sábado, diciembre 27, 2008

De nuevo el Terror

No hay mayor vergüenza en la historia reciente del hombre que el holocausto judío lanzado por Hitler y consentido por buena parte del pueblo alemán y no pocos dirigentes fascistas de la época.

Hoy almorzamos viendo imágenes espeluznantes en Gaza. Bombardeo indiscriminado ordenado por el gobierno israelí. ¡Más de doscientos muertos!

Sin ser comparables, ya van demasiadas andanadas mortíferas, brutales y sin sentido por parte del Estado sionista.

Entiendo la razón de la existencia de este Estado, más aún después de los actos criminales que condenaron al escarnio, las cámaras de gas y las torturas a millones de judíos por el hecho de serlo.

No entiendo y condeno desde mi posición humilde esta nueva acción militar en la que hemos podido ver civiles reventados en su propia sangre.

No se puede argumentar con el terror, no en nombre de Dios ni de ninguna religión. No podemos permitir más la pervivencia en este siglo XXI de un conflicto que nos llena de vergüenza desde hace tanto tiempo.

Ahora vendrá una salvajada palestina, igualmente condenable antes incluso que se produzca, y de nuevo el círculo que se cierra.

¿Cuál es la razón para no llegar a un acuerdo, para dar a los palestinos el trozo de tierra y la dignidad que les corresponde, cómo se puede medir con tan doble rasero a unos y otros?, ¿cómo pueden tener tanto apoyo en el pueblo israelí carnicerías como éstas, un pueblo culto, maltratado por la historia, denunciador de torturas pasadas?

No podemos quedar ajenos a las caras de pánico de los niños siendo llevados a los hospitales de Gaza. Los gobiernos del mundo tienen que estar a la altura, condenar sin paliativos esta acción y poner todas las bases, la paciencia y los argumentos diplomáticos para que el Estado de Israel sea lo que casi todos queremos: un país cordial, con un lugar en el mundo propio y merecido, respetuoso con los derechos del hombre, conciliador con sus vecinos, enseñándonos que su camino en la historia de la humanidad tiene sentido, heredero orgulloso de Moisés y Abraham; no mortífero y carnicero.

sábado, diciembre 20, 2008

Criticar por criticar

Hay una táctica muy útil que yo utilizo a menudo. Es la táctica del encantador. Si la explico, me delato. Si me delato, se puede pensar de mí como una persona falsa. Me arriesgo.

Veamos.

Cuando se me pregunta por alguien, más o menos cercano, amigo, compañero de trabajo, familiar o simplemente conocido, me impongo en lo posible llevar la respuesta al término del:

-Es encantador/a.

Casi siempre hay un motivo para decirlo de alguien. Que es encantador.

Seguro que hay muchas razones para decir todo lo contrario. Pero no se gana nada.

En esta vida que vivimos tan compleja, hay mil argumentos para descalificar. El reproche es sencillo.

Tal vez, quien esto lea, no confiará en mí cuando comente de alguien que es encantador, pero lo diré de corazón.

Desperdiciamos tanta energía en decir lo mal que lo hacen los demás, lo tacaño que es éste, lo engreído que es el otro, lo poco de fiar que es Fulanita, la mala leche que transmite Menganito, lo falso, lo imbécil, la maldad que tiene, lo convenido que es…

Es bueno contar hasta diez antes de criticar. Mirar a quien nos pregunta y ver qué hay en él o en mí que nos haga libres de críticas.

Cuando de alguien dices que es ‘encantador’ ocurren varios fenómenos positivos al mismo tiempo:

-Se corta el círculo del ‘despelleje’

-Das una lección a quien desea el ‘destrozo’

-Echas un cable a la persona de quien se habla

-Transmites buen rollo

No es difícil. Simplemente contar hasta diez, hasta veinte si es necesario, pensar en esa persona con los ojos con que nos gustaría que se nos viese, con los ojos humanos de quien ve a otro ser humano imperfecto del que piensa que, a pesar de todo, es encantador.

Eso sí, como leí en una entrevista a una juez, en este mundo hay gente buena buenísima y mala malísima.

Para los últimos, ni agua.