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martes, septiembre 25, 2018

Círculos

El pasado sábado noche me asomaba, una vez más, al mágico acantilado de Nossa Senhora da Rocha. Allí las olas suenan contundentes entre gritos de gaviotas y el océano se ofrece tremendo iluminado por la luna cuando está llena. Me gusta grabar vídeos estáticos de ese escenario para regalarme futuros relatos de calma tumbado en la cama de cualquier hotel.

Esta vez, tras el puñado asimétrico de barcas de pescadores ancladas en mar abierto, alejada de la línea impresionista de reflejo lunar que escapaba hacia el horizonte, un círculo de luz asomaba a la superficie del agua, tal como si se proyectase desde las profundidades.

Con el silencio de las olas esperé paciente a que algo inexplicable ocurriese. Una bola incandescente subiendo, una invasión de círculos luminosos, un agujero negro abriendo una catarata.

Cuánto me gustaría que la realidad se partiera en dos fuera de toda lógica, retorcida en jirones de surrealismo aunque fuese por un día para pensar que es posible un futuro imposible, que hay margen para la magia de no pensar en que todo está escrito y así poder soñar otras alternativas a nuestros envejecimientos previsibles; regalarme con una esperanza de vivir vidas que se puedan dividir en tres o multiplicar por cuatro, salirme de las escalas del tiempo inmisericorde, retozar en paisajes ingrávidos y atravesar barreras inviolables para nuestras entendederas.

Cómo disfrutaría sabiendo que hay círculos luminosos sobre el agua del Algarve que hacen de las suyas por las noches.

viernes, septiembre 21, 2018

Mediocre

Una de las ventajas de madurar es que no sientes la obligación instintiva del joven por mantener contacto a todo precio con la gente cercana. Con los años vas conformando una alergia psicológica a determinado tipo de personas de las que rehuyes con elegancia en cuanto las ves aparecer.

A mí, por ejemplo, me subleva la gente quejica. Aquellos que no ven más que los vasos medio vacíos, que ponen en cuestión todo lo luminoso, que reniegan del mínimo poso de inocencia en sus vidas.

Son gentes sin metas definidas, por lo que dedican gran tiempo a reventar las de los otros; personajes ilusionados en la desilusión de los demás.

Me asustan quienes no tienen proyectos identificables, por nimios que resulten, y se dedican a sobrevivir.

No me valen aquellos que proyectan todas sus ambiciones en los hijos, esos son de los más peligrosos, porque no ya son sólo víctimas de su incapacidad para diseñar futuros, sino que quieren construírselos a quienes están en la época de imaginar un mundo enorme sin cargar con frustraciones ajenas.

Este tipo del que huyo no es numeroso, pero se encuentra por todos lados, no hay condición social, económica o nacionalidad que se le resista. Estos seres humanos a los que escuchas continuamente berrear acerca de lo mal que lo hacen los gobiernos, las empresas, los padres, los músicos, los azafatos, los conductores de autobús, los niños, los jefes y los abuelos.

Quienes más protestan son los mediocres.