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salvador-navarro.com

lunes, diciembre 30, 2024

Huelva

Llevábamos toda la semana esperando esa comida en Huelva y el día llegó este pasado sábado.

Tras un maravilloso paseo soleado por el muelle con nuestros amigos onubenses, llegó el momento de buscar el restaurante.

A quien no esperábamos era al camarero y a su entrada en escena, en la que se dedicó a alabar, sin venir a cuento, a la Hungría de Víctor Orban, incluso permitiéndose mofarse del mundo homosexual con bromas de muy poca gracia.

—Me temo que en esta mesa pinchas en hueso —protesté.

Sí. Lo fácil es lanzar media sonrisa, esperar que nos cuente los fuera de carta y hacer que uno no ha escuchado nada. 

Yo no sé ser así.

El resto de la comida, deliciosa en todos los sentidos, fuimos servidos por un señor mayor, al parecer dueño del restaurante.

Al día siguiente me enteré de que una de las personas, muy querida, que se sentaba en esa mesa, la organizadora de la comida, se levantó discretamente y pidió que ese camarero no nos volviera a servir.

La clase.


viernes, diciembre 27, 2024

Escena

Es la escena más bonita que retengo de estas Navidades.

Mis hermanas nos daban los regalos a los tres hombres de la familia, mi hermano David, mi sobrino Iván y yo.

Cuando este recibió el suyo, se abrazó a Raquel, su madre, y luego fue, gateando por el sofá, hasta su tía Mónica, en quien se desparramó con sus enormes 21 años, como si fuera un crío.

Iván ha tenido la suerte de contar con dos madres y él no para de mostrar, con toda su inocencia, que las quiere, muchísimo, a las dos.

jueves, diciembre 26, 2024

Ventanas

Son tres ventanas de arco redondo, pequeñas, que asoman a una plaza sin salida, desde un tercer piso, y que puedo ver a menudo desde la calle Peris Mencheta.

La imagino allí, entre sus cosas, por darme el placer de pensar en ella. 

Que abre una de las tres ventanas y aparece con su pelo negro gritando:

—¡Sube, Salva!

No quiero que se rompa ese sueño, no quiero que quiten esas tres ventanas, ni que se abran para que aparezca alguien que no sea Montse.

Yo sigo caminando por allí, da igual con quién o hacia dónde; no hay vez que no mire para allá por si se produce el milagro.

(—Ay, mi Salva)


Correos

Tengo la fortuna de enviar muchos libros dedicados, más en estas fechas, de ahí que un día de cada dos baje a Correos a mandar paquetes.

Intento acudir a horas en las que no esté una determinada funcionaria, desagradable en el trato como ella sola. Tanto es así, que me apetece acercarme al director de la oficina para pedir el cuadrante de los trabajadores, para organizarme en función de sus agendas.

Cuando la veo allí y saco el tiquet, juego como un niño a imaginar en cual de las tres ventanillas me va a tocar. Si, llegado el momento, me aparece su número y no tengo prisa, me hago el loco y vuelvo a sacar un tiquet para evitarla.

Son placeres pequeñitos.

Marbella

Estando en Marbella, fuimos a visitarla.

Teníamos el nombre de la calle y no fui difícil encontrarla. Era un mediodía caluroso de finales de primavera. Ella no pudo hacernos más fiesta.

—Pero ¡qué alegría!

Nos colocó en un lugar privilegiado, nos preparó unos cócteles y se afanó en contarnos lo que había sido de ella en los últimos años desde que se fue de Sevilla.

—¿Y cómo te va en el trabajo? —le preguntó Fran.

—¿Qué trabajo, Fran? Yo no estoy trabajando...

—Y esto, entonces, ¿qué es?

—Ah, ¡el bar!, es que estoy aquí tan bien...

Que no lo consideraba trabajo.

Álex

Viene cada año por Navidad y siempre lo recibimos con los brazos abiertos.

No sabemos nada el uno del otro durante el resto del año, pero cuando él baja a ver a la familia, me llama.

Ocurre que, de no observarnos, de no compartir, de no mensajearnos, hemos ido volviéndonos dos desconocidos, tanto que la cena de estas fiestas ha sido un completo desastre.

En las antípodas en todo lo que tiene que ver con la visión del mundo, la conversación fue derivando hacia temas que nos definen tanto como personas que los dos nos dimos cuenta de que el hilo que nos unía ya se había roto.

Estábamos en casa, Fran se acostó y nos quedamos a solas.

Por todo lo que te quiero le dije, creo que sería bueno que esta cena se acabase ya.

Él me dio la razón, nos abrazamos y se fue.

No creo que haya ninguna otra.

martes, diciembre 24, 2024

Pánico

Hay quien tiene pánico a la Navidad.

Suele coincidir con aquellos que han sufrido pérdidas en fechas cercanas a las de estos días, días que ejercen de impulsores del vacío que supone no contar con esos seres queridos.

Estas fechas potencian recuerdos de casas llenas, de risas tontas, de escenas tiernas que puede que no vuelvan, o no en el mismo grado, con las personas de entonces ni la alegría de nuestros tiempos jóvenes.

Ese pánico se vuelve odio al villancico, al turrón y a los programas enlatados que se repiten una y otra vez para recordarles que hubo un tiempo en el que sí creyeron en la Navidad.

Tele

Me gusta tener la tele apagada, porque padezco el síndrome infantil de quedarme tonto si la encienden.

Cuando llegamos a un local en el que la tienen conectada, Fran se ocupa de buscarme el asiento apropiado para darle yo la espalda a la pantalla.

—Es que se queda embobado —aclara a los demás.

Sí, debo conservar esa patología de indefensión de cuando era un renacuajo. Me encienden una tele y se me olvida el mundo.

De ahí que, en mi casa, sea un aparato, negro, de decoración.

Reservas

Nos ocurrió en un restaurante de nuestro querido San Sebastián. Habíamos llamado a última hora para cenar y solo quedaba un rincón para nosotros.

Cuando llegamos allí, nos encontramos una enorme mesa preparada para una celebración. Apenas esa gran mesa y la nuestra. Fran y yo nos miramos un poco mosqueados, por lo que eso implicaría de jaleo a nuestro lado.

La noche fue pasando y no llegaba nadie. El local lo llenábamos Fran y yo. La cena estuvo exquisita y ya al final, cuando pagábamos la cuenta, preguntamos al encargado del restaurante.

—Nos han dejado la reserva tirada —se lamentaba—, con las neveras llenas de género y ni siquiera se han dignado a responder al teléfono.

Hace poco, en un restaurante de Sevilla, nos encontramos con una escena similar.

La falta de empatía, y decencia, del ser humano es universal.

Estrella

Allí me había llevado una estrella que había creído en mí, a ese inmenso salón de tapices donde celebró sus bodas Carlos V, en los Reales Alcázares de Sevilla.

Días antes le pregunté qué vestimenta era la apropiada, sin imaginar el ceremonial.

—Chaqueta y corbata, Salva.

Fue Rocío Gálvez, escritora, a quien conocí en un encuentro literario, quien me avisó del premio cultural que acababa de nacer. Fue ella quien me animó a presentarme.

—He pensado que tus escritos diarios podrían ser dignos de premio.

Un tiempo después recibí un mensaje de Ana de la Peña, alma mater del evento y mujer emprendedora, confirmándome que me habían seleccionado entre los nominados.

Esa noche mágica comprobé que un jurado presidido por el Ateneo de Sevilla, políticos de izquierda y derecha, artistas consagrados como el pintor Salustiano García y patrocinado por grandes multinacionales, bufetes de abogados y entidades culturales, habían elegido mi nombre entre todos los nominados.

—El 'Premio digital de Sevilla a la mejor columna de opinión' es para el escritor Salvador Navarro —anunció la conductora del acto, Mónica Rosón.

No me habrían elegido si no les hubieran convencido mis textos durante todos estos años, lo sé. Pero también sé que no me habría llevado esa alegría inesperada sin la intervención de un ángel.

Es el mayor aliciente para mí y mi carrera literaria en este año que termina.

Gracias, Rocío Gálvez, por creer en mí.

lunes, diciembre 23, 2024

Cabanás

Iba camino de Oporto en coche y escuchaba una radio española, en la que entrevistaban a una oftalmóloga sevillana de apellido Cabanás.

'Tengo que memorizar ese apellido', me dije.

Acababan de premiarla en Filipinas por su labor social en países del África negra, donde se va temporadas largas, de forma altruista, a operar de enfermedades complejas a gentes que no se lo podrían pagar.

Esta mujer, Margarita de nombre, no solo asumía como lógica su tarea, sino que se sentía privilegiada de poder realizarla.

La que sale ganando decía soy yo.


Luxemburgo

No hace mucho me acerqué a visitar la boulangerie que tenía abajo de casa cuando vivía en París.

En un paseo emocional, volviendo veinte atrás al lugar donde tan feliz fui, me asomé por ver si seguían vendiendo croissants de almendras. 

Las chicas que atendían no eran las de entonces, lo que tenía claro no tanto por recordar sus caras sino por su juventud.

Recordé entonces las tardes de invierno en las que bajaba casi a escondidas de mí mismo para saborear uno de esos croissants rellenos de crema recién hechos. 

Mi penitencia era correr todo el perímetro de los Jardines de Luxemburgo por cada uno que me comía. Así que, si no quería correr, no bajaba a pecar.

Veinte años después echo de menos no solo los croissants, sino la carrera de penitencia entre maravillosas alamedas bajo un frío glacial.

domingo, diciembre 22, 2024

Montsant

—Os propongo un tinto del Montsant para celebrarlo.

Era el cumpleaños de Fran y nos fuimos a nuestro restaurante favorito a cenar.

—¡Qué te gustan los vinos catalanes! —le dije a Ana, la chica que lleva la cava del lugar.

—Me fascinan, Salva. Pero yo soy sevillana, y no tengo nada que ver con...

—A mí me encanta que nos los propongas —no dejé que tuviera que explicarse—. Haces mucho bien.

Vivimos en un ambiente tan odioso que todo se vuelve política. Justificarse se convierte en una obligación. Los pueblos se encariñan entre sí por un vino, por una canción, por una novela, por una película, antídotos emocionales contra aquellos que colocan cristales deformados para hacernos ver monstruos donde no los hay.

—Queremos una botella de Montsant.

sábado, diciembre 21, 2024

Gambas

Es probable que para cuando leas este texto ya me haya llamado Raquel para decirme qué me toca a mí comprar para la cena de Nochebuena.

Si no fuera por mi hermana, acabaríamos sentados esa noche delante de unos cuantos platos de comida preparada de última hora.

Nunca lo permitiría ella.

En toda familia, en todo grupo de amigos, está esa figura impagable del organizador, quien asume el rol de que las cosas marchen bien y no nos abandonemos.

Raquel se ocupará, como siempre, de la carne mechada y la ensalada de endivias con roquefort. 

Mantener las costumbres es, también, una prueba de amor.

domingo, diciembre 15, 2024

Hormonas

Fran duerme menos que yo, así que los días de fiesta él hace de mi despertador natural. 

Se despereza, consulta el móvil, se levanta, viene, va... 

Las veces que veo la oportunidad, lo abrazo, porque los años han demostrado que poseo el poder de adormecerlo de nuevo. No es necesario más que rodearlo con mis brazos para que, en cuestión de segundos, le baje el ritmo cardíaco, los músculos se le destensen y acabe expulsando ese ligero resoplido que indica que está dormido.

Lo que ocurre, algunas veces, es que el que se despierta soy yo y acabo con el brazo dormido de sostenerlo, sin quererlo despertar.

Colectiva

Estoy subyugado por la inteligencia artificial.

Sí, da cierto vértigo.

Poder establecer una comunicación con un sistema que responde en segundos a preguntas muy complejas es, en todo caso, excitante. Rebatirle, redirigir la conversación, solicitarle detalles, descifrar sus respuestas, 

Sí, da cierto miedo.

En todo caso, yo la rebautizaría, porque lo de artificial puede sonar a que está creada a partir de la nada y no es así. Esta inteligencia se alimenta de toda la inteligencia acumulada en trillones de archivos, documentos, ensayos, tesis, investigaciones, enciclopedias, experimentos creados por el hombre y es el propio ser humano el que ha conseguido construirla.

¿No sería más hermoso llamarla inteligencia colectiva?

Sábato

Decía Sábato que el sufrimiento es mucho más didáctico que la felicidad.

Duele admitirlo, pese a la carga de certeza que encierra la afirmación, por mucho que estas aseveraciones no sean fácilmente demostrables por la ciencia.

¿Qué investigador se atrevería a meterle mano a esta teoría? ¿Cómo medir cuánto nos enseña el dolor?

Lo cierto es que cada uno de nosotros tenemos nuestro bagaje personal, sabemos a los precipicios a los que nos hemos asomado y situamos con rapidez los dos o tres momentos más desgarradores de nuestras vidas.

Fue en esos instantes cuando descubrimos la tremebunda realidad del alma humana.

Camafeo

Yo aprendí hace tiempo a despojarme del pudor de no saber.

Al asumir nuevos retos en mi empresa cada cierto tiempo, me he acostumbrado a preguntar con naturalidad acerca de aquello que desconozco. Entiendo que es una forma sana de comunicación.

Cuando estoy a solas, no tengo más remedio que interrogar al señor Google.

Le doy un pellizco a la página de la novela y le consulto:

¿Qué es camafeo?

Entonces integro que se trata de una piedra preciosa con una figura tallada en relieve.

Reabro el libro y sigo leyendo.

No hay nunca que dejar de preguntar, ni sentir vergüenza por no saber.

Alesia

Llegué muy tarde a Roma la noche del sábado y el código de entrada en el apartamento que había pagado no funcionaba. Llamé al teléfono del propietario, que sabía que aterrizaba a esa hora, y no respondía. Tras un buen rato tirado en la puerta, en una noche helada, un matrimonio mayor abrió el portón y pude entrar. Una vez en el apartamento, no estaban las llaves que se indicaban en el documento que me enviaron, por lo que al día siguiente no pude salir en toda la mañana hasta conseguir dar con la propiedad.

Les expliqué que había pedido unos días de vacaciones para bajar el estrés, no para subirlo y que me parecía escandaloso tratar tan mal a un cliente.

La chica se disculpó y me prometió resarcirme con el pago de esa noche.

No llegó el dinero. Pasó un mes y reclamé. No hubo respuesta.

Coloqué entonces una reseña al alojamiento explicando exactamente lo que me encontré y el maltrato recibido.

De inmediato esa chica me escribió para preguntar dónde podía ingresarme el dinero para que yo retirase la reseña.

Yo le contesté categórico.

'No necesito el dinero'.

Lavaplatos

—¡Tenemos un lavaplatos! —me grita Fran, cuando me meto en el fregadero.

Entonces le respondo que soy como la Pantoja.

—¡Me gusta limpiar!

Hacerlo, incluso, con esmero. Con agua caliente en invierno. Secando bien los cubiertos. Dejando las copas relucientes.

Creo que es un ejercicio que baja el cortisol, al menos, a mí, me permite concentrarme en algo manual, concreto, ordenado, mecánico para así reducir la aceleración a la que muchas veces me encuentro sometido.

Intento no abusar del agua, ni del termo, para no encontrar razones medioambientales que justifiquen que es más ecológico usar el lavaplatos.

sábado, diciembre 14, 2024

Zurrón

Los instantes previos a despertarme tiendo a estar más desprotegido y aparecen, envalentonadas, amenazas que me desconsuelan, gran parte de ellas relacionadas con mi mundo laboral. Una reunión con un compañero que me desagrada, una presentación que no tengo del todo controlada, una entrevista con algún gran jefe que sé que me creará ansiedad.

Hace unos meses encontré el antídoto. ¡El zurrón!

La técnica es la siguiente, en cuanto aparecen esos monstruos por mi cabeza no les permito que se hagan fuertes en mis pensamientos.

¡Al zurrón!

Y desaparecen. Por completo. Ésa es la regla del juego y me he concedido tres oportunidades cada amanecer. Que aparece un malnacido por mi cabeza.

¡Al zurrón!

Desde que he creado este método, nunca he llegado a meter ahí a más de tres impresentables, con lo que me despierto como una rosa.

Soy un especialista en respetar las normas de los juegos que me invento.

domingo, diciembre 08, 2024

Generosidad

Hay días en los que vamos a la carrera y apenas tenemos tiempo para comer juntos.

Hay otros en los que confirmo que llegaré tarde y no lo podré ver.

Es en esas ocasiones cuando sé que allí estará la mesa con mis antojos preferidos. Que si hay solo un filete empanado, lo habrá guardado para mí, que si quedaba un culillo de vino, me lo habrá reservado, que si no había más que un trozo de empanada, que él hace tan bien, ese trozo estará allí.

Si había varios sandwiches, sé los que dejará para mí.


Málaga

Salí corriendo para entrar en el ascensor de El Corte Inglés de Sevilla antes de que cerrara.

Una mujer, que ya estaba dentro, sola, que no pudo anticipar mi llegada, ni me vio entrar, lanzó una frase a través de su teléfono.

—Acabo de llegar a Málaga, cariño.

Entonces, para su horror, giró la cabeza y me vio. Nos cruzamos la mirada y ella, una mujer hermosa en los 40, estuvo a punto de darme una explicación, como si yo tuviera derecho a meterme en su vida, pero, en cambio, miró al suelo y se calló.

Si yo hubiera sido el protagonista de alguna de mis novelas habría encontrado la forma de entablar una conversación, pero soy el escritor que las escribe y no tuve el valor de decirle que yo también he contado más de una vez que estoy donde no estoy.

Seguidores

Que sepáis que presumo de vosotros, de quienes reseñáis mis novelas, de los que compartís mis textos, de quienes los comentáis, les ponéis un corazón o, simplemente, los leéis.

La otra tarde, antes de empezar una entrevista, la periodista me preguntaba cómo había conseguido tanta fidelidad de mis lectores y yo le explicaba lo que considero que es una clave en esta comunión con vosotros: la coherencia.

Soy lo que veis, sabéis de qué pie cojeo, las actitudes que me irritan y las cualidades que me enamoran. Así, día tras día, he conseguido establecer un nexo de unión que me hace sentir muy orgulloso de teneros, porque vibráis en ondas muy parecidas a las mías, porque nos damos, así lo siento, amor en las dos direcciones.

Son muchos los que pasan y no se quedan, lo sé, por eso aprecio tanto vuestra fidelidad y presumo, cada día más, de la gente tan interesante que he conseguido reunir en torno a mi mesa-camilla.

Hay sitio para todos.

Albufeira

Hay una ciudad preciosa del Algarve portugués a la que me resisto a ir cada vez que Fran me lo propone, Albufeira.

Pese a su ubicación privilegiada, las calles encaladas y su playa de arena fina, integrada en la trama urbana, esta localidad se ha convertido en una franquicia de lo británico.

Toda la cartelería en inglés, pubs transmitiendo fútbol de la Premier, grupos de borrachos venidos en tropel desde Londres, comida propia de otros territorios donde lo que predomina es la hamburguesa, los fish & chips y las patatas fritas.

No hace mucho leí un artículo de un rotativo londinense que pedía que en España no dieran de cenar a las siete para los turistas. 'Cuando vamos a España, queremos ir a España y sentirnos en España'.

La portuguesa Albufeira, como tantas otras españolas, ha preferido prostituirse y plantar un decorado falso para hacer dinero fácil.

Con lo bonito que es viajar para no encontrarse con lo que ya tienes en casa.

Saturación

Cuando entré en la Galería Doria Pamphili me dirigí del tirón a la pequeña sala donde me esperaba desde hace siglos Inocencio X.

Velázquez consiguió que, nada más entrar en la estancia, ese Papa de mal genio me desbordase con su mirada inquisitorial. 

Qué habilidad para captar, para toda la eternidad, el carácter de un individuo.

En ese espacio mágico ocurre algo que te hace ferviente creyente en la potencia del arte, porque justo al lado del retrato de Inocencio X de Velázquez está el busto de Inocencio X de Bernini. 

¡Son iguales! 

La mejor prueba de la fidelidad a las facciones del pontífice es que dos artistas, pintor y escultor, consiguieron poner en lienzo y piedra a la misma persona.

Siempre tenemos la duda de si los retratos de gente que no existe reflejan en realidad a esa persona que nunca podríamos conocer. Visitar esa galería es la demostración de que sí.

Recorrí el resto de salas con cierta prisa, quería salir a la luz de Roma sin empaparme de más belleza que me distrajera del impacto que me produjo viajar siglos atrás a dejarme avasallar por esa mirada.

viernes, diciembre 06, 2024

Planteos

Es bueno plantearte qué estás haciendo con tu vida.

No a cada momento, ni con ansiedades, sino de forma calmada, en soledad, cuando la vida te regala un rato sin prisas.

Nos movemos tantas veces como autómatas, que hacen lo que se supone que toca hacer, que nos quitamos oportunidades de modificar el rumbo, desconocedores de nuestra propia fortaleza para cambiar las cosas.

Rendirse es lo fácil, aletargados por el poderoso aroma perverso de la rutina.

Podemos ser mejores, tenemos más capacidades de las que pensamos, surgen más posibilidades para demostrarlo de lo que creemos. En temas concretos, en decir sí o no a alguien, en ir a ese evento o no, en invertir tu esfuerzo en sacar ese proyecto o mirar hacia otro lado. No hay límite de edad para cambiar nuestro mundo.

Cada decisión que tomamos es un camino hacia una vida u otra. 

Yo me niego a dejarme llevar por el sendero de lo previsible.

Yo quiero más de mí.

Personas

Las personas no son como nosotros pensamos que deberían ser y ahí radica parte de nuestras frustraciones con ellas, que no nos damos tiempo a conocerlas e, inconscientemente, les pedimos que actúen como nosostros vemos lógico actuar.

Pero ellas no son nosotros y de ahí viene el desengaño muchas veces, por reflejar en los demás nuestras expectativas, que no son propias a esa persona.

Porque somos detallistas, pensamos que los demás lo serán, porque nos consideramos sociables damos por descontado que los otros saben socializar. Cuando eso no llega, nos frustramos, pero tal vez la culpa no está en ellos, sino en nosotros, por no habernos dado el tiempo de conocerlas, por pedirles que sean como no son, por juzgarlas con los ojos con los que nos juzgamos a nosotros mismos.

España

El primer vuelo que cogí en mi vida fue para ir a la República Dominicana. No me gusta andar con tonterías.

Si, a mi edad, soy todavía impresionable, no podéis imaginar cómo lo era por entonces. Cruzar el Atlántico y aterrizar entre palmeras y un mar turquesa puso a prueba mi corazón.

Era el viaje fin de carrera y un buen puñado de ingenieritos nos lanzábamos a la aventura del ron, la bachata y las pieles achicharradas.

Yo me apuntaba a un bombardeo.

Al ser mi escuela, por entonces, casi en exclusiva de chicos, el grupo iba de discoteca en discoteca a la búsqueda del sexo femenino. No me quedaba otra que estar ahí.

Cuando nos diluíamos entre la muchedumbre, las chicas locales se nos acercaban, experimentadas, imagino, en tratar con universitarios venidos de Europa. 

Yo, con dos Brugal en la cabeza, era presa fácil y las niñas se me acercaban, llamándome por el nombre de donde venía.

Hola España, ¿me invitas a un roncito?

Qué responsabilidad, pensaba yo, representar a mi país.

Fácil como siempre he sido, invitaba a todos los roncitos del mundo, hasta que empezaban a meterme mano. Ya tenía experiencia para escabullirme a tiempo.

Algunas me enviaban mensajitos en servilletas de papel.

'España, estás muy rico'.

Yo levantaba la cabeza y veía a una chica guiñándome el ojo, que se me acercaba.

¿Cómo está mi España?

Tu España está como una cuba.

Respeto

Si analizo las escasísimas veces en las que Fran y yo nos hemos enfadado, seriamente, en más de veinte años, el uno con el otro, han tenido su origen siempre en la consideración de falta de respeto por parte de uno de los dos, sensación real que quizás no viniese, tal vez sí, de un acto de mala intención por parte del otro.

Es fundamental, para que una pareja funcione, que no se permitan trasvasar determinadas fronteras. Por mucho amor que exista, si esa barrera del absoluto respeto se atraviesa una vez y no hay reacción de la otra parte, volverá a cruzarse más veces y cada vez se llegará más lejos.

Si uno se siente ofendido, aunque el otro no lo vea ni lo entienda, debe escucharlo, porque ha tocado un punto de dolor al que no debe volver a recurrir.

El amor asienta sus bases en el respeto y la admiración.

martes, diciembre 03, 2024

Blanco

Íbamos a un concesionario de Renault para que mis hermanas se compraran un coche.

Algún descuento tiene la familia después de 30 años trabajando en la empresa.

Dejé que ellas se pasearan, que vieran, hasta que ya por fin un comercial se nos acercó. 

Yo no quería influir en nada, así que dejé que, tras comentarles ellas su presupuesto, este les explicara las motorizaciones, los consumos, las tapicerías, los posibles extras, los maleteros, los tipos de conducción, los pros y los contras de cada modelo. Un buen rato. Hasta que les preguntó qué es exactamente lo que buscaban.

—Yo lo que quiero es un coche blanco —respondió Mónica.

Fango

Ha sido tan impactante el último mes con las trágicas noticias de Valencia que las pesadillas se han hecho presentes de forma continua.

Si a eso le unimos los diez días que pasé en Roma, donde quedé subyugado, los dos acontecimientos, el personal y el humano, se unen en un delirio nocturno que me hace no parar de dar vueltas en la cama.

Me desperté el domingo tras pasar toda la noche entre ruinas romanas llenas de barro, así que, perdido, me planté en el centro comercial de mis sueños. 

Una señora, al verme tan sucio, se me acercó y me tendió una tarjeta.

Es mi negocio, ¡ven!, te voy a vestir nuevo de la cabeza a los pies.

Yo leí el nombre del negocio, 'El trenecito de las algas'.

¿El trenecito de las algas?

Ya desayunando, se lo conté a Fran.

¿Existe algún negocio que se llame así?

Él me pasó la tostada y la mantequilla.

Estás como una regadera, Borete.

domingo, diciembre 01, 2024

Putrefacto

Cuando aparece un personaje putrefacto en mi vida empiezo a temblar, sobre todo si pertenece a la esfera del trabajo, porque ahí tengo difícil escapatoria. 

Lo que ocurre es que el otro Salva que habita en mí, el escritor, comienza a frotarse las manos de placer, disfrutando de escenas que vendrán que ni pintadas para próximas historias.

La gente mala no sabe lo atractiva que es para un novelista.

Si lo supieran, a mí no me harían daño, porque averiguarían que me están haciendo un regalo y eso es más de lo que podrían soportar. 

Así que mi yo ingeniero se sacrifica por mi yo novelista y le cede, gustoso, la venganza.

Sin ir más lejos de este año, he vivido en persona escenas de tan baja catadura moral, de tan miserables, tan ruines, que no veo el momento de ponerlas en boca de algunos de mis personajes, porque no hay nada más creíble que lo que uno ha vivido en primera persona.

sábado, noviembre 30, 2024

escenario

Venía de hacerme con una novela de Auster y las calles de Sevilla se rompieron por la mitad.

Rápido, entra, cuánto más natural seas más tiempo estarás con ella.

Me metieron por una rendija del escenario y allí la vi, sentada, esperándome.

Mamá. Me derrumbé. Vengo de comprar este libro de Paul Auster.

Borete... me acogió en su cuerpo.

Este libro de Paul Auster... no dejaba de llorar, mientras ella me acariciaba.

No supe ser natural, ¿o sí?, pero no me concedieron más tiempo.

Las calles volvieron a su sitio, ella desapareció y yo, agarrado a mi libro, pensé en cuántas cosas nos podríamos habernos contado.

miércoles, noviembre 27, 2024

Platos

—Fran, tenemos un problema con los platos.

Él me miró con cara de mosqueo.

—No hay donde colocarlos todos —insistí—. Y somos dos personas viviendo en esta casa.

—¿Y qué hacemos cuando invitamos a cenar?

Es cierto que nuestra casa es un templo de las celebraciones entre amigos, al que nunca vamos a renunciar, pero le aclaré que su empresa tiene un almacén donde organizar tanta vajilla.

—Ve cambiando los platos de vez en cuando —le propuse.

Cuando se le pasó el sofocón, me dio la razón. Teníamos platos, vasos y cubiertos para cincuenta personas.

—Es cierto que ahora está todo más cómodo —me confesó hace poco.

Cada día necesito menos objetos, más espacios libres de todo; el paso de los años me pide, nos pide, simplicidad.


Hamburgo

Era sevillano, pero vivía en Hamburgo.

Una noche, en una cena que compartí con él y otros amigos, les comenté que me habían ofrecido un puesto en Bucarest.

—Lo he rechazado —expliqué.

Entonces este hombre soltó un discurso sobre lo catetos que somos la gente del Sur, que estamos atrasados, que no hacemos más que mirarnos el ombligo.

Yo, con calma, le hablé de mis años viviendo en Francia, mis largas temporadas en México o Japón, pero que ya había atravesado la barrera de los cincuenta y no me parecía la oferta lo suficientemente interesante como para dejar atrás la familia.

Él insistió.

—Vivís con 20 años de retraso respecto a Hamburgo. ¡Allí se vive el futuro!

Entonces yo, que sabía de sus búsquedas inmobiliarias, le espeté.

—Por eso estás buscando piso en Sevilla entonces, para hacer un viaje astral al pasado.

Se levantó indignado, tiró 50 euros con soberbia para pagar su cuenta y se largó. Mi amiga Susana se quiso acercar a calmarlo, pero yo la paré.

—Deja que se vaya, por favor...

Fantasma

Conocí en Conil a un tipo que te vendía felicidad.

Simpático, sociable, liante, siempre tenía un buen plan y anécdotas divertidísimas por contar.

El día que se enteró que presentaba mi novela 'Andrea no está loca' en Madrid, donde él vivía, me aseguró:

—Salva ¡cuenta conmigo!

Y no se quedó ahí:

—¿Qué tipo de gente te interesa que vaya? ¿Cuánto es el aforo? ¿Te viene bien gente de la farándula o mejor políticos?

Yo, emocionado, le dije que todo aquel a quien le gustase leer era bienvenido y me planteé si el local se me iba a quedar pequeño.

El acto lo presentaba mi querida Montse, con su ciruelita gateando entre las mesas de los muchos que me acompañaron. ¡Qué evento más bonito!

Estaba en mis inicios y había cariño del bueno hacia mí en ese café, pero ni el tipo de la felicidad apareció, ni vino nadie en su nombre.

Sí, yo creo en los fantasmas.

martes, noviembre 26, 2024

Bol

Fran tiene modales tan exquisitos que no me deja pasar ni una.

Con lo que a mí me gusta empujar con la punta del dedo el último trozo del pastel para que no se me escape del tenedor, o bascular el plato sopero para cazar la última cucharada de la crema de verduras.

Borete, ¡por favor!

Parece que viviera con un príncipe, que ni acomodados en la mesa de casa viendo una peli me deja juguetear con el cuchillo para hacerme con los restos del pescado.

Entonces nos disfrazamos de gato y de ratón, yo aprovecho que él se distrae con una llamada para sacar al gamberro que habita en mí.

Borete, que te he visto.

lunes, noviembre 25, 2024

Jabonera

Es un restaurante al que nos gusta ir cuando tenemos alegrías que celebrar.

No es un lugar al que puedan habituarse la media de los mortales, porque el menú, delicioso, tiene unos precios muy por encima de la media.

De hecho, mucha gente no podría permitirse ir nunca.

La pareja que lo regenta, majísima, nos contaba la otra noche la incapacidad de mantener los baños al nivel del resto del local, coquetísimo.

—Teníamos unas jaboneras muy chulas, que no han dejado de robar.

Es una clientela que no necesita meterse en el bolso o la chaqueta un objeto de decoración, ni destrozar la tapa del váter, ni reventar los espejos; una clientela que presume de elegancia y sonrisas cuando abre el pestillo del baño.

Así se está volviendo nuestra sociedad, exquisita por fuera, tremebunda cuando se encierra y no la ven.

viernes, noviembre 22, 2024

Elegancia

La elegancia es un don con el que se nace, pero que estoy seguro de que se puede aprender.

Para ello, hay que saber cómo de útil es, y para saberlo hay que ser sensible y disponer de un estante lleno de bondad.

Saber dar su sitio a la gente que lo merece, agradecer de corazón los favores recibidos, interesarte por aquellos que te hicieron bien, escuchar con atención a quien tiene una historia que le oprime el corazón, visibilizar al que otros transparentan, guiñar el ojo a aquel que ha pensado en ti.

La elegancia es saber estar y saber que estén.

Azotea

Tras una conversación tensísima de teletrabajo, cerré el ordenador y me asomé a la cristalera de mi balcón.

Las nubes pasaban rápidas y vi ropa tendida en la azotea.

Pensé entonces en lo infiel que le he sido desde entonces, recordé las mañanas enteras tumbados al sol, los paseos en círculo, las charlas calmadas con los vecinos, las sillas subidas desde casa y esas mismas nubes, rápidas, sobre mi cabeza.

Infiel a los tiempos de cuando, encerrados, nos dimos cuenta de que la vida se podía vivir con otros ritmos y cabía en nuestra cabeza la posibilidad, incluso el placer, de perderse en las nubes y seguirles el rumbo con la mirada.

Periodismo

Nos encontramos en los pasillos de un hospital. Ella iba con una mascarilla y tardé en reconocerla.

—¡Salva!

Le expliqué qué hacía yo por allí.

—Recibí tu libro dedicado...

Ella es una de las periodistas culturales que siempre me ha apoyado en mi carrera literaria, con la fuerza que me proporciona el que lo haga desde un medio de prestigio.

Yo noté el desgarro en su voz.

—Me han detectado un cáncer.

Todo se paralizó en ese momento, en ese pasillo, en ese hospital. Sus ojos me miraban fijo y dejé de ver a la periodista.

—Todo va a salir bien —le susurré.

Todo, me consta, le está saliendo bien.

Lejía

Fran y yo le llamamos lejía.

A ese momento, no siempre fácil de encontrar en un buen queso, en el que asoma un regusto a amoniaco que sube por la nariz justo antes de terminar de ingerirlo.

Tiene la fuerza de una reacción química en la que aparecen todas las descomposiciones que ha sufrido la leche antes de transformarse en queso y convierte la experiencia de comerlo en sublime.

Si luego das un sorbo, lento, al tinto, para mezclar sabores en la boca, el orgasmo culinario está servido.

La vida es compleja, sí, pero también tiene su lejía.



jueves, noviembre 21, 2024

Gracia

Hay gente que me cae bien y no me hace gracia.

Personas a las que le reconozco su atractivo, pero que no me atraen, muy probablemente porque vivamos en mundos paralelos que no se cruzan, por tener aspiraciones diferentes en la vida, por explicarnos las cosas con relatos discordantes.

A mí me gusta cruzarlos en mi camino, escucharlos atentamente durante una cena, ponerme en sus cuerpos para empatizar un rato con ellos, incluso sabiendo que luego nuestros caminos continuarán separados.

A veces, incluso me hacen replantearme mis propias certidumbres. Oye, pues a lo mejor se vive mejor sintiendo así.

Es enriquecedor aprender de quienes nada tienen que ver con uno.

martes, noviembre 19, 2024

Decir que no

Hay veces que me enfrento a la ridícula sensación de ver que me dicen que no a cosas que no he propuesto.

Me encuentro a alguien por la calle, lo saludo y me suelta que anda muy liado, como si yo pretendiera bloquearlo allí para someterlo a un interrogatorio y no simplemente ser cortés con él.

—Lo siento —se disculpan—, me tengo que ir.

Los hay que me buscan para que les aconseje un modelo de coche para comprar y me advierten, de antemano, 'me resulta imposible tomarme una cerveza contigo, estoy hasta arriba'. Como si yo le hubiese pedido consejo, y no él, o le hubiese propuesto irnos de cañas.

—Ay, Salva, me encantaría leer tus novelas, pero no tengo tiempo.

—Pero, ¿cuándo te he pedido a ti que lo hagas, que sé que no lees ni las cartas del banco?

O cuando muestro fotos mías en algún lugar de España y alguien de allí me dice, 'siento no poder tomarme un café contigo'.




Polemizar

Si me planteo el juego de elaborar un texto que concite unanimidad, tengo todas las de perder. ¿De qué tendría que hablar? ¿Qué mensaje no crearía controversia? 

Incluso si ensalzara el amor entre los pueblos del mundo, alguien diría que está en contra.

Se hable de lo que se hable, siempre hay quien pone el punto sobre las íes, que polemiza, que opina justo lo contrario, que verá tu razonamiento demasiado ingenuo, provocador, sesgado, que lo puede tachar de simplón o de enrevesado.

Afortunadamente es así, claro. 

Desgraciadamente, también.

Somos máquinas de protestar. A veces viene bien, a veces cansa.

lunes, noviembre 18, 2024

Incertidumbre

Cada vez que organizo eventos asociados a mis novelas atravieso por varios picos de inquietud al tirar de agenda.

¿Qué será de este hombre? ¿Cómo le irá a esta mujer? 

Hay personas queridas a las que no ves durante años, salvo que se encuentren ocasiones felices en las que aprovechar para decirles que cuentas con ellas. Tenemos el alma llena de personas que nos importan, pero que quedaron en la distancia de los días pasados, sin necesidad de buscar culpables de por qué hubo un tiempo en el que nos dejamos de llamar.

Entonces vienen las respuestas, que en algunos casos confirman enfermedades, despidos, divorcios o que traen consigo la alegría de un nuevo amor o el trabajo soñado.

¡Qué vertigo da llamar a puertas a las que llevas tiempo sin asomarte!

jueves, noviembre 14, 2024

Serenidad

Tras leer dos de mis novelas y comentar mis textos durante años, dio la casualidad de que Rosa coincidió conmigo en su viaje a Roma con dos amigas granadinas, Encarni, puro nervio vitalista, y Maren.

Ella, malagueña de biografía dura, recién entrada en la sesentena, me reconoció rápido al encontrarme en nuestro lugar de encuentro de Piazza di Spagna, bajo una luz templada de noviembre.

Nos dimos un achuchón sincero.

Encontramos, tras varios intentos fallidos, un café donde instalarnos. Cuatro capuccinos y cuatro cornettos dieron para mucho. Tres mujeres libres me abrieron su corazón.

Hay quienes utilizan las redes sociales desde el rencor, y no saben lo que se pierden.

Maren, sanitaria que brega por casas de ancianos, de mirada tan cansada como curiosa, me dijo, cuando nos despedimos, algo que no olvidaré:

—Salva, transmites serenidad.

martes, noviembre 12, 2024

Azafata

Porque soy muy despistado, era la segunda vez que me pasaba en pocos meses. Me ocurrió en el vuelo a Bucarest de septiembre y en este de noviembre a Roma.

La compañía aérea Wizz-air te cobra las maletas pero, además, debes facturarla previamente en el mostrador.

Harto de viajar, me parece una práctica antediluviana, así que se me olvida y aparezco con la maleta en el embarque.

—Señor, no puede embarcar, a no ser que pague 50 euros por la maleta.

—Pero, ¡si la he pagado!

—Tenía que facturarla previamente.

No era yo el único, sino que había unas diez personas en mi situación. Es una forma poco elegante de sacarte los cuartos.

En el vuelo a Bucarest enfurecí y pagué los 50 euros. En el de Roma calmé a la gente, saqué mi mejor sonrisa, me excusé con la azafata y conseguimos pasar todos, gratis, gracias a su 'simpatía'.

—Excúsanos, no volverá a ocurrir.

Siempre gana la sonrisa.

Ragú

Comía unos tagliatelle al ragú en una esquina de la Vía del Corso, con un pichet de tinto de la casa y un sol de otoño de temperatura perfecta. Había visitado todo lo visitable entre Santa María Maggiore y la Piazza del Populo. Tan feliz como cansado, no tenía piernas para volver al apartamento.

Cuando fui a pedir un Uber vi que apenas tenía batería y me impacienté por pedir la cuenta, que tardaron en traer. Ya en la calle, el móvil se me apagó por completo.

Estaba a tres kilómetros de mi alojamiento y no sabía ni hacia dónde tirar. Sin Google maps ni Uber, pensé en meterme en un kiosco a comprar un plano de la ciudad.

De pronto tuve una visión. ¡Un taxi con la luz verde!

La tecnología nos vuelve tontos. No tuve más que levantar la mano.

Hamaca

Hay quien relaciona las vacaciones con una hamaca.

Y suena bien.

¡El dolce far niente!

Yo, en cambio, casi nunca lo he visto así, porque creo que el descanso tiene más que ver con vaciar la mente, de lo de siempre, más que con poner las piernas en alto.

Estos días que llegan a su fin en Roma son buena prueba de ello. Tengo las piernas reventadas, pero la cabeza renovada, limpia, rejuvenecida y el alma abierta a retomar la vida con más ganas que nunca.

Ya habrá tiempo de dormir.

Roma

Roma me desborda de belleza.

Suena tan cursi como lo es en realidad, pero no hay que acomplejarse de expresar lo que uno siente, y a mí, esta ciudad, tras decenas de kilómetros recorridos en todas las direcciones posibles, me resulta arrebatadora.

Es una cura terapéutica, porque a determinadas edades uno cree que va menguando la disposición a la emoción, que uno empieza a estar de vuelta de todo, sin embargo uno llega aquí y se da de bruces con la grandeza del hombre para construir belleza.

Con mucha sangre por medio, sí, con intolerancias, envidias, saqueos, guerras, epidemias y persecuciones.

En Roma todo eso se mete en una minipimer y te encuentras con algo que supera las expectativas de cualquier persona que se considere sensible.

Hay momentos, ¡muchos!, en que te reconcilias con el ser humano. ¡Hemos sabido crear algo así!

Maps

Hay un verbo francés, 'flâner', que viene a expresar lo que es pasear sin rumbo, deambular, pero sin la connotación negativa que implica este último, porque añade al término un concepto que no integra el español, el de voluntariedad. ¡Querer perderse! ¡Estar abierto a todo lo que vaya saliendo al paso! ¡No tener necesidad de llegar a ningún lado!

Esta semana en Roma es de puro 'flâner'.

Lo que no esperaba es construirme una técnica que combina lo mejor del pasado y del futuro, que no consiste sino en pararse allí donde ves algo que te llama la atención y buscarlo en el mapa del móvil. Si el sitio en cuestión tiene muchas estrellas y variadas opiniones, entonces lo busco en Wikipedia para saber más y, la mayoría de las veces, acabo entre los pasillos o caminos de ese recinto, con la lección recién aprendida de qué es lo que paso allí, los lienzos, las estatuas, las fuentes que hay que ver, las leyendas que fraguaron el mito de ese palacio, parque o iglesia.

Entonces, con el alma llena de belleza, salgo de nuevo a 'flâner' hacia donde el cuerpo me pida.

(Sí, hay ocasiones en que me permito hacerme con términos en otras lenguas)

jueves, noviembre 07, 2024

Zuzto

Jugaba, hace años, con el hijo de un amigo en la orilla de la playa. 

Era la primera vez que veía el mar.

Apenas sabía decir dos palabras, pero cuando llegaba una ola y le mojaba los pies, me miraba y gritaba:

-¡¡¡Zuzto!!!

Así, con dos zetas. Yo lo agarraba y lo llevaba tierra adentro, pero a él le iba la marcha y volvía de nuevo en busca de la ola. Cuando le llegaba, de nuevo levantaba las manos pidiendo ayuda.

-¡¡¡Zuzto!!!

A mí se me quedó tan grabada esa escena que la integré en el niño que hay en mí, de forma que cuando me encuentro en situaciones desagradables en las que no sé si indignarme o llorar, mi crío interior grita dentro de mi cabeza: 

'¡¡¡Zuzto!!!'

miércoles, noviembre 06, 2024

Horror

He pasado media noche en blanco con la esperanza de que el pueblo estadounidense asumiera la responsabilidad de no dar el poder a un delincuente convicto que habla de los inmigrantes como asesinos, que trata a las mujeres como objetos sexuales y que lidera asaltos contra las instituciones democráticas cuando el resultado no le conviene.

Pero no, nos quedan cuatro años por delante para soportarlo al frente de la primera potencia mundial, cuando el cambio climático, que él desprecia, empieza a mostrar sus fauces.

Que lo estén celebrando Putin, Netanyahu, Milei, Orban y Kim Jong-un es la mejor prueba del horror que se avecina.

Hoy, más que nunca, es necesario defender la democracia.

Triste

Gana el fascismo. 

Mi profundo lamento por el devenir del planeta. 


martes, noviembre 05, 2024

Imitar

A mí me gusta imitar.

Imito aquello que me deslumbra de los demás, sea una técnica para organizar reuniones, una forma de escribir capítulos, un gesto elegante al saludar, una expresión de gratitud.

Lo hago de forma inconsciente, aunque a veces me descubro en los ojos de otro, en las manos de otro, en la mente de otro, y me digo que es inteligente eso de robar sin violencia las cualidades que disfruto de la gente que me muestra lo mucho que siempre hay por ser mejor.

Química

Es un hecho humano, natural, que no con todos los amigos de Fran yo tenga química. Y viceversa.

¡Faltaría más!

Eso sí, cuando esa química se da, la vida se hace más bonita, porque ese regalo que es suyo, currado desde siempre, idolatrado como solo lo pueden ser las amistades auténticas, se convierte en un tesoro que nos une más como pareja.

¿O no es hermosísimo ver como se abrazan, sin pudor, dos personas a las que no puedes querer más?

Mueble-bar

Mucha gente tiene más tontería que un mueble-bar.

Dentro de ese círculo están los que se regocijan usando términos en inglés en el trabajo.

Salva, tenemos que hacer un call.

Por ahorrarse decir videollamada. 

Yo entiendo determinados términos anglosajones que se han ido integrando en nuestro lenguaje laboral, a pesar de que exista siempre el sinónimo en español, pero hay compañeros que se regocijan con cada nueva expresión que introducen.

¿Hacemos un wrap-up tras su speech antes de programar el kick-off del despliegue del roadmap?

Cuando lo que viene a decir es ¿qué es lo que nos interesa de lo que nos ha dicho este tipo antes de organizar el nuevo proyecto?

Hay gente a la que le das un carguito y se le sube la idiotez a la cabeza.

Roma

Era un regalo que llevaba años esperando, ofrecerme una semana de vacaciones fuera de temporada.

Adaptado a hacerlo en verano y navidad, acorde con el cierre de las fábricas, hacía tiempo que llevaba maquinando la idea de agrupar unos días para regalarme una pausa larga en algún paraíso conocido o por conocer.

Esta noche vuelo a Roma.

Ya la visitamos hace mucho tiempo, apenas un par de días, aprisa y corriendo por querer abarcarlo todo. Me deslumbró y me angustió a partes iguales. Por las prisas, por la grandeza, por las expectativas, por el despiste.

Esta vez tengo a Roma para mí. Ella y yo. Sin intermediarios. Desayunos a primerísima hora para patearme la ciudad, sin rumbo, sin ansiedades, mientras dejo que el resto del mundo se ocupe de que el mundo funcione.

Ya el miércoles aterrizará Fran, para el que habré colocado todas las alfombras rojas que él merece.

domingo, noviembre 03, 2024

Importancia

Creo que en demasiadas ocasiones nos damos mucha importancia.

La vida es más sencilla que todo eso.

Esos aires de complicación llegan incluso a mis textos.

-Salva, te desnudas demasiado frente a tus lectores.

Y yo me digo, ¿qué más da? ¿qué transcendencia tienen las historias que yo cuente sobre mí, más allá de establecer un vínculo de conexión contigo?

Soy de la opinión de que deberíamos ser más transparentes, menos encorsetados, más abiertos a hablar de lo que nos preocupa, de lo que nos ilumina la vida. Al abrirnos a los demás estamos liberando la naftalina que muchas veces se apodera de la vida de tantos por no querer compartir nuestros miedos y alegrías.

Nada es tan importante.

Siesta

Soy dormilón y me encanta leer, dos características en mí que se han ido entremezclando en la mente de Fran durante la media vida que llevamos juntos.

Al tener siempre la compañía de un libro, es habitual que pase tardes o noches de lectura. No hay espacio para el aburrimiento si tienes una novela a mano. Así que, en cualquier momento de cualquier día le comunico mis planes a Fran:

—Voy a leer.

Me produce tanto placer el hacerlo, me desconecta tan rápido de la realidad, me siento tan cómodo que, en menos que canta un gallo, me quedo frito.

Así que Fran ha modificado nuestro vocabulario, de forma que, cuando se va a dormir una siesta o se acuesta un poco antes porque tiene que madrugar, yo le pregunto:

—¿Dónde vas?

Y él, con guasa, me responde:

—Voy a leer.


viernes, noviembre 01, 2024

Pareja

Qué equivocado está quien piensa que la felicidad es sinónimo de vivir en pareja.

Lo dice quien lleva media vida durmiendo agarrado por las noches, pero quien sabe de tantas personas queridas bien felices sin nadie a su lado ni necesidades de tenerlo. Es más, conocedor de primera mano de tantas vidas frustradas por aguantar al melón (o melona) de turno y no tener las agallas para decir 'hasta aquí hemos llegado'.

Nos venden vidas ideales y se nos educa en lo que es una existencia triunfante, en la que no caben aquellos que decidieron que no quieren unir su destino a otra persona.

Realizarse depende de uno, de nadie más.

Juanmi

La vida te lleva por senderos que te enseñan a comprender conceptos manoseados, como el de la amistad de conveniencia, y te das cuenta de que las cosas no son blanco ni negro, que en la sutileza está la explicación de la naturaleza humana.

Antes de la pandemia comencé a trabajar en París, donde me encontré con antiguos compañeros de la fábrica de Sevilla que también tomaban el mismo vuelo los lunes por la mañana, con quienes cené noches frías de invierno en restaurantes franceses vacíos de turistas, a quienes les hablé de mi familia y quienes me hablaron de las suyas, de sus sueños y sus miedos.

El tiempo pasó y hubo un momento en que nuestros destinos laborales se separaron.

La relación se deshizo tal como se provocó, con madurez, sin reproches. Nos utilizamos de buenas maneras el tiempo en el que nos necesitamos.


Muertos

Los muertos son más muertos cuando te cogen cerca.

Empatizas más si cabe porque escuchas los gritos de desesperación en tu idioma, porque la fisionomía de los pueblos es muy parecida a la de los tuyos, porque, sin tiempo a analizarlo, sientes que esas personas son parte de ti.

Ya no es solo que uno vea que la catástrofe no es un imposible, sino que conoces personas con nombres y apellidos que viven allí donde aún se busca a los muertos.

Ahora es tiempo de demostrar lo que queremos a nuestro país, no con proclamas políticas ni golpes de pecho. 

Nos tenéis aquí.

Vamos a salir de esta.

jueves, octubre 31, 2024

Ruido

Cuando me viene a la cabeza alguna de mis meteduras de pata, que son habituales, me pongo a cantar.

Suele ser al estar a solas, mientras me hago unos huevos revueltos o me achicharro con el agua de la ducha. Me viene la imagen de mí mismo diciendo lo que no debía y salta un tarareo de mi boca.

De mí, que no sé cantar.

Es una reacción instintiva del cuerpo ante los castigos de la mente. Aunque esté sin nadie más en casa, me entra la vergüenza y, tachán, me pongo a cantar.

¿Cómo pude decirle eso?

martes, octubre 29, 2024

Ibis

Las frecuentísimas tardes de hotel en un polígono industrial al norte de Madrid son balsámicas, pese a no ver desde mi ventana más que una horrorosa nave de logística desde donde salen camiones hacia cualquiera sabe dónde.

Trato de no reprocharme el no bajar a Gran Vía al dejar el ordenador en la habitación, pero me puede la morriña de la cama y el sueño se convierte en holgazanería hasta acabar como ahora, sentado frente a la salida de las mercancías, espiando, a través de mi ventana, a los últimos trabajadores que fichan el cierre de una jornada más.

Podría darme latigazos diciéndome lo duro que es levantarme a horas indecentes y acabar con mis huesos, desfondado, en la habitación de un hotel rodeado de autopistas que no permiten un mínimo paseo, pero no me quejo porque soy un disfrutón.

Disfrutón del regalo de tener un buen empleo, de saber que el amor llena mi corazón, de poseer estas tardes anónimas, solitarias, en medio de ninguna parte, donde puedo dar rienda suelta a mi imaginación espiando camiones que van de aquí para allá, haciendo ruido, moviendo el mundo, como fantasmas centinelas de un polígono carente de la belleza de las cosas.

La frase

Me ocurre a menudo, que tengo tan claro lo que quiero decir, que no termino de cerrarlo.

—Ya una vez que estemos allí lo...

Mi añorada amiga Montse siempre me decía,

—Ay, Salva, ¡termina la frase!

Se me va el santo al cielo antes de hacerlo.

—Pero si tú sabes lo mucho que yo te...

Hay veces, pienso, que mi mente lo hace adrede, porque añora tanto la regañina de Montse que me deja con la última palabra en la boca, para que aparezca mi añorada amiga y me grite,

—¡Ay, Salva!

Siempre ella está en mí.

lunes, octubre 28, 2024

Elisaka

Puede parecer exagerado, pero de entre los episodios más bonitos de mi vida está uno del que no soy más que un personaje secundario.

Nos conocimos siendo adolescentes y ellas dos se querían, se cuidaban y se divertían como hermanas. Estudiantes universitarias en Sevilla, venidas de Huelva, tuve la suerte de cruzarme en su camino cuando yo apenas salía de mi caparazón.

Quiso el destino que una de ellas se enamorase de mí y yo tuviese que desaparecer, sin embargo, en la distancia, las seguí, hasta que un día comprendí que se habían distanciado para siempre.

Treinta años después de su ruptura, tras muchos intentos por mi parte, conseguí provocar el reencuentro de ellas dos.. Fue en mi casa, fue una cena, fue un abrazo imborrable entre las dos.

Ahora vuelven a quererse, a cuidarse, a divertirse.

No sé si volveré a sentir de nuevo en mi vida una felicidad tan pura como ese abrazo que provoqué.

sábado, octubre 26, 2024

Salgados

Me gusta tanto hacer el camino entre Armaçao de Pera y Galé, atravesando un parque natural en plena costa portuguesa, que lo utilizo como terapia, el imaginarlo, cuando el estrés me coge por la garganta en los días duros de trabajo.

Son varios kilómetros sin apenas nadie, entre dunas, lagunas, pinos e higueras, perdido entre cantos de pájaros y el soplo de la brisa del Algarve. 

Me encanta recorrerlo al atardecer, así que suelo llegar  a la otra punta del camino cuando el sol ya se ha puesto.

De tantas veces que lo he tomado, Fran ha calculado el tiempo justo para llegar con el coche allí, unos minutos antes de que yo termine el paseo. 

Es entonces el momento en el que aparece con sus brazos desplegados al final del camino, viniendo hacia mí, justo cuando visualizo, exhausto, los primeros edificios que me conectan de nuevo con la civilización.

Yo abro los brazos igual de grandes, nos da igual quien nos mire, hasta llegar a él y fundirnos en un abrazo, de esos de llevarnos una vida sin vernos.


viernes, octubre 25, 2024

Iván

Mi querido sobrino Iván ha terminado sus estudios de informática y conseguido sus certificados de inglés, así que le toca encontrar un trabajo con el que trazar su futuro, que se presenta esperanzador.

Estos días le lancé el primer reto profesional, darle un meneo a la página web donde está todo el contenido relacionado con mis novelas.

—Quiero que, cuando la gente la vea, digan ¡Guau!

Le he prometido que seré muy exigente y le he aclarado que, al mismo tiempo, confío plenamente en él. Que no quiero decirle cómo tiene que quedar, sino que confío en lo que él me pueda proponer. 

Se pone colorado cuando le hablo con ese tono, pero a todo me dice que sí.

Os invito a visitarla ahora, www.salvador-navarro.com, antes de que Iván le meta mano y consiga entregarme la mejor web de un escritor de todo el mundo mundial.

jueves, octubre 24, 2024

Chunga

¿Hasta dónde debe llegar la empatía cuando te cruzas con gente chunga?

Siempre está la bella persona que te hace el listado de las razones por las que esa persona es así de insoportable e incluso puedes acabar por darle la razón. 

Sí, cierto, tiene tras de sí una carga emocional que la ha convertido en la persona insufrible que es hoy.

¿Cuál es nuestro rol? ¿Hasta qué punto tenemos que soportar a quienes ya se volvieron un engorro?

Hay días en los que pienso que somos demasiado benévolos con aquellos que van por la vida haciendo daño, hay otros en los que imagino qué hubiera sido de mí de haber vivido en su piel.

La respuesta cierta no es ni una ni otra, sino el hecho en sí de preguntártela.

Tiempo

No me da tiempo.

Es una frase torpe. A mí me lo parece. Cuando la escucho de alguien que conozco me suele incomodar, porque sé que no es cierta.

Siempre hay tiempo.

Son muchos los enredos en los que los humanos nos metemos, más aun si se tienen niños o padres que cuidar, si se encadenan varios trabajos, si cada día pasas dos horas en atascos, si tienes que cocinar, que planchar, que hacer la compra.

Pero siempre hay tiempo.

¿Qué sería de mí si no tuviera tiempo para ti?

martes, octubre 22, 2024

Juventud

Me recorre desde los treinta años la sensación de que me hice joven tarde, de que empecé a disfrutarlo cuando otros terminaban de serlo.

Mi espíritu siempre luminoso me hace tomarlo como una ventaja, pese a la desazón, porque ataqué esa época de descubrir el sexo, las juergas, la aventura de sentirme vivo con las armas de un trabajo fijo, un cuerpo ya hecho y un lugar propio donde dormir.

Sin embargo, muy para mí, sé que me robaron esa parte de mi vida, la de los ventitantos, la de compartir el descubrimiento del mundo junto a los amigos, la de enamorarme hasta las cejas y ser correspondido, la de cantar a los cuatro vientos que era feliz, porque nunca lo era.

Atravesé el túnel, sí, mientras la vida corría a mi lado y yo la observaba desde mi ventana, tomé las fuerzas para no caer, como tantos sí lo hicieron, y poder decirme a mí mismo que nadie escribiría mi futuro.

Tardé quince años en quitarme la carga de la culpabilidad por algo que no había cometido.

Descubrir la homosexualidad en los tiempos de mi adolescencia fue perder una juventud que ya nadie me devuelve.

La homofobia es el horror, creedme.

lunes, octubre 21, 2024

Ochoa

Siempre terminábamos allí cuando íbamos de compras por el centro.

¿Un carmen en el Ochoa?

A mi madre le volvía loca esa copa chata de metal donde nos colocaban bolas de helado adornadas con caramelo, servidas por camareros uniformados, en la más clásica de las confiterías de Sevilla.

Dejábamos las bolsas colgadas en la barra y nos apostábamos allí, hasta buscar con la cucharilla el último rastro de nata.

En esta media vida sin ella, cada vez que paso por la calle Sierpes miro de reojo a la confitería. Ya no quedará nadie de entonces, quién sabe si siguen sirviendo cármenes con caramelo, ni si habrá madres golosas que lleven a sus niños a asomarse al placer de los momentos que se van para siempre.

Sudor

Participaba en un congreso sobre reciclaje de baterías y un joven del equipo organizador nos explicó las cuatro claves para un trabajo en grupo que nos proponían realizar.

Ese chaval estaba fuera de lugar.

Lo sé porque he estado ahí, en ese sitio al que no pertenecemos, allí donde nos lleva la vida sin nosotros querer, entre personas que no nos interesan, ejerciendo un papel que no nos corresponde, deseando que pasen las horas para recuperar el terreno propio, extraño, forzado, infeliz.

Cuando terminó de darnos las instrucciones, cruzó la mirada conmigo.

Descubrió que yo lo descubrí.

domingo, octubre 20, 2024

Qué dirán

Qué marcados estamos por el qué dirán, aunque pensemos que no.

Mofarse del diferente lo hemos mamado desde la escuela y esas burlas nos han encorsetado en no traspasar determinadas fronteras, más allá de las cuales está mal visto que te muevas.

Liberarse es una terapia enriquecedora, porque a nadie le importa un comino si vas o vienes, si te vistes así o de aquella manera, si gastas tu dinero en esto o en lo otro.

El censurador, mal que nos pese, está en nosotros mismos, las restricciones nos la ponemos nosotros, el temor al qué dirán no es sino un miedo interno a ser más libres.

Hola

Mañana esplendorosa de un domingo otoñal en Sevilla.

—¿Te apetece una ensalada de bacalao?

A Fran se le encendieron los ojos.

—¡Claro que sí!

Los dos sabíamos de qué lugar hablábamos, en una de las placitas más coquetas del centro de la ciudad, escondida, donde hemos celebrado tantas tertulias con amigos.

Nos adentramos en la penumbra del local para pedir una mesa en la terraza.

—Hola —saludamos.

Ninguna de las tres chicas nos respondió. A ninguna conocíamos de otras veces.

—¿Queréis una mesa fuera? —preguntó, por fin, una de ellas, con cara de cuerno.

Nos sentamos, nos miramos y nos entendimos.

—Vámonos de aquí.

El paseo se volvió aun más liviano. Me hace mucho bien no tragarme sapos que no tengo por qué aguantar.


viernes, octubre 18, 2024

Maricón

Unos alumnos de una universidad privada de Navarra se lanzan detrás del ministro del Interior, Grande-Marlaska, al grito de 'maricón'. Sí, en una universidad católica. ¿Es eso lo que transmitió el fundador de la institución? ¿Es ese el amor de Jesucristo?

Reconocido homosexual, fuera de consideraciones políticas, este hombre sufre en sus carnes lo que muchos hemos padecido durante toda nuestra vida, el odio de quienes se consideran 'normales'.

No hace mucho, a propósito de ese mismo ministro, un familiar mío, cercano, que conoce de primera mano mi sexualidad, mi relación con Fran, mi historia personal, me reenvió un mensaje al móvil que decía:

'Marlaska, dimisión por maricón'.

Me entró un escalofrío por el cuerpo. ¿Se puede ser más torpe?

jueves, octubre 17, 2024

Vidrio

Cada vez que tiro las botellas en el contenedor de vidrio, miro a la ventana que está justo encima y pienso en las maldiciones que estarán habituados a mascullar sus inquilinos cada vez que oyen la descarga de cristales rompiéndose entre sí.

Nadie está a salvo de que un día le coloquen uno igual bajo su ventana.

Entonces añorarás, con impotencia, los tiempos de las siestas infinitas, los despertares suaves provocados por la luz del amanecer, el ciclo armonioso de las cosas.


Huevo

Siempre me quedo corto a la hora de cascar el huevo.

Me gusta prepararme uno para desayunar y, a pesar de ese hábito diario, no consigo romperlo a la primera de forma limpia. Si decido aplicar más fuerza, reviento la yema y se me cae toda la cáscara sobre la sartén.

Así somos los humanos, hay quien nunca llega, quien siempre se pasa y el que consigue dejar impecable el huevo en el aceite hirviendo.

Me ocurre a menudo en el trato con las personas con las que no me llevo bien. O me quedo corto, frustrado por no saber defender mi espacio, o destrozo mi mal rollo contra su sartén.

lunes, octubre 14, 2024

Inteligencia artificial

Las redes sociales insisten en mostrarme cosas que me hacen dudar de la potencia de la inteligencia artificial.

Se supone que analiza mis gustos, almacena mis corazones, se queda con la copla de aquellos comentarios que hago y construye el perfil de la persona que soy para que, tras batir todo eso en su propia minipimer, me empiece a ofrecer estímulos que me hagan permanecer más tiempo conectado, desprotegido ante ofertas irrechazables de productos que acabaré comprando.

He de confesar que, en la mayoría de los casos, lo consigue.

Lo que ocurre es que, de vez en cuando, pega un petardazo y me muestra aplicaciones de citas con mujeres, discursos de gente casposa, manifiestos a favor de Donald Trump, grupos de chavalitos haciendo el indio y me digo, qué miedo quedar en manos de quien tiene inteligencia pero carece de mano izquierda.


domingo, octubre 13, 2024

Caries

Cuando eres pequeño no sabes relacionar un determinado dolor con una caries o una actitud hacia ti como una traición.

Los años van estableciendo esa conexión en la que distinguir dónde está el origen de cada malestar, lo que ayuda a poner a uno en alerta cuando siente ese picotazo desagradable y, de esa forma, establecer las barreras para evitar el daño en la medida de lo posible.

La vida se va volviendo un construir murallas contra los ataques que vienen y vendrán.

La clave está en entender que un exceso de precaución nos vuelve aún más vulnerables, que estar expuestos es un precio necesario a pagar si queremos tener el control de nuestras vidas.

El arte está en conseguir que los muros de defensa no tapen del todo el paisaje. 

Buddenbrook

Hay libros que llegan para quedarse en tu corazón, a los que puedes acudir cerrando los ojos o acercándote a las estanterías de tu librería. Un lugar calentito donde refugiarte cuando apetece reencontrarte con viejos conocidos.

A mí me ocurre con Los Buddenbrook. Viajo a su decadente casa de Lûbeck para ver si todo sigo igual, aún esperanzado con la posibilidad de que aparezca en la vida de la rebelde Tony su primer novio de juventud para sacarla de esa cuesta abajo en la que se metió por aceptar una boda de conveniencia.

Tengo la casa organizada en mi cabeza, los desayunos, las precenas, los conciertos de piano donde todos se miran, desconfiados, al calor de la chimenea.

Debo visitar Lûbeck.

¿A qué libro viajarías tú?

Médicos

Esta semana ha sido, por circunstancias, de cenas con médicos. Amigos y familiares de los que estoy orgulloso, con los que siempre aprendo.

En muchas ocasiones se disculpan por hablar de asuntos profesionales, cuando yo les incito a todo lo contrario, curioso como soy por saber acerca de cómo enfrentan el reto de luchar contra los rotos de la mala salud.

Lo que ocurre es que su conversación, incluso cuando no se impregna de temas sanitarios, está plagada de una visión del mundo que no tenemos quienes no estamos habituados a tratar a diario con la enfermedad.

En su forma de explicarse, en la manera de mirarte al hablar, en sus risas infantiles hay un toque de humanidad soterrado, desnudo de artificios, carente de tonterías, de lenguaje directo, pegado a la verdad de las cosas.

sábado, octubre 12, 2024

Pirámide

Mi larga experiencia profesional me permite concluir que, cuanto más alto se está en el escalafón, más puñaladas, sibilinas, se observan por metro cuadrado.

Así de triste.

Si vemos las empresas como pirámides, conforme se estrecha el espacio, al subir de altura, hace que los que han llegado hasta allí no se fíen del de al lado y pisoteen antes de verse pisoteados, siempre ansiando subir un escalón más.

Tengo compañeros formidables, que bien he cuidado de mantenerlos siempre a mi lado, lo que no evita, para mi desgracia, la crueldad de mi reflexión.

El ser humano se hace menos de fiar cuanto más poder tiene.

miércoles, octubre 09, 2024

Fotos

Me gustaría hacer fotos a personas que viven en su mundo, pero no quiero molestar.

Guardar para siempre la imagen que, de pronto, resume el significado de la soledad, del disfrute, del sofoco y no tener que forzar las neuronas para guardar un retrato que se difuminará con el tiempo.

Si les pidiera permiso, se rompería la magia del instante preciso.

Quizás por eso me guste dibujar con palabras esas situaciones cotidianas, de mi día a día, y así capturar, sin importunar a nadie, esos fogonazos mágicos del existir.

Nariz

Veníamos de dar un largo paseo por un parque, que no conocía, de Sevilla, en una zona muy humilde de la ciudad, cuando nos cruzamos con dos señoras de edad avanzada.

Una de ellas sacó un pañuelo de su bolsillo y se sonó al pasar a nuestro lado.

Me giré hacia Fran y le dije:

¿Lo has visto?

Él asintió.

Qué dolor de vida.

Sí, los dos habíamos visto su nariz deforme, morada como una berenjena. 

Tendría cerca de 80 años y toda una existencia sonándose con un pañuelo sin estar resfriada.

martes, octubre 08, 2024

Suecia

Los complejos se acaban cuando observas el mundo con atención y confirmas que nada hay en ti que merezca sentir vergüenza.

La otra noche, tras un día intenso, investigué una película en Netflix mientras Fran, ya tirado en el sofá, colocaba los cojines con ninguna intención de mantenerse despierto.

Así que me lancé por una película sueca.

¡Qué película más mala!

Tan mala era que no podía dejar de verla. Me dieron las dos de la mañana, con las orejas agotadas de tanto bajar el volumen.

—Bore, baja un puntito —me decía Fran cada vez que se daba, como una croqueta, una vuelta en el sofá.

Pensé entonces en las películas de Torrente, que nunca he visto, y me dije "Ya quisieran".