viernes, diciembre 28, 2012

Mezcla

Mañana es el cumple de Iván y, como le había prometido, nos hemos ido los dos a comprar su regalo: las botas de Messi.

En el camino hacia el centro empezó a hacerme el repaso de los amigos que irán a la fiesta de mañana: Pablo, Abilio, Álex... y dos nombres que yo no terminaba de controlar.

-¿Esos son tus amigos que tienen una madre japonesa, Iván?

-Sí. Pero son de aquí, porque el padre es español.

Entonces le comenté lo bonita que era la mezcla.

-Fíjate que siempre que se juntan dos personas de distinta raza tienen hijos que tienen un poco de los dos, y eso es muy bonito. Que la gente diferente se junte y vayamos mezclándonos entre todos.

-Pues esos dos tienen toda la cara japonesa -sentenció él, dudando de mi razonamiento.

Seguíamos camino de la compra cuando a él se le encendió la luz:

-Pero es verdad, porque tienen toda la cara japonesa, pero han salido hablando español.

miércoles, diciembre 26, 2012

Catedral

Los franceses llaman 'flâner' al pasearse sin rumbo, sin prisas, sin objetivo.

Aprovechar los días de descanso con que se nos regala en períodos de vacaciones me permite hacer eso, disfrutar de las mañanas frescas y luminosas de Sevilla para pateármela sin otra expectativa que ésa (me niego a dejar de utilizar las tildes en los pronombres demostrativos por mucho que lo prescriba la RAE).

Nos habíamos levantado pronto para llevar mi novela al registro, de horarios imposibles para quienes trabajamos, y nos convencimos para ir caminando con tranquilidad hacia la Catedral.

Es uno de esos lugares a los que siempre voy con algún francés, o un madrileño, o un japonés. Visita rápida para continuar por los Alcázares, Archivo de Indias, Barrio Santa Cruz... explicando con precisión las informaciones relevantes que deberían retener de su visita a mi ciudad.

Hacía una eternidad que no la visitaba, la Catedral, para mí mismo. Esa mole inmensa de siete naves construida hace más de quinientos años. Poder pararme en cada capilla, casi cincuenta, que podrían ser perfectamente la iglesia mayor de cualquier pueblo, leer la historia de sus arquitectos: flamencos, portugueses, franceses, alemanes, castellanos, andaluces... Admirar cuadros, frescos y esculturas de los grandes de todas las épocas, oler, tocas las piedras, escuchar cómo suenan las conversaciones en su interior, imaginar la vida allí, tan desprovista de elementos perecederos que dificulten situarse en un determinado tiempo.

Nos unimos a un grupo de turistas gallegos en el Altar Mayor, donde la guía, extrovertida e ingeniosa, contó como las figuras de ese inmenso retablo se iban construyendo cada vez más grandes para poder explicar toda la vida de Jesús sin tener la sensación que las imágenes se fueran haciendo más pequeñas conforme subiésemos la mirada hasta los veinte metros de altura a los que llega.

Los seguí, como un turista gallego más, para que me explicara los detalles de la tumba de Colón o quién era el protagonista, orondo y gigante, del fresco inmenso de uno de los laterales del crucero principal. Era San Cristóbal, al que se ruega contra la muerte repentina.

Paseé por el Patio de los Naranjos, testigo mudo del esplendoroso pasado árabe de la ciudad, desde el que se observa una Giralda imponente, símbolo de dos religiones unidas en piedra durante siglos.

Horas en la Catedral para disfrute propio, calmado y sanador.

sábado, diciembre 22, 2012

Teoría

Una de las principales muestras de la debilidad humana se manifiesta en el importante salto existente, muy a nuestro pesar, entre nuestros principios y nuestros actos.

La bondad, como tal, es fácil definirla; los actos buenos y generosos son identificables, podemos reconocerlos, aplaudirlos y apuntarlos en nuestro listado inconsciente de modelos a seguir.

Es incontestable el beneficio que supone reciclar, pero qué lejos queda el contenedor de vidrios.

Sé cómo de importante es sostener el ánimo de amigos despistados, pero he dejado a muchos a un lado, con los años, por no aguantar su tristeza, su debilidad o sus jodidas imperfecciones, tan humanas.

Critico con convencimiento actuaciones frívolas que luego repito, identifico comentarios estúpidos que, sin darme cuenta, acaban resbalándose de entre mis labios.

Es fácil banalizar la importancia del dinero cuando se tiene y jode dedicarle más tiempo del preciso a pensar en él, resulta natural criticar a quien se salta un semáforo al tiempo que se grita como un energúmeno ante un conductor despistado. Aconsejar acerca del desamor es sencillo cuando no se tiene el alma desgarrada, ver la soledad de lejos es incluso hermoso cuando se tiene una mano siempre cerca.

Nos sentimos incomprendidos por minucias que nos hacen creernos centros del universo mientras soslayamos situaciones personales dramáticas de gente que viven sus miserias, más cerca de lo que desearíamos, en silencio.

Me quejo de egoísmos de los que acabo siendo protagonista.

lunes, diciembre 17, 2012

Huyendo de mí

Hace años comencé a escribir mi última historia de ficción, hace pocos meses la finalicé.

Quiero ir con calma, hacerlo todo bien para llegar a redondear una obra honesta, emotiva y divertida, fácil de leer pero compleja, actual aun tratando conflictos humanos que pudiesen ser entendidos en cualquier época y lugar.

Imaginé hasta dónde podía llegar el amor, el real entre amantes ya disfrutado durante años, sincero pero barnizado por innumerables actores externos que lo pulen, lo retuercen, dimensionándolo con otras formas distintas a las originales.

Quería analizar, a partir de una pareja inventada, cómo actuaría uno de ellos cuando la otra persona le abriera de par en par las puertas a otros amores de juventud.

Creada la trama mis personajes se rebelaron, ningún humano -me decían con sus reacciones- es capaz de tanta generosidad, nadie ama tanto como para entregar a otra persona el objeto de su deseo por buscarle la felicidad total, aun sintiendo que no tenga la energía suficiente para mantener encendida con la misma potencia la llama de su relación.

Surgieron dudas en aquella persona que ofrecía, surgieron dudas en aquél a quien le presentaban otros caminos y, como siempre ocurre, se cruzaron otros motivos, circunstancias imprevistas, informaciones que uno no conoce del otro hasta que no lo pone a prueba. El antiguo amor de juventud ya no era el mismo ser humano, ni podía hacerse cómplice de una estrategia sin conocerla.

A quien diseñó esa estrategia se le escapó que la vida siempre puede ofrecer sorpresas más grandes de las intuidas y una muerte amiga vino a sacudir todos los resortes inimaginados cuando se veía sólo la propia realidad de un plan construido, a pesar de las buenas intenciones, de manera artificial.

Creemos en el control de nuestros actos, pero la bola del mundo rueda mucho más firme y mis personajes, aturdidos, se dejaban guiar por el temor a haber perdido una estabilidad que nunca deja de ser una quimera.

El círculo no podía cerrarse, porque las historias humanas no son circulares ni tienen sentido completo en sí.

Alguien abre la puerta por amor y no sabe hasta qué punto uno es pequeño cuando pierde las coordenadas del ser amado.

Y el ser amado, empujado a ponerse a prueba sin saberlo, soltado de los hilos que le unen a su relación afectiva de siempre, comienza a huir hacia adelante queriendo encontrar el camino de vuelta hacia un tiempo anterior del que no sabe cómo ha salido.

Dos seres humanos, repletos de buenas intenciones, se perdían en dos dinámicas perversas confundidos por el creer conocer al otro.

La historia estaba escrita.

Tocaba el momento de colocarle un título y registrarla. Hoy ha sido ese día y el título no podía ser otro, tanto para la que organiza la estrategia como para el que participa en ella sin saberlo:

Huyendo de mí.

jueves, diciembre 13, 2012

Madrid

Cada vez que vengo a esta ciudad tengo sensaciones duales que oscilan entre el desencuentro y la pasión.

No resulta hospitalaria en sus formas, llena de cuestas y enormes edificios, para un sevillano acostumbrado a la planicie de una ciudad de dimensiones controlables. No me resulta armoniosa Madrid, aunque tenga retales construidos por avenidas amplias que me la hacen deslumbrante.

Madrid es más dura que ciudades de su tamaño, es menos homogénea que otras, más caótica. Está hecha a partir de costuras rotas y remendadas demasiado rápido y demasiadas veces.

Sin embargo Madrid es mía.

Tengo la certeza de que es mía. Dura y caótica, pura España. Cutre, cultivada, provocadora, ruidosa, perversa y castiza, donde un andaluz o un asturiano se encuentran por igual en territorio neutro y al mismo tiempo en casa.

Preferiría para mi país la belleza arrebatadora de París, el tremendo pasado de Roma, el cosmopolitismo inmenso de Londres, la vanguardia infinita de Berlín, Tokio o Nueva York, sin embargo Madrid es mía.

Mi dolor y mi esperanza, divertida como pocas, cateta, hospitalaria, chula, moderna, soez y embaucadora de cultura universal. Pura España.

lunes, diciembre 10, 2012

Autopista

No llevaba ni un mes viviendo en Francia cuando me encomendaron impartir cursos de determinados útiles de resolución y análisis de problemas a grupos de técnicos en las distintas fábricas que el grupo Renault tiene por el norte del país.

Mi primer destino fue una pequeña factoría que produce motores no muy lejos de Lille.

La jornada era muy dinámica. Había una parte teórica de introducción pero la mayor parte del curso se realizaba a partir de ejemplos prácticos para los que yo había traído todo el material.

No llevaba una hora en el atril explicando en qué consistía el curso cuando noté que comenzaban a reírse de mi acento. No quise dar importancia y seguí para adelante. El grupo era más numeroso de lo previsto, por lo que tragué aire y tomé fuerzas para llegar hasta el final sin dar mayor importancia.

Una vez que comenzaron los ejercicios la situación se hizo más fluida. En el tête à tête era más difícil que me faltasen al respeto. Creí haberme ganado a los alumnos, alguno de los cuales tenía edad para haber sido mi padre.

En la hora final de conclusiones, conmigo de nuevo en el estrado, comenzaron de nuevo las risas.

Enfilé la autopista hacia París dando puñetazos al volante por no haberlos puesto en su sitio, pero se me hizo en su momento una barrera infranqueable mostrar mi enfado en un francés que por entonces no me permitía mostrar cómo me hervía la sangre.

Volví a dar muchos cursos durante años. Nunca volví a dar golpetazos al volante.

viernes, diciembre 07, 2012

Involución

En nombre de la crisis se está produciendo un fenómeno terrible en gran parte del mundo civilizado, pero de forma especialmente virulenta en España.

A los recortes económicos con el único objetivo de alcanzar el déficit se unen otros que no tienen nada que ver con este objetivo y sí con uno mucho más concreto, volver a tiempos clasistas en que el poder recaiga sin dudas en aquél que posea el dinero y el que abrace la religión católica. No tenemos más que analizar los pasos dados por dos ministros tan retrógrados como Wert y Gallardón, que en pocos meses se quieren cargar derechos conseguidos durante varias generaciones de democracia española. Se apunta contra la laicidad en la escuela, contra el derecho de la mujer a un aborto digno o se subleva a regiones con políticas no consensuadas que atacan a sus lenguas para enfrentarnos a unos españoles con otros, con palabras gruesas, altaneras y chulescas que pretenden hablar en nombre de un pueblo español del que yo no me siento parte.

A todo ello se unen medidas realmente perversas, como la de amenazar con quitar el sueldo a los políticos electos, con un deformado mensaje populista, para que quien acabe optando a gobernarnos sea aquél que viva de las rentas y pueda permitirse jugar a elaborar presupuestos como quien juega a los clicks de famóbil.

Todo vale contra el déficit, incumpliendo su programa en cada una de sus medidas: eliminación de becas, copago (repago) sanitario, eliminación de pagas extras, congelación de las pensiones, subidas de impuestos, expulsión de inmigrantes del sistema de salud, introducción de tasas judiciales hasta para registrar el nacimiento de un crío... Pero sin atacar otros frentes que pudiesen hacernos llegar a ese déficit con otras armas más honestas, como las de conseguir imposiciones efectivas a las transacciones financieras y especulativas, penalizar con impuestos significativos a las grandes fortunas que esconden sus riquezas en productos complejos (como las SICAB) y, sobre todo, luchando por crear empleo.

No veo una política industrial que intente apoyar aquello en lo que somos fuertes. Somos muy buenos en energías renovables, en industria aerospacial, en la turística, en la editorial, la automovilística, la investigación médica, la del diseño textil, la de construcción ferroviaria o la agrícola y ganadera. Tenemos una lengua hablada en medio mundo y multinacionales expandidas por todo el planeta que son orgullo de un buen hacer. ¿Por qué no apoyamos a estos sectores? Con medidas inteligentes de desgravaciones, asesoramiento, ayudas a la contratación, encuentros internacionales. ¡Qué bueno sería convencer a cada una de las multinacionales de nuestro país para que contratara, al menos, a un españolito en cada lugar del mundo donde tuviesen una tienda, estudio, oficina bancaria o tajo de obra! Serían decenas de miles, llevarían con ellos nuestra lengua y la imagen de sociedad dinámica y volverían con un currículum mucho más rico.

Aunque fuesen planes no suficientemente productivos, hay que lanzar al menos ideas en positivo de que las cosas pueden cambiar y de que el gobierno se preocupa no sólo de retirar dinero y prestaciones a los ciudadanos, sino que también piensa en nosotros como su principal preocupación, poniéndonos en lugar de los mercados.

¡Hay que construir ilusiones!

Cada idea emprendedora tendría que tener un apoyo inmediato de la administración pública, no ncecesariamente económica, aunque sea para sacar adelante una de cada diez que se propongan. Para eso queremos a los políticos que nos gobiernan, para que ayude al pueblo que los eligió, lo escuche y facilite las cosas.

¿Para cuándo el enlace directo entre institutos de formación profesional y empresas?, ¿para cuándo dejamos el que nuestras universidades sean modelos de gestión pública a la escucha del mercado laboral?, ¿hasta dónde hay que llegar para que se facilite la creación de empresas en una ventanilla única?

Para conseguir que un país se levante hay que elaborar un mensaje alentador a base de proyectos. Y este gobierno no tiene ninguno. Sólo recaudar dinero olfateando entre la miseria.

lunes, diciembre 03, 2012

Einstein

Hay noticias que cabrean, otras que alegran, pero hay algunas que despistan.

A mí me jode enterarme que el cerebro de Einstein era especialmente grande y con más nudos neuronales que uno de andar por casa. Hablo en pasado no sólo porque ese órgano tan reputado esté ya muerto, sino porque se encargaron hace décadas de descomponerlo en múltiples trozos para ser analizado en distintos laboratorios repartidos por todo el mundo.

Y me mosquea porque es una noticia desalentadora, ya que aunque sea razonable pensar que la inteligencia no sea un don con el que todo el mundo nace, sí que en cierta forma tenemos la esperanza de que el esfuerzo sea un factor a tener en cuenta cuando pensamos en la preparación de una persona sabia.

Que Einstein tuviera un cerebro fuera de lo normal desde pequeñillo lo pone a la altura de Rocco Siffredi, aunque estemos hablando de otro miembro del cuerpo como base de una vida exitosa.

Romper la alianza entre el empeño por aprender y la sabiduría desmotiva, aunque a mi edad ya no confíe en llegar mucho más lejos, pero sí es cierto que me gusta idealizar la capacidad de una persona para hacerse a sí misma.

Ese estudio pone tan en carne viva la relación entre lo físico y lo mental, algo que no dudo que sea cierto, que viene a resultar contradictorio como análisis.

El hombre, alcanzando las mayores cotas de inteligencia en sus experimentaciones viene a demostrar que una inteligencia excepcional no es más que un puñado de surcos y crestas en lóbulos craneales mejor formados que la media.

El científico sublime descubre la propia pequeñez y arbitrariedad de su extrema inteligencia. Al asomarse al microscopio de su cerebro atraviesa el abismo de sentir que todo lo que sabe no es más que producto de un afortunado cruce de cromosomas del que es complicado presumir.

Seguro que habrá muchos cerebros de la calidad del de Einstein viajando por el mundo desaprovechados, pero también es cierto que muchos sacrificados pensadores nunca llegarían a confirmar su propia grandeza al no haber nacido bien dotados.

Y quizás Rocco Siffredi se lo haya pasado mejor en vida con sus atributos que Einstein con los suyos.

O no.