sábado, febrero 18, 2017

Dios

No tengo fisuras en lo que a mi agnosticismo se refiere. No puedo asumir ninguna creencia más allá del mundo terrenal que conozco.

He sido educado, sin embargo, en el catolicismo. En mi mente infantil se sembró un relato, muchas veces hermoso, otras tenebroso, de premios y castigos.

El otro día, durante décimas de segundo, tras una discusión fea, se me apareció de nuevo Dios. Me reprobaba, imagino. Ese Dios de los cristianos que habita en los que nos hemos criado con su presencia. Esa figura que, aunque no queramos ni creamos en ella, se cuela de estrangis para juzgarnos.

Puede llegar a ser ridículo que en los pliegues más recónditos de nuestro raciocinio, desplegado en circuitos hackeados de nuestra materia gris, hayamos creado, sin pretenderlo, a ese Dios imaginario que rechazamos, para toparnos con él en las soledades de nuestra habitación a oscuras, una figura holográfica que nos riñe y nos dice, 'ven a mí', 'no seas malo', 'yo cuido de ti'.

domingo, febrero 12, 2017

Ventanilla

Sólo un tercio de los asientos de un avión estándar tiene ventanas.

Recuerdo un comentario que hacía mi madre acerca de un viaje a Galicia con un matrimonio amigo: 'Atravesábamos unos paisajes tan diferentes de Andalucía, ¡y ella iba leyendo el Lecturas!'

No sé hasta qué punto mi rareza, pero no entiendo que la gente no dé bofetadas por coger ventanilla en el avión. Ese placer inmenso de ver el mundo desde arriba parece que gran parte del género humano lo considera normal, contemplar cordilleras nevadas o grandes valles, las costas arenosas, los pueblos escondidos, tratar de adivinar qué ciudad es ésa, qué río aquél. Aun cuando las nubes lo tapan todo y juegas a imaginar cómo de oscuro estará ahí abajo, cuánto frío no hará allí donde no termina de calentar el sol; incluso cuando todo es igual, aun cuando es noche cerrada. En mi mente almaceno largos viajes sobre el Atlántico, con todo el pasaje dormido y yo asomado al gran balcón que me ofrece mi ventana para ver el océano a mis pies, con la luna sola, para mí, mostrándome lo pequeño que somos; cruzar los Andes y ver los lagos turquesas escondidos entre cumbres heladas; sobrevolar el Amazonas viajando hacia Bolivia, tapado con una manta y viendo amanecer con el sol proyectándose sobre un manto verde infinito; imaginar los tiburones durmiendo alrededor de un Puerto Príncipe iluminado en medio del Caribe; emocionarme con islas diminutas repartidas en un mar de Indonesia tan azul que no lo distingues del cielo, en una suerte de levitación en que todo podría acabarse y hacerlo bien; saltar el mar de Japón desde Corea con un gintónic hasta divisar tierra nipona y contemplar los pequeños templos desperdigados entre sus montañas; aterrizar por primera vez en Nueva York y admirar la inmensidad de esa urbe con la que tanto sueño desde que la pisé; ver acercarse el Teide cuando vas a Canarias, o entrar en la hermosa costa de Huelva y su espectacular Coto de Doñana al volver de allí; despegar de Ciudad de México para alucinar con la vastedad de una tierra maltratada, donde sobreviven colinas no urbanizadas de épocas grandiosas; saborear los momentos en que el avión balancea para tomar tierra, instantes de cosquillas en que se atraviesan los algodones de nubes para asumir con orgullo lo lejos que ha llegado el hombre, para felicitarme por haberlo sabido siempre disfrutar.

sábado, febrero 11, 2017

Excusas

La dignidad es necesaria, la humildad aún más.

Somos, los humanos, expertos en excusarnos. Nos disgusta admitir el error propio. 

Tengo en mi mente numerosos ejemplos de meteduras de pata imperdonables con terceras personas en las que estuve, como poco, desacertado, en muchas ocasiones injusto, situaciones en las que utilicé la información a mi conveniencia, para jugar a mi favor.

Mi mente, cuando acudía a esos recuerdos, tendía a encontrar el argumento para justificar mi conciencia. 'Le grité porque me gritó', 'lo ridiculicé porque se lo merecía', 'lo desprecié porque me falló'.

Llevo tiempo dedicado a trabajar el perdón propio, que no pasa sino por practicar una acción bien simple, nada costosa. Cuando alguien critique algo en mí que está mal, debo admitirlo. No es cuestión de hacerlo por santidad, sino por egoísmo. Buscar los 'es que...', los 'sí, pero...', los 'déjame que te explique...' son esfuerzos que me ennegrecen, consumen mi energía y desbordan mis principios.

'Salva, no es justo cómo me has hablado'.

'Tienes razón. Lo siento'.

Es egoísta, porque lo hago principalmente por mí. Sale gratis, purificas tu corazón y sacas una sonrisa sin pliegues en la persona que se interesa, seguramente sin saberlo, por hacerte crecer.

domingo, febrero 05, 2017

Ridículo

Tengo devoción por mis verdaderos amigos y Carmen Tamayo ocupa un lugar privilegiado entre ellos, porque la quiero, la admiro y me aporta luz.

Siempre enredada en proyectos creativos, esta licenciada por la Escuela de Interpretación de Cristina Rota, compagina su trabajo como coordinadora en un centro de personas sin hogar, como trabajadora social que es, con la dirección de una compañía teatral para adolescentes en su pueblo.

Hace pocos días inauguró, junto con un par de socios, un centro cultural en un barrio humilde de Sevilla donde crear cultura: teatro, fotografía, cine, literatura, música. Todo tiene cabida allí.

-Salva, empezamos fuerte con un intensivo de teatro todo un fin de semana. Cuento contigo.

Allí estaba yo. Por ella y contra mi sentido del ridículo. Entregado e incómodo a la vez. 12 alumnos que nos citamos en ese espacio de la Macarena un viernes por la tarde, con más vergüenza en el cuerpo de la que queríamos reconocer.

Extirpando nuestros prejuicios con mucha música, coreografías imposibles, a base de hacernos gritar, inventar vehículos con que desintegrarnos, utilizando nuestros textos, animándonos a llevar objetos personales, provocando abrazos, Carmen nos ha ido llevando a un territorio en el que no pensar tanto en el qué dirán para concentrarnos en el qué sentir y cómo transmitirlo; nos ha arrimado al país donde se escucha de verdad, aquél en que los humanos alejan sus tonterías para rozarse sin mirar qué ropa llevas o cuántos años acabas de cumplir. Nos ha hecho abrir los cajones atascados de nuestras emociones para convencernos de que se pueden airear al viento sin complejos, porque nadie se va a asustar de ver en ti lo que ellos esconden, sin querer, de sí mismos.

Anoche, tras una cena con amigos, me abrí un pasillo en el bar de copas para mostrar mi coreografía entre el asombro general de quien me conoce.


martes, enero 31, 2017

Atormentado

Quizás esté especialmente sensible estos días, aunque si echo la vista atrás aparecen no pocas personas que se han cruzado en mi vida con la tipología del atormentado.

Reconozco mi querencia de otras épocas por ese estereotipo de personas que me ganaban con sus desgracias, algo así como si me purificara escuchándolos, una suerte de terapia de choque para minimizar mis problemas. Afortunadamente esa actitud en mí quedó enterrada en la juventud; lo hizo desde que descubrí que la supuesta terapia no era sino un sumidero de vitalidad descontrolado.

Hay gente que se condena en vida. Se recrea en su mundo de complejos, se agarra a sus debilidades como martirio, incapaz de ver la luz del día ni su sonrisa en el espejo. Lo más grande es que muchas de ellas tienen un trabajo, no padecen ninguna enfermedad importante, viven en ciudades amables, tienen incluso muchos atractivos que compartir.

Son carne de cañón porque se agarran a la parte mala de los demás, se aventuran a jugar con sus miserias como señuelo para llegar al otro, te seducen con la pena de su incapacidad para abrir los pulmones de lleno, sin darse cuenta que cuando te agarran te manchan, chantajeando ¡sin querer! la parte de ti que está dispuesta a dar sin recompensas.

lunes, enero 23, 2017

Bimba

41 años de transgresiones, de ver vivir vidas poco habituales, de construirse un futuro de mujer distinta, de aprovechar un cuerpo andrógino, unas facciones duras, de elegir y disfrutar esta única vida que tenemos.

Sospechamos el dolor intenso, la muerte a pellizcos, imaginada tan de frente que hasta se ven sus curvas, tan certera en su caminar hacia ella que se le ven los ojos; recreadas mil veces las escenas del después cuando no estás, de tus niñas creciendo con tu recuerdo; los recortes de revistas, los vídeos musicales, los pases de modelos, tatuajes, descaro, sinvergonzonería, provocación, ansias de comerse el mundo.

Maldito cáncer insensible, asesino, demonio infinito, castigo injustificable, veneno perverso. Benditas las criaturas que lo sufren, que se rebelan, que se agitan a patadas contra un enemigo que se ríe, rata amargada de odios inentendibles. Bendito el que se arma contra la muerte en plena vida, que lucha por los suyos aun en batallas perdidas.

Un aplauso por los que batallan contra el infierno en vida. Os queremos, nos dais el sentido de la existencia. Somos de vosotros.

viernes, enero 20, 2017

Tiempo

Una de las frases más repetidas de la época en que nos ha tocado vivir es la de 'no tengo tiempo'. No tenemos tiempo, nos decimos. Lo malo no es decirlo, sino creérselo. Volvernos víctimas de una frase lapidaria falsa.

Los días pueden ser extraordinariamente largos si los aprovechamos, lo que ocurre es que somos poco ambiciosos con nuestras pretensiones. Si uno se plantea que la mañana del sábado la dedica a hacer la compra, esas largas horas matinales se le harán poco productivas porque sólo tiene una tarea con la que rellenarla.

Puede parecer contradictorio, pero estoy convencido de que quienes más se quejan de la falta de tiempo son los que menos actividades realizan y victimizan sus excusas aparándose en esa dimensión intocable, subjetiva y voraz que son las 24 horas del día. Incapaces de comprometerse a nada por falta de tiempo y lamentarlo desde el fondo del sofá con el mando de la tele en las manos.

Cuando, en cambio, amanecemos con varias tareas por delante, diversas, proyectos personales, culturales, laborales, sociales, deportivos, sensuales... nos damos cuenta de cómo de fácil puede resultar estirar una sola tarde.

Yo sólo me quejo del tiempo, en lo más íntimo, con un solo motivo: no disfrutar más de la gente que quiero.

martes, enero 10, 2017

Baile

Siempre he pensado que disfruto de una doble vida por mi capacidad para retener los sueños, para disfrutarlos una vez despierto y volver a ellos cuando quedan hilos pendientes al abrir los ojos. Reconozco paisajes deformados que sólo son de ese otro lado, escenas repetidas que retratan mis obsesiones, personas que me buscan a través de ellos.

Desde la reciente muerte de mi padre, tengo la suerte de recibir su visita a menudo en ese mi otro yo que transita a otros ritmos que el de por estos lares.

Compartía con mi amigo Esteban uno de esos sueños recurrentes, en que él se me aparece de forma dramática, arrastrado por un torbellino de agua, con los brazos estirados, pidiéndome ayuda a mí, que desde tierra firme lo consigo agarrar, incapaz de salvarlo, de traerlo conmigo. Brazos estirados contra brazos estirados, entrelazados.

Cerré los ojos para explicarlo, simulé la escena y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aparecía mi padre con el torso desnudo, agarrado a mí, sosteniéndose de pie a duras penas. Eran las urgencias del Virgen del Rocío, su corazón débil no conseguía evacuar el líquido de su pleura y le pinchaban por la espalda para quitarle ese agua que le encharcaba los pulmones sin dejarle respirar. A mí se me dormían los pies aguantando la posición sin moverme, para retenerlo firme, apoyado en mí, mientras la botella se llenaba de litros de líquido turbio, en tanto yo miraba de reojo su delgadez y le sonreía palabras de ánimo.

Yo sostenía a mi padre, que sentía una vez más la liberación de poder abrir el pecho para respirar, frágil, con todo el peso de su vejez encima, agarrando fuerte a su hijo, que hacía de padre. Y me decía, apretándome fuerte:

-Qué baile más bonito nos estamos pegando.

Hay muchas noches en que el agua lo arrastra para bailar conmigo, pero no lo puedo retener.

martes, enero 03, 2017

Débil

Hubo un día crítico en mi vida, de ésos en que uno ve que se le derrumba todo, en que mi hermana Raquel me dijo:

-No te vengas abajo, tú eres muy fuerte.

Y yo le respondí:

-Estoy harto de serlo.

No sé cómo nos vamos encauzando las personas, cuánto cuenta la genética o la sensibilidad, para tomar un rol de autocontrol respecto a nuestras decisiones y las de los demás. No sé en qué momento uno se da cuenta de que no sabe dejarse ir, ni tomar de vez en cuando papeles secundarios en que poder observar el mundo correr sin querer intervenir para modificar el curso de las cosas.

Es probable que nuestros actos nos vayan definiendo y que esa figura que construimos de nosotros mismos a base de gestos nos condene a ser lo que somos, enredados en nuestra propia tela de araña.

Lo cierto es que cada uno de nosotros, en el lado del camino que nos hayamos colocado, vamos instintivamente buscando la felicidad. A mí me gusta ser como soy, tal vez por eso sea así. Ser fuerte, como me reconozco, a pesar del agotamiento que provoca tomar mochilas que no siempre me corresponden; pero no como virtud ni defecto.

Seguramente nadie haga nada gratuitamente y, en el fondo, todos busquemos el reconocimiento a nuestro comportamiento, sea el que sea. Quizás el fuerte lo que sea es un egocéntrico que no busca sino su independencia, tal vez persiga el no apreciar los valores en el otro, a lo mejor el que presume de fortaleza no es sino un desconfiado del mundo que le rodea. Un orgulloso incapaz de creerse digno de ser amado sin más.

No olvido la frase de Milan Kundera en 'La insoportable levedad del ser', envidio al personaje que la pronuncia, me reconozco en aquél a quien se dirige:

''Quiero que seas débil, quiero que seas tan débil como yo''.

lunes, diciembre 26, 2016

Peor

2016 ha sido el año del triunfo de los amargados. De aquéllos que, jodidos por serlo, actúan para que el mundo se vuelva hostil a aquéllos que lo disfrutan.

La proporción es alta, pero no nos ganarán. Son un ejército de almas incómodas con su cuerpo que se las afanan para hacer de nuestra sociedad algo despreciable que esté a la altura de lo que ellos son, que se relamen pensando en que las leyes se elaboren con las tripas y que la culpa de que lleven una vida frustrada no está en ellos, sino en los demás, especialmente si esos otros valen menos que ellos o tienen menos derechos, seguramente porque sean de fuera.

Son los que creen que todo tiempo pasado fue mejor, aunque tengan que adulterar sus recuerdos para extraer imágenes de felicidad, los que piensan que la mezcla, la diversidad o el diferente son malos de por sí.

Tienen un lema sencillo de memorizar, 'cuanto mejor, peor', y ése es su peligro, que son gentes binarias que actúan embelesadas detrás de líderes analfabetos que no saben que el mundo es lo que es gracias a los que pensaron justo lo contrario que ellos.

A los amargados se les combate con una sonrisa de amor.

jueves, diciembre 22, 2016

Joven

Nos habían cursado una invitación para asistir a un comité de automoción de la Asociación Española de la Calidad. El director de la fábrica delegó la representación en mí y con ese cometido me planté en Madrid el miércoles pasado. Me habían enviado el orden del día, nos recogían en Atocha y conocía con antelación el orden del día.

Días antes, un directivo del Instituto Renault, con sede en Valladolid, me contactó para decirme que él también participaría. Quedamos en vernos allí. Me quedé con su foto tras investigar en su tarjeta electrónica de empresa.

Seríamos 70 personas. La media de edad, alta. Mucho traje de chaqueta. Asistí con atención a la primera parte del comité, en un salón de actos a medio llenar. Al no ver a mi compañero de Renault, decidí enviarle un wasap. Me respondió excusándose:

'No he podido ir por un problema de última hora, pero he enviado a alguien de mi equipo. Hace por buscarte en la pausa del café'.

Cuando terminó la primera charla y anunciaron la pausa, me quedé entre los últimos en salir para hacerme ver. Ya por fin un hombre se me acercó.

-¿Salvador?

-Sí, soy yo.

-Verás, no estaba seguro. He estado intentando buscar desde mi asiento, hasta que he visto por fin a un tipo joven.

Se me subió el ánimo al oír eso.

-Hombre, muchas gracias.

-No... Pero no eras tú.

miércoles, diciembre 14, 2016

Izan

Seguramente por no tener hijos, tengo una sensibilidad especial para sorprenderme con los niños a los que quiero. Además de a mi sobrino Iván, hay un chavalillo de 3 años con el que he pasado largas horas desde que naciera en San Sébastian: Izan.

En euskera 'izan' significa 'ser'.

Este pasado puente hemos estado en su casa, la de mis amigos Txema y Paula, padres de Izan. Al estar ellos trabajando algunos de esos días, he tenido mucho tiempo para pasear con él y comprobar cómo va avanzando en su dominio del lenguaje. Me cuenta todo de sus compañeros de clase, con esas 'eses' tan marcadas del norte. No para de hablar.

A mí me gusta preguntarle, para ponerme al día de sus progresos y poder calibrar hasta qué punto comprende las cosas, cuál es su nivel de conocimiento del mundo que le rodea. Él, simpático donde los haya, no huye ninguna respuesta.

Íbamos caminando por La Concha cuando le pregunté:

-Izan, ¿tú sabes dónde vivimos Fran y yo?

-En Sevilla -respondió raudo.

-Ahá. ¿Y tú? ¿Dónde vives tú?

-En mi casa.

-Ya, pero... ¿dónde está tu casa?

-No muy lejos de aquí -me respondió serio, señalando hacia atrás, extrañado de mi despiste y de mi risa floja.

Me contaba Paula, su madre, que un día llegó del colegio y le preguntó:

-Amá, ¿tú sabes decir tacos?

Paula negó rápidamente con la cabeza, pero él se adelantó.

-Yo sí se uno.

-¿Cuál? -Preguntó Paula.

-¡Tonto!

-Ay, mi niño. Pues sí, sabes decir un taco.

-Venga, dilo tú.

Paula se lanzó:

-¡Tonto!

-¡Hijoputa! -Respondió él.

Días después le comunicaba a su madre lo que había decidido hacer cuando fuera mayor.

-¿Qué harás, mi niño?

-Cuando sea mayor, diré todo el tiempo ¡hostia!

lunes, diciembre 05, 2016

Emoción

El sentido de la emoción tendría que llevar asociado un potenciómetro, un regulador que permitiera aumentar o disminuir nuestra capacidad de sobrecogernos o inmunizarnos ante determinadas situaciones con que la vida nos regala.

La edad lleva a la repetición y ésta nos priva sutilmente de las sorpresas cotidianas, de forma que cada día que pasa nuestra manera de sentir una puesta de sol es menos entusiasta que la del día anterior; esa rutina vestida de negro que nos confina a un ver pasar el tiempo sin las pulsaciones de otras épocas.

Al no tener libro de instrucciones, ni termostato de emociones, el único método para no dejarnos llevar por el desencanto de lo ya vivido es nuestra inteligencia emocional, saber encontrar los resortes, donde no parece haber sino páramos infinitos del mismo amarillo plano, para enlazar esa plaza con tu infancia, ese olor con tu padre, ese café con el de la primera vez, ese vuelo en avión con aquéllos en que el estómago se revolvía de emoción ante lo desconocido.

La pasividad no es medicina, no, para encontrar la chispa al episodio de cada día. Hay que lucharlo, buscar los ojos, proyectar el futuro, tirar de recuerdos, estirar el alma contra la impavidez a que nos lleva lo ya conocido.

Cada año que pasa somos menos propensos a la sorpresa, más proclives al desencanto de las frustraciones confirmadas, pero también hemos vivido otras experiencias, somos más sabios, hemos aprendido a apreciar lo que es hermoso y no nos hace daño.

La vida no vale con vivirla, hay que pensarla, retorcerla, airearla, recolocarla de perfil, taparle sus agujeros, darle capas de pintura, desobedecerla incluso, arriesgarla a veces, para entenderla, y disfrutarla así, cada día.

miércoles, noviembre 30, 2016

Así

Es muy recurrente la falsa disculpa del 'yo soy así ' cuando se mete la pata. No hay mayor problema si los errores son llevaderos, porque aún no nació quien actúe sin tacha; lo desagradable empieza cuando la persona en cuestión abusa de su asumido defecto 'de fábrica' para fastidiar.

No creo en los maleficios ni en la irreversibilidad cuando éstos se aplican a los comportamientos humanos. Siempre estamos a tiempo de corregir el rumbo.

Hablarle sin respeto a un camarero, para mí, entra en la categoría de lo imperdonable. El abuso de la posición de cliente es detestable de todo punto. Pocas cosas me sublevan tanto como la no infrecuente prepotencia de quien paga.

La falta de solidaridad al volante es otro hábito fácil de encontrar a diario, como lo es el desprecio al diferente.

Cuánta gente no hay, por otro lado, que no sabe escuchar, que no considera a los demás si no es para contarles su vida, cansinos en su analfabetismo emocional de ególatras malcriados, ineptos para ponerse en la piel de quien se sienta a su mesa.

Son pautas, sin embargo, que acaban por perdonarse o asumirse de tan vistas.

Pues mire, no. El camarero, el que conduce a tu lado, quien te ofrece un pañuelo en un semáforo o quien aguanta con una sonrisa forzada tus mediocridades no tienen por qué saber que tú eres así.

Y si lo eres, ¡cambia!

domingo, noviembre 20, 2016

Andaluz

Suele ocurrir que a quien se ridiculiza de forma constante acaba por cabrearse. A nadie le gusta que se le perdone la vida un día sí y otro también, ni que se le utilice para ocultar las propias vergüenzas.

Yo nací en una tierra llena de historia, con mezcla de sangres y culturas, acogedora, alegre, buena interpretadora de la vida y de la muerte, elegante en su forma de enfrentar el futuro sin perder su alma. Un lugar del mundo donde no triunfan los discursos nacionalistas ni excluyentes porque somos ciudadanos universales que relativizan las soflamas del odio. Mi tierra, terriblemente imperfecta, sí,  está maleada, como otras, por actos corruptos, tiene cierta querencia por el presente que penaliza lo vanguardista, está salpimentada de picaresca y desconfianza por lo público. Pero Andalucía es un territorio que lucha con dignidad por su día a día, orgullosa sin banderas de formar parte de una España que no siempre la entiende.

Ya no son sólo los nacionalistas catalanes, sino determinada clase política madrileña, los que nos desprecian con discursos paternalistas y agresivos para empequeñecernos como pueblo. ¿Qué sería de nosotros sin su dinero?

Un andaluz paga los mismos impuestos que el resto de españoles. Desgraciadamente nuestro tejido industrial es menor, el nivel de paro más alto y las sedes centrales de todas las grandes empresas que operan en nuestra comunidad están radicadas en Madrid o Barcelona, donde pagan sus impuestos.

No insulten más nuestra inteligencia porque el andaluz es un pueblo sabio que no va a permitir que se rían de los suyos. No busquen provocar en nosotros sentimientos de agravio que rechazamos, no nos hagan refugiarnos en nuestras razones para priorizar a la tierra que nos vio nacer frente a aquéllos que se mofan de la Andalucía a la que amamos como es: libre, grande y orgullosa.