x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

sábado, noviembre 04, 2017

Sugestión

Abandonábamos el mercado de Chelsea tras pasearnos el High Park Lane y enfilábamos las viejas calles de ladrillo visto que llevan a la Octava Avenida desde la Novena. Iván dijo que estaba cansado. Hacía días de nuestra llegada a Nueva York, habíamos pateado la ciudad de arriba abajo. Intenté explicarle quiénes habitaron en esas casas que íbamos a visitar. Pero él estaba cansado. 

Dicen que ante dos cuadros exactamente iguales en apariencia, uno obra maestra y el otro imitación, alguien con sensibilidad artística consigue emocionarse ante el que certifican como auténtico. Es sugestión, sí; la bendita capacidad para interpretar con el alma la grandeza de lo humano.

No es lo mismo tocar una piedra restaurada que una milenaria, aunque estén igual de frías.

Es necesario vivir mucho, leer mucho, viajar mucho para entender la emoción del lugar, y hay que tener el corazón abierto.

Mi sobrino Iván sólo veía una calle más y quería sentarse a jugar con su móvil. Yo me reconocía a miles de kilómetros de distancia, en uno de los epicentros del mundo más rompedor, consciente de que la admiración y el disfrute están en lo intangible, en eso que nuestra curiosidad trabaja dentro de nosotros mismos para colocarnos en alerta ante lugares, objetos o situaciones excepcionales.


Sé que Iván volverá a esas calles, será entonces cuando entienda aquello que un día su tío le quiso explicar.

domingo, octubre 22, 2017

Bienestar

El mejor francés lo aprendí en los atascos del Periférico de París escuchando France Info en mi Mégane. Recién llegado a mi nuevo destino, comprendí que rebelarme contra el tiempo encerrado en el coche era una batalla perdida, así que me hice a la situación y calibré la importancia de prestar atención a la palabra hablada para hacerme con un francés, hasta entonces aprendido con fascículos de Planeta Agostini, culto.

Echo en falta una cadena como France Info en España. Mezclan noticias cada diez minutos con entrevistas, reportajes o debates necesariamente cortos para dejar paso a esos puntos inaplazables de relatos de actualidad ordenados de mil maneras.

La semana pasada tenía muchas horas de coche entre París y la fábrica donde asistí a un seminario de trabajo. Oportunidades anheladas de vuelta a mi cortejo con la emisora de mis felices años parisinos. Aparecía Puigdemont como una gotera y un discurso de Macron sobre la recuperación de una policía de proximidad que Sarkozy eliminó con sus ínfulas napoleónicas.

Entonces vino una entrevista con un filósofo. Pierre-Henri Tavoillot. Hablaba del terror del bienestar. Una gran parte de la población necesita luchar contra o a favor de alguna causa fuerte para dar sentido a su existencia. El bienestar, en cambio, paraliza. Tal vez porque se da uno cuenta que su vida está vacía, que el final siempre es terrible, que no se entiende qué hacemos aquí.

Aparqué en Amiens camino del aeropuerto con dos objetivos, volver a pasearme su catedral y encontrar el último ensayo de Tavoillot.

Ya lo decía Solzhenitsyn, 'cuanto mayor es el bienestar, más grande es el desasosiego'.

Mi proyecto de vida es, entre otras cosas, desmentir esa cruda y bien argumentada aseveración.

miércoles, octubre 18, 2017

Champiñones

Hace una tarde primaveral en un Amiens otoñal. No me une a esta ciudad otra lazo que la magia de su belleza. Camino del aeropuerto, de vuelta a casa, desvío mi camino para volver a pasearme su catedral, de altura impensable siglos atrás.

Dejo atrás un seminario entre colegas venidos de los cuatro rincones del globo, con el regusto que deja trabajar, pasear o cenar con japoneses, rusos, iraníes, brasileños, turcos, alemanes y portugueses, negros y blancos, buceando en las restricciones de otros idiomas para comunicarnos. 

Me hablaban anoche de un gran jefe, una persona brillante, jubilada hace pocos meses. La invitaron a un encuentro entre antiguos ejecutivos de la empresa en una fábrica del norte de Francia.

-Sólo hablaba de champiñones, Salvador -me confesaba alguien que asistió a ese encuentro.

Sí, el gran y admirado gran jefe, sólo hablaba de champiñones. Los dibujaba, les explicaba dónde cogerlos, las mejores épocas...

-Ya sabes, pertenecía al grupo de los hiperventilados.

Sí, de esos que disfrutan tanto de su trabajo que no saben hablar de otra cosa, que plantean sus ilusiones paralelas a las de la empresa.

-A dos días de jubilarse, trataba de convencernos de cómo aplicar las nuevas políticas de mantenimiento preventivo.

Y los dos días pasaron. Ahora sólo habla de champiñones.

lunes, octubre 09, 2017

Muda

La encontró Guillaume a petición nuestra. Buscábamos una actriz hispanoparlante que viviese en París y apareció Belén, paraguaya de humor sarcástico, habladora, gamberra, piel blanca, largo pelo negrísimo y rasgos lejanamente raciales.

Nos embarcamos todo el equipo en un vuelo de Ryanair para grabar en un estudio alquilado por cuatro días el inicio de la película. Una escena lésbica oscura que marcaba, desde el inicio, el desenlace final de 'No te supe perder'.

-¿Te importaría desnudarte de cintura para arriba? -le pregunté, ajeno a las convenciones entre artistas.

Respondió, rotunda, que no había problemas.

Esa noche de rodaje había tensión en el ambiente. Acabamos de copas por los canales de Saint-Martin. El resto del fin de semana pasó entre escenas de metro y de calles atravesadas por los Grandes Bulevares.

Días después aterrizó en Sevilla, grabamos los primeros segundos de metraje y disfrutamos de su capacidad de reírse del mundo en un fin de semana maravilloso. Nos hablaba de Paraguay, de su hermana famosa de series de televisión, de su arisco amante francés y de su amor por el teatro.

La vi varias veces más, en París, de nuevo en Sevilla, el tiempo pasó. Tuvo un hijo hace poco, se fue a vivir a Brasil.

Seis años después la película se terminó, pero ella no aparecía en los títulos de crédito. Me escribió:

-Salva, ha debido ser un error pero...

Le expliqué que no. Se había decidido suprimir, por coherencia, las escenas iniciales. Tuve que asumir la decisión de otros y no buscar excusas.

-Lo siento en el alma, Belén.

Ella me mandó besos. Me dijo que ya había merecido la pena lo vivido tan sólo por conocernos a Fran y a mí. Que nos deseaba lo mejor.

Querida Belén, me diste una lección de humanidad.

lunes, octubre 02, 2017

Tristeza

No sabía que pudiera dolerme tanto mi país.

Hemos sido educados en una sociedad democrática joven y hemos crecido con ella. Una democracia que sufría, a cada paso, el zarpazo del terrorismo de ETA y que tenía que ponerse en pie una y otra vez.

En 40 años se ha ido construyendo, con el esfuerzo de todos, un país abierto, moderno y plural, ejemplo para muchos y orgullo para los que lo hemos visto crecer. Esa sensación de pertenecer a un país viejo al que hemos acompañado en su crecimiento como democracia joven ha marcado nuestras vidas.

Ayer, sin embargo, dimos atolondradamente y con estupor, muchísimos pasos atrás.

Por la ignominia de unos señores instalados en el más cerril nacionalismo talibán, aprobando leyes contra la ley que los sustenta, se preparó una encerrona mayúscula a nuestra democracia. Con todos los subterfugios de un pretendido buenismo malintencionado, azuzó a las masas a votar desoyendo a la justicia.

Y caímos en el fango. Nos pusimos de fango hasta arriba. Nuestra querida España se enredó en palizas a sus propios hijos rebeldes, torpe y ofuscada.

Nadie que sienta a España puede estar feliz con lo de ayer. Porque quererla es saber que este país se construye con el respeto a todos los que lo conforman, incluso hacia aquéllos que la quieren destruir.

Así no. El dolor es inmenso.

jueves, septiembre 28, 2017

Solo

Si echo la vista muy atrás, medicina sanísima para conocerse, encuentro en episodios de mi adolescencia más temprana las claves de la persona que soy hoy. Descubrir mi sexualidad, con espanto, supuso asumir ya muy joven que en la vida uno está fundamentalmente solo. No había cómplices en quien derrumbarme, o no supe encontrarlos, de ahí que entendí que las decisiones nadie las iba a tomar por mí. Todo se volvía clandestino a la vez que deslumbrante. La vida se me ofrecía en carne viva con guiños que sólo podía ver yo.

Esa comprensión amarga de la soledad del hombre, una visión diáfana de la encrucijada de estar vivo, supuso un combustible potente para investigar respuestas que no se buscan a esa edad; aquélla en la que uno vive ensimismado por el grupo y la familia, cuando es difícil adivinar todo el peso de la existencia.

Sudar esa soledad temprana implicó descubrir claves inocentes pero rotundas. Si uno es consciente de que la única persona con la que vas a compartir con seguridad todo tu futuro eres tú mismo, comienzas a comprender que no debes esperar que nadie salga al rescate. Desaparecen los lamentos hacia los demás, porque visualizas con claridad que el motor de todo está en ti.

Toda la vida está en uno.

Entiendes entonces que debes de cuidarte. Para ser grande. Porque si eres pequeñillo la vida se transforma en pequeñilla. Si no te cuidas la vida no te cuida. Si me encerraba en mi habitación, ella no vendría a sacarme de paseo. La vida era yo, por lo que cuanto más valor me diese mayor riqueza tendría mi vida.

Asumir ese axioma brutal fue un descubrimiento que me hizo valiente. Me gustaba el vértigo de decidir, de opinar, de posicionarme, de aprender a equivocarme, de embarcarme en proyectos de futuro. Porque, además, comprobaba que esa vida, que se iba haciendo grande en mí, me hacía más atractivo a los ojos de la gente, de esas otras islas que, asomadas a su balcón, se cruzaban en mi camino.

Comprendí que una persona fuerte es enormemente interesante. Aquélla que no espera nada de los demás y que vive sin miedos atávicos.

Fue entonces cuando alcancé a ver, con alegría, que no estaba tan solo.

sábado, septiembre 09, 2017

Ruido

Hoy apenas he dicho dos frases, en la primera pedía un par de croissants para desayunar.

-El de mantequilla es más delicado, el otro es más sabroso.

-Que sean sabrosos -respondí.

Me gustan estos fines de semana recluido junto al mar. Prefiero la compañía, sobre todo la que yo suelo tener. Sin embargo, no hago ascos a los días en soledad. No hablar, leer, no hablar, cocinar, no hablar, dormir.

Debería de ser obligatorio. ¡Estamos rodeados de tanto ruido!

Se habla mucho para no escucharse. Es desagradable presenciar escenas donde dos se interrumpen para contar cada cual lo suyo. Lo vivimos a diario. Nos atropellamos con las palabras para decirnos nada. Una de las claves de mi felicidad es que comparto mi vida con alguien que tiene la capacidad de asumir mis silencios; es muy placentero cenar de frente con quien sabes que las conversaciones van a ser escuchadas de pleno en los dos sentidos.

No sabemos lo que nos perdemos al no dar pie a aquéllos que apreciamos para que nos cuenten. No encuentro cita más agradable que aquélla dedicada a bucear en los mundos que el otro quiere compartir contigo. Con una atención real, sin buscar contraejemplos para hablar de ti. Sin comparaciones ni interrupciones prescindibles.

Yo conozco más o menos bien mi mundo interior, me resulta mucho más divertido callarme y que gente valiosa me cuente cómo aprendieron a ser felices.

Sin atosigar.

jueves, septiembre 07, 2017

Talibanes

Cuando uno ve noticias en el telediario de ultranacionalistas agitando banderas contra el diferente, nunca piensa que eso pueda a llegar a ocurrir tan cerca de casa. Si acaso en la América blanca atizada por Trump o en las calles de Teherán. Sin embargo, los tenemos aquí, en la querida Barcelona, ciudad soñada por medio mundo por su calidad de vida, el espíritu abierto y cosmopolita, la de los grandes paseos arbolados y playas de arena fina a pocos metros de su catedral, la vanguardista, la cuna de la novela española de posguerra, la de calles estrechas de piedra y de cafés donde sentarte a vislumbrar el mundo.

A uno se le pone la piel de gallina escuchando cada dos por tres discursos épicos contra un enemigo, del que al parecer formo parte, entonando himnos patrios de liberación. ¡De liberación! Quieren convencer esos talibanes al mundo de que son un pueblo oprimido. Desleales, mentirosos y agitadores nacionalistas.

Afortunadamente no soy de banderas, pero duele ver que la quitan con desprecio y se ríen de nosotros en ese medio parlament vacío de aquéllos que no son bien vistos por no odiar a España.

Apena, cansa y entristece todo lo que vemos. Mucho. Estos provincianos enloquecidos con su propia egolatría no saben el daño que están haciendo al país que tanto dicen amar. Jamás la imagen de nuestra querida Catalunya ha estado tan desprestigiada.

Todo mi amor hacia Barcelona, aquella ciudad que un día me conmovió al atravesarla una tarde de verano en coche yendo hacia Bañolas. Yo era apenas un adolescente y caí rendido a sus pies. Querría volverla a ver con los mismos ojos de admiración.

Querría volver a sentirme orgulloso de ella como entonces.

domingo, septiembre 03, 2017

Spørg

Tras alquilar cincuenta vasos de cristal, todos iguales, para mi fiesta de cumpleaños, a Fran se le ocurrió buscar algo que los distinguiera para no acabar mezclando con los efluvios del alcohol unos con otros y tirando, los más escrupulosos, los gintónics por el fregadero.

La tarde del jueves nos plantamos en una tienda danesa, abarrotada de clientela, especializada en vender chorradas de diseño. Te metes como borrego en un laberinto de estanterías que no tienes más remedio que recorrer hasta las cajas finales, obligado a pararte para no tropezarte con el de delante y así, acabar llevándote a casa servilletas, tarros o lámparas que acabarán arrumbados en cualquier rincón de casa.

Encontramos al fin los muñequitos de colores con forma de diablos o fantasmas que se pegaban como ventosas a los vasos para individualizarlos. Todo un éxito.

Las cajeras trabajaban a destajo. En nuestro turno le pregunté a la que nos atendió qué significaba la frase que aparecía en sus camisetas rojas.

-No lo sé -me dijo, extrañada por su pregunta.

'Dios mío', pensé. ¡Cómo alguien puede trabajar para una empresa, colocarse una camiseta corporativa con un par de palabras y no preguntar qué significan!

Vería mi cara y preguntó a su compañera de al lado.

-Niña, ¿qué significa lo de las camisetas?

La otra se encogió de hombros, seguramente pensando 'qué cliente más raro'.

Hice una foto a escondidas. Coloqué el traductor de danés ya en casa. 'Spørg mig'. No tardé ni diez segundos en descubrir que significaba 'Pregúntame'.

Eso es lo que hice, preguntarles. Pero quizás no sabían que trabajaban para una empresa danesa y lo de su camiseta les sonaba a chino.

miércoles, agosto 30, 2017

50

Acabo de terminar de ver, tras muchos meses, la serie Friends. Es duro verlos abrazados abandonando las escaleras del piso del cruce de las calles Grove y Bedford. Este verano estuve allí, quise visitar esa esquina; pasé con Raquel y Fran en taxi por allí una noche desafortunada, por la calle Grove, sin ser consciente. Sí, voy con retraso. Friends se emitió hace mil años.

Al apagar la tele he oído sonar el móvil. Me felicitaban por mi cincuenta cumpleaños. Joder.

Uno llega a fronteras que piensa que nunca atravesará. Cuando llega, observa a los que están allí, como un intruso, como si aquéllos que tienen cincuenta hubieran nacido así, con medio siglo a cuestas. Todos pensamos que nosotros no, que somos especiales. Mi madre murió con 49, se quedó a las puertas. No tengo derecho a protestar por haber llegado a ser mayor de lo que ella lo pudo ser jamás.

En un rato sonará el despertador y volveré al trabajo, ilusionado. Recibiré felicitaciones sentidas, porque sé que hay mucha gente que me quiere de corazón. Gente imprescindible para mí.

Nunca más se cumplen los años que se cumplen.

Hubo un tiempo en que me sentí protegido; tuve la suerte de nacer en una familia maravillosa. Mi padre nos dejó y duele horrores. Tengo, sin embargo, la suerte de sentirme amado. Y sé que mi vida siempre será una lucha alegre por no ser un hombre encorsetado por lo que la sociedad espera de mí. Quiero ser libre siempre, poner la creación como objetivo último, deshacerme de necesidades superfluas que no llevan a nada. Y proteger a los míos, quererlos, y tener el amor como bandera.

Ayuda mucho a entender lo hermoso de la existencia el haber quedado huérfano de madre siendo tan joven.

Son 50, pero sigo siendo el niño de entonces. No quiero perder ese halo de inocencia, porque soy terriblemente feliz.

domingo, agosto 27, 2017

Sonrisa

Una sonrisa es la mejor tarjeta de visita. De poco sirve, a veces, sonreír por dentro si mantienes un rictus serio cara al exterior. Es una medicina clara que yo me receto, yo que soy una persona de semblante serio. Cada vez que lo recuerdo, en las situaciones más diversas, lanzo una sonrisa. Incluso si no me ve nadie. Sonrío, y como dice mi amigo Esteban, esa sonrisa se reparte de forma milagrosa por todo el cuerpo, una suerte de cosquilleo eléctrico que activa las células de tu cuerpo, las despereza, zarandea y menea para ponerlas en sintonía.

La gente que sonríe es enormemente atractiva. 

La sonrisa también es belleza y luz azul y un cuadro de Hopper. De ahí que siempre intente mostrar al mundo ese amor mío por lo luminoso, lo simétrico, lo bello. Compartir la grandeza del mundo visto por mis ojos.

Dicen que por las redes sociales mostramos sólo la parte de nosotros que queremos hacer pública. No hay que ser un lince para confirmarlo. 

Yo quiero compartir mi universo de disfrute, no cansar a nadie con problemas que yo sé resolver, conmigo y con los míos.

La vida se desliza vertiginosa como para entorpecerla martilleando nuestros miedos al aire. 

martes, agosto 15, 2017

Dignidad

Harto de toparme en las portadas de la prensa, un día sí y otro también, con los cavernícolas de la CUP, tomo el avión de vuelta tras una maravillosa semana en Gran Canaria.

Días de abstracción, paseos, lectura, baño, ejercicio y buen comer en los que he padecido, colocándome los ojos provincianos de la soberbia Anna Gabriel, a decenas de profesionales canarios atendiéndome con exquisita educación y una sonrisa. Profesionales de raza.

La Anna Gabriel de sonrisa perdonavidas les habría explicado que a esos alemanes a los que sirven los desayunos hay que barrerlos, que las islas deberían volver al exclusivo cultivo de plátanos y ellos repudiar al extraño, empezando por el godo españolista.

Al socorrista que amablemente le entregue las toallas le soplaría al oído que está siendo sobornado por el capital, mientras le entrega un bote de polvos pica-pica, 'a utilizar preferentemente con españoles'.

En la recepción pediría que desconectaran las cadenas que no son autóctonas. 'Programe su televisor a su gusto, señora Gabriel'.

No entendería ella que las limpiadoras la saludasen con un sonoro 'buenos días'. '¡Os están explotando!'

Sería uno de esos amables empleados de hotel el que una tarde soleada le explicaría que su trabajo es bien digno, que el hotel donde ella se aloja está en planta desde 1974 y que ahí trabajó su padre, que bajó de 'esa sierra agreste que usted ve, para darnos de comer a la familia'.

'Canarias es mucho más que una playa, señora, pero sabemos ofrecer esa playa al mundo y hacerlos sentir como en casa'.

Con el gintónic de la noche, el cantautor venido en su coche compartido con otros currantes desde Las Palmas, le cantaría suavecito por Serrat, versionando al universal Machado.

'Universal', querida Anna.

Dejaría atrás una región Canaria humilde, bella y digna trabajadora de sus potencialidades, luchadora por su futuro y ambiciosa de un porvenir abierto al desarrollo. Que quiere dar a sus hijos estudios para ser todo lo que puedan soñar en un mundo interconectado. No tendría más que haber leído un poco sobre ella para comprender la grandeza de estas islas, que no son todo playa, pero que saben que la playa, ofrecida con dignidad, es su tesoro.

'Es horrible viajar', diría Gabriel, 'no nos entienden'.

martes, agosto 08, 2017

Negros

Hace años leí "Poeta en Nueva York' y no entendí nada de sus versos surrealistas, pero me impregné de todo el maremagnum explosivo que sintió Lorca.

Hace un rato una azafata negra me deseaba un buen vuelo, poco después de que una vendedora hispana me empaquetara una taza de café que no sé dónde pondré, tras haberme controlado el pasaporte una policía de color y habernos acercado en taxi al aeropuerto un árabe llamado Hammed, que nos recogió en la parada de la línea E que una mulata de acento cubano, a la que contratamos la vigilancia de nuestros equipajes, nos indicó justo después de que una puertorriqueña nos pusiera de comer sopa de pollo.

No me gusta hablar de razas, ni de los mexicanos reventados que dormían con la boca abierta repartidos por los vagones del metro la madrugada del sábado camino de Harlem, ni de la humildad con la que recogen la basura de los que nos zampamos la suculenta comida picante que nos cocinan; pero me gusta pensar que sus hijos estudian, que esos negritos vestidos de hombre que nos miraban embelesados en la misa de su barrio algún día gobernarán el mundo que creemos nuestro, y que lo harán sin rencor.

lunes, agosto 07, 2017

Dream

Estaba en un lugar morado y circular, de grandes vigas metálicas con remaches gigantes, cuando una alarma me expulsó de allí. Traté de agarrarme a la música que sonaba, pero trompetas y matasuegras se mofaban de mi intento de reingreso agarrado a una melodía que olvidaba, como se escapan el agua de las manos. Escuchaba a Raquel aún allí, sin embargo sus carcajadas se hacían confusas, tamizadas por pantallas de material chicloso. Atravesó una ambulancia, tremebunda y larga; infiltrada de otros mundos. Sé que lo pasaba infantilmente bien y que allí estaban gentes que no frecuento. Traté de recordar los vehículos que usábamos, los algodones que comíamos, el sentido de ese círculo de hierro azul, los sofás rosas, la utilidad de unos botones amarillos que rechinaban al presionarlos. Quise colarme dejándome caer, haciendo el muerto. Aporreé para que me abriesen y sentí vértigo. Comprendí que la alarma eran sonidos programados de móviles, las ambulancias eran de enfermos y despertaba de mi última siesta en Nueva York.

sábado, agosto 05, 2017

Cash

Acabábamos de cenar en La Esquina, un mexicano de carta corta y música altísima instalado en un subterráneo al que hay que acceder por la cocina, en el Soho.

Fuimos a tomar una copa a un bar de música en directo. Habíamos dejado a Iván en la casa, Fran fue al baño y pedimos 2 gintónics y una tónica para Raquel.

-40 dólares -me pidió el que parecía ser propietario de ese pequeño antro.

Le pasé mi tarjeta y la rechazó.

-¡Cash! -nos dijo de malos modos.

-I don't have cash.

Le quitó de un manotazo a mi hermana la tónica que empezaba a beber y tiró los dos gintónics al fregadero con toda la mala hostia imaginable. Nos quedamos de piedra.

-¡Me cago en tu puta madre! -le dije-. Fuck you! -insistí, imitando al peor cine americano.

A esto llegó Fran y se encontró el pastel. Fuimos a la salida con un cabreo de mil demonios.

-¡Bore, cuidado! -gritó mi hermana.

El dueño había salido de la barra y se encaró conmigo. Nos dijimos lo más grande cada uno en nuestro idioma.

Qué miedo da el ser violento que todos llevamos dentro.