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lunes, agosto 31, 2009

Cenizas

Por circunstancias, pertenezco al núcleo de personas que ha vivido un porcentaje mayoritario de su vida sin pareja.

Ayer cumplí 42 años y descubrí cuánta gente me quiere.

Mis sucesivos fracasos en el amor fueron quizás la base para construir amistades sólidas en que apoyarme. Tanta gente tan diferente y tan fiel, que no me llaman a diario, que no conocen los detalles de mis rutinas, pero que están ahí.

El verdadero amor correspondido no lo conocí hasta los 36 años. Hay quien no lo conoce nunca.

Estos últimos años he pasado todo tipo de situaciones, graves problemas familiares, momentos de fuerte presión en el trabajo, mudanzas, enfermedades. Frente a todo ello, puedo decir que éstos han sido los años más felices. A todos los niveles. Cuando me he sentido más persona. Sé apreciarlo en toda su intensidad.

Cuando por las noches me acuesto y siento su brazo envolverme, tomo su mano y la acaricio suave.
No hay problema ni dolor que no solucione ese abrazo de cada noche, esa mano que se deja acariciar por mí. No importan los desengaños pasados, ni los daños olvidados, cuando sé que tengo quien me quiere sin condiciones, alguien a quien ese abrazo le supone el mejor de los somníferos. En esos momentos entre lo real y lo soñado en que voy quedando dormido me planteo un único dolor: dejar de tener esa mano al dormir. Desaparecer algún día y no tenerla.

Cuando no sea más que cenizas esparcidas por el aire y me funda de nuevo con la naturaleza, me gustaría soñar que esa materia, que era yo, echará de menos el haber estado alguna vez tan en sintonía con el universo...

martes, agosto 25, 2009

Dejarse oír

Es tan frecuente como insoportable estar en espacios públicos, llámese AVE, aeropuerto, salas de espera…, y tener que soportar las conversaciones telefónicas, con móviles de última generación, que a voz en grito mantienen personas (personajes) que relatan a los cuatro vientos los contratos que su empresa ha firmado, los próximos viajes a China, la devaluación del euribor, el 4x4 que se van a comprar el próximo mes.

A veces pienso que no hay nadie al otro lado de la línea de sus teléfonos.

Estas actitudes reflejan un egocentrismo desfasado, una falta de educación impropia de los estudios que aparentan, una soberbia a prueba de bomba.

No creo que sea difícil de entender que la vida de esos desconocidos no nos interesa, ni sus negocios de altos vuelos. Estos personajes venden estrés al mundo exterior, como si de un perfume se tratase. Oler a estrés para mostrar que su vida es más válida e interesante que la del mortal medio.

A mí me gusta que me hablen las personas que yo elijo. En los asientos de los trenes, si estoy solo, prefiero tener mis sentidos concentrados en cosas más enriquecedoras que conocer cómo de amplia es la nómina de un ejecutivo que, tal vez, no tenga con quien hablar cuando llegue a casa.

viernes, agosto 21, 2009

Dormir otra vida

La gente que me quiere se ríe de mi lado dormilón.

Soy capaz de dormir encima de un árbol, echarme una siesta a las nueve de la noche, aunque sea diez minutos, o volando en un avión, o tirado en la playa… con suma facilidad. Además, no me resisto.

Está en su derecho quien defiende la teoría de que dormir es perder el tiempo, años de vida si vas sumando la hora de más que permaneces ‘desconectado’.

Yo soy de los que disfrutan esa otra vida. Cada día al despertar recuerdo todo.

Mi otra vida me permite seguir en contacto con mi madre, muerta a mis dieciocho años, que me visita con frecuencia. Sigo charlando con mi amigo Quino, de la época universitaria, con Gregorio, mi amigo inseparable del colegio al que hace tantísimo tiempo que le perdí la pista, con los hijos madrileños de mi tía Elo; viajo a épocas felices de veraneo en las playas de Huelva, a mis años de remo las mañanas de los domingos por el Guadalquivir. De pronto, en mis sueños estoy enamorado de Mariángeles, o leyéndole 1984 de Orwell a Mariló, tumbados junto al mar.

A veces despierto pensando por qué se repiten en mi otra vida determinadas imágenes. ¿Por qué siempre tengo asignaturas pendientes en la universidad, cuando saqué mi título en el 94?, ¿por qué aparezco tantas veces desnudo en reuniones de trabajo?, ¿por qué siempre me enfado con mi hermana Raquel, con la que me llevo tan bien en mi vida real?, ¿por qué se caen tantos aviones en ese otro lado del espejo?...

Hay quien piensa que la calidad de tus sueños depende de no haber comido una cena pesada un rato antes (y está demostrado que tras un buen plato nocturno de chorizos y morcillas hay pesadillas). Seguro que hay explicaciones neuronales que demuestran que nuestros sueños no son más que ‘puestas a cero’ de la información acumulada durante el día.

Yo, en cambio, vagabundeo por librerías buscando información, indago por internet para obtener respuestas, leo artículos en prensa y compruebo que, a pesar de estar ya en el siglo XXI, nadie ha podido aún desmontar mi ilusión por creer que gran parte de nuestra espiritualidad se manifiesta en ese otro lado, allí donde viajamos sin preguntar.

martes, agosto 18, 2009

Nubes

Paseando un día muy nublado, fijé mi mirada en una nube especialmente negra. La situé entre dos torres desde el puente al que estaba asomado. Retuve mi mirada intentando enfocar la distancia entre el pico de la nube y una de las torres. No llegaba a percibir movimiento, era una estampa congelada, hermosa, de un momento irrepetible a orillas del Sena.

Con nuestra vida ocurre como con esa nube. El día en que vivimos, el período en el que estamos, aparece congelado.

En cuanto nos descuidamos, tan sólo un paseo por los alrededores del puente, la nube ya no está. Las torres continúan como referencias fijas, pero no hay nube que encuadrar en nuestro horizonte.

domingo, agosto 02, 2009

Pecado original

Confieso mi lejanía infinita de la religión católica.

Creo que, de haber sido obligado a elegir una religión al nacer, para adoptar como propia, me hubiera sentido mucho más atraído por el budismo, aún estando bien lejos de tomarlo como religión de forma voluntaria.

Nos ponen en este mundo sin que nadie nos pregunte. Nos plantan en una ciudad, en una familia, con un físico y un intelecto, sin darnos un manual de instrucciones.

Con el paso de los años entendemos que esta existencia, no solicitada, es además caduca. Y que no hay nada que hacer contra ello.

Títeres, se podría llamar la película.

La religión católica, para más inri (nunca mejor dicho), nos coloca otra mochila más a trasportar: El pecado original.

No vale con haber aparecido sin haber sido preguntados, ni saber que por muy bien que hagamos las cosas nuestro destino es morir, sino que además nacemos pecadores.

El drama, a mi entender, pasa a ser cómico.

Claro, eso sí, pórtate bien y entonces encontrarás el perdón de tus pecados y la vida eterna.

La vida eterna…

La vida mundana, la que sí sabemos que existe, porque la pensamos, sufrimos y disfrutamos, ya es suficiente prueba como para andarla con cadenas de más y amenazas subterráneas.

La bondad, para mí, es la única clave. No podemos pretender que existan seis mil millones de ‘Vicentes Ferrer’, no aspiro, porque yo soy el primero que no tengo la fuerza, ni la calidad humana suficiente, en abandonarlo todo por los pobres, por los que sufren. No creo que ese espíritu, además, case con la naturaleza humana, demasiado imperfecta sin necesidad de pecados originales.

Buscar la santidad, la perfección, es encontrar la frustración.

La bondad como clave en el sentido de actuar teniendo como lema el hacer por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti. Sencillo. Con el más cercano, con tu gente, en tu barrio, en tu trabajo… La bondad es una cualidad difícil de trabajar pero enriquecedora al máximo.

Es cuestión de ponerse a ello, y las marionetas comenzaremos a sentir menos tensas las cuerdas que nos manejan.

Lo que tenga que venir después, vendrá… no hay que preocuparse, porque no nos preguntarán.