sábado, septiembre 09, 2017

Ruido

Hoy apenas he dicho dos frases, en la primera pedía un par de croissants para desayunar.

-El de mantequilla es más delicado, el otro es más sabroso.

-Que sean sabrosos -respondí.

Me gustan estos fines de semana recluido junto al mar. Prefiero la compañía, sobre todo la que yo suelo tener. Sin embargo, no hago ascos a los días en soledad. No hablar, leer, no hablar, cocinar, no hablar, dormir.

Debería de ser obligatorio. ¡Estamos rodeados de tanto ruido!

Se habla mucho para no escucharse. Es desagradable presenciar escenas donde dos se interrumpen para contar cada cual lo suyo. Lo vivimos a diario. Nos atropellamos con las palabras para decirnos nada. Una de las claves de mi felicidad es que comparto mi vida con alguien que tiene la capacidad de asumir mis silencios; es muy placentero cenar de frente con quien sabes que las conversaciones van a ser escuchadas de pleno en los dos sentidos.

No sabemos lo que nos perdemos al no dar pie a aquéllos que apreciamos para que nos cuenten. No encuentro cita más agradable que aquélla dedicada a bucear en los mundos que el otro quiere compartir contigo. Con una atención real, sin buscar contraejemplos para hablar de ti. Sin comparaciones ni interrupciones prescindibles.

Yo conozco más o menos bien mi mundo interior, me resulta mucho más divertido callarme y que gente valiosa me cuente cómo aprendieron a ser felices.

Sin atosigar.

jueves, septiembre 07, 2017

Talibanes

Cuando uno ve noticias en el telediario de ultranacionalistas agitando banderas contra el diferente, nunca piensa que eso pueda a llegar a ocurrir tan cerca de casa. Si acaso en la América blanca atizada por Trump o en las calles de Teherán. Sin embargo, los tenemos aquí, en la querida Barcelona, ciudad soñada por medio mundo por su calidad de vida, el espíritu abierto y cosmopolita, la de los grandes paseos arbolados y playas de arena fina a pocos metros de su catedral, la vanguardista, la cuna de la novela española de posguerra, la de calles estrechas de piedra y de cafés donde sentarte a vislumbrar el mundo.

A uno se le pone la piel de gallina escuchando cada dos por tres discursos épicos contra un enemigo, del que al parecer formo parte, entonando himnos patrios de liberación. ¡De liberación! Quieren convencer esos talibanes al mundo de que son un pueblo oprimido. Desleales, mentirosos y agitadores nacionalistas.

Afortunadamente no soy de banderas, pero duele ver que la quitan con desprecio y se ríen de nosotros en ese medio parlament vacío de aquéllos que no son bien vistos por no odiar a España.

Apena, cansa y entristece todo lo que vemos. Mucho. Estos provincianos enloquecidos con su propia egolatría no saben el daño que están haciendo al país que tanto dicen amar. Jamás la imagen de nuestra querida Catalunya ha estado tan desprestigiada.

Todo mi amor hacia Barcelona, aquella ciudad que un día me conmovió al atravesarla una tarde de verano en coche yendo hacia Bañolas. Yo era apenas un adolescente y caí rendido a sus pies. Querría volverla a ver con los mismos ojos de admiración.

Querría volver a sentirme orgulloso de ella como entonces.

domingo, septiembre 03, 2017

Spørg

Tras alquilar cincuenta vasos de cristal, todos iguales, para mi fiesta de cumpleaños, a Fran se le ocurrió buscar algo que los distinguiera para no acabar mezclando con los efluvios del alcohol unos con otros y tirando, los más escrupulosos, los gintónics por el fregadero.

La tarde del jueves nos plantamos en una tienda danesa, abarrotada de clientela, especializada en vender chorradas de diseño. Te metes como borrego en un laberinto de estanterías que no tienes más remedio que recorrer hasta las cajas finales, obligado a pararte para no tropezarte con el de delante y así, acabar llevándote a casa servilletas, tarros o lámparas que acabarán arrumbados en cualquier rincón de casa.

Encontramos al fin los muñequitos de colores con forma de diablos o fantasmas que se pegaban como ventosas a los vasos para individualizarlos. Todo un éxito.

Las cajeras trabajaban a destajo. En nuestro turno le pregunté a la que nos atendió qué significaba la frase que aparecía en sus camisetas rojas.

-No lo sé -me dijo, extrañada por su pregunta.

'Dios mío', pensé. ¡Cómo alguien puede trabajar para una empresa, colocarse una camiseta corporativa con un par de palabras y no preguntar qué significan!

Vería mi cara y preguntó a su compañera de al lado.

-Niña, ¿qué significa lo de las camisetas?

La otra se encogió de hombros, seguramente pensando 'qué cliente más raro'.

Hice una foto a escondidas. Coloqué el traductor de danés ya en casa. 'Spørg mig'. No tardé ni diez segundos en descubrir que significaba 'Pregúntame'.

Eso es lo que hice, preguntarles. Pero quizás no sabían que trabajaban para una empresa danesa y lo de su camiseta les sonaba a chino.

miércoles, agosto 30, 2017

50

Acabo de terminar de ver, tras muchos meses, la serie Friends. Es duro verlos abrazados abandonando las escaleras del piso del cruce de las calles Grove y Bedford. Este verano estuve allí, quise visitar esa esquina; pasé con Raquel y Fran en taxi por allí una noche desafortunada, por la calle Grove, sin ser consciente. Sí, voy con retraso. Friends se emitió hace mil años.

Al apagar la tele he oído sonar el móvil. Me felicitaban por mi cincuenta cumpleaños. Joder.

Uno llega a fronteras que piensa que nunca atravesará. Cuando llega, observa a los que están allí, como un intruso, como si aquéllos que tienen cincuenta hubieran nacido así, con medio siglo a cuestas. Todos pensamos que nosotros no, que somos especiales. Mi madre murió con 49, se quedó a las puertas. No tengo derecho a protestar por haber llegado a ser mayor de lo que ella lo pudo ser jamás.

En un rato sonará el despertador y volveré al trabajo, ilusionado. Recibiré felicitaciones sentidas, porque sé que hay mucha gente que me quiere de corazón. Gente imprescindible para mí.

Nunca más se cumplen los años que se cumplen.

Hubo un tiempo en que me sentí protegido; tuve la suerte de nacer en una familia maravillosa. Mi padre nos dejó y duele horrores. Tengo, sin embargo, la suerte de sentirme amado. Y sé que mi vida siempre será una lucha alegre por no ser un hombre encorsetado por lo que la sociedad espera de mí. Quiero ser libre siempre, poner la creación como objetivo último, deshacerme de necesidades superfluas que no llevan a nada. Y proteger a los míos, quererlos, y tener el amor como bandera.

Ayuda mucho a entender lo hermoso de la existencia el haber quedado huérfano de madre siendo tan joven.

Son 50, pero sigo siendo el niño de entonces. No quiero perder ese halo de inocencia, porque soy terriblemente feliz.

domingo, agosto 27, 2017

Sonrisa

Una sonrisa es la mejor tarjeta de visita. De poco sirve, a veces, sonreír por dentro si mantienes un rictus serio cara al exterior. Es una medicina clara que yo me receto, yo que soy una persona de semblante serio. Cada vez que lo recuerdo, en las situaciones más diversas, lanzo una sonrisa. Incluso si no me ve nadie. Sonrío, y como dice mi amigo Esteban, esa sonrisa se reparte de forma milagrosa por todo el cuerpo, una suerte de cosquilleo eléctrico que activa las células de tu cuerpo, las despereza, zarandea y menea para ponerlas en sintonía.

La gente que sonríe es enormemente atractiva. 

La sonrisa también es belleza y luz azul y un cuadro de Hopper. De ahí que siempre intente mostrar al mundo ese amor mío por lo luminoso, lo simétrico, lo bello. Compartir la grandeza del mundo visto por mis ojos.

Dicen que por las redes sociales mostramos sólo la parte de nosotros que queremos hacer pública. No hay que ser un lince para confirmarlo. 

Yo quiero compartir mi universo de disfrute, no cansar a nadie con problemas que yo sé resolver, conmigo y con los míos.

La vida se desliza vertiginosa como para entorpecerla martilleando nuestros miedos al aire. 

martes, agosto 15, 2017

Dignidad

Harto de toparme en las portadas de la prensa, un día sí y otro también, con los cavernícolas de la CUP, tomo el avión de vuelta tras una maravillosa semana en Gran Canaria.

Días de abstracción, paseos, lectura, baño, ejercicio y buen comer en los que he padecido, colocándome los ojos provincianos de la soberbia Anna Gabriel, a decenas de profesionales canarios atendiéndome con exquisita educación y una sonrisa. Profesionales de raza.

La Anna Gabriel de sonrisa perdonavidas les habría explicado que a esos alemanes a los que sirven los desayunos hay que barrerlos, que las islas deberían volver al exclusivo cultivo de plátanos y ellos repudiar al extraño, empezando por el godo españolista.

Al socorrista que amablemente le entregue las toallas le soplaría al oído que está siendo sobornado por el capital, mientras le entrega un bote de polvos pica-pica, 'a utilizar preferentemente con españoles'.

En la recepción pediría que desconectaran las cadenas que no son autóctonas. 'Programe su televisor a su gusto, señora Gabriel'.

No entendería ella que las limpiadoras la saludasen con un sonoro 'buenos días'. '¡Os están explotando!'

Sería uno de esos amables empleados de hotel el que una tarde soleada le explicaría que su trabajo es bien digno, que el hotel donde ella se aloja está en planta desde 1974 y que ahí trabajó su padre, que bajó de 'esa sierra agreste que usted ve, para darnos de comer a la familia'.

'Canarias es mucho más que una playa, señora, pero sabemos ofrecer esa playa al mundo y hacerlos sentir como en casa'.

Con el gintónic de la noche, el cantautor venido en su coche compartido con otros currantes desde Las Palmas, le cantaría suavecito por Serrat, versionando al universal Machado.

'Universal', querida Anna.

Dejaría atrás una región Canaria humilde, bella y digna trabajadora de sus potencialidades, luchadora por su futuro y ambiciosa de un porvenir abierto al desarrollo. Que quiere dar a sus hijos estudios para ser todo lo que puedan soñar en un mundo interconectado. No tendría más que haber leído un poco sobre ella para comprender la grandeza de estas islas, que no son todo playa, pero que saben que la playa, ofrecida con dignidad, es su tesoro.

'Es horrible viajar', diría Gabriel, 'no nos entienden'.

martes, agosto 08, 2017

Negros

Hace años leí "Poeta en Nueva York' y no entendí nada de sus versos surrealistas, pero me impregné de todo el maremagnum explosivo que sintió Lorca.

Hace un rato una azafata negra me deseaba un buen vuelo, poco después de que una vendedora hispana me empaquetara una taza de café que no sé dónde pondré, tras haberme controlado el pasaporte una policía de color y habernos acercado en taxi al aeropuerto un árabe llamado Hammed, que nos recogió en la parada de la línea E que una mulata de acento cubano, a la que contratamos la vigilancia de nuestros equipajes, nos indicó justo después de que una puertorriqueña nos pusiera de comer sopa de pollo.

No me gusta hablar de razas, ni de los mexicanos reventados que dormían con la boca abierta repartidos por los vagones del metro la madrugada del sábado camino de Harlem, ni de la humildad con la que recogen la basura de los que nos zampamos la suculenta comida picante que nos cocinan; pero me gusta pensar que sus hijos estudian, que esos negritos vestidos de hombre que nos miraban embelesados en la misa de su barrio algún día gobernarán el mundo que creemos nuestro, y que lo harán sin rencor.

lunes, agosto 07, 2017

Dream

Estaba en un lugar morado y circular, de grandes vigas metálicas con remaches gigantes, cuando una alarma me expulsó de allí. Traté de agarrarme a la música que sonaba, pero trompetas y matasuegras se mofaban de mi intento de reingreso agarrado a una melodía que olvidaba, como se escapan el agua de las manos. Escuchaba a Raquel aún allí, sin embargo sus carcajadas se hacían confusas, tamizadas por pantallas de material chicloso. Atravesó una ambulancia, tremebunda y larga; infiltrada de otros mundos. Sé que lo pasaba infantilmente bien y que allí estaban gentes que no frecuento. Traté de recordar los vehículos que usábamos, los algodones que comíamos, el sentido de ese círculo de hierro azul, los sofás rosas, la utilidad de unos botones amarillos que rechinaban al presionarlos. Quise colarme dejándome caer, haciendo el muerto. Aporreé para que me abriesen y sentí vértigo. Comprendí que la alarma eran sonidos programados de móviles, las ambulancias eran de enfermos y despertaba de mi última siesta en Nueva York.

sábado, agosto 05, 2017

Cash

Acabábamos de cenar en La Esquina, un mexicano de carta corta y música altísima instalado en un subterráneo al que hay que acceder por la cocina, en el Soho.

Fuimos a tomar una copa a un bar de música en directo. Habíamos dejado a Iván en la casa, Fran fue al baño y pedimos 2 gintónics y una tónica para Raquel.

-40 dólares -me pidió el que parecía ser propietario de ese pequeño antro.

Le pasé mi tarjeta y la rechazó.

-¡Cash! -nos dijo de malos modos.

-I don't have cash.

Le quitó de un manotazo a mi hermana la tónica que empezaba a beber y tiró los dos gintónics al fregadero con toda la mala hostia imaginable. Nos quedamos de piedra.

-¡Me cago en tu puta madre! -le dije-. Fuck you! -insistí, imitando al peor cine americano.

A esto llegó Fran y se encontró el pastel. Fuimos a la salida con un cabreo de mil demonios.

-¡Bore, cuidado! -gritó mi hermana.

El dueño había salido de la barra y se encaró conmigo. Nos dijimos lo más grande cada uno en nuestro idioma.

Qué miedo da el ser violento que todos llevamos dentro.

miércoles, agosto 02, 2017

Flesh

Llegamos con tiempo para pasearnos Brooklyn, pero al situar la iglesia para tomar referencia vimos una cola enorme, así que decidimos quedarnos. El domingo pintaba espléndido y no importaba aguardar media hora al sol, más teniendo a nuestro lado el espectáculo de señoras negras vestidas con sus mejores galas, mucho color, para ir a misa.

La mercadotecnia era brutal. Grandes pantallas anunciaban actuaciones, daban cuenta de campañas de ayuda a Haití, de apoyo a jóvenes drogadictos, siempre invitando a contribuir.

Más que iglesia era un teatro descomunal, con grada alta y gallinero. Intentamos adelantar posiciones, pero los primeros asientos estaban reservados, luego entendimos por qué.

El comienzo, brutal. Una rubia de falda negra y tacones comenzó a cantar con todo el graderío posterior apoyando en un baile armonioso y voces nada improvisadas. Todos de pie. Palmas de los devotos. Todo era amor y Dios. El amor a Dios. 'Higher than mountains! Deeper than oceans!'. Veinte minutos de éxtasis, con las pantallas gigantes avanzando la letra a modo de karaoke.

Llegó el pastor, con aires de presentador televisivo. Empezó por hablarnos claro a los turistas. 'Este servicio es muy importante para nosotros y debe ser respetado en su integridad', apoyado por fuertes aplausos desde todos lados, rodeándonos.

Tras un par de cánticos colectivos de piel de gallina, 'no tires la toalla, Dios trabaja por ti', llegó el sermón, apoyado en efectos visuales.

Todo giraba en torno al 'flesh'. Rehuir del flesh, cobijar al espíritu santo en tu corazón y desobedecer al flesh. Todo era flesh. Parecía el club de la comedia, con el espíritu santo tirando del pastor a un lado, muy payaso, y el flesh del otro.

Mi inglés limitado y técnico no tenía registrado el flesh.

En cuanto encontré algo de wifi di con la explicación. Flesh es 'la carne'.

Qué misa más divertida.

martes, julio 25, 2017

Manhattan

Era un verano de hace catorce años, ya hacía dos que vivía en París. Andaba soltero por entonces y sin planes concretos de vacaciones. Mi amigo Kristian, tras comentarme que un profesor chileno que solía visitar cada invierno le prestaba su estudio de Harlem, me propuso acompañarle en su aventura neoyorquina ese mes de agosto. Le dije que sí.

Siempre me ha ido bien cuando he aceptado a la primera propuestas deslumbrantes.

Ese viaje supuso un revolcón emocional. Una ciudad entera me erotizaba sin ella saberlo, me zamarreaba con sus restaurantes africanos, los asientos de gallinero de sus musicales, los zumos de sandía en avenidas abiertas como pasillos entre monstruos; me descontrolaba en noches de jazz con menús baratos, desbaratando mis residuos de provincianismo en metros atiborrados de negros que se convertían en blancos al llegar a las calles con nombre; Manhattan me chuleaba riéndose de mis rigideces para confirmarme que la vida no era otra cosa que saborear el presente, mísero y fascinante a partes iguales, esplendoroso en toda su humanidad.

Volví a ella enamorado, siempre queriéndola compartir, como si fuese mía, como novio generoso, como amante disfrutón de orgías pactadas; volví con nieve, volví con amigos, volví con calores y recién casado, volví siempre abducido por el torbellino que todo lo rechupa, magnetizado por el imán de quienes estamos barnizados por una capa metálica de espíritu curioso.

¿Otra vez a Nueva York?, comentan los que me preguntan.

Sí. Otra vez. Mientras me lata el alma. Nervioso como el primer viaje. Nos acompañan Raquel y mi sobrino Iván, y no dejo de pensar en ese instante fugaz, que aún no ha ocurrido, de aquí a unas horas, cuando él vea, chiquitito, los grandes luminosos de Times Square, el hormigueo humano girando en redondo y comprenda, por un segundo, el amor de su tío por esa ciudad; el amor de su tío por estar vivo.

miércoles, julio 19, 2017

Azul

Estaba de Rodríguez la semana pasada. Con la nevera vacía, salí a pasear cuando el calor dio tregua, ya bien entrada la noche. El cuerpo me pedía algo frío y recordé un bar de la calle San Eloy donde tomar un plato de gambas y una cerveza, que me supieron deliciosas.

Tiré de vuelta por esa misma calle dirección a la Campana. A cien metros vi un grupo de mujeres con petos azules sacando material de una maleta. Me fui acercando y comprobé que eran tápers con comida. Las mujeres, por su vestimenta y el cardado del pelo, parecían de clase alta. Superaban los sesenta años.

Al avanzar, descubrí que bajo los soportales había un grupo de indigentes tendidos sobre mantas y plásticos. Ellas les repartían comida, ofrecían vasos de plástico con agua. Justo al pasar a su altura, uno de estos hombres, viejo, ajado, malhumorado, les tiró el táper, que estalló, contra los pies de las señoras.

Ellas se miraron sin rechistar y, glups, me miraron a mí.

Yo pasaba por ahí, como invitado de piedra, sin derecho a opinar, infiltrado, sintiéndome muy pequeñito al lado de esos inmensos petos azules.

domingo, julio 16, 2017

Café

Los estudios científicos demuestran, con buenos argumentos, una cosa y la contraria respecto a nuestros hábitos alimenticios. Hemos leído de las bondades de la cerveza, la leche o el pan tanto como de sus perjuicios. Hace unos días le tocó al café. Quien bebe 3 tazas al día vive un porcentaje significativamente mayor de vida que quien no lo hace. Eso sí, no hay que tomarlo muy caliente, porque no hace mucho otras investigaciones demostraban que esto causaba graves enfermedades.

Daban la noticia en el telediario y entrevistaban a una chica por la calle.

'Beber café me lleva a un sitio que me gusta', respondía.

Podía haber contestado no tomo café o sí lo hago, me gusta más o menos, me activa, me acelera, no me viene bien o lo disfruto con amigos... Pero dijo lo que dijo, y lo anoté.

Soy un convencido de que el uso creativo del lenguaje es una fuente de felicidad, al menos de mayor aprovechamiento de las experiencias humanas. Cuando alguien sabe convertir una sensación en una frase elaborada contribuye a hacer más rica esa percepción vivida. Una persona que mima el lenguaje, que lo exprime y saca de él toda su gama de colores está dando rienda suelta a emociones mucho más sutiles con las que disfrutar de las pequeñas cosas. No sólo eso, hace más feliz al que lo escucha y le enseña a pensar.

Beber café me lleva a un sitio que me gusta... ¡Bravo por ella!

martes, julio 11, 2017

Blanco

Hubo un día en que los españoles nos unimos por algo que no sucedía en un estadio de fútbol, en que la indignación recorrió nuestros espinazos, conectados como sólo uno; hubo un ataque a un hombre joven, venido de gente alienada y malvada, que supuso una agresión salvaje a todo un pueblo, harto de barrabasadas y chuleos, de tiros en la nuca y secuestros inmisericordes.

Poco importaba qué carnet tuviera.

Todos desfilamos con las manos en alto suplicando un acto de humanidad que no vino. A Miguel Ángel Blanco lo remataron con dos tiros en su cabeza, desde atrás y con las manos atadas con cables, tirándolo moribundo entre matorrales.

Hoy, veinte años después, hay quien se permite decir que no es conveniente escribir en una pancarta en la capital de España que nos acordamos de él, de su dolor, que es el de todos los que sufrieron la afrenta del terrorismo atroz de ETA. Que no conviene porque sería despreciar a los otros...

Apuntaremos que no podremos homenajear a García Lorca, porque seremos injustos con Miguel Hernández. Que no será posible conmemorar la masacre de Srebrenica, porque estaremos olvidando a los judíos gaseados en Auswitch.

Sé que nunca votaré al partido de Miguel Ángel Blanco, pero que no habrá ocasión en que suene su nombre y no se me conmueva todo por dentro al recordar la puerta a la esperanza que un día él nos abrió sin pretenderlo.

domingo, julio 02, 2017

Araceli

Esta noche me desperté sobresaltado. Soñaba que dormía, solo, en casa de mis padres. Me levanté a beber agua y oí un ruido de cerradura. Descalzo, en silencio, me acerqué a la entrada. La puerta se abrió y apareció Araceli. No olvido su mirada al ser descubierta por mí. Me desperté de un grito.

La habitación aún estaba a oscuras. Acelerado por la visión, traté de conciliar el sueño, con la imagen clavada de Araceli siendo descubierta al entrar de madrugada en una casa que pensaría vacía.

Buceé por los años de juventud y di con el intenso viaje que hicimos con mi Clío por toda Europa. Rafa, ella y yo. Cómo tuvimos que refugiarnos en el camping de La Molina el mismo día en que una avalancha causaba una catástrofe en el de Biescas; la discusión con un policía en las calles de París por un semáforo que yo no reconocía haberme saltado; los planos de viaje volando por los aires camino de Bruselas; su petición comedida de que no dejara el volante, 'me da miedo cómo conduce Rafa'; las tardes largas paseándonos los fríos parques de Copenhague; el sol fuerte por las calles de Berlín y los huevos fritos que nos preparaba una 'froilán' anciana en un bucólico camping a las afueras de Zurich.

Se me venía su risa contagiosa mientras trataba de volver a dormir en mi cama de Conil. Inseparable de mis hermanas, leal y tranquila. Dulce. Tal vez entraba en casa de mi padre a buscarlas y se dio de bruces conmigo.

No olvido la llamada de Raquel a mi despacho de París. 'A Araceli le han detectado un cáncer'. Desde 2000 kilómetros de distancia le envié un ramo de rosas. Las más rojas. No tardó en responderme.

Estaba guapa con su pañuelo en su cabeza, dando tumbos entre la esperanza y el horror. Al final no pudo. No sé hace cuántos años ya... Pero esta noche me la encontré. Sonó la cerradura y la descubrí. Maldigo haberme despertado, no haberle podido ofrecer un abrazo, aunque fuera sólo un abrazo de sueños inventados, aunque lo que me contase fuese lo que yo quisiera oír. Que todo iba bien.