus amistades se trata.

Todo comenzó con una broma hacia mi amigo David. En una época pasada en que su vida era más 'turbulenta' llegábamos a reírnos por su escasa fiabilidad. Quedar con él era saber que no aparecería.

Entre los intangibles de las relaciones humanas está precisamente la confianza en el otro. Y ésta se va fortaleciendo o destruyendo sin darnos apenas cuenta.

Entiendo que no hay nada más sano que tener la absoluta certeza de que las personas que te importan van a estar ahí. Que si quedan contigo van a aparecer, que si les pides que te echen un cable te lo van a echar. Saber que ante cualquier petición te van a decir, de entrada, que sí.

Porque cuando entre dos personas existe un vínculo de amistad sincero y cabal, sabemos dónde están los límites de nuestras anhelos respecto a ellos.

Es mentalmente muy sano tener certezas sobre tus amigos. Que si has quedado dentro de tres días para ir al cine, allí estará. Que no te va a dejar con la cena tirada en casa. Que si envías un SMS de socorro, él o ella sabrán responderlo como si les fuera la vida en ello.

Si quedas conmigo, antes se cae el mundo...

miércoles, enero 26, 2011

Sonrojo

Estos tiempos actuales te dan la oportunidad de cruzar España de lado a lado para pasar un corto fin de semana en otras tierras por poco menos de 40 euros.

Así lo hicimos el sábado pasado, destino La Coruña.

Tras reventar de pulpo, subir a la Torre de Hércules, sufrir el viento norte procedente del Atlántico o recorrer por la noche la coqueta ciudad vieja, el domingo ya estábamos de vuelta tras una mañana imponente de frío sol gallego.

El aeropuerto coruñés es muy pequeño y, a la hora del embarque, apenas sólo estábamos los viajeros para Sevilla.

Vimos aterrizar el avión a través de las grandes cristaleras y, por la megafonía, descubrimos que ocuparíamos la nave que procedía de Londres.

En la misma sala de embarque estaba la de desembarque. Un policía nacional de barriga prominente y pelo canoso se plantó en la salida de la pasarela del avión, a puerta gayola. Con los brazos cruzados observaba a los pasajeros que regresaban de Inglaterra.

De golpe, ¡qué mala suerte!, un hombre con aspecto indio o paquistaní, bien vestido pero con la piel, mala pata, más oscura de lo normal.

-¡¡¡¿Español?!!!

El turista, acongojado por tal recibimiento, casi levanta las manos. De malos modos, el policía le señala a voz en grito que se aparte del resto de pasajeros. Y con el mismo tono le da un papel y le dice, por supuesto en español, que lo rellene.

Siguió como un bulldog con los brazos cruzados olisqueando por si acaso se le escapaba otra persona que, tal vez, maquillara su piel con polvos blancos.

Qué vergüenza.

domingo, enero 23, 2011

Lujo

Son muchas las experiencias personales que me hacen llegar a la reflexión aparentemente contradictoria de que el lujo es solidario, sano para el desenvolvimiento de la sociedad, beneficioso como equilibrador de nuestro injusto mundo.

Hay listas de multimillonarios que van publicándose cada cierto tiempo. Hay, del mismo modo, gente con mucho dinero a nuestro alrededor, en nuestras ciudades, minoritarias, sí. Gente que no va a ir regalando su capital, ganado limpiamente (o no), heredado, construido de la nada o de la suerte, del empeño, el esfuerzo o la mala leche, de la ambición desmedida o del espíritu emprendedor y currante.

Pero existen y, en su mayoría, como corresponde al ser humano por norma general, no van a compartirlo en beneficio de los que no tienen ni la milésima parte de su capacidad económica.

El capitalismo es ley de vida, desgraciadamente. Seguramente el sistema más justo dentro de la injusticia que significa buscarse la vida y progresar.

El lujo crea muchísimo empleo. Un restaurante con estrellas michelín tiene una cocina con decenas de empleados. Del mismo modo que Ferrari, Prada o Sheraton, que consiguen hacer 'chiribitas' los ojos de quien tienen dinero para gastarlo.

A mí me gusta que en mi ciudad se abran nuevos hoteles de cinco estrellas, que lleguen nuevos restaurantes y boutiques de alto nivel, que se organicen jornadas para discutir del sexo de los ángeles entre sibaritas de los cuatro extremos del globo terráqueo.

Quienes hemos vivido en Francia sabemos que la cosmética o la alta costura crean miles y miles de empleos.

Si la sociedad no ofreciese esos 'alicientes' apetitosos la avaricia haría enterrar mucha riqueza en tumbas de mármol de Carrara mientras el resto de mortales siguiera echando monedas en un tarro para ir quitándose una nueva tarjeta Visa con la que llegar a fin de mes.

Que disfruten de la vida, claro que sí, creando riqueza.

¡Viva el lujo!

jueves, enero 20, 2011

Fanfarrón

Es difícil admitir que un país culto, milenario, luminoso y vital como es Italia esté gobernado por semejante mamarracho, putero, homófobo, prepotente, facha, inculto, desvergonzado, mafioso despreciable.

¿Dónde está la Italia renacentista?

¿En qué lugar se oculta la cuna latina de nuestra civilización?

Parece que tenemos que resignarnos a pensar que ese país va a la deriva, que no hay solución a esa grotesca deriva de parlamento vendido a estrellas de una televisión servil.

¿Qué hace que una sociedad preparada se arrodille ante semejante personaje?

Se le ríen las gracias a este viejo verde que se acuesta con jovencitas menores de edad a las que paga en sobres con la inscripción de 'ayudas familiares'.

Añoro una Italia que no sé si existe. Una Italia que demuestra, una vez sí y otra también, que no es capaz de sacudirse la caspa, que está dominada a partes iguales por Berlusconi y la curia vaticana.

martes, enero 18, 2011

Tiempo y vida

Tuve la suerte de recibir una invitación para asistir, dos personas, a un homenaje a Saramago ayer lunes.

Era en el teatro de la Maestranza. No sabía más.

Invité a todas las personas que pensé interesadas en mi querido escritor portugués. Todo el mundo tenía planes, o pereza, o trabajo, o excusas.

No pensé en mi amor porque creí que no le interesaría un acto de varias horas acerca de un personaje del que no había leído nada.

Habló Paco Lobatón, habló el presidente de la Junta, habló su viuda, Pilar del Río, habló Agustín Almodóvar y Miguel Gonçalves, productor y director respectivamente de la película, 'José y Pilar', que nos proyectaron a continuación.

Dos horas deliciosas de proyección centradas en la vida amorosa, personal e íntima de este pensador, erudito, irreverente y humanísimo Saramago.

El corazón no me cabía en el pecho escuchando la visión del ser humano de esta persona íntegra, honesta, ejemplar.

Su pesimismo vital se relativizaba oyéndole hablar. Su amor por Pilar le hacía entrañable.

La película trazaba un recorrido de 4 años, paralelo a la construcción de su última novela, 'El viaje del Elefante'. Un viaje de Portugal a Austria de un elefante que es regalado a un rey en tiempos pasados y cuyas patas fueron transformadas en un lujoso paragüero por la monarquía austríaca.

Tras una grave enfermedad que estuvo a punto de hacerle morir antes de terminar la novela, José Saramago presenta al mundo su obra recién publicada en la ciudad de Sao Paulo.

Entonces recuerda, delante de un auditorio entregado, una pregunta que le hicieron no mucho tiempo atrás.

'Pero usted, ganador del Premio Nobel, traducido a ciento y pico idiomas, reconocido en todo el mundo... ¿qué ilusiones más le quedan?'

Saramago respondió:

'Tiempo y vida', 'tiempo para vivir mi felicidad junto a Pilar'. 'Vida para vivirla junto a ella'.

Yo acariciaba los muslos de mi amor, henchido de felicidad.

Arrepentido de haber ofrecido esa invitación a nadie más.

lunes, enero 17, 2011

Bosnia-Herzegovina

Acababa de tener una reunión con mi equipo de trabajo en la fábrica, estábamos a un par de horas para comenzar las vacaciones de Navidad y, en la puerta de mi despacho y con gesto casi militar, me di de bruces con un señor mayor, vestido gris de faena, chamarra de trabajar en el exterior y una gorra en la mano.

-¿Señor Salvador?

Lo saludé con una sonrisa, esperando que no hubiese ocurrido ningún 'marrón técnico' a falta de un rato para dejar el trabajo por unos días.

-Verá, soy Walter, el jardinero de la fábrica.

Tenía acento andino, y cara de serlo también. Llevo más de quince años trabajando en la fábrica y no se me había pasado por la cabeza que existiese un jardinero. De hecho, tenía la sensación de ver a ese hombre por vez primera.

-Es que quiero regalar a una hija su novela este día de Navidad y no la encontré en las librerías que busqué.

Me quedé de piedra. No sólo no tenía ni idea de quién era él, que seguramente pasará a mi lado decenas de veces durante el año, sino que además él sabía quien era yo y, aún más, estaba interesado en mi novela.

-Espere un momento. Dígame cómo le puedo localizar.

Llamé urgentemente al editor, me dijo las librerías donde lo tenían en ese momento, con seguridad, en existencias y cogí el coche.

Un rato después busqué a Walter para entregarle el libro.

Entonces él me contó que era de Cuzco y me habló de su ciudad, de su familia allí.

Yo fui contando a colegas de la fábrica lo que me había ocurrido y, como compinchados, todos conocían perfectamente a Walter el jardinero.

Qué desazón estar tan poco atento a las personas que tengo al lado.

Como bien dice quien bien me quiere:

Salva, es como si vivieses en Bosnia-Herzegovina.

viernes, enero 14, 2011

Takiripinti

Takiripinti es la palabra que yo mantengo en el recuerdo, aunque no hay más que mirar en un traductor para comprobar que está deformada por el paso del tiempo.

El viaje en tren entre Haparanda, en la frontera norte con Suecia, y Helsinki había sido largo. Francis y yo llevábamos semanas viajando, muchas latas de conserva entre pecho y espalda, y ésta última medio jodida de tanto dormir en el suelo de los campings. Tendríamos no mucho más de veinte años.

La llegada nocturna a la capital finlandesa fue movida. En el trayecto en tren nos habíamos peleado por alguna tontería y viajábamos cada uno en un vagón. La necesidad hizo que nos uniéramos para buscar un sitio donde dormir.

Él hizo migas con un anciano francés, que se nos encalomó en busca de un sitio donde acampar en las afueras de la ciudad. Tras tomar un autobús llegamos a un sitio fuera de cualquier civilización. El viejo olía a alcohol y a Francis no se le ocurrió otra cosa que ofrecerle nuestra tienda de campaña para compartirla.

Pasé toda la noche oyendo las tripas del viejo y alaridos de perros maltratados, que resultaron ser gaviotas para el urbanita que esto escribe.

Amanecimos, esa mañana de verano nórdico, en un paisaje verde muy cercano al mar.

El viejo desapareció, quizás por mi falta de cariño.

Francis y yo nos duchamos, nos pusimos guapos y nos lanzamos a conquistar Helsinki por vez primera.

Descubrimos una parada de autobús y una chica rubia, Saana, con unos walkman. Le preguntamos cómo llegar a la ciudad y ella se ofreció a acompañarnos.

Me llevé años escribiéndome con Saana. ¿Cómo podría volver a localizarla? ¿Cómo localizar a tanta gente perdida por el camino?

Ella era profesora de francés y eso me permitió chapurrearlo con ella.

El autobús llegó a su última parada y la seguimos por una boca de metro. El vagón se iba llenando conforme nos acercábamos a la ciudad con gente cada vez más rubia y alta. Saana hablaba y hablaba...

En un momento dado, con la charla, ella puso cara de preocupación. ¿Nos habremos pasado de estación? Gente tan alta a nuestro alrededor nos impedía ver en qué lugar estábamos.

'Don't worry, Saana'.

Me escabullí entre la gente cuando el metro paró y memoricé el nombre de la estación. Entré de nuevo en el vagón y le grité.

'¡We are in Takiripinti!'

No se me olvidará la risa colectiva del vagón.

'That is Don't smoke!'

lunes, enero 10, 2011

Ridículo

Se asoman a una pantalla de vídeo, encapuchados y con una boina encima, para perdonarnos una vez más la vida.

Tal vez pensarán que es fácil olvidar al abominable De Juana Chaos y sus veinticinco asesinatos, que borraremos de nuestra memoria a las víctimas de Hipercor, o las matanzas de Zaragoza o Vic, la indescriptible crueldad insoportable que supuso la cuenta atrás de Miguel Ángel Blanco.

Yo tomaba unas copas por el centro de Sevilla a pocos metros de donde, sin piedad y como salvajes, unos pistoleros apuntaron en la nuca de Alberto Jiménez Becerril y su mujer, dejando tres niñas huérfanas. Tal vez oí los disparos como silbidos.

A unos bloques de mi casa, una tarde-noche que volvía del trabajo, me encontré calles cortadas y helicópteros sobrevolando en busca de quienes se habían presentado en la consulta del doctor Cariñanos para plantarle un tiro en la cabeza.

Me considero una persona abierta, dialogante, de izquierdas, defensor de una España federal, en que cada pueblo pueda ir eligiendo su destino. Doy pruebas de mi amor por el País Vasco visitándolo, cultivando mis amistades en esa tierra, vendiendo las maravillas de ese país singular, personalísimo.

Sé que llegará un momento en que la sociedad española, civilizada y democrática como es, tendrá que dar ejemplo de bondad para cerrar esta herida sangrante de criminales que, si no fuese por los 850 muertos a sus espaldas, ¡850 muertos!, darían risa con sus indumentarias ridículas y su pretendido tono solemne que sólo suena a irrisorio.

No hay olvido.

sábado, enero 08, 2011

La parte negra

Cada vez menos, ésa es mi esperanza, pero los españoles de esta generación hemos nacido educados en una cultura excesivamente severa en cuanto a nuestras exigencias personales, donde el sentido del pecado tomaba un cariz de maldición y en el que el tamiz del remordimiento lo impregnaba casi todo en lo que a nuestras conductas de vida respecta.

Ha estado mal visto airear nuestras limitaciones, desconsuelos o complejos. Mostrar debilidades, expresar dudas respecto a nuestro lugar en el mundo.

Se nos educa para ser fuertes sin darnos las herramientas para ello.

Y muchos nacen fuertes, sí, pero por el camino se van quedando muchos, gente cercana, que se encierran en su caparazón de impotencia por no haber tenido los estudios, la pareja, el cuerpo, el trabajo o la gracia al hablar que se esperaba de ellos.

En la soledad nos encontramos a nosotros mismos, y todos tenemos nuestras miserias, sanas de curar en soledad, sí, pero no siempre.

Todos tenemos nuestra parte negra. Vicios, miedos, angustias, complejos y frustraciones que rumiamos en silencio.

Mi futura sociedad deseada será aquélla en que se destapen esas alcantarillas personales que creemos malditas y nos demos cuenta, entonces, que nuestra miseria no lo es tanto ni estamos tan solos en el mundo.

martes, enero 04, 2011

Madina

Mal que me pese a veces, soy un defensor de la clase política.

Lo fácil es la crítica, pero es cierto que los países, regiones, ciudades y organismos internacionales deben ser dirigidos para que el ser humano pueda integrarse, mediante leyes, obligaciones fiscales, derechos sociales.

A la vista de los años de crisis que padecemos, parece que una condición para ser político, independientemente de ideales, es la licenciatura en Económicas. A ser posible con un máster.

Todo es y se reduce a la Economía. Esa ciencia inexacta de la que tanto hemos aprendido a base de ver subir y bajar nuestra hipoteca, ver congelados los salarios, cuando no bajados o, simplemente, tras comprobar cuántos a nuestro alrededor van perdiendo el empleo o cómo la vida se va haciendo más incierta para los más jóvenes.

¿Qué libertades ofrecen los dogmas económicos? ¿Dónde se integrarían ahí los ideales? ¿Deberíamos estar gobernados por tecnócratas que sepan jugar con nuestros impuestos con la precisión de un campeón de tetris?

Eduardo Madina es licenciado en Historia Contemporánea y tiene una pierna menos por una bomba-lapa de ETA.

Es suficiente escucharle para saber que yo quiero políticos que crean en el ser humano.

Y él, inmerso en el aparato del PSOE, de un PSOE que se descalabra, mantiene la dignidad de su discurso a pesar de que a veces, muchas, tendrá que tragar quina ante los vaivenes a los que, seguramente sin remedio en la mayoría de los casos, se ve obligado a someterse su partido.

¿Tenemos que rendirnos a una política dirigida por los 'mercados'?

Yo pienso en Eduardo Madina, en su dignidad y su pasión por la política con mayúsculas.

domingo, enero 02, 2011

EBTG

Dormía una de mis queridas siestas en la cama, en casa de mis padres. Por la habitación donde dormía y la disposición de los objetos, que recuerdo como si fuese ayer, averiguo que ya estaba en época universitaria y mis hermanas habían abandonado el nido familiar.

En medio del sueño se mezcló una canción y quedé tan impactado por esa voz penetrante, la melodía suave, la letra, en lo que podía entender... que conseguí salir del sueño y llegar al final del tema, ya en el mundo de lo real, para anotarlo.

The language of life.

Esa canción llegaba para mí desde Londres y el grupo se llamaba Everything but the girl.

Soy muy pasional, y novelero, y cualquiera que me conoce bien sabe que flipo con el chocolate blanco, leo siempre a Paul Auster, sufro con el Betis y adoro a Everything but the girl (EBTG).

Empecé a comprar todo de ellos, desde el principio de los tiempos. Las letras eran brutales, las canciones, con un toque electrónico, incapaces de no gustar.

Un día, henchido de emoción tras comprar su último disco, me decidí a escribirles como si fuera un quinceañero. Les conté el porqué de mi adicción a ellos en un pobre inglés.

Everything but the girl, 'todo menos la chica'. Se pusieron ese nombre porque su estudio de grabación estaba frente a una tienda que vendía regalos de boda, te vendían 'todo menos la novia'.

Un día llegó mi padre con el correo. 'Niño, tienes una carta de Londres'.

Glups...

Tracey Thorn y Ben Watt me escribían una carta manuscrita para decirme que un día les gustaría venir a mi hermosa ciudad para cantar para mí.

No sé hasta qué punto esa carta influyó en mí, pero es cierto que me impactó enormemente en una época en que yo andaba perdido por la vida. No la carta en sí, no el mensaje, sino el saber que todo era posible.

Que yo existía.

Cuando pienso en acometer nuevos retos siempre pienso en EBTG. No sé si algún día tocarán para mí, pero si sé que si no les hubiese escrito nunca habría recibido esta carta desde Londres. Para mí...

The language of life.

miércoles, diciembre 29, 2010

Una broma

Como buen vividor que soy, pienso a menudo en la muerte.

Ya no lo hago con el pánico helador de la infancia-adolescencia, en esos tiempos en que descubres la verdadera naturaleza del hombre y nuestra temporalidad.

En mi caso aparece una tabla de planchar, la cocina de la casa de mis padres y una conversación con mi madre.

Mi pregunta, inocente, esperando una respuesta tranquilizadora:

'Pero, mamá, ¿todos nos tenemos que morir?'.

'Sí, hijo'.

Esa época en que aún no te ha salido vello en las axilas y ya piensas en la oscuridad de tu cama que habrá un momento que estés enterrado bajo tierra, que nunca más existirás.

La muerte es arrebatadora y no es fácil endulzarla a base de razonamientos, que no llevan a otro término que a constatar que sólo hay un final.

Sin embargo, al madurar vamos entendiendo de otra forma el mundo y nuestro lugar en él.

Sería horripilante también pensar en una existencia eterna en este mundo, ¿hacia dónde nos llevarían nuestras relaciones?, ¿cómo estableceríamos mecanismos para proponernos nuevos objetivos e ilusiones por los siglos de los siglos?, ¿cómo sería posible seguir madurando?, ¿habría infinitas generaciones viviendo al mismo tiempo?

Desde mi perspectiva agnóstica, como desde cualquier otra, es duro asumir el dolor de la desaparición total. A fin de cuentas, es más duro el morir de los otros que la propia muerte, porque una vez desaparecido uno ya no habrá vida pero tampoco sufrimiento.

A veces, en sueños, alguien me explica que todo esto es una broma y siento una placidez total. Pero los sueños acaban también.

Entender que somos finitos es lo que me hace vivir la vida plenamente.

domingo, diciembre 26, 2010

Iván y la wii

Por circunstancias de viajes y mudanzas, este otoño-invierno he tenido menos visitas de las que yo hubiera querido de mi sobrino Iván.

El día que llegué de mi viaje por Asia, le traje tantos regalos y estaba tan excitado con su cucaracha robótica japonesa, su cabeza de spiderman tailandesa o el soldado galáctico hecho con cables de acero que no se acordó de otra cosa.

Hace poco estuvieron de nuevo mi hermana y el enano, a punto de cumplir los ocho años. Con Raquel siempre tengo mucho que hablar y nos preparamos un par de cervezas mientras Iván recorría la casa, investigándolo todo.

Nos dio una tregua de diez minutos antes de preguntarme por la wii.

La wii nos la regalaron por un cumpleaños y sólo la utiliza Iván. De hecho, las aplicaciones que compro son las que él me pide, como la de Lego Batman. Es más, no tengo ni idea de cómo jugar con él porque sus explicaciones son aceleradas e impacientes. ¡Menudo torpe que es mi tío!

Tras sacar un atún y unos quesos, Iván se plantó. Me agarró de la mano y me llevó al mueble donde se suponía debían estar los mandos del aparato.

-Pero, Iván, no tengo ni idea dónde están los mandos, ¿no te das cuenta que yo sólo utilizo la wii cuando vienes tú?

Él se me quedó mirando y, rápido, contraatacó.

-¿Y es que tú no te das cuenta de que yo estoy aquí?

miércoles, diciembre 22, 2010

El espejo

Era verano, teníamos poco dinero y las hormonas desatadas. Diecinueve años, el susto y la excitación de empezar la universidad y la unión que dan doce o trece años compartidos en el colegio. Suficientemente jóvenes como para creer que estaríamos juntos de por vida, distintos hasta el punto de que hoy casi no sepamos nada los unos de los otros.

Decidimos que fuera Albufeira, en el Algarve portugués, donde compartiéramos una semana en una casa con piscina. Una compra en el híper y los coches de aquéllos que ya tenían carnet y padres con valor para dejárselo.

El otro día se coló por mis manos la foto, todos con gafas de sol, que nos hicimos en el parking de un complejo acuático.

Hubo quien encontró el primer sexo, creyendo durante años que esa niña de Oporto sería la mujer de su vida, hubo mucho alcohol en discotecas en que entrábamos como niñatos y también visitas inolvidables a pueblos hermosísimos del interior.

Yo, a pesar de la importancia que doy al sexo, lo que disfruto del alcohol y los pueblos hermosos, intuía que ésa no era mi vida futura.

La noche final nos fuimos a Portimao. Morenos como tizones, ya teníamos la pandilla de amigas portuguesas con las que celebrar la última traca. Yo llevaba una camisa horrible amarilla de flores verdes diminutas.

Con mucho alcohol, en el baño de una sala de fiestas, tuve la lucidez de enfrentarme al espejo. Me miré detenidamente y me sonreí. Me observé y pensé en retener esa imagen fija para el resto de mi vida. El whisky con coca-cola quizá ayudó a acrecentar de forma extraña esa captación, como un flash deslumbrante que grabase para siempre ese espejo que me ofrecía a mí con diecinueve años y una vida por delante tan intensa que me asustaba.

¡Han sido tantas veces las que he superpuesto a ese chaval de la camisa amarilla de diminutas flores verdes con el Salva actual!

Se aparecen más ojeras, menos pelo y el acné parece imposible de encajar.

Pero sigo guiñándole el ojo a ese crío despistado.

domingo, diciembre 19, 2010

Sí, quiero

El francés lo aprendí gracias a Planeta Agostini y mucha fuerza de voluntad. En plena adolescencia, gastaba parte de mi paga semanal en ese fascículo con casette, haciendo todos los ejercicios y repitiendo cada frase: 'écoutez-répétez'.

Mi primer viaje a Francia fue tan impactante que decidí que algún día yo querría vivir allí. Íbamos con mochila y latas de conservas, nos alojábamos en un camping a las afueras de París y teníamos 19 años.

Tuve la suerte de sacarle provecho a mis cientos de horas de ejercicios y casettes cuando, terminada la carrera, una multinacional francesa se interesó por mí.

Entonces comenzaron los viajes de formación, los de trabajo. Mi vida emocional era menos que nada y pensaba que, si algún día me ofreciesen ir a vivir a París, yo me hundiría en la soledad de esa enorme ciudad fría, de inviernos duros y habitantes ariscos.

Pero la vida da muchas vueltas para los que sabemos decir sí.

En mi empresa me seleccionaron para una formación de un mes en Japón. Me prepararon durante esos días en el aprendizaje de determinadas técnicas de resolución de problemas industriales, al tiempo que yo descubría la inmensidad de otra civilización que me encandilaba.

De vuelta a Sevilla, una mañana que tuve que presentar el resultado de mis trabajos tras aplicar lo aprendido en Japón, el que fuese director de nuestra fábrica, emigrado a París, me propuso:

Salva, ¿te vendrías venir a trabajar conmigo a París?

Yo no imaginaba que nunca se me caería la casa encima, que enfrentaría retos emocionantes en esos tres años de exilio voluntario que se me planteaban por delante, que haría amigos de por vida, que tendría historias de amor y aprendería a beber vino en las cenas, que sentiría esa ciudad como mía y mi casa del Barrio Latino sería la casa que para siempre recordarán los míos.

Le contesté, sin pensarlo:

Sí, quiero.

jueves, diciembre 16, 2010

Contagio

Hace años se me quedó grabada una reflexión de mi amigo Ignacio que me desarmó:

―La felicidad, Salva, no es contagiosa.

Te sientes impotente cuando tienes a alguien querido a tu lado, y ves que pasan los años, las historias o los proyectos por su vida y no terminan de coger el toro por los cuernos de la estabilidad emocional, del disfrute de las pequeñas cosas, de la relativización de lo que estas personas cercanas consideran importante, esencial para dar sentido a su existencia.

Esa frase se me quedó grabada por lo cruda que es, por la verdad que arrastra.

Es doloroso no poder inyectar parte de tu emoción por la vida a personas que te importan, sobre todo cuando el tiempo va demostrando que no son circunstanciales sus actitudes negativas ante los retos que se nos plantean de continuo.

Hay gente tan querida a la que zarandearía mil veces para transmitirle mi verdad, las ganas de cruzar tantos puentes hacia sitios que sé que en un futuro me harán tan completo como lo soy ahora porque, ante todo, es el juego de ir y venir, de proyectar nuevos horizontes lo que nos hace felices.

Achucharles y decirles que la vida no será maravillosa al otro lado de la línea que colocan artificialmente como objetivo. No hay que encontrar la pareja, el apartamento, el gran amigo, el trabajo que mereces, una nueva ciudad ni diez kilos menos.

Porque, cuando atraviesen esa meta, se darán cuenta de que no hay situaciones milagrosas que te hagan ser feliz. Y trazarán otra línea.

No, la felicidad no es contagiosa ni las estrategias vitales las venden en botes de cristal.


domingo, diciembre 12, 2010

Tecnología

Aunque a estas alturas, como muchas películas de ciencia ficción preveían, no vuelan los coches ni nos cibertransportamos, sí es cierto que la tecnología avanza a ritmo de progresión geométrica y no tiene pinta de parar.

En muchas ocasiones el género humano se adapta a sus propias creaciones con torpeza, miedo o desconfianza pero, también es cierto, sólo aquello que es suficientemente aceptado sigue hacia adelante.

No sé cuántas cosas perderemos por el camino, ni sé calcular cuáles de ellas echaremos realmente en falta, aunque adivino una que acabaremos añorando:

La calma.

Hay veces, que estoy en casa a oscuras, echado en el sofá una tarde-noche y veo, sigilosas, multitud de luces rojas acechando. Es entonces cuando te das cuenta de la cantidad de aparatos electrónicos que nos vigilan.

El otro día, en mi afán inquieto de observar, contabilicé cuántas personas iban caminando por la Avenida de la Palmera hablando por el móvil. ¡Más del 30 por ciento! Era un día festivo, hacía una tarde estupenda y, estadísticamente hablando, no había prisas.

La noche del viernes, cenando con amigos que hacía tiempo que no veíamos, casi antes de terminar de comer me pusieron en las manos un mando de la play station.

Ni siquiera un chupito.

jueves, diciembre 09, 2010

Quererse

En los tiempos actuales hay un mensaje que se extiende como una mancha de aceite: 'Quiérete'.

Tengo amistades casi perdidas que han acudido a psicoterapias de las que el primer mensaje que retuvieron fue: 'tú, primero tú y luego tú'.

Porque si no te quieres a ti ¿cómo vas a ser capaz de ofrecer amor a nadie?

¡Cuánta verdad hay!

El problema, creo, es la simpleza con que la gente entiende esa aseveración.

Quererse.

Yo entiendo la madurez precisamente como eso, como saber quererse a partir de todo lo contrario a establecer barreras en que tú te encuentres en el centro del universo, de tu 'Yo' con mayúsculas.

Uno de mis mayores defectos 'históricos' ha sido el de la susceptibilidad. Tomarme todo comentario mínimamente crítico como afrenta personal, no saber encajar las bromas bienintencionadas, desasosegarme por un mal gesto, una mirada oblicua, un silencio a destiempo.

La madurez, en mí, ha sido fundamentalmente mandar a freír espárragos la susceptibilidad. Soy más persona cuánto más cancha tengo para aguantar carros y carretas y sonreír. Relativizar los cabreos de la gente que me importa y entender que la vida son dos días.

Mi 'Yo' es importante desde el momento en que entiendo que soy una persona social, que vivo en un mundo interrelacionado y que mis fortalezas las sostienen no mis barreras hacia el 'Otro' sino mi capacidad de entender en el 'Otro' a mí mismo.

martes, diciembre 07, 2010

El sueño de la Literatura

Mario Vargas Llosa es para mí el mejor ejemplo de la diversidad democrática sana a la que aspiro.

Lo representa por ser una persona alejada de mí en lo político y a quien, sin embargo, admiro profundamente en su sensibilidad de escritor, en su seducción de persona culta, hecha a sí misma, viva y luchadora, por objetivos no siempre coincidentes con los míos, pero valiente.

Leer su discurso de aceptación del Nobel en Estocolmo ha sido muy emotivo. Por su capacidad de explicar el sentido que, para él, tiene la Literatura y hacerlo con tanta claridad, mezclando su experiencia personal con el devenir de la humanidad.

El principal argumento para leer, según Vargas Llosa, vendría a ser la capacidad para escapar a otros mundos que nos demuestren que otra vida es posible y así, viviendo la ficción de otros escenarios y circunstancias, poder luchar mejor por unos ideales que nos saquen de la rutina obligadamente imperfecta de nuestra vida individual y caduca.

Hay un párrafo que me llama con fuerza la atención, cuando critica a los que saben interpretar farragosos libros científicos y no tienen la sensibilidad para acceder a una novela que les hable del alma humana.

No hace mucho, en el trabajo, me invitaron a un café en un departamento que no suelo visitar. Con bromas típicas, bienintencionadas y nada hirientes, acerca de mi faceta de escritor comenzaron comentarios que se retroalimentaban por comparar quién de entre ellos leía menos. Uno presumía de leer sólo cómics, otro folletos de maquinaria. Y soplando el café yo los miraba pensando, simplemente, ‘no sabéis lo que os perdéis’.

Porque, como dijo esta tarde Vargas Llosa en su discurso, ‘la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano’.

Leer para conocernos.

sábado, diciembre 04, 2010

Censura

A lo largo de nuestra vida, cada día que pasa, nos enfrentamos a situaciones que requieren tomar decisiones que implican, en muchas ocasiones, insatisfacción. Eso nos curte, nos posiciona, haciéndonos menos inocentes, más humanos. Porque frente a la falta de criterio se encuentra la parálisis. Estando paralizados no evolucionamos hacia ningún sitio.

Este humilde blog es visitado por no más de 30 o 40 personas diariamente, muchas de ellas fieles.

Cuando presenté mi última novela en Málaga recurrí a los varios lectores malagueños que tiene este blog. De hecho, una de las primeras personas que comenzó a seguirme 'oficialmente' era un hombre de Marbella, de nombre Miguel.

Para mi sorpresa, ya no estaba entre mis seguidores. Rebusqué entre los comentarios de mis primeros meses de bloguero y lo encontré. Le escribí para enviarle la invitación al acto de Málaga.

Tuve la suerte de dar con él y Miguel aceptó la invitación.

Ya en Málaga me explicó sus motivos para haber dejado de estar entre mis lectores.

'Censuras los comentarios. Tienen que pasar por tu filtro y si algo hemos avanzado en este país es precisamente en la libertad de expresión'.

Entendí su crítica como correcta y traté de darle mis argumentos. No quería ver mi blog con comentarios hirientes, soeces o amenazadores ante los distintos temas que trataba.

Miguel se mostró como un tío encantador, afable y se unió al heterogéneo grupo que cenó en Málaga tras la presentación.

Una semana después me encontré con la primera ocasión en que tuve que dar el tijeretazo. Escribí sobre Puigcercós y su inoportuno, indeseable comentario sobre la fiscalidad andaluza.

Me llegó días después un comentario anónimo poniendo de vuelta y media a los catalanes.

Vivir es tomar decisiones. Seguramente ese lector no vuelva a leerme. Pero en esta humilde página nadie se escudará bajo el anonimato para echar espuma por la boca.

Antes lo cierro.

miércoles, diciembre 01, 2010

Gracioso

Ya desde el primer viaje en mochila por Europa, con 18 años, fui consciente del estigma que nos persigue a los andaluces. Me encontraba a cualquier viajante del resto de España por esos mundos y, al explicar de dónde venía, la reacción inmediata era una sonrisa, imitar mi supuesto acento y esperar que dijese algo gracioso.

Por un lado me parecía bonito. El hecho de venir de un lugar que, simplemente con nombrarlo, creaba buen rollo.

Los años pasan, el mundo exterior se hace menos extraño a base de viajes y de amigos de aquí y de allá, pero el estigma me persigue. Soy andaluz y no soy gracioso.

Qué pena que se confunda tanto, especialmente en mi tierra, ser gracioso con ser simpático.

En mi tierra andaluza, desgraciadamente, se valora al tipo que cuenta chistes, que habla más alto que el resto y que se hace ver. Esos que están apoyados en la barra del bar contando anécdotas 'tela de graciosas' y están de reojo mirando si, para su satisfacción, el resto de la clientela del bar se está enterando.

Hay un programa especialmente triste en la televisión andaluza. O existía, ya que desde que llegó la TDT no tengo acceso a Canal Sur. Se trataba de invitar a unos niños bien andaluces, es decir, graciosos, a ver quién contaba mejor los chistes, quién ponía un acento más exagerado y reía con risa más falsa. Entre el público, los padres. Jaleándoles.

Me duele esta sociedad mía donde desde la propia base se realimenta y se palmea al contador de chistes, al gallito de la barra del bar, al taxista sabelotodo, a los machitos de andar por casa, a las niñas 'resabiás' y a los golpes de pecho delante de una imagen religiosa.

domingo, noviembre 28, 2010

Animalitos

He leído mucho sobre la homeopatía últimamente. Por varias razones, por los buenos resultados que parece que da en los niños ese tipo de medicina, por abrir una puerta a tratamiento de futuras y presentes 'goteras' que van saliendo y saldrán con la edad y por entender si al hablar de homeopatía hablamos de medicina real o 'milagrera'.

Cuando pedí cita por primera vez para tratar un problema menor, lo hice tras seguir una recomendación de alguien de fiar.

Nada más entrar en el despacho del homeópata observé con satisfacción que éste tenía colgados cuadros que demostraban sus conocimientos de medicina tradicional. Esto descartaba al curandero. Aún así, le manifesté mis razonadas dudas sobre este tipo de medicina.

Este hombre, de unos cincuenta y pico años, me respondió de forma bien construida un mensaje que seguro ha tenido que transmitir en infinidad de ocasiones. Y sus argumentos eran científicos.

'La homeopatía está basada en la experiencia'. Se trata de una ciencia empírica. A partir de productos naturales, sin intervención química, se investiga para conseguir aplacar todo tipo de enfermedades.

Cuando le dije que tenía 42 años él me comentó sin acritud: 'Estás en el declive de tu vida, a partir de ahora todo es cuesta abajo'.

Y no niego que tenía, y tiene, razón.

'Los hombres no se dan cuentan que son animalitos' -y me lo decía como si yo fuera ese hombre universal que rechazara su destino.

Somos animalitos, sí, con futuro incierto, claro.

Me recetó unas pastillas que tomé religiosamente durante meses para ponerme a prueba en una molestia que no es de vida o muerte. Las dejé de lado al ver que no resolvían el problema, lo cual no quiere decir que en el futuro no vaya a ir, cual cordero degollado, a que este hombre me diga que mi destino, sea cual sea mi dolencia, no es otro que seguir cuesta abajo.

miércoles, noviembre 24, 2010

Tiempo

Una de las frases de este siglo nuevo que apenas estamos comenzando es la de 'no tengo tiempo'. En cuanto uno tiene más de dos aficiones, la pregunta es '¿de dónde sacas el tiempo?'

El tiempo... medida subjetiva donde las haya y, sin embargo, precisa de medir hasta la nanomilésima.

Al paso de las horas hay que guardarle un respeto relativo y no dejarse amedrentar. Soy de los que creen que en esta vida hay tiempo para todo.

Lo importante es saber regular nuestro propio reloj biológico para no caer en esta enfermedad omnipresente llamada estrés.

Cierto es que no tengo hijos, que tengo fines de semana libres y estabilidad económica. Todo eso facilita el organizar los ritmos y encontrar espacio para desarrollarte como persona en sentidos no unívocos, pero creo que cualquier ser humano debe hacer lo posible por adentrarse en esos espacios personales en que desplegar todas las ambiciones, sin metas excesivas ni plazos aprisionadores.

Siento, además, que es una técnica que te hace crecer. No me atrae la gente sin mundos diversos.
Recuerdo, hace muchos años ya, un compañero de trabajo cuyo único objetivo al llegar el viernes era comprar una caja de cervezas en el Carrefour e irse con su mujer a su piso de Barbate. Todo su mundo era ése. Me decía que le hubiese gustado estudiar, que su sueño era viajar, que le dolía no saber idiomas. Admiraba en mí el simple hecho de que yo saliera entre semana y fuera al cine, a conciertos, que tuviera grupos diferentes de amigos.

Es un error pensar que no tenemos derecho a vivir la vida de los otros.

Al menos tenemos tiempo para intentarlo.

domingo, noviembre 21, 2010

Auster

Dicen que uno busca la felicidad en repetir.

Es cierto que yo sería tendente a refugiarme en el calor de lo ya conocido, donde sé que me voy a sentir cómodo.

¡No sé cuántas veces habré comido 'huevos estrellados' en el Gallinero de Sandra!

De ahí mi esfuerzo, placentero pero esfuerzo, por atravesar nuevas fronteras, para que ese perímetro de satisfacciones personales no quede demasiado reducido y llegue a oler a alcanfor.

En no perder esa práctica ayuda el compartir la vida desde hace tantos años con una persona siempre dispuesta a abrir otros frentes.

Tiene que haber siempre un primer momento para todo y una predisposición sana a que éste llegue. Abandonar esa esfera calentita de nuestras rutinas diarias, explotar el globo para incluir otras experiencias.

No sé qué día llegó a mis manos la primera novela de Paul Auster. Creo recordar que fue a través de mi hermana Raquel.

En nuestro devenir diario nos atacan tantos cruces de información, conversaciones, series de televisión, canciones e imágenes que uno no sabe en qué proporción de cada una de esas vivencias se han ido conformando sus sueños.

Yo sé, sin embargo, que Auster ha sido un ingrediente básico en mi amor por la literatura y por Nueva York. Elegante, imprevisible pese a repetirse en cada novela, culto y de mente abierta, las historias descritas por él son un perfecto reflejo del desconcierto del hombre ante su posición en el mundo, uniendo el humor y cierta ingenuidad al hecho tremendo de la existencia.

Auster no da respuestas a nada y yo, cada cierto tiempo, necesito perderme por Nueva York, tan lejos, para reencontrarme con el calorcito que da la felicidad de lo conocido.

jueves, noviembre 18, 2010

Ni Dios

Cuando leí las declaraciones insultantes de Puigcercós sobre mi gente, mi tierra, mi honestidad, la dignidad de Andalucía... respiré. Las leí en un momento en que estaba tranquilo en casa, a solas, y me tumbé en el sofá.

Puse música suave, apagué las luces y me acordé de Joan Manuel Serrat poniéndole música a Machado.

Y me acordé de las calles en blanco y negro de la Barcelona de Carmen Laforet, que pronto relacioné, casi en los mismos tiempos, con la de Marsé y su embrujo de Shangai, o la divertidísima capital catalana que nos enseñaba el Gurb de Eduardo Mendoza. Me di un baño de esa Barcelona añeja, de pasadas décadas, que yo conocí sin visitar gracias a la literatura.

De esa Barcelona tan querida nunca visitada pasé, desde mi sofá, a los Campeonatos de España de Remo que se celebraban en Banyoles, en esa mi primera visita a tierras catalanas, en un pueblo antiquísimo alrededor de un 'estany' que dicen que encierra peces de especies únicas en sus profundísimas aguas.

Recordé entonces uno de mis primeros amores, cuando yo descubría el sexo, en una estación de esquí, La Molina, del pirineo gerundense, en tiempos universitarios en que yo tenía que decidir qué hacer con mi vida. Recuerdo los paseos en la oscuridad por la montaña, las primeras frases traducidas, para mí y con calma, del catalán.

Ese mismo verano en que fui a las Olimpiadas y nos paseábamos unos cuantos amigos del colegio por las Ramblas, observando las pintas y esa sensación de cosmopolitismo que nunca había visto antes tan arrollador como esos días.

Pensé entonces cuáles eran mis primeros recuerdos catalanes, y se me vino a la cabeza Norberto Espinet, compañero mío de parvulario en Sevilla y al que perdí la pista en primero o segundo de EGB; al que por cierto encontré gracias a la magia de facebook hace un año, viviendo en Centroamérica. ¡Él también me recordaba!

Desde el sofá descubrí, abriendo mi mente al pasado, que yo pasé muchas tardes con la yaya de mis amigas, las Jardi, chiquitilla y con ese acento tan fuerte de su tierra catalana.

Pero me vine al presente y me percaté de que paso varios ratos al día con Carles Francino, yendo al trabajo, o con Gemma Nierga, viniendo a casa.

Se me vinieron imágenes de Mónica Naranjo y la perversión del Satanasa, un antro desquiciado de la calle Balmes. Entonces me acordé del viaje que hice con mis hermanas allí, para investigar Salas de concierto chulas en que inspirarse para abrir ellas su Salamandra en la calle Torneo.

Las paellas de Casa Costa en la Barceloneta.

Dando vueltas en el sofá me emocioné pensando en tantos catalanes que han supuesto algo en mi vida. Porque pasaba de Bigas Luna a Loquillo, del Sardá a la Sardá, de esa Alicia de Larrocha con la que disfruté en el Metropolitan de Nueva York, del Dalí impecable al Tápies provocador, el inefable Terenci Moix y sus faraones, la tristemente desaparecida y dulce Montserrat Roig, el embaucador Eduard Punset, la arriesgada y humanísima Isabel Coixet.

Pensé en cuantas ganas tengo de volver a Cataluña, la querida tierra abierta que tanto me ha enseñado y que siempre sentiré cercana; donde también existen, como en todos sitios, algunas pobres gentes de las que no se acordará ni Dios.

miércoles, noviembre 17, 2010

Reflexionar

Encontré hace unos días un artículo en la prensa digital que hablaba de la felicidad en relación con la capacidad de integrar pensamientos de cada persona. Se trataba de un estudio de no se qué universidad que venía a concluir que era menos feliz la persona más reflexiva.

Cuanto más vueltas le damos al coco, más sufrimos.

Hay quien puede pensar que no hace falta un análisis estadístico con miles de personas para llegar a una conclusión tan de cajón; sin embargo, yo no comparto el fondo de esta teoría, porque no deja de ser teoría lo que tiene que ver con sentimientos intangibles como lo es el ser feliz o desgraciado. Donde entre la subjetividad pocos bancos de ensayo podrán demostrar nada.

Tal vez mi rechazo a aceptar la validez del estudio sea porque me considero dentro del grupo de los reflexivos. Y sí, puede haber excepciones que confirmen la regla; pero yo voy más allá.

No es que yo piense que la felicidad de las personas menos cerebrales sea la felicidad del tonto, pero sí es cierto que cuando tus ambiciones de conocimiento, de querer entender al otro, de analizar las realidades que nos rodean son fuertes, la vida se presenta más compleja, tal vez más difícil, pero ahí está la clave del disfrute.

Seguro que quien pasa las tardes enteras, horas y horas, jugando a la play station lo hace porque está disfrutando. Es, en su escala, una persona realizada. Otros, a lo mejor, están leyendo la historia de la filosofía griega mientras piensan qué va a pasar con el euro o hacia dónde va la política de Obama. O, no hace falta ser culto para ser reflexivo, estar horas paseando, cavilando sobre la familia, los amores perdidos, los retos por organizar para el día siguiente.

Vivir, entiendo yo -por eso soy reflexivo-, no es matar el tiempo con risas. Porque el tiempo pasa, la play station se te estropea y te planteas, ¿qué tengo yo por dentro?

domingo, noviembre 14, 2010

Rebajarse

De nuestro pasado viaje por Asia, sólo recuerdo un incidente a nivel profesional. Mientras en el conjunto de las fábricas recibimos una acogida excelente en una misión que llevaba preparándose dos meses, en una de ellas nos trataron con displicencia. A pesar de que nuestro rol era el de proveedores, la importancia del producto que enviamos, su nivel de calidad y el marchamo de Renault nos daban un respaldo que nos impedía admitir ese ninguneo.

Al empleado de Nissan que no nos quiso recibir, que más tarde dijo que no tenía ni siquiera media hora para atendernos y que nos situó en una sala destartalada, sin sillas, para que le presentásemos aprisa y corriendo nuestra información, le dimos plante. Le dijimos que no nos moveríamos de allí hasta no ver al responsable de Calidad de la fábrica.

Un rato después, éste apareció. Con cara compungida aguantó el chaparrón de razones que nos hacían mostrar nuestra indignación. Los emails en los que daban el consentimiento a la visita e incluso al orden del día previsto, donde todos ellos estaban en copia.

'Es que unos por otros, no nos hemos coordinado bien'.

Insistimos, como proveedores, en mostrar nuestro disgusto.

Nos pidió entonces que retomásemos la agenda prevista, que estaban a nuestra disposición. Le comenté que habíamos organizado una visita a otras instalaciones de Nissan a la vista del recibimiento.

'Este hombre de su equipo', comenté delante del técnico que se había reído de nosotros, 'nos ha dicho claramente que no tenía ni siquiera media hora para atendernos'.

El gran jefe japonés, con voz seria y una sonrisa entrecortada nos explicó:

'Pero la situación ha cambiado, y ahora está confirmado que pasará toda la jornada con ustedes'.

Esta situación me viene a la cabeza recordando la inadmisible actitud del gobierno español frente a la chulería de Marruecos en el conflicto del Sáhara.

Seguí en directo la degradación de oír cómo tres periodistas de la Cadena Ser eran llevados a empujones hacia el aeropuerto para ser expulsados. Por informar.

Me cuesta imaginar que Marruecos hiciera algo parecido con periodistas estadounidenses o franceses y, si lo hiciesen, que los gobiernos respectivos no condenaran la actuación y llamaran al embajador a consultas.

Si nosotros hubiésemos abierto el ordenador en esa sala destartalada, exponiendo aceleradamente una presentación en powerpoint y salido corriendo de esa fábrica japonesa, hubiéramos tenido una jornada libre de turismo en Japón, pero la imagen de nuestra factoría hubiera quedado muy dañada.

Rebajarse nunca es una estrategia.

jueves, noviembre 11, 2010

Dos martinis

Me gusta la gente que no se avergüenza de su felicidad.

A gran parte de la humanidad le parece de mal gusto oír a los demás decir qué bien se sienten con su cuerpo, la familia, su trabajo o lo muy enamorado que uno esté.

Es como si proclamar la comunión con la naturaleza y el disfrute de los sentidos fuese pecado, especialmente en esta sociedad tan teñida del catolicismo de los remordimientos en que nos ha tocado vivir.

El mundo está muy jodido, sí; hay mucha gente en paro, claro; las catástrofes naturales, las enfermedades terminales, el dolor, las ruinas económicas, los complejos físicos y mentales, el desasosiego de quien está solo. ¡Claro que hay múltiples argumentos para estar cabreado!

Pero eso no nos debe quitar el derecho a disfrutar de una cerveza en buena compañía, o de una mañana de museos un domingo soleado, o de una película de Woody Allen.

Y decirlo. ¡Me siento feliz!

El mundo actual ganaría mucho si hubiera menos resentimientos y más capacidad para transmitir nuestras propias alegrías, sin complejos.

Mi amiga Nuria, de quien cada vez me siento más cercano, lo resumía el otro día, tomándonos unas cañas, con sus ojillos vivarachos:

'Estuve en Madrid con mi marido, nos fuimos a un restaurante a la última que nos habían recomendado y nos sentamos felices a disfrutar del local. Vino el camarero, nos miramos y nos dijimos:

Dos Martinis'.

domingo, noviembre 07, 2010

Canelones

Desde muchos años atrás mastico una teoría sobre el ser humano.

La teoría de los 'canelones'.

Será por lo que me gusta comerlos.

Imagino nuestra existencia como un gran canelón, ya cocido y sin rellenar, extendido, que se mueve por el espacio.

A cada uno al nacer nos asignan uno de estos cuadrados de pasta blanca, aunque desafortunadamente no todos tienen el mismo, de igual consistencia o tamaño. No te dan a elegir. Te dan un canelón por el que moverte durante el resto de tu existencia. No controlas la velocidad con la que se mueve, ni si hay mucho viento o si éste es más o menos resbaladizo.

En el tiempo de aprendizaje, durante la niñez y adolescencia, vas haciéndote a él, recorriéndolo, paseando de un extremo a otro para calcular el perímetro, los vértices y fronteras. Vas haciéndote a zonas preferidas donde te sientes más cómodo.

Conforme el tiempo avanza y llega el momento de las decisiones, debes aplicarle cirugía y comenzar a cortar. Decides seguir estudiando o no, irte de casa de tus padres o no, tener hijos o no... Y vas marcando el terreno. Decides y limitas el espacio, sin saber que hay decisiones que te llevan a quedarte en el lado pequeño del canelón. El resto se pierde para siempre.

Cuanto más inteligente, sensible, perspicaz, humano, generoso... mejor te mueves en ese espacio siempre limitado. Tienes terreno.

Incluso puedes conseguir estirarlo a base de pasos acertados.

Pero necesariamente hay cortes, pérdidas, trozos de suelo que se te van.

Hay tormentas, temblores, enemigos externos que atacan tu espacio vital, que lo limitan, lo desgastan.

La clave de la felicidad no existe, pero es importante terminar al final de nuestros días con la mayor porción posible de canelón para no acabar constreñidos en el rincón definitivo de las decisiones equivocadas.

jueves, noviembre 04, 2010

Sighed

No encuentro mejor forma de mantener y mejorar mi inglés que leyendo. Cierto que no te ayuda a educar el oído ni te da la agilidad que obtendrías con conversaciones con nativos de habla inglesa, pero es un placer íntimo en el que aúno mi pasión por la literatura con mis flirteos con esa lengua que nunca acabo de dominar del todo, en un continuo y fascinante aprendizaje que durará de por vida.

En este pasado viaje a Asia he estado leyendo Kissing in Manhattan, una novela de David Schickler que ya me fascinó hace años cuando la leí en español. Son relatos aparentemente dispersos entre sí que tienen un punto en común, un edificio de Manhattan, el Preemption, el primero que tuvo ascensor, un Otis, en la ciudad de Nueva York.

De la misma forma que con Auster memoricé para siempre to nod, asentir con la cabeza, en esta otra historia, abundante en diálogos, aparece continuamente sighed.

Lo mejor al leer en inglés es no utilizar diccionario. Obviar las palabras que se intuyen no esenciales y, para aquellas que se repiten con frecuencia o son básicas para entender la trama o las reflexiones, utilizar la lógica.

Por muy recelosos que seamos con nuestro idioma, por muy críticos que podamos llegar a ser con esta lengua cada vez más necesaria de aprender, me reconozco un enamorado del inglés. Este viaje a seis países asiáticos, tan alejados de nosotros en todo, me ha servido para confirmar la fuerza de este idioma.

En cualquier situación crítica y en el lugar más inimaginado del mundo, de forma más o menos rudimentaria, consigues comunicar con el inglés.

Dejas de lado teorías, sentimientos o recelos. La potencia del inglés es arrolladora y más vale unirse a aquéllos que lo aprecian, les gusta, lo dominan y enriquecen su vocabulario, acento y conversación a diario que no quedarse atrás. Porque los esfuerzos son menores cuando se hacen con pasión.

Lo primero que hice cuando llegué a casa fue buscar en el diccionario. Sighed. Pasado del verbo to sigh.

Suspirar.

martes, noviembre 02, 2010

Pablo

No es fácil encontrar una persona con quien estar casi un mes de viaje de trabajo, cambiando cada dos días de país, tomando aviones, metros, taxis, buscando bancos donde cambiar dinero, preparando presentaciones de trabajo, soportando la presión de personas desconocidas hasta ese momento en fábricas que visitamos por vez primera sin tener el más mínimo encontronazo o malentendido.

Ya tuve oportunidad de trabajar con él durante varios años, años muy tensos en que conseguimos hacer equipo a pesar de que nuestra juventud y las circunstancias hacían complicado conseguir los objetivos que la empresa nos solicitaba.

En este mundo actual donde a la gente se le hace un mundo cualquier mínimo reto, es un placer haber podido compartir una experiencia profesional y personal tan intensa con un tipo resuelto, simpático, dinámico y resolutivo.

Saber estar para defender la fábrica con argumentos sólidos y para tomarse las cervezas con los nativos de Indonesia o Corea, y hacerlo todo con la misma pasión y ningún mal gesto, todo un lujo.