Fran usa mucho una palabra que no estaba en mi vocabulario.
—¿Te sigue doliendo la muela?
—No, pero tengo un ligero resquemor.
Es raro el día que yo no tenga uno. Hoy es aquí en la ingle izquierda, mañana por donde el hígado. Y si no lo tengo, mi mente lo busca. Ese punto sutil que desafina.
Son las sombras del animal que somos, el recordatorio sordo de nuestra fragilidad.
—Verá, doctor, convivo con un resquemor.
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