Tenemos un piso tan bonito que olvidamos que había que guardar cosas feas.
Cada vez que Fran se lamenta de lo mucho que tenemos que apretar todo para esconder la fregona siempre le digo:
—Podemos colocar un mueblecillo blanco en la terraza.
Su mirada es asesina, así que me callo.
Lo que ocurre es que el tema vuelve una y otra vez, cuando compramos un muerto más que no sabemos dónde poner. Entonces yo lo miro y ya me corta antes de volver a decirlo.
—Pues yo lo pondría —protesto.
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