martes, diciembre 30, 2014

Vivir

Conforme pasan los años, los deseos de futuro se diluyen en básicos que se resumen en el 'quiero vivir'.

El conjunto de las ilusiones, imprescindibles para seguir remando, se concretarán a partir de nuestro esfuerzo por estar sanos. Tal vez es una de las principales enseñanzas del transcurrir del tiempo: la vida no hay que darla por supuesta.

No pido a un dios en el que no creo por mi salud, pero hago lo posible por mejorar cada día mis hábitos: comer mejor, hacer ejercicio, dormir bien y evitar el estrés innecesario. Con el tiempo vendrá lo que tenga que venir, pero en la medida de mis posibilidades haré por añadir factores a mi bienestar personal.

Los proyectos, muchos y diversos, tanto propios como ajenos, individuales y colectivos, se irán generando con esfuerzo y ambición.

No sé quién decía que con la edad vamos empeorando en todo, menos en sabiduría, algo nada baladí.

Mis deseos para 2015 son simples, tal vez egoístas: amar más, y mejor, y sentirme bien con mi cuerpo (para poder amar).

jueves, diciembre 25, 2014

Frugal

Es un adjetivo poco escuchado en el habla diaria, pero de enorme actualidad gracias a la crisis.

Alguien de mi equipo de trabajo me preguntaba no hace mucho por su significado, al oírlo y visualizarlo en presentaciones estratégicas de empresa, donde adquiere un contenido especial: 'hacer lo máximo con la mínima inversión', lo que vendría a ser sinónimo de: 'exprime tus neuronas para encontrar soluciones sencillas a problemas complejos'.

Esta nochebuena mi hermano David ha vuelto, como en el célebre anuncio, a casa. Como cada año, por cierto.

Aunque vive cerca, en la costa de Cádiz, y solemos visitarlo durante el año, especialmente cuando hace buen tiempo, la única ocasión del año en que nos vemos toda la familia al completo es en la cena de ayer.

Con David me pasa algo muy agradable: cada vez me da más alegría verlo. Ha sido un chaval complejo, el cuarto y último hermano, que ha vivido de forma atropellada durante mucho tiempo, convirtiéndose en el ejemplo concreto de superación cuando la vida te abofetea y tú te haces cómplice de tu propia destrucción.

Él es feliz en su casa de madera, con sus paseos por la playa con el viejo Bronco, las clases de futbito a los niños del Palmar, su yoga en Conil, los paseos en bici, su trabajo en un bar de primera línea de playa y su eterna risa inconfundible.

Es de estas personas con las que no tendrías ninguna conexión si no fuese tu hermano, pero por la que lo darías todo, de las que no esperas nada y, sin darte cuenta, un día te das cuenta de que tienes mucho que aprender de ella, de su simplicidad, la fortaleza y la capacidad para vivir feliz de forma austera.

Hace unos días leía en un diario que comer poco te hace ganar años de vida. Imagino que podría hacerse una analogía con el no poseer. No querer tener, sino sentir. Ése es mi hermano.

No diga frugal, ¡diga David!

miércoles, diciembre 17, 2014

Podemos

Sé, en mi fuero interno, que nunca votaré a Podemos. Tan claro lo tengo como que nunca votaré al Partido Popular.

También quiero, en cambio, que saque muchos votos, una parte considerable de asientos en el Congreso y en los ayuntamientos. Entiendo que es necesaria, diría que imprescindible, la llegada de una fuerza política como ésta, sin hipotecas ni traiciones acumuladas.

No los votaré porque no creo en políticas irrealizables sin sustento económico, porque no me gustan los mensajes apocalípticos y porque creo que España tiene remedio con políticas que modifiquen el rumbo sin necesidad de hundir el barco. Perderíamos mucho de lo recorrido en estas décadas de democracia si comenzásemos a levantar barricadas y torpedeásemos la credibilidad de nuestros compromisos internacionales. No creo, a estas alturas del partido, en sistemas económicos centralizados ni en la eliminación de los medios privados de comunicación.

Aún así pienso que la fuerza de la democracia es el equilibrio de opciones. Por muy simpatizante de un partido que yo fuese no querría jamás que obtuviera los 350 escaños del Parlamento. No se puede talibanizar el sistema por mucho que uno tenga las ideas claras.

Y Podemos debe hacer mucho por la regeneración de las formas, por la denuncia de los hábitos podridos, por la catársis en los comportamientos. Podemos puede traer decencia a la política.

Esta país anda mal, son demasiadas las personas instaladas en la miseria de una vida sin futuro y no se puede permitir seguir metiendo la basura bajo la alfombra. Es necesario instaurar un código ético implacable basado en leyes robustas; hay que cambiar el sistema educativo de raíz; establecer criterios agresivos, no cosméticos, contra la corrupción y luchar contra la desigualdad de las rentas con una política fiscal justa, sin criminalizar al que más tiene, poniendo en el centro al emprendedor.

Yo deseo que estos cambios se hagan ya, con rapidez pero con cabeza, y quiero que esa gente enérgica, joven, irreverente y portavoz de una masa enorme de familias indignadas, se siente en nuestro Congreso a no dejar pasar ni una, a representar a los descreídos y hacer volver a esta joven democracia a quienes hace tiempo dejaron, con sólidos argumentos, de creer en ella.

martes, diciembre 09, 2014

Incendios

Hay un tipo muy definido de comportamientos -decir de personas sería generalizar en exceso- que basa su fuerza en la provocación.

Me refiero a aquéllos que, con el objeto fundamental de hacerse notar, buscan el conflicto permanente. No digo que haya maldad detrás, porque en muchas ocasiones al desafío sigue una disculpa o aclaración; pero siempre tras haber conseguido ponerte la sangre negra.

Normalmente con una sonrisa y tono pretendidamente irónico lanzan una puya sobre ti, bien en forma de reproche, de comentario acerca de lo que dicen de uno o ridiculizando algún aspecto de tu manera de afrontar las cosas para sacar de ti una reacción visceral que les hace regodearse con cara de preocupación.

'Perdona, no imaginé que pudiera afectarte tanto…'

Hacer daño para poner la herida, incendiar para ofrecerse como el bombero comprensivo que echamos en falta.

Entiendo que es un signo inequívoco de inmadurez, como tantos, el actuar cara a los demás con astucias estudiadas, tan malas como las instintivas, para buscar en el desequilibrio el principio de comunicación.

Una falsa asertividad disfrazada de inocencia para decir con agresividad lo que siempre se puede ofrecer con el discurso sano de quien se preocupa por el otro.

Recuerdo ciertas personas que pasaron por mi vida especialistas en comenzar las frases diciendo 'me han dicho que tú…' y que ya no están conmigo. Huyo de ellas.

miércoles, diciembre 03, 2014

Fráncfort

Cuando uno se pasea por Fráncfort una mañana laborable cualquiera de finales de noviembre entiende que los alemanes tenga en su imaginario colectivo la Costa del Sol como señuelo de otra vida posible, aunque sólo sea por saber que ésta existe.

Elisa y yo salimos del hotel hace justo una semana, antes de las ocho de la mañana, para aprovechar las dos horas de las que disponíamos antes de tomar el avión de vuelta tras un viaje de trabajo al norte de Francia.

Mis recuerdos de Fráncfort eran los de un verano mochilero con nuestra añorada Araceli y mi amigo Rafa, hace casi veinte años y con la mochila encima. Sin ser las imágenes que conservo de entonces nada nítidas, sí pude confirmar cómo ha crecido la ciudad, sobre todo en altura, y la importante actividad económica que se mueve por allí, tan distante en todo de nuestra Andalucía a medio gas.

Lo que sorprende más a un andaluz, al menos a mí, es el cielo gris, el frío intenso y la escasez de luz.

El centro se recorre en un rato. Tuvimos la suerte de encontrarnos a horas tan tempranas la catedral abierta, con un amplio coro ensayando en el interior, lo que nos sirvió para entrar en calor. Maravilloso.

'Me gustan las catedrales del norte, tan austeras', comentó Elisa, en contraposición a nuestras iglesias cargadísimas del sur. Le pregunté si era creyente, algo de lo que nunca había tenido ocasión de hablar con ella.

'¡¿Yo creyente?!', exclamó sorprendida. '¡Qué va, Salva!', confirmó mientras, en un gesto instintivo, mojaba sus dedos en el agua bendita y se santiguaba maquinalmente.