A Fran le pregunto '¿hay aceitunas?' y se le alegra la cara. Porque siempre está dispuesto a encontrarme las aceitunas, a sacarlas de la nevera, a coger el coche para comprarlas, a proponerme un paseo para buscarlas en el mercado.
Esas ganas de vivir se tienen o no se tienen, esa disposición a hacer feliz al ser amado no es fácil de encontrar.
A mí me lo pone difícil, porque es complicado superar su capacidad para convertir una cena en una fiesta del amor, pero me contagia.
No hay cosa que esté en mi mano que no haría por él, ni de las que no lo están.