Lo bueno que tiene hacer planes con amigos es que todo conduce a la felicidad: si se cumple, porque se cumple, pero si se anula, por la ganancia de ese tiempo para ti.
Porque no provocar nada para celebrar debilita las ganas de futuro, así que construimos viajes, cenas, encuentros que nos hacen mucho bien.
Si el plan se rompe, en cambio, te encuentras con un tiempo para ti que ya habías amortizado.
Todo viene bien.
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