lunes, noviembre 05, 2007

La fe

Mi razonamiento es simple y por ser tan simple me sorprende el que una gran parte del género humano no lo vea así.

Creer (en la Verdad Absoluta) en función del lugar en que se nace, defender a Cristo, Yahvé, Mahoma, Buda o Confucio según uno sea español, israelita, argelino, indio o japonés es la mayor de las contradicciones. Conclusión: La Verdad Absoluta no debe ir por ahí.

Actuar (en función de cómo aproximarnos a esa Verdad Absoluta) para obtener los favores divinos: Redención, reencarnación, vida eterna, en base a reglas que, por lo general y quitando lo superfluo de las cuaresmas, ramadanes, sabaths, vacas sagradas y gongs, priman la bondad humana. Tan simple como la bondad.

Entonces, ¿qué miedos y estrategias?

Si somos buenos, y la bondad sí es una Verdad Universal (no hay nada más que aplicar la regla de pensar en qué hace feliz a los demás y a uno mismo), es suficiente aplicarse a ello.

Si, siendo buenos, no hay nada más allá, habremos cumplido con la esencia del ser humano en su más alto sentido ético. No hace falta más que la Ética para basar una vida completa.

Si, siendo buenos, hay un más allá (imposible de saber, milenios de sabiduría humana no han dado con la respuesta), entonces seremos bien tratados.

En caso de no serlos (bien tratados), sería que ese más allá está dominado por el Mal, algo difícilmente esperable.

Simple.

‘Cuando la religión nos abandona, la Ética funciona bastante bien’ – Julia O’Faolain (No hay lugar para los jóvenes).

viernes, agosto 03, 2007

Gentes de Madrid

Es hermoso escuchar.

Interpretar la realidad con otros ojos.

Hace unas semanas estuvimos en el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Amigos, amigas y amig@s de amig@s, fuimos juntándonos varios treinta-cuarentañeros venidos de Burgos, Albacete, Sevilla, Huelva, Madrid…

Mi amiga Bárbara me hizo partícipe de un sentimiento en ella (que conoce bien la capital): La gente de Madrid, cuando te la encuentras de viaje, es encantadora; están pendientes de los detalles, son solícitos, serviciales…

Generalizar al extremo es del género tonto, pero este tipo de reflexiones suelen ayudar a comprender la naturaleza humana y sus circunstancias.

Algo dará la muchas veces vilipendiada Madrid para que sus habitantes, cuando salen, muestren lo mejor de ellos mismos.

Será más o menos cierto, pero yo me quedo con el comentario y el buen rollito madrileño.

lunes, julio 30, 2007

La historia en los periódicos

Todos los que disfrutamos como niños tomando un desayuno delante de un periódico imagino que vamos atravesando a lo largo de nuestra vida, como respecto a cualquier circunstancia, una evolución significativa en nuestra aproximación a la prensa diaria e inapreciable de un día para otro.

No quiero reflexionar acerca de las tendencias políticas, ideológicas o sociales de la prensa que podamos preferir (aunque tal vez en mi razonamiento las evoluciones sean distintas según a qué tipo de periódicos nos sintamos más unidos).

Con el tiempo he percibido una tendencia en mí a filtrar.

Leer prensa te cultiva. Es difícil que un lector asiduo de prensa (de los disfrutadores de lectura pausada) no sepa situar Sri Lanka en el mapa, no conozca el nombre de los últimos primeros ministros franceses, no sepa distinguir las grandes líneas que distinguen Hammas de Al-fatah o le suene a chino el desarrollo urbanístico de Shangai. A un aficionado a leer periódicos le suenan las cosas sin haberlas estudiado, razona en lo social sabiendo encontrar fácilmente ejemplos, sabe de los avances médicos y de los principales conflictos étnicos o religiosos. Es difícil no tener una opinión formada sobre el chiísmo, el budismo o la iglesia Evangélica americana. A quienes leemos la prensa nos provocan en un sentido u otro las leyes que tengan que ver con la Educación, lo Social, lo Económico, lo Autonómico.

La evolución del lector asiduo de prensa viene con los años. ¿Hacia dónde dirigimos nuestras miradas?, ¿qué nos llama más la atención?, ¿a qué apartado dedicamos más tiempo?

Es consustancial con cada persona dedicar más interés a la prensa rosa, a los deportes, a las necrológicas, a lo local, a la política nacional o a las grandes desgracias mundiales. Pero con el tiempo, al lector medio que dirige sus miradas de forma equilibrada a todos los focos, va tomando más fuerza lo duradero, lo perdurable, aquello de lo que podemos aprender.

En mi caso es así y, como no me considero un bicho raro, pienso que esa tendencia debe ser humana, equilibrada y lógica. Con el tiempo van tomando mayor relevancia las páginas de opinión que la última bravuconada de Bush, con los años prestamos más atención a lo universal que a lo local, a lo social que a lo político (entendido como política de diseño, de la que tanto sabemos en nuestra España, política de hacer política –no de preocuparse por el ciudadano-).

Mi reflexión hace referencia al verdadero sentido de la vida y de las cosas.

¿Qué nos llevamos con nosotros?, ¿de qué hemos aprendido los de mi generación? Cuatro cosas en el fondo. Los grandes titulares en lo internacional pasarían por el fin de la Guerra Fría, la obstinación de Fidel por mantener un régimen aislado, el fracaso americano en Oriente Medio, el crecimiento poco pasional de Europa, la izquierdización democrática de Latinoamérica… lo más destacado en lo nacional pasa por la bonanza económica, el éxito a medias de la integración de las nacionalidades históricas en un Estado que, pese a quien pese, funciona, el papel ridículo de una Iglesia que se encuentra perdida, el gran avance en lo social (divorcio, aborto, matrimonio homosexual, ley de dependencia, ¿futura ley de eutanasia?)

La evolución es saber escoger, leer entre líneas, sentirnos partícipes de este mundo que corre deprisa.

Desayunarnos cada día con una foto de la que vamos aprendiendo a sacar punta, matices, enseñanzas… para que este rato que pasamos por la vida podamos sentirnos vivos, que hemos comprendido algo, que hemos aportado algo

miércoles, mayo 16, 2007

Ejes de felicidad

En un gráfico donde los ejes sean la felicidad y el dinero la línea que los une tiene una pendiente ascendente hasta un umbral de entre 10000 y 20000 euros al año, dependiendo de países y culturas. Luego deja de haber relación. Una vez cubiertas las necesidades básicas y un mínimo imprescindible para el ocio, el dinero deja de tener poder en la creación de felicidad.
La sociedad, en cambio, es profundamente consumista. Lo somos. Suponemos que las acciones que determinan nuestra vida las realizamos porque nos producen placer, porque nos sientan bien. Compramos… para sentirnos felices. Nos creamos necesidades que no tenemos, que no teníamos hasta creárnoslas.
Al Estado le conviene el consumo, que aumente, que se mantenga, que se diversifique. Es fuente de riqueza.
El círculo completo de la felicidad del que no conviene escaparse.
Pero el gráfico nos decía que llegados a un nivel, por ahí no van los tiros de la satisfacción humana.
¿Qué vacíos tratamos de tapar con el consumo? Tener una gran colección de DVD’s, buenos coches, la mejor cocina, un apartamento en la playa, haberse hecho la depilación láser, tener una pantalla plana enorme de gran resolución, una nevera-bodega con temperaturas independientes para los vinos tintos y los blancos, un armario con la mejor ropa de temporada… Suena bien.
¿No se equivocarán los que dicen que esa pendiente se corta cuanto más sube la cuenta corriente?, ¿no son realmente más felices que nosotros los Boyer-Preysler, las Madonna o los hijos de la duquesa de Alba?
Es una evidencia que el nivel de vida en España ha aumentado en los últimos años. Mucho.
Pero, ¿somos más felices?
Se podría decir sí, desde el momento en que hay menos paro (gente que sale de la zona inferior al umbral mínimo). Se podría argumentar también que hay más posibilidad de acceso a placeres que antes estaban vedados a pocos (vuelos más baratos, más oferta cultural…). Y tendríamos razón en defender esa postura.
Se podría opinar también que vivimos más tiempo haciendo dinero (para gastarlo), que somos más competitivos (dinero obliga), que resulta más difícil quedar (todo se soluciona con un mensaje desde el móvil última generación), que somos menos libres (o naturales, quedar por tomar un café, sin más, sin excusas, sin negocios que tratar…).
El círculo creado y alimentado de ser más rico, el bombardeo publicitario , las ganas de mostrarse más guapo, más triunfador, con mejor coche. La España que funciona, los españolitos que nos lo creemos.
Hay un gran vacío tras todo eso. Las patas que lo sostienen son endebles. El todo deprisa, todo ahora, todo ya… es venenoso.
¿Somos realmente más interesantes los españoles, aparte de más ricos?
Quien todo consume todo lo quiere y no tiene tiempo para sentarse en un parque a leer un libro de bolsillo, a preocuparse por algún fin social; quien no sepa perder (para ganar) una tarde charlando con un amigo que necesita simplemente compañía, algún día se caerá de bruces por esa pendiente dinero-felicidad que, a esos niveles de éxito, estará a una altura gigantesca.
Caída sin red.

lunes, abril 30, 2007

Conversaciones con el nacionalismo vasco

Me escapé de la Feria de abril un jueves por la mañana para adentrarme en tierras vascas. Me quedo con una conversación en la parte vieja de San Sebastián. Mis contertulios, entre otros: Román Sudupe, ex-presidente de la Diputación Foral de Guipúzcoa, Patxi Baztarrika, vice-consejero de cultura del gobierno vasco y Xabier Ezeizabarrena, candidato a la alcaldía del Ayuntamiento de San Sebastián.

Delante de unos vinos de Rioja y un buen chuletón les di mi visión de ciudadano sevillano de andar por casa.

Román Sudupe me dijo no ser español.

Yo dije que tengo todo el derecho, como él, a pensar distinto (que él). Mi idea de España pasa por la seducción. Quiero una España respetuosa con todas las culturas, fuerte en su defensa de la libertad y del hombre. Y en esa España me gustaría encontrarme con Román Sudupe, una persona excepcional. En ese país él me dijo poder encontrarse conmigo.

Les pedí autocrítica, y se miraron entre sí. 'Hemos hecho muchas cosas mal'.

Creo que hay una táctica sanísima para estos casos. No pensar en qué se equivoca el otro (el Rajoy, el Zapatero, el periodista o el obispo de turno) sino corregir los fallos propios.

Les hablé de desigualdad de oportunidades. ¿Por qué para presentarse a unas oposiciones a profesor de Matemáticas a un vasco sólo se le exige en Andalucía ser bueno en Matemáticas y a un andaluz en Euskadi ser bueno en Matemáticas y en Euskera?

'Porque es la lengua del país', respondieron.

Pues hagan firmar un compromiso de aprendizaje del Euskera (compromiso evaluable uno o dos años después), una vez que haya demostrado su valía como profesor de Matemáticas.

Hay que buscar el sentido común. En esa mesa encontré disposición a escuchar al sevillano que llegó a disfrutar de unos pinchos (pintxos) en la parte vieja de San Sebastián.

Un abrazo a ellos

lunes, abril 09, 2007

Royal y la tricolor

Pienso que Segolène Royal ha equivocado gravemente el tiro enarbolando la bandera francesa.

Las banderas no pueden ser nunca causa mayor de la izquierda.

La bandera debe ser el respeto, los derechos sociales, el progreso. Sentirse orgulloso de tu país porque tu país sea respetado en su forma de actuar, en los compromisos mantenidos, en la solidaridad con los otros, en el respeto a sus ciudadanos. La izquierda debe ser más sutil en los patriotismos que dejarse llevar por unos colores, unos himnos y una postura marcial.

En España hace tiempo, mucho, en que una parte de la sociedad se ha apoderado de los símbolos. Desgraciadamente.

Presumir de bandera es como presumir de coche, de casa, de cuenta bancaria, de fachada... Yo prefiero sentirme orgulloso (que no presumir) de la calidad de mi familia, mis amigos, la sociedad en la que me muevo. Mi bandera debe ser la de un mundo que no se mueve por apariencias.

Yo quiero a mi país porque nací en él, está claro. Nadie me dio a elegir y, aún así, lo quiero. Pero no por eso pienso que sea mejor que ningún otro ni me gusta sacar banderas a la calle.

Cuando me muevo por el mundo me gusta que me digan que España es un país abierto, tolerante, que progresa. Me gustaría que me dijeran que es un país que cuida a sus mayores, que reparte parte de su riqueza con otros pueblos, que no impone a sus ciudadanos ninguna norma de conducta ni de pensamiento que no sean las básicas de respeto a los derechos humanos.

La mejor manera de emocionarse con tu país (tu familia, tu ciudad...) es pensar que aportas algo de positivo al mundo.

Los himnos y las posturas para quien no tiene argumentos.

miércoles, marzo 14, 2007

Primeras líneas

Con ayuda de Félix Alonso del Real aquí estoy escribiendo mis primeras líneas de este blog asociado a una página web http://www.salvador-navarro.com/ en la que tanta ilusión tengo puesta, para compartir, con mis amigos y con desconocidos amantes de la literatura, reflexiones, saludos y buenos momentos