Pertenecemos a la época de la humanidad más explosiva de las que jamás hayan existido.
Siempre ha habido progresos, retrocesos, cambios, pero nunca tanto y tan deprisa: estamos viviendo la ciencia-ficción de los años 70.
Todo lo imaginable parece hacerse realidad, cada invento supera al siguiente: los teléfonos fijos son dinosaurios olvidados, los discos de vinilo reliquias de las que presumir y la inteligencia artificial ya empieza a hacernos dudar de por cuánto tiempo gobernaremos el mundo.
Cuanto más avanzamos da la sensación de que menos somos el centro de nuestras vidas.
Es hermoso. Es aterrador.