En toda compañía que se precie hay jerarquías y uno se cree más por tener tres galones en vez de dos. Vive su pequeño festival de vanidades cuando ficha al entrar para retomar su mediocridad al salir.
Desde hace algunos años a mí me concedieron el galón de director, algo que me recuerdan a menudo tanto para dorarme la píldora como para meterte presión:
—Salva, es que tú eres un director —me dicen.
"Yo soy escritor", les quiero responder, mientras sonrío, "y te voy a sacar, por clasista, en un post".
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