El majestuoso edificio fue concebido con grandes cristaleras que permitían a los maquetadores dibujar, grafito sobre papel, los grandes clásicos de la época.
Con el tiempo, lo artesanal empezó a mudarse hacia lo digital, hasta el punto que la inmensa luz que entraba molestaba a los nuevos diseñadores.
El progreso, a veces, antes de que los ojos se adapten, trae oscuridad.
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