Iba yo tan pancho con mi polo azul recién estrenado a atravesarme toda Sevilla para acudir a mi clase de pilates. Bien perfumado y con los pulmones abiertos.
─Perdona ─me comentó una chica al salir yo del portal.
─¿Sí?
Ella paró su bici.
─Verás, llevas la etiqueta con el precio colgando por detrás.
Nos entró un ataque de risa a los dos.
─Me has evitado hacer el ridículo un buen rato.
Nos alegramos mutuamente la tarde.
Siempre hay ángeles.
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