miércoles, mayo 28, 2014

Chicle

Íbamos paseando por la Avenida y vimos cómo un chaval, saliendo con prisas de la Fnac, se sacaba un chicle de la boca y lo tiraba a una papelera, lo que me hizo pensar en el placer que me provocan los comportamientos educados.

Sin embargo, alguien que me acompañaba, y que no escuchaba mis pensamientos, sentenció:

-¡Guarro!

Le pregunté, con la mirada, extrañado.

-Y se va tan pancho -insistió.

Mi amigo entendía como poco higiénico enredar la bolsa de plástico recién puesta en la papelera con un chicle, sin apreciar virtud en el hecho de no arrojarlo al suelo.

Al mismo tiempo dos personas cabales, ante un mismo acto, simple, habíamos reaccionado de forma diametralmente opuesta.

Si frente a situaciones tan tontas dos personas civilizadas y cercanas se posicionan en el blanco y en el negro, fácil es imaginar la dificultad que encuentra el ser humano en encontrar consensos.

viernes, mayo 23, 2014

Huevos

Un par de compañeros de trabajo estuvieron esta semana en una fábrica española de mi empresa -y hasta ahí puedo leer- para solventar una situación compleja, nada a lo que no estemos acostumbrados.

La tesitura era tensa, las exigencias son muchas y las empresas no quieren errores que perjudiquen los resultados de la compañía, por lo que era entendible que las conversaciones estuviesen plagadas de frases secas y gestos adustos; quienes trabajamos en ambientes industriales estamos habituados a ello.

Hubo un momento, me contaban, en que una gran jefa de esa factoría se les acercó, con toda la corrección de que supo hacer gala, para decirles:

'La próxima vez que me provoquéis un problema de este tipo, me cortan los huevos (sí, los huevos). Pero ese día yo os cogeré los vuestros y os los cortaré -haciendo gestos como de quien rebana chorizo en una tabla de madera- en lonchas'.

Y la mujer se fue tan pancha.

Sí. Lo admito. Si ese comentario lo hubiese hecho un hombre ni tan siquiera habría llegado a mis oídos.

Pero precisamente por eso lo escribo, porque lo que esperamos de la mujer es el toque de persuasión y gestión de personal que el hombre, en muchos casos, no sabe ofrecer.

Sin embargo esta directiva, que debe ser válida, luchadora y brillante para haber llegado a un puesto de esta responsabilidad, muy probablemente será de las que piensa, como Cañete, que la superioridad intelectual la dan los testículos.

Lo malo para ella es que el día en que se dé cuenta de que ése no es el camino ya será difícil de hacer ver a los demás que sus huevos son ficticios.

miércoles, mayo 21, 2014

Ébola

Hacía tanto tiempo que no me preparaba una de sus famosas ensaladas de endivias con nueces que los últimos minutos de atasco en las afueras de París antes de llegar a casa de Brigitte me resultaron eternos esta mañana.

No esperaba, sin embargo, que estuviera allí su hijo ni sus nietos, tan grandes como no podía imaginar.

El encuentro, sin embargo, me llenó de melancolía. Su situación económica no es sencilla, la laboral tampoco y Cyril, su hijo, sigue sin encontrar trabajo.

Hubo un momento en que él, olvidando todo pudor, comenzó a hablar de su amargura, de los años que lleva en paro, de la nula entrada de ingresos, de sus años cotizando que no le sirven para nada… y todo desembocó en una crítica al sistema, y del sistema pasó a los árabes y los negros, y de su decepción con Hollande a justificaciones para explicar el auge del Frente Nacional, el mismo partido fascista de cuyo líder escuchaba minutos antes, en la radio y en pleno atasco, que la solución demográfica para África tenía el nombre de Monsieur Ébola.

Brigitte, conociéndome, bajaba la mirada; pero algo en mi interior me dijo que esa mujer socialista, culta y transgresora estaba cayendo en las redes del populismo xenófobo que corroe a mi querida Francia.

La comida, espléndida, se me fue atragantando a medida que Cyril escupía sus frustraciones proyectándolas de la manera más rastrera, culpando al que tiene un color diferente de sus propias miserias.

Ahora, en el aeropuerto, camino de vuelta, me planteo si hice bien callando mi profundo desencanto

viernes, mayo 16, 2014

De frente


No hace mucho entró alguien de mi equipo en mi despacho y, mirándome a los ojos, me preguntó:

—¿Estás descontento conmigo?

Yo le respondí, con sinceridad, que no. 

Decía verme distante, reconocía haber fallado en algún caso y pedía que le reprochase cualquier comportamiento inapropiado.  Yo le hice ver mi satisfacción con él y su trabajo, le recordé las situaciones concretas en que sí le transmití mis dudas y me comprometí a seguir en esa línea de mutua confianza.

Cuando cerró la puerta me quedé con una sensación de plenitud, efímera, al pensar que otro mundo sería posible si los humanos, en nuestras relaciones laborales, familiares, amorosas o entre amigos nos comportásemos con ese talante limpio, claro y directo; hacer por saber qué piensa el otro de mí por la vía más directa: una pregunta sin frases subordinadas ni rodeos.

El mundo giraría mucho más redondo si, dejando de lado temores infantiles, nos hablásemos de frente.

martes, mayo 06, 2014

Perrigato

Con la guasa propia de quien ha disfrutado de la manzanilla, y los amigos, en un espléndido día de Feria de hace muchísimos años, mi padre se paró en un local de tiro al plato a probar suerte mientras los cuatro hermanos protestábamos con ganas de volver a casa.

El único premio que obtuvo fue un peluche horrible, que regaló a Raquel, la más refunfuñona, en esa parada técnica en busca del coche.

'Mira, Raquel, esto es un perrigato'. Y se moría de la risa. 'Es una mezcla entre perro y gato', insistía, ante el cabreo de mi hermana cargando con el horripilante muñeco a cuestas.

Ahora, mirado en perspectiva, la escena me parece entrañable y apena el comprobar lo que tardamos los niños en entender ese mundo inocente de la madurez que dan las contadas tardes regadas de alcohol en que los mayores relajaban posturas, las ganas de mis padres por pasar una Feria feliz, el punto gracioso de las tonterías dichas tras una tarde entre amigos.

Mi padre sigue yendo los martes a la Feria, a ver a las amigas de mi madre, aquéllas que dejó hace casi treinta años para siempre. Él se maquea y sale a disfrutar su martes, fiel a sus ganas de vivir.

A los hijos los momentos perrigato nos vinieron progresivamente y, aunque tarde, entendimos perfectamente esa risa tonta de padre currante de cuatro hijos, con más manzanilla en el cuerpo de la que se puede aguantar; momentos sabios en que uno se deja llevar por la grandeza del dolce far niente, del disfrute del encuentro con amigos, de la belleza del vivir sin hacerse preguntas más allá, de la armonía de la vida.

Tiro para allá. En busca de perrigatos.

viernes, mayo 02, 2014

Hermanos

Estamos felices tras la intervención que le hicieron a mi padre esta semana. Lo queremos tanto que verlo salir con el gesto cambiado del quirófano con su marcapasos de estreno, tras la palidez con la que entró, fue el mejor regalo.

Es dura la espera en esos momentos, pero igualmente es hermoso participar en las escenas que se viven alrededor.

Estuvimos toda la jornada los cuatro hermanos pendientes de él, de que no le diera demasiadas vueltas a la cabeza ni se contagiase del ambiente de la unidad de cuidados intermedios desde donde esperaba la llegada del celador para subirlo a la sala de operaciones; como estuvimos atentos a la impecable explicación que una enfermera le dio acerca del detalle de la intervención, en minutos donde la tensión se masca; o cuando otra doctora, joven y exquisita en el modo de dirigirse a la familia, nos aclaró cómo había ido todo.

Fue espléndido también el instante, a pocos minutos de que entrara mi padre en quirófano, en que entraron sus hermanos en la sala donde esperaba su camilla. Los besos intensos y ruidosos de viejitos canosos a un hombre emocionado.

Pasan años, decenios, se suceden las historias, los conflictos, los éxitos y las miserias, pero llegado el momento la camada se une para mimar al que lo necesita, de lleno, a saco.