lunes, julio 30, 2012

Pepe Oropesa

Es el único cooperante español que ha rechazado la invitación del Gobierno español para abandonar los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, debiendo firmar una carta en la que se hace totalmente responsable de su situación, a pesar de las advertencias desde Exteriores de que no se pagará rescate por él en caso de secuestro.

Si, como dicen desde el ministerio y no hay por qué ponerlo en duda, hay indicios claros de una inminente acción terrorista entiendo la postura en pro de una protección de aquellos ciudadanos de nuestro país que trabajan por hacer menos miserable las condiciones básicas de vida de esos miles de refugiados.

Mi reflexión va más allá de este hecho concreto y se centra en la disposición de estos jóvenes a complicarse la vida por echar un cable a pueblos que sufren.

No sé hasta qué punto puedan tener un sueldo digno, son voluntarios de raíz o ambicionan una vida mejor haciendo este trabajo de base, yo sólo sé que yo no estoy allí.

En sitios como Tinduf, Burundi o Bangladesh, donde la miseria está a la orden del día, lugares donde la asistencia médica se convierte en una quimera, sitios donde hay inseguridad jurídica, conflictos bélicos e incluso hambrunas, hay jóvenes como Pepe Oropesa que dicen que no se quieren ir de vuelta.

Personas como yo tranquilizan sus conciencias haciendo donativos mensuales a Unicef o Médicos sin fronteras por la imposibilidad de, ni tan siquiera, plantearse perder una semana de vacaciones para ir a cualquiera de esos sitios, señalados con el dedo de la miseria, para ayudar de alguna manera, que hay muchas.

Cuando sabemos que hay gente que sí, jóvenes que prefieren estar pasando un calor tremendo en barracones de mala muerte, sin acceso a otro ocio que el que, quizás, le pueda dar una conexión a internet, cuando nos llegan noticias de personas como ésta, que han nacido en nuestras ciudades, en barrios de Sevilla o de Logroño y que podrían estar de botellona o de vacaciones en la playa con los amigos o la familia, ante esas noticias yo me planteo que ellos deben ser mucho más felices que los que no somos así de valientes, porque imagino que la satisfacción personal de una mirada de un niño hambriento al que le das de comer, o el de un hombre al que le calmas el dolor sin otro objetivo que ayudarle, esa satisfacción te debe llevar al cielo en la tierra.

No sé en qué condiciones viven, ni sé si tienen un sueldo digno ni qué pone en el contrato de un cooperante, lo único que sé es que yo no estoy allí.

sábado, julio 28, 2012

Disfrute

Levantarse con la luz del día y no con un sonido repetitivo que martillea tus sueños antes de traerte a la realidad, darse una ducha sin prisas ni obligación de afeitarse antes, vestirse con pantalones cortos y chanclas, tomar las llaves y escapar a la calle, comprar el periódico, pedirse un desayuno copioso y extender las noticias frente a ti, en papel, del incómodo ése que te hace jugar con la taza, las tostadas, sin saber dónde colocarlas, que se te mancha de migas y de aceite. Recrearte durante un par de horas leyendo artículos de opinión o reportajes, no aprisa y corriendo, por internet, mientras engulles un zumo y dos magdalenas a las seis de la mañana antes de ir al trabajo. Terminar de leerlo, pasearte la ciudad, entrar en librerías, iglesias con puertas abiertas o grandes almacenes sin ánimo de comprar ni prisas por llegar a ningún lado. Saber, además, que van a ser así de placenteras las tres semanas que quedan por venir.

Soy la persona más feliz del mundo con la vida que llevo, pero estas tres semanas de libertad que me regalan una vez al año significan para mí reencontrarme con el disfrute de saber que otra vida existe, la del ritmo pausado y los paseos sin rumbo fijo.

Esta tarde ya podré correr por la playa al caer el sol y bañarme al anochecer en las playas del Atlántico. ¡Qué más se puede pedir!

No sé si el ser humano está orientando bien el tiro a lo largo de su historia para construir estructuras de vida tan programadas, en que todos somos o queremos ser rehenes de estos ciclos que nos hacen soñar durante el año con unos días de vacaciones concentradas en un pack que, de no tomarlo con buen tino, puede crearnos más ansiedad que alivio de ver pasar los días y no saborearlos como se merecen.

Creo que la clave es no esperar más de ellos que lo que cada día te pueda traer. Tener la mente abierta, llenar bien los pulmones, estar dispuesto a decir que sí a todo plan, a cualquier amigo que aparezca, a no cerrarte a rutinas ni a objetivos cifrados, que de eso tenemos suficiente durante el resto del año.

¡Viva el verano!

miércoles, julio 25, 2012

Constancia

Un riesgo que veo en los tiempos acelerados que nos ha tocado vivir es el de la dispersión.

Se nos ofrecen tantas informaciones y estamos tan expuestos a emociones tan variadas que perdemos capacidad de concentrarnos en nada.

Hay catalogadas enfermedades referidas a esta nueva era, como el hecho de estar continuamente actualizando la bandeja del correo por ver si llega algún email, facebook para comprobar si alguien ha hecho algún comentario, mirando el móvil por confirmar si tu destinatario ha leído el whatsapp que le enviaste hace 30 segundos.

Es tan explosivo el bombardeo de necesidades superfluas creadas por sistemas en los que hemos caído de lleno que parece imposible ver una película tirado en el sofá, del tirón, sin echar una ojeada a internet, al móvil o sin hacer zapping para ver que están echando en una de las tropocientas cadenas existentes.

Ese exceso tiene su atractivo, está claro. Nos hace sentirnos, quizás, más en el mundo. Pero, tal vez, también nos obligue a prodigarnos continuamente para confirmar, precisamente, que estamos en el mundo. Que no se olviden que existimos.

Midiendo la felicidad propia en el número de 'me gustas' en nuestra pantalla del ordenador con el que nos despertamos cada mañana no podemos llegar a buen puerto.

Una consecuencia de esta precipitación en los modos es, a mi entender, la falta de constancia de los individuos y, por ende, de la sociedad en la que vivimos.

Todo es tan acelerado que rehuimos cualquier tipo de disciplina interna.

¡Es tan fácil abandonar y pasar a otra cosa!

La constancia es un elemento fundamental para construir todo proyecto personal, profesional o lúdico. Determinación para insistir, fuerza de voluntad para cimentar.

Como fuegos de artificio, pasamos de un deseo a otro sin apenas esbozar el boceto de lo que pretendemos.

Ahora o nunca, rápido, que la vida se nos va... Pero la vida se nos va, pienso, cuando todo lo hacemos rápido, sin bases, con ansia.

En la constancia está el disfrute.

domingo, julio 22, 2012

La pena

Independientemente de la capacidad de cada uno para integrar las emociones de los otros, hay un juego torpe por parte de quien se quiere hacer querer: la explotación de la pena.

Quien juega a seducir utilizando sus desgracias, las injusticias con que la vida le ha castigado, debe saber que ese es un mecanismo peligroso que suele volverse en contra como un boomerang.

Yo fui durante mi adolescencia y juventud carne de cañón con ese tipo de personas. A mí se me conquistaba con una historia desdichada. Me rodeaba de personas necesitadas de afecto, sin dar por sentado que todas las personas necesitan afecto.

Personas especializadas en mercadear con su infortunio.

A día de hoy huyo de quien hace de su 'mala suerte' un modo de vida.

Cuando llegamos a una edad, por simple cuestión estadística, ya tenemos todos nuestra parte correspondiente de mochila cargada de pérdidas, tragedias, disgustos y desencantos. No es cuestión de sacarlas para compararlas con la mochila de los otros.

Me desagradan hasta la indignación las parejas que intentan no romperse, de forma artificial, utilizando el argumento del llanto y el abandono por parte de uno de ellos.

Si tu relación va mal y crees que tiene solución, agénciate una reserva en buen restaurante, compra dos billetes para llevarte a tu pareja a Barcelona o móntale una sorpresa gratis con los amigos. Pero no te pongas a llorarle por teléfono.

El ser humano sano es alérgico, en lo más profundo de su ser, a la tristeza. Y así debe ser para construir un mundo con sentido. Se pueden asumir, faltaría más, momentos críticos en que uno estará ahí cuando le necesiten y esperarás que quien te quiera esté a tu lado. Una y mil veces.

Utilizar la pena como arma de seducción puede funcionar una vez. Dos. A la tercera algo se estará rompiendo para siempre.

miércoles, julio 18, 2012

Salmonete

Día espléndido de verano. Playa del Palmar, en Cádiz. Recibo a mis amigos Paolo y Mariángeles, ella con su novio. Ambiente inmejorable.

Por aquella época mis hermanas regentaban un chiringuito que era lo mejor que existía por allí, lo que suponía un aliciente para frecuentar esa zona de la costa. 

Decidimos comer un plato de pescado al mediodía en un lugar recomendado por ellas y por mi padre. No se nos olvidará a Mariángeles y a mí nuestro plato: Salmonete.

La camarera y dueña en seguida me reconoce como el hermano de las del chiringuito vecino, como hijo del padre que para por allí todos los días con amigos a tomar una cerveza.

Nos sirven los cuatro platos y a mí se me hace la boca agua con mi pescado, un salmonete de escamas brillantes y rosadas con la carne tierna. Mariángeles, en cuanto le empieza a quitar la piel al suyo se encuentra con algo totalmente diferente, desmenuzado, con aspecto de no haber estado sano. Lo prueba y lo confirma: ¡qué raro sabe!. Lo pruebo yo, lo prueba Agustín, lo prueba Paolo. Incomible.

Llamamos a la jefa del lugar y ella, viendo salmonete contra salmonete, dice que no encuentra diferencia. Con una sonrisa amable le invito a probarlo. Se lo lleva con cara de pocos amigos y casi se le olvida preguntar qué otra cosa quiere mi amiga que, con el estómago cerrado, le dice haber terminado de comer.

Al llegar la hora de la cuenta, nos casca los dos salmonetes. Tratando de calmar los ánimos del personal, la llamo y le explico lo ocurrido.

-Debe haber una confusión.

-Confusión ninguna, bien que le había metido mano al pescado. Faltaba casi medio salmonete.

-Estuvimos probándolo para confirmar que no era solo mal aspecto.

Displicente, se lleva la cuenta.

-¡Tendría que cobraros medio!

Ahí salió mi lado malo. Yo no me iba por nada del mundo de allí sin pagar el medio salmonete.

Ganar medio salmonete, podrido. Perder cuatro clientes, amigos y familiares.



domingo, julio 15, 2012

La palabra dada

Creo que pocos ciudadanos españoles son inconscientes respecto a la situación dificilísima que nos ha tocado vivir.

Tal como se están desarrollando los acontecimientos, sin embargo, pienso que la clase política subestima esa conciencia colectiva de asunción de la gravedad del período que atravesamos.

Cuando Rajoy presentó su agresivo programa electoral, estableció una serie de compromisos con esos ciudadanos que, mayoritariamente, le votaron.

Es claro que este político, presidente del Partido Popular, conocía de primera mano las cuentas de la gran mayoría de las comunidades autónomas, porque es su partido quien gobernaba.

Del mismo modo, en los tiempos que corren es difícil ocultar cifras por parte del gobierno central o el resto de comunidades. Más de un mecanismo tiene nuestra democracia para fiscalizar las cuentas públicas.

Es un hecho, por tanto, que Rajoy había establecido su programa en base a datos conocidos: Deuda, déficit, paro. Es otro hecho que sabía en qué situación se encontraba inmersa Europa y cuál era la posición de los mercados respecto a los países del Sur.

En base a todo esto debió establecer un diagnóstico y una determinada cura, materializada en un programa electoral que se presentó a votación en noviembre del 2011.

Pues bien, recién elegido, en el primer Consejo de Ministros, vino a hacer lo contrario de lo que había prometido: Subió los impuestos y abarató el despido.

En todo este tiempo ha ido deshaciendo a base de decretos-ley todos los compromisos que un tiempo atrás acordó con la ciudadanía.

Ridiculizó a Zapatero por subir el IVA, por tocar el salario de los funcionarios, por eliminar la deducción de la vivienda.

¿Qué información le faltaba a este hombre para no haber respetado su compromiso con el pueblo?

Si era tan ingenuo como para pensar que el simple cambio de gobierno iba a resolver los problemas de España debemos deducir que no estaba a la altura de las circunstancias, ni él ni su partido. Si, por el contrario, era consciente de que el simple hecho de retirar a Zapatero no era argumento suficiente para que España recuperara la confianza de los mercados, entonces estamos hablando de un ser maquiavélico y manipulador.

Inoperancia o inmoralidad, lo único cierto es que nos gobierna un señor que no ha sabido mantener la palabra dada.

Eso es imperdonable y antidemocrático.

viernes, julio 13, 2012

Privilegio

Cuando se ve el sistema hundirse a nuestro alrededor, los que quedamos en la montaña de arena de la estabilidad deberíamos ser consciente de lo privilegiada de nuestra situación y asumir la responsabilidad de hacernos solidarios con los que lo están perdiendo todo.

No admitirse privilegiado es un error enorme en los tiempos que vivimos porque la situación es tan crítica que nadie está a salvo de ser el siguiente, por muy lejano que veamos el precipicio.

A todos los que tenemos un sueldo a fin de mes y no debemos ningún recibo de la hipoteca nos corresponde demostrar que esta nave que zozobra tiene capacidad de mantenerse a flote.

La mejor manera de ser solidario es trabajar mejor que nunca, hacer de nuestras empresas u oficios modelos de conducta y luchar por la perfección. Defender nuestro mercado de trabajo desde la excelencia en nuestro comportamiento diario.

También se defiende el futuro de la sociedad en la que vivimos compartiendo, consumiendo, invirtiendo, haciendo ver a los que sufren situaciones límites que los que estamos aún en el sistema tenemos nuestro pensamiento en ellos y estamos pendientes de alargar los brazos para rescatarlos de las aguas enfangadas contra las que luchan.

Es el momento de apretar los dientes, mantener el ánimo alto por los que no lo tienen y compartir con aquéllos que no ven asideros donde agarrarse nuestra parte de futuro que, aún, está a salvo.

O nos salvamos todos, o del naufragio no nos salva nadie.

lunes, julio 09, 2012

El cupo

Una expresión muy común de oír en la gente de mi generación es la del fatalismo o la soberbia, según se mire, que implica el afirmar 'yo ya tengo el cupo de amigos/as completo'.

Ante un desengaño amoroso, un cambio de vida o un intento de dejar atrás experiencias que ya no nos llenan, parece que se abandona con relativa facilidad la posibilidad de integrar nuevas amistades en el círculo habitual del que uno se rodea.

Mezcla de pereza, falta de autoestima y arrogancia, se desecha como imposible la capacidad de uno mismo de compartir la intimidad con personas hasta ahora desconocidas.

Casi todos tenemos amigos fieles y perennes a lo largo de nuestra vida. Pocas experiencias hay más hermosas que saber que durante todo el recorrido por nuestra existencia hemos tenido gente al lado a la que hemos visto y nos han visto crecer, decidir qué estudiar, confesar el primer sexo, sufrir mal de amores, madurar, celebrar el primer trabajo, la primera pareja, el apartamento, el coche, los viajes lejanos, los libros compartidos, las discusiones políticas y sociales, las bajadas de moral, la muerte de los seres queridos, las frustraciones por no tener la vida que quisiéramos y la felicidad de tantos instantes y proyectos cumplidos.

Pero son pocos. Salen, normalmente, uno, dos, tres nombres como máximo en ese largo trayecto.

Sin embargo, cuando echamos la vista atrás y pensamos en épocas concretas, nos van apareciendo caras de personas que fueron imprescindibles por entonces, por las que creíamos dar la vida y que luego se fueron distanciando, la mayoría de las veces sin conflictos de por medio, por el simple hecho de que nuestros itinerarios coincidieron en momentos concretos, más o menos largos, y disfrutamos de ese período como si fuese para siempre.

Negarse a ver más cruces de caminos futuros es de torpes.

Yo sé que aún no conozco a hombres y mujeres que van a ser fundamentales en mi vida. Sé que llegarán y se quedarán por algún tiempo, quizás para siempre en esta vida impredecible, corta o larga según el prisma y los ánimos con los que la miremos.

En mi espíritu siempre está el dejar la puerta abierta a gente interesante que quiera entrar para ofrecerme y que me permita asomarme a su mundo para decirle que sí, que también tengo mucho que compartir aún; ahora y luego.

viernes, julio 06, 2012

Cagueta

No tengo tapujos en considerarme un cagueta militante, un cagueta por convicción.

Ante situaciones de riesgo, violentas o incontroladas tiendo a dar un paso hacia atrás, a no jugármela, tanto a nivel de situaciones sobrevenidas, en una discusión, en un viaje en carretera o ante una coyuntura peligrosa, como frente a decisiones personales fáciles de planificar.

Me gusta tanto correr que no practico esquí para no joderme de por vida un menisco, me siento tan torpe en el agua que nunca haría surf por no ahogarme, me produce tanto respeto la carretera que nunca me compraría un motarrón para viajar por el mundo.

Hay quien ve en el riesgo pasión por la vida, yo veo en el riesgo la torpeza de perderla.

A mí me gusta tanto vivir que no me la juego por un día de adrenalina por las nubes.

Mis experiencias personales me han hecho conocerme lo suficiente como para saber que mi cuerpo sabe reaccionar ante la violencia con coraje, lo que me parece un buen argumento como para no exponerme más allá de lo necesario.

No tengo interés en hacer turismo por lugares del planeta con índices de secuestro o asesinatos explosivos, el mundo es suficientemente ancho como para no tener que viajar con chaleco antibalas si no es por alguna buena acción.

Es evidente que no se puede ir por la vida con miedo, porque la desgracia o el infortunio te puede llegar paseando por los Campos Elíseos de París o en la bañera de tu casa, simplemente evito potenciar el vivir menos o peor por una bravata de un día.

¿Admiro a la gente valerosa?

Admiro a la gente que utiliza la valentía que yo no tengo para conseguir un mundo mejor, las que lo hacen por darse importancia a ellos mismos me resultan igual de mediocres que yo, siendo cagueta.

lunes, julio 02, 2012

Himán

Sé por amigos del gremio que el negocio periodístico está especialmente tocado por la crisis, necesitando reinventarse para conseguir que los menores ingresos publicitarios que genera internet no destrocen la parte del pastel que es financiada por inversores privados, más ahora que las instituciones públicas están cerrando el grifo en cuanto a introducción de información pública o compra masiva de ejemplares se refiere.

A todo ello se une que las fuentes informativas se socializan. Es difícil que ocurra algo en cualquier lugar del mundo donde no haya un móvil, y algunos de alta calidad fotográfica, para grabarlo. Además la gente, el lector, cada vez tiene más ganas de expresarse, hay más criterio y más fuentes donde comparar, por lo que la proliferación de blogs, páginas informativas, algunas de ellas tremendamente especializadas y de calidad o enlaces a los medios de otros países suponen un reto aún mayor para la prensa, radio o televisiones clásicas por las que nos hemos dejado guiar desde que tenemos uso de razón.

Hasta los lectores más empedernidos, como yo, que buscan siempre el hueco para disfrutar de un buen periódico en papel en una cafetería tranquila un fin de semana cualquiera, sin que haya relojes que perviertan, entramos sin querer en la dinámica de la prisa, el café rápido y la mirada acelerada de los titulares de cuatro o cinco cabeceras para palpar el pulso a la actualidad.

Todo esto implica que hay menos dinero y, consecuentemente, las empresas del ramo tienen que recortar. ¿Cuál es el trozo más grande del queso? El personal. Eso provoca un estrés intrínseco en el profesional del periodismo, que en muchos casos acaba aceptando peores condiciones laborales, menos sueldo y más horas, para trabajar en un perímetro mayor del que no llega a controlarlo todo.

No hay que ser muy avispado para comprender que esa tensión que pone al periodista en el ojo del huracán implica, estadísticamente, una merma en la calidad del producto ofrecido y, por ende, una disminución de la confianza del lector.

El otro día leí un titular en El País, periódico que ha sido y es una de mis referencias, referido a un asunto deportivo en el que venía a decir que 'el portero era un 'himán' para los balones'.

Escandalizado por el error garrafal no tuve tiempo de ser el primero. Había múltiples comentarios criticando ese despiste mayúsculo. Aún así, y siendo una noticia de primera plana, el periódico tardó horas en corregirlo.

Sí, han eliminado a los más bajos del escalafón, los correctores ortográficos. Y los segundos serán los que vigilan por el buen uso de la página web. Después vendrán los fotógrafos menos 'brillantes', los comentaristas menos 'polémicos', y se empezará a mirar con lupa cuántas entradas provoca tal o cual articulista para sacarlo de la nómina o proponerle un tres por dos.

Ante situaciones así no queda otro remedio que pensar a lo grande, buscar alternativas diferentes y asegurar una actividad que siempre va a ser necesaria.

¿Dónde está la solución?

Mi opinión es que la calidad atrae al público y perdiéndose ésta se entra en un círculo de caída a los infiernos.

¿Cómo compaginar calidad y falta de recursos?

Con buenos gestores que sepan optimizar la oferta y adecuarla al lector. No se puede informar de todo, a todas horas y a cualquier precio.

Es fácil opinar y difícil llevarlo a cabo. El reto es apasionante, seguro.

Los que confiamos en la profesión periodística deseamos con ansia que ésta recupere su sitio a costa de una política inteligente, no miserable, de quienes tienen el poder de decidir.