lunes, agosto 25, 2014

Piscina

Dicen que un burro encerrado en mitad de una habitación simétrica, con dos grandes sacos de pasto en cada esquina, moriría por su incapacidad de decidir hacia cual de los dos fardos dirigirse.

Tan feliz estaba yo ayer al borde de una piscina que tuve la sensación del burro en la encrucijada. No había argumentos suficientes que me provocasen moverme, allí tirado al sol con los pies dentro del agua. Apetecía una cerveza, apetecía bañarme, apetecía dormirme… Y todo era tan fácil que no era capaz de decantarme por nada.

Lo jodido es cuando esa indecisión dura más que treinta minutos, se hace norma y vas poco a poco entrando en dinámicas de no arriesgar, permaneciendo cada vez más calentito en esa zona confortable en la que lo que entiendes por mayor placer viene dado por la ausencia de movimiento, de proyectos a fin de cuentas.

Tengo gente cercana que entra, sin que ellos quieran admitirlo, en el cuadrado narcotizante del burro inmóvil que basa todas sus respuestas en excusas para no avanzar.

Esta época de crisis ha zarandeado con fuerza al personal y son muchos los que han tenido que ponerse las pilas para buscar un camino de salida a situaciones vitales muy desagradables; pero también hay una gran cantidad de afectados que se han ido metiendo en el agujero de la falta de decisiones que te engulle como arenas movedizas.

domingo, agosto 17, 2014

Entrometidos

Aunque no siempre es así, sí que me parece una gran reflexión aquélla de 'lo que diferencia a la amistad del amor es la certidumbre'.

Una amistad consolidada, equilibrada y honesta (como toda amistad, por otro lado, tendría que definirse) debería valorar el consejo, el comentario o la crítica como algo inherente al hecho de quererse.

Aun siendo doloroso a veces, porque los amigos son precisamente quienes mejor te conocen, yo no sólo no me quejo sino que les pido que se entrometan en mi vida. Ya soy mayorcito para luego decidir con qué me quedo o cuánto saco de positivo de las sensaciones que me aporten.

Sí, es cierto que la principal virtud de un buen amigo es la de la escucha. Cuando en ocasiones críticas, y me vienen muchas a la cabeza, he acudido a alguna de las personas que me aprecian, siempre ha sido buscando un cómplice. El error consiste, a mi entender, en querer cómplices mudos.

Un buen amigo es el que te desnuda de prejuicios y sabe hacerte ver el ser humano, enorme pero imperfecto, que tu cuerpo esconde.

Hubo momentos, lejanos y recientes, en que esa fórmula falló, en que las opiniones se tomaron a mal. Y siempre esas amistades comenzaron a enfriarse. Tal vez yo sea por eso una persona de pocos amigos íntimos, quizás por entender mis relaciones de una forma demasiado calvinista, estoica o responsable. No me valen grandes amigos de 'jiji-jaja'.

Quiero que se entrometan en mi vida, porque pienso entrometerme en las suyas. Me importa la felicidad de aquel a quien quiero.

lunes, agosto 11, 2014

Gran Hermano

De no haber sido porque en un instante me dio por buscar una oferta de fin de semana en Marbella para finales de agosto no me habría dado cuenta.

Estamos preparando con ganas casi infantiles, en este verano en que me tocó trabajar, por vez primera, en Sevilla, nuestro próximo viaje a Nueva York para el mes de octubre, tras varios intentos anulados en años pasados.

Tenemos tantos recuerdos de anteriores viajes que bucear por internet buscando sitios donde alojarnos o proyectando cenas o excursiones futuras supone un juego placentero en que echar horas muertas en estas tardes de agosto en que apenas queda gente conocida en la ciudad.

Había un hotel del que no recordaba el nombre, pero sí que podía acceder a él a través de una página que te conduce a sitios de diseño y alojamientos con cierto glamour llamada Splendia.

El caso es que, tras un rato de apuntar ideas, cerré el ordenador para tirarme en el sofá a pierna suelta.

Fue justo al levantarme, al conectarme de nuevo a Internet para echar un vistazo a la prensa electrónica, cuando encontré que toda la publicidad que me ofrecía la portada de El País, perfectamente entrelazada entre sus titularesvenía resumida por dos grandes ofertas: hoteles de Nueva York a través de la página de Splendia y justo, qué casualidad, el rincón de Marbella que tuve la curiosidad de consultar.

Sí, no me he caído de un guindo, pero no podía imaginar que el Gran Hermano andaba tan cerca ni pude evitar el desconcierto de pensar que ya no existe marcha atrás.

Ya muestra su ojo enorme sin tapujos, indecente, descarado y desafiante.

miércoles, agosto 06, 2014

Mantener

La felicidad es el deseo de repetir, escribía Kundera.

Deseo de volver a esos momentos en que nos dolía la barriga de reírnos tirados en la playa sin más, a los fines de semana perfectos con amigos que ya no están en nuestras vidas, a las cenas que se organizaban regularmente con gente que parecía imprescindible, a las tertulias literarias de los martes por la tarde, a los largos paseos en bote por el Guadalquivir, a las clases de inglés recién terminadas.

La naturaleza humana es buscadora de recuerdos, los idealiza y tiende a recrearse en ellos para confirmar lo que anhela, tal vez obviando por instinto la posibilidad de reconocer las felicidades actuales, cerrándose sin querer a admitir futuros inesperados que la descoloquen.

La vida, sin embargo, la real, atolondrada y caótica, se maneja con otros estándares que acogotan al ser humano. Su imprevisibilidad fulmina de raíz esas estratagemas del hombre por atrapar el bienestar mediante rutinas programadas.

El ser más feliz es el que mejor sabe improvisar, el menos apegado a la tierra, el de menos compromisos con el presente; adaptarse así al fluir inconstante de la existencia dejándose el mínimo de rasguños por el camino.

Compatibilizar esa volatilidad vital con unos principios firmes de ética se me antojan las claves reales para triunfar, individualmente y sin trofeos, como persona.

La clave está en no guardar tanta ropa.

Reivindico, con fuerza y convencimiento, el placer del disfrute de los recuerdos, pero lucho por no condicionarme por ellos, porque sé que vendrán situaciones personales extraordinarias que a día de hoy son imposibles de imaginar siquiera.