sábado, marzo 30, 2013

Pausa

Una de las mayores evoluciones con que me regala la madurez es la de activar una pausa finísima en las conversaciones con materia delicada cuando me toca el tiempo de intervenir.

He sido especialista en preguntar o afirmar sin tener en cuenta al interlocutor, las circunstancias, el pasado o la gente que nos acompañaba en ese instante, confundiendo pasión con inocencia, ímpetu con transparencia, privilegiando el lucimiento personal antes que el diálogo.

Hay gente madura de edad que demuestra un gran infantilismo cortando conversaciones para poner guindas a sus propios pasteles, cuando la verdadera sabiduría está en la contención, la escucha, el respeto.

Resulta especialmente difícil en comidas regadas con un buen vino, que suelen ser muy dadas a charlas acerca de lo divino y lo humano, a confesiones más o menos sorpresivas, a reflexiones en carne viva.

El alcohol tiende a soltarte la lengua, olvidar los detalles, hacerte más impulsivo y menos consecuente.

Es entonces cuando, en el momento de hablar de pasteles a un diabético, activas la pausa.

Es divertido jugar con esas milésimas de segundo. Ver la pausa y ejercerla. Se te queda buen cuerpo.

domingo, marzo 24, 2013

Alaya

Tiene un aire de Matahari andaluza, soberbia, impasible, altiva, la juez Alaya.

Es imposible conocer el detalle de las informaciones que maneja pero, en cualquier caso, es de agradecer su trabajo de investigación de un caso tan grave, gravísimo, como es el de los ERE fraudulentos gestionados por la Junta de Andalucía.

Es difícil no avergonzarse como andaluz de todo lo que está saliendo a la luz, sin que sea necesario buscar argumentos que lo magnifiquen a partir de las circunstancias actuales de crisis extrema que padece nuestra sociedad.

En todo este entuerto, sin embargo, echo en falta una asunción de responsabilidades por parte del Presidente de la Junta: Griñán.

Me da igual que lo conociera o no, pero en cualquier caso debería dimitir y pedir disculpas.

Si no era consciente de que se desviaron 140 millones de euros de las arcas del gobierno andaluz hacia entidades inexistentes, a través de intermediarios que se lucraban a manos llenas, inventando expedientes que no existían, remunerando a trabajadores que nunca lo fueron, entonces no cabe más que decir que era, y es, un incompetente.

Si, por el contrario, habían llegado a sus manos informes en que se denunciaba todo lo que estaba ocurriendo su actitud es de complicidad con el delincuente.

Por inútil o cómplice, debe marcharse.

No podemos permitir que se nos siga gobernando dando por supuesto que somos tontos.

Adelante, juez Alaya. Hasta el final.


miércoles, marzo 20, 2013

Admirar

Tenía un amigo, porque los amigos también dejan de serlo, que decía sorprenderse por mi capacidad para admirar.

Yo, en mi fuero interno, me decepciono con la gente que no sabe hacerlo.

Quien no admira, entiendo, pertenece a ese núcleo de personas cuya filosofía de vida es que 'todo el mundo es malo' y justifican cualquier virtud en el otro en algún interés oculto, complejo físico o emocional o estrategia insana.

Nadie es perfecto, y tal verdad es algo tan de perogrullo como que hay personajes que tienen la virtud de hacer resplandeciente un día gris con su palabra, sus comportamientos, la sabiduría, el humor o la bondad con que rocían sus vidas.

Yo admiro a compañeros de trabajo, sin rubor. Por su capacidad de pedir las cosas con una sonrisa,  por su disposición a la colaboración o por su efectividad para sacar tareas adelante sin quejarse.

Admiro a quien se hace a sí mismo, a quien comparte sus reflexiones, a quien es humilde y a quien no ha perdido la capacidad de aprender.

Admiro al viejo José Luis Sampedro o a José Saramago -porque los muertos dejan de serlo desde que se instalan en la memoria de quien les sobrevive- por hablar tan claro del género humano.

Perder la capacidad de tener modelos de conducta es dejar de creer en las posibilidades de progreso de uno mismo como ser humano.

jueves, marzo 14, 2013

Iletrados

La realidad la confirmamos a través de ejemplos, a sabiendas del riesgo que conlleva el emitir teorías específicas que sirvan para generalizar los comportamientos humanos en función de edades, orígenes, sexos o estratos sociales.

En el ambiente laboral en que me muevo, con bastante gente con estudios universitarios, me sorprende el bajo nivel cultural medio, no digamos ya las barbaridades que puedo leer a nivel gramatical u ortográfico, sino de desconocimiento de la sociedad en la que vivimos, de sus conflictos, los avances y dilemas que nos rodean.

No sé qué puede fallar en nuestro sistema universitario, especialmente en las carreras técnicas, para que, por lo general, salgan licenciados tan preparados en lo suyo pero tan poco duchos en aspectos más humanistas, en cuanto a visión general del hombre en el mundo.

Yo pierdo la confianza en un ingeniero que me escribe 'estube' en un email.

No se puede salir de una universidad sin saber escribir, puntuar, redactar frases con sentido, mirar a los ojos en conversaciones por muy de trabajo que puedan ser.

El mundo progresa a partir de los grandes investigadores y científicos, sí, pero eso no es cultura. La cultura es un compendio de saberes y actitudes que no se miden con integrales.

Y los aspectos culturales deben ser nuestro norte para no equivocar el sendero del progreso.

lunes, marzo 11, 2013

Repetir

Lo decía Milan Kundera en La insoportable levedad del ser: La felicidad es el deseo de repetir.

¡Cuántas veces idealizamos situaciones pasadas considerándolas el símbolo perfecto de nuestra felicidad!

Momentos en que realmente fuimos dichosos: unas carcajadas de pequeño en la playa, una conversación íntima con nuestro amor de juventud, una fiesta en que nos echamos un baile perfecto en grupo, unas vacaciones inolvidables con la familia, una noche de sexo estratosférico.

Pero ¿fuimos conscientes en el instante preciso de lo felices que éramos?

Los momentos sublimes los enmarcamos a posteriori desposeyéndolos de su auténtica virtud: el instante en que se produjo. Una vez el ideal almacenado de forma subconsciente en nuestra biblioteca de grandes recuerdos buscamos sin saberlo experiencias similares que nos colmen, sin admitir que el tiempo lo cambia todo y vendrán otros momentos espectaculares que, quizás, no sepamos reconocer en vivo y en directo.

Repetimos bares, series de televisión grabadas, libros, excursiones, canciones y compañía en busca de esa chispa que no siempre viene, nunca de la misma forma en cualquier caso.

¡Qué pena que nadie tenga la clave!, que tengamos que buscar a ciegas esa alegría de vivir que no siempre nos acompaña. Los grandes sabios deberían darnos pistas, decirnos lo que sí, sobre todo lo que no debemos practicar para sentirnos seres humanos plenos el máximo tiempo posible en esta vida caduca.

martes, marzo 05, 2013

Dación

Nuestro sistema económico resulta a veces necesariamente incomprensible si se intenta mirar con ojos limpios.

Si cuando un banco te concede un préstamo hipotecario lo hace utilizando como garantía el valor del inmueble quiere decir que se está asegurando de que, en caso de impago, tendrá una propiedad que vale, cuanto menos, el importe que concedió al cliente.

Llegados al caso del impago, independientemente de las causas humanas que haya detrás, debería cancelarse toda relación entre cliente y entidad a partir del embargo de la vivienda que vale, al menos, tanto como el préstamo concedido.

¿Qué hace que además se le cobre al desahuciado un capital que le condena de por vida?

Si una de las razones es el hecho de que la vivienda no vale lo que la deuda entre banco y deudor, entonces es que se infló el valor de la misma para aumentar artificialmente el crédito (y las ganancias consiguientes). Habría, por tanto, mala fe por parte del binomio banco-tasador.

Si la razón es que la banca no previó el derrumbe de los precios entonces estamos admitiendo que el único riesgo cae siempre de la parte del más débil, testigo mudo de la avaricia de directivos insaciables en sus bonus.

Nos explican los más sabios doctores de la economía que saldar la deuda con la entrega (léase desalojo) del inmueble implicaría un quebranto para la entidad bancaria.

¿Por qué?

Si el valor por el que la ha tasado no corresponde con la realidad quiere decir que los precios están inflados y alguien está haciendo un negocio sucio, usura, a nuestra costa. Esto implicaría que la vivienda debiera colocarse en su valía real y, consecuentemente, se haría más asequible para el ciudadano, menos rentable para la banca.

La deducción simple que se obtiene de este razonamiento es que fueron las entidades financieras las que inflaron los precios para su único beneficio, dejando desprotegido al ciudadano corriente cuando descubre que el valor de su vivienda no cubre ni de lejos la deuda contraída.

Lo dicho, no es comprensible el sistema financiero en que estamos inmersos a no ser que se tome como base la desvergüenza de los que lo hicieron posible, miraron hacia otro lado o no supieron legislar.

La dación en pago es la única salida honesta para cubrir de dignidad el derecho a la compra de una vivienda.

Si la banca hubiera admitido que una caída de precios como consecuencia de la explosión de una burbuja inmobiliaria hubiese conllevado pérdidas, es decir, si la dación en pago hubiese sido una figura legal desde que esta sociedad se hizo adulta y democrática, entonces quizás no habrían jugado las entidades financieras a los cromos con los ciudadanos de este maltratado país y tendríamos un sistema político-económico menos corrupto.

domingo, marzo 03, 2013

Kilos

En la edad adulta pasamos, salvo excepciones, mucho tiempo dedicado a pensar, y luchar con más o menos fortuna, contra los kilos, las arrugas o todo síntoma de deterioro que nos haga sentir peor en nuestro propio cuerpo, en una guerra imposible de ganar a pesar de las múltiples batallas victoriosas.

Cada año se hace más difícil el equilibrar el placer con la imagen, los sacrificios se vuelven menos efectivos y el espejo deja de ser un cómplice para convertirse en martirio, pero aún así el ser humano mantiene su lucha por volver a ser como antes en ese tobogán del descenso al que nos agarramos con fuerzas para tratar de no caer todo lo rápido que la pendiente impone.

Sí, hay quien tiene aliados en la genética para librar esa batalla con otras armas, pero cada cuál tiene su escala de ansiedad ante el declive y lo que para unos es una pequeña arruga para otros es el cañón del Colorado.

Los humanos nos esforzamos de continuo por mantener nuestra imagen como los perros van tras una pelota que le tires en la playa. Caemos en ese juego una y otra vez.

Sin embargo eso nos hace estar vivos, tal vez formando parte de nuestro instinto de supervivencia. Luchar por ser siempre tan jóvenes como lo fuimos hace poco es la forma instintiva de rebelarnos ante el precipicio de la muerte, y así debe ser.

La gente que se cuida, sin excesos ni obsesiones, es gente que transmite energía. Prefiero a personas presumidas que desastres, aún a sabiendas de que la principal razón de la hermosura siempre esté dentro del corazón, porque cuando uno se preocupa por estar físicamente bien implica que le importa el mundo.

Dejarnos ir es el principio del fin.