Nos preguntábamos cómo un país civilizado y culto admitió que su líder autorizara redadas para llevarse a judíos a campos de trabajo y que la gente mirase para otro lado, que la sociedad permitiera que estas pobres gentes abandonaran sus negocios y se encerraran en sus casas para no ser señalados. Nos parecía alucinante que ese Hitler se anexionara Austria por considerarlo esencial para el alma alemana y que el resto de países mirase para otro lado, que se hiciera con Checoslovaquia argumentando protección a sus nacionales y el mundo lo asumiera. Cuando ya invadió Polonia era demasiado tarde, el desastre iba a ser inenarrable.
Hoy no son judíos, sino latinos, no son campos de trabajo, sino cárceles salvadoreñas, no hablamos de Austria o Checoslovaquia, sino de Groenlandia o Venezuela. Esta vez no es Alemania, sino Estados Unidos.
Esta vez no es Hitler, se llama Trump.
Las generaciones venideras se preguntarán, ¿cómo pudieron mirar para otro lado?
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