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salvador-navarro.com

jueves, noviembre 30, 2017

Atención

Una de mis principales dificultades como mando de mi empresa es conseguir que mi equipo o mis compañeros mantengan la concentración al tratar cualquier cuestión. Lo que parece una dificultad propia de niños se está convirtiendo en una epidemia de adultos sobre la que será preciso reflexionar, porque no prestar la atención precisa a los retos y dificultades diarias hace que estos se aborden con ligereza y sin el rigor precisos, construyéndonos un futuro que será cualquier cosa menos brillante.

El triunfo en estos tiempos creo que lo ganará el que sepa inventarse burbujas de desconexión hacia estímulos secundarios; gente que sepa filtrar lo importante en el día a día sin sucumbir al ruido que se cuela por cada rendija. El sabio, el creador, el innovador, el líder, todos ellos deben edificar su valía sobre la lectura, la experimentación y la observación, para lo que se requiere esa cualidad cada vez más escasa, que consiste en focalizar la atención en aquello que es importante.

miércoles, noviembre 29, 2017

Morfina

Imbuido por el lanzamiento de la novela, trabajaba en un Starbucks con el chaval que diseñaba mi nueva página web cuando sonó el teléfono. Siempre que lo hace desde un número anónimo sé que es Brigitte. No lo cogí. Cuando dejé en la moto a Carlos en su casa comprobé que tenía hasta cuatro llamadas perdidas. Con cierto desasosiego llegué a casa, apagué la moto y subí las escaleras esperando lo peor. No encendí luces, era ya noche cerrada, y la llamé.

Escuché del otro lado a una persona drogada.

-¿Qué te pasa, Brigitte?

-Te he llamado, Salva...

Le pedí que se sentara, que se acostara. No sabía qué le ocurría. Recordé su salud frágil, sus prótesis de rodilla y cadera, la muleta al andar, los dolores de espalda. Sus andares asimétricos entre la cocina de su piso de Suresnes y la mesa de la salita trayendo las ensaladas de endivias con nueces y las copas para preparar Kir Royal. Años ya lejanos en que me cuidaba como una madre francesa, en los ratos de almuerzo que compartíamos en su casa durante mis años vividos en París.

-No te asustes -me decía con voz de borracha-. Es la morfina, ¿sabes?

-Acuéstate, Brigitte. Prometo llamarte mañana. Descansa...

-Estaba pensando esta tarde que no sé si volverás a verme viva, Salva... Por eso te llamé.

El corazón se me estrujaba de dolor. Le dije que la vería muchas veces, con la angustia propia de quien siente que no se ha comportado como debiera con esa mujer ya anciana, de familia despegada y soledad forzada.

Secretaria en sus últimos años de mi jefe, éste le dijo al cambiar de puesto que cuidara de mí... Mañana vuelvo a París. La llamé para decírselo, para pedirle un nuevo almuerzo en su casa, como en aquellos tiempos en que hablábamos de la llegada del euro y ella bramaba furiosa contra Chirac; pero la cogí en el hospital.

-Deben operarme de nuevo, Salva.

He estado pendiente de ella estos días, hasta recibir esta mañana un mensaje de su parte. Ya está en casa.

-Tengo todo listo para tu ensalada de endivias con nueces y tu entrecotte...

sábado, noviembre 25, 2017

Gol

Aunque me gustaría afirmarlo y pienso que la vida no es otra cosa que un juego en el que nos han plantado sin permiso, no estoy de acuerdo en que no haya situaciones que tomarse en serio, que están en la cabeza de cualquiera que lea esto.

Es precisamente por ello que me llama la atención el semblante con el que muchos viven su día a día. Te cruzas con gente haciendo la compra en el supermercado con rictus tan concentrados que pareciese que su vida dependiese de la salsa de tomate que tienen que elegir; compañeros de trabajo que se toman tan a pecho decisiones intranscendentes que te planteas cómo harán para distinguir las pocas decisiones cruciales que la empresa nos requiere; padres que educan a sus hijos con tal espíritu asustado que no hacen sino inculcarle terror a chupar un lápiz.

Hay tres cosas, por no decir dos, que tratar con gravedad, en este terreno de juego azaroso por el que nos movemos sin tener claro dónde está la portería ni en qué consiste marcar un gol.

Relajando la escala de valoración de los retos diarios no hacemos la vida sólo más fácil a los demás, sino que evitamos sofocos innecesarios en nuestro ajetreado día a día.

Todo es más simple de lo que queremos forzarnos a ver.

lunes, noviembre 20, 2017

Inseguro

Yo fui tan tímido de joven que no me solidarizo con los que lo son.

No siempre, pero la timidez suele ir de la mano de la inseguridad, el no confiar en las propias capacidades, infravalorarse.

El paso del tiempo, sin embargo, suele ofrecerte las herramientas para ir descascarillando esa capa de cristal que falsamente nos protege, que nos obliga a caminar con miedo.

La inseguridad, a fin de cuentas, suele ser problema de gente egocéntrica. Lo digo porque lo fui. Esa supuesta debilidad viene dada por el hecho de creerse suficientemente importante como para pensar que el mundo está pendiente de ti.

El tímido, en el fondo, se ve empoderado de cierta relevancia personal. Pero el mundo no está pendiente de nosotros.

Recuerdo mi primer viaje a Manhattan, hace quince años. Mi amigo Kristian me pidió gritar a pleno pulmón en plena Quinta Avenida. Me reí. Insistió. Le dije que estaba loco. Se frenó y se cruzó de brazos.

-No me muevo hasta que grites.

Protesté como un niño chico, pero sabía que tenía razón.

Me tapé la cabeza, miré hacia todos lados de esa inmensa avenida. El gran Kristian me miraba desde su metro noventa, con los brazos cruzados.

Grité todo lo alto que supe.

¡¡¡Aaaaaaaahhhhhhh!!!

Apenas un hombre de rostro asiático se giró, del susto, por pura cercanía. El resto de la ciudad seguía rulando, con todos sus colores amarillos y sus trazos de cristal.

sábado, noviembre 04, 2017

Sugestión

Abandonábamos el mercado de Chelsea tras pasearnos el High Park Lane y enfilábamos las viejas calles de ladrillo visto que llevan a la Octava Avenida desde la Novena. Iván dijo que estaba cansado. Hacía días de nuestra llegada a Nueva York, habíamos pateado la ciudad de arriba abajo. Intenté explicarle quiénes habitaron en esas casas que íbamos a visitar. Pero él estaba cansado. 

Dicen que ante dos cuadros exactamente iguales en apariencia, uno obra maestra y el otro imitación, alguien con sensibilidad artística consigue emocionarse ante el que certifican como auténtico. Es sugestión, sí; la bendita capacidad para interpretar con el alma la grandeza de lo humano.

No es lo mismo tocar una piedra restaurada que una milenaria, aunque estén igual de frías.

Es necesario vivir mucho, leer mucho, viajar mucho para entender la emoción del lugar, y hay que tener el corazón abierto.

Mi sobrino Iván sólo veía una calle más y quería sentarse a jugar con su móvil. Yo me reconocía a miles de kilómetros de distancia, en uno de los epicentros del mundo más rompedor, consciente de que la admiración y el disfrute están en lo intangible, en eso que nuestra curiosidad trabaja dentro de nosotros mismos para colocarnos en alerta ante lugares, objetos o situaciones excepcionales.


Sé que Iván volverá a esas calles, será entonces cuando entienda aquello que un día su tío le quiso explicar.