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viernes, diciembre 28, 2012

Mezcla

Mañana es el cumple de Iván y, como le había prometido, nos hemos ido los dos a comprar su regalo: las botas de Messi.

En el camino hacia el centro empezó a hacerme el repaso de los amigos que irán a la fiesta de mañana: Pablo, Abilio, Álex... y dos nombres que yo no terminaba de controlar.

-¿Esos son tus amigos que tienen una madre japonesa, Iván?

-Sí. Pero son de aquí, porque el padre es español.

Entonces le comenté lo bonita que era la mezcla.

-Fíjate que siempre que se juntan dos personas de distinta raza tienen hijos que tienen un poco de los dos, y eso es muy bonito. Que la gente diferente se junte y vayamos mezclándonos entre todos.

-Pues esos dos tienen toda la cara japonesa -sentenció él, dudando de mi razonamiento.

Seguíamos camino de la compra cuando a él se le encendió la luz:

-Pero es verdad, porque tienen toda la cara japonesa, pero han salido hablando español.

miércoles, diciembre 26, 2012

Catedral

Los franceses llaman 'flâner' al pasearse sin rumbo, sin prisas, sin objetivo.

Aprovechar los días de descanso con que se nos regala en períodos de vacaciones me permite hacer eso, disfrutar de las mañanas frescas y luminosas de Sevilla para pateármela sin otra expectativa que ésa (me niego a dejar de utilizar las tildes en los pronombres demostrativos por mucho que lo prescriba la RAE).

Nos habíamos levantado pronto para llevar mi novela al registro, de horarios imposibles para quienes trabajamos, y nos convencimos para ir caminando con tranquilidad hacia la Catedral.

Es uno de esos lugares a los que siempre voy con algún francés, o un madrileño, o un japonés. Visita rápida para continuar por los Alcázares, Archivo de Indias, Barrio Santa Cruz... explicando con precisión las informaciones relevantes que deberían retener de su visita a mi ciudad.

Hacía una eternidad que no la visitaba, la Catedral, para mí mismo. Esa mole inmensa de siete naves construida hace más de quinientos años. Poder pararme en cada capilla, casi cincuenta, que podrían ser perfectamente la iglesia mayor de cualquier pueblo, leer la historia de sus arquitectos: flamencos, portugueses, franceses, alemanes, castellanos, andaluces... Admirar cuadros, frescos y esculturas de los grandes de todas las épocas, oler, tocas las piedras, escuchar cómo suenan las conversaciones en su interior, imaginar la vida allí, tan desprovista de elementos perecederos que dificulten situarse en un determinado tiempo.

Nos unimos a un grupo de turistas gallegos en el Altar Mayor, donde la guía, extrovertida e ingeniosa, contó como las figuras de ese inmenso retablo se iban construyendo cada vez más grandes para poder explicar toda la vida de Jesús sin tener la sensación que las imágenes se fueran haciendo más pequeñas conforme subiésemos la mirada hasta los veinte metros de altura a los que llega.

Los seguí, como un turista gallego más, para que me explicara los detalles de la tumba de Colón o quién era el protagonista, orondo y gigante, del fresco inmenso de uno de los laterales del crucero principal. Era San Cristóbal, al que se ruega contra la muerte repentina.

Paseé por el Patio de los Naranjos, testigo mudo del esplendoroso pasado árabe de la ciudad, desde el que se observa una Giralda imponente, símbolo de dos religiones unidas en piedra durante siglos.

Horas en la Catedral para disfrute propio, calmado y sanador.

sábado, diciembre 22, 2012

Teoría

Una de las principales muestras de la debilidad humana se manifiesta en el importante salto existente, muy a nuestro pesar, entre nuestros principios y nuestros actos.

La bondad, como tal, es fácil definirla; los actos buenos y generosos son identificables, podemos reconocerlos, aplaudirlos y apuntarlos en nuestro listado inconsciente de modelos a seguir.

Es incontestable el beneficio que supone reciclar, pero qué lejos queda el contenedor de vidrios.

Sé cómo de importante es sostener el ánimo de amigos despistados, pero he dejado a muchos a un lado, con los años, por no aguantar su tristeza, su debilidad o sus jodidas imperfecciones, tan humanas.

Critico con convencimiento actuaciones frívolas que luego repito, identifico comentarios estúpidos que, sin darme cuenta, acaban resbalándose de entre mis labios.

Es fácil banalizar la importancia del dinero cuando se tiene y jode dedicarle más tiempo del preciso a pensar en él, resulta natural criticar a quien se salta un semáforo al tiempo que se grita como un energúmeno ante un conductor despistado. Aconsejar acerca del desamor es sencillo cuando no se tiene el alma desgarrada, ver la soledad de lejos es incluso hermoso cuando se tiene una mano siempre cerca.

Nos sentimos incomprendidos por minucias que nos hacen creernos centros del universo mientras soslayamos situaciones personales dramáticas de gente que viven sus miserias, más cerca de lo que desearíamos, en silencio.

Me quejo de egoísmos de los que acabo siendo protagonista.

lunes, diciembre 17, 2012

Huyendo de mí

Hace años comencé a escribir mi última historia de ficción, hace pocos meses la finalicé.

Quiero ir con calma, hacerlo todo bien para llegar a redondear una obra honesta, emotiva y divertida, fácil de leer pero compleja, actual aun tratando conflictos humanos que pudiesen ser entendidos en cualquier época y lugar.

Imaginé hasta dónde podía llegar el amor, el real entre amantes ya disfrutado durante años, sincero pero barnizado por innumerables actores externos que lo pulen, lo retuercen, dimensionándolo con otras formas distintas a las originales.

Quería analizar, a partir de una pareja inventada, cómo actuaría uno de ellos cuando la otra persona le abriera de par en par las puertas a otros amores de juventud.

Creada la trama mis personajes se rebelaron, ningún humano -me decían con sus reacciones- es capaz de tanta generosidad, nadie ama tanto como para entregar a otra persona el objeto de su deseo por buscarle la felicidad total, aun sintiendo que no tenga la energía suficiente para mantener encendida con la misma potencia la llama de su relación.

Surgieron dudas en aquella persona que ofrecía, surgieron dudas en aquél a quien le presentaban otros caminos y, como siempre ocurre, se cruzaron otros motivos, circunstancias imprevistas, informaciones que uno no conoce del otro hasta que no lo pone a prueba. El antiguo amor de juventud ya no era el mismo ser humano, ni podía hacerse cómplice de una estrategia sin conocerla.

A quien diseñó esa estrategia se le escapó que la vida siempre puede ofrecer sorpresas más grandes de las intuidas y una muerte amiga vino a sacudir todos los resortes inimaginados cuando se veía sólo la propia realidad de un plan construido, a pesar de las buenas intenciones, de manera artificial.

Creemos en el control de nuestros actos, pero la bola del mundo rueda mucho más firme y mis personajes, aturdidos, se dejaban guiar por el temor a haber perdido una estabilidad que nunca deja de ser una quimera.

El círculo no podía cerrarse, porque las historias humanas no son circulares ni tienen sentido completo en sí.

Alguien abre la puerta por amor y no sabe hasta qué punto uno es pequeño cuando pierde las coordenadas del ser amado.

Y el ser amado, empujado a ponerse a prueba sin saberlo, soltado de los hilos que le unen a su relación afectiva de siempre, comienza a huir hacia adelante queriendo encontrar el camino de vuelta hacia un tiempo anterior del que no sabe cómo ha salido.

Dos seres humanos, repletos de buenas intenciones, se perdían en dos dinámicas perversas confundidos por el creer conocer al otro.

La historia estaba escrita.

Tocaba el momento de colocarle un título y registrarla. Hoy ha sido ese día y el título no podía ser otro, tanto para la que organiza la estrategia como para el que participa en ella sin saberlo:

Huyendo de mí.

jueves, diciembre 13, 2012

Madrid

Cada vez que vengo a esta ciudad tengo sensaciones duales que oscilan entre el desencuentro y la pasión.

No resulta hospitalaria en sus formas, llena de cuestas y enormes edificios, para un sevillano acostumbrado a la planicie de una ciudad de dimensiones controlables. No me resulta armoniosa Madrid, aunque tenga retales construidos por avenidas amplias que me la hacen deslumbrante.

Madrid es más dura que ciudades de su tamaño, es menos homogénea que otras, más caótica. Está hecha a partir de costuras rotas y remendadas demasiado rápido y demasiadas veces.

Sin embargo Madrid es mía.

Tengo la certeza de que es mía. Dura y caótica, pura España. Cutre, cultivada, provocadora, ruidosa, perversa y castiza, donde un andaluz o un asturiano se encuentran por igual en territorio neutro y al mismo tiempo en casa.

Preferiría para mi país la belleza arrebatadora de París, el tremendo pasado de Roma, el cosmopolitismo inmenso de Londres, la vanguardia infinita de Berlín, Tokio o Nueva York, sin embargo Madrid es mía.

Mi dolor y mi esperanza, divertida como pocas, cateta, hospitalaria, chula, moderna, soez y embaucadora de cultura universal. Pura España.

lunes, diciembre 10, 2012

Autopista

No llevaba ni un mes viviendo en Francia cuando me encomendaron impartir cursos de determinados útiles de resolución y análisis de problemas a grupos de técnicos en las distintas fábricas que el grupo Renault tiene por el norte del país.

Mi primer destino fue una pequeña factoría que produce motores no muy lejos de Lille.

La jornada era muy dinámica. Había una parte teórica de introducción pero la mayor parte del curso se realizaba a partir de ejemplos prácticos para los que yo había traído todo el material.

No llevaba una hora en el atril explicando en qué consistía el curso cuando noté que comenzaban a reírse de mi acento. No quise dar importancia y seguí para adelante. El grupo era más numeroso de lo previsto, por lo que tragué aire y tomé fuerzas para llegar hasta el final sin dar mayor importancia.

Una vez que comenzaron los ejercicios la situación se hizo más fluida. En el tête à tête era más difícil que me faltasen al respeto. Creí haberme ganado a los alumnos, alguno de los cuales tenía edad para haber sido mi padre.

En la hora final de conclusiones, conmigo de nuevo en el estrado, comenzaron de nuevo las risas.

Enfilé la autopista hacia París dando puñetazos al volante por no haberlos puesto en su sitio, pero se me hizo en su momento una barrera infranqueable mostrar mi enfado en un francés que por entonces no me permitía mostrar cómo me hervía la sangre.

Volví a dar muchos cursos durante años. Nunca volví a dar golpetazos al volante.

viernes, diciembre 07, 2012

Involución

En nombre de la crisis se está produciendo un fenómeno terrible en gran parte del mundo civilizado, pero de forma especialmente virulenta en España.

A los recortes económicos con el único objetivo de alcanzar el déficit se unen otros que no tienen nada que ver con este objetivo y sí con uno mucho más concreto, volver a tiempos clasistas en que el poder recaiga sin dudas en aquél que posea el dinero y el que abrace la religión católica. No tenemos más que analizar los pasos dados por dos ministros tan retrógrados como Wert y Gallardón, que en pocos meses se quieren cargar derechos conseguidos durante varias generaciones de democracia española. Se apunta contra la laicidad en la escuela, contra el derecho de la mujer a un aborto digno o se subleva a regiones con políticas no consensuadas que atacan a sus lenguas para enfrentarnos a unos españoles con otros, con palabras gruesas, altaneras y chulescas que pretenden hablar en nombre de un pueblo español del que yo no me siento parte.

A todo ello se unen medidas realmente perversas, como la de amenazar con quitar el sueldo a los políticos electos, con un deformado mensaje populista, para que quien acabe optando a gobernarnos sea aquél que viva de las rentas y pueda permitirse jugar a elaborar presupuestos como quien juega a los clicks de famóbil.

Todo vale contra el déficit, incumpliendo su programa en cada una de sus medidas: eliminación de becas, copago (repago) sanitario, eliminación de pagas extras, congelación de las pensiones, subidas de impuestos, expulsión de inmigrantes del sistema de salud, introducción de tasas judiciales hasta para registrar el nacimiento de un crío... Pero sin atacar otros frentes que pudiesen hacernos llegar a ese déficit con otras armas más honestas, como las de conseguir imposiciones efectivas a las transacciones financieras y especulativas, penalizar con impuestos significativos a las grandes fortunas que esconden sus riquezas en productos complejos (como las SICAB) y, sobre todo, luchando por crear empleo.

No veo una política industrial que intente apoyar aquello en lo que somos fuertes. Somos muy buenos en energías renovables, en industria aerospacial, en la turística, en la editorial, la automovilística, la investigación médica, la del diseño textil, la de construcción ferroviaria o la agrícola y ganadera. Tenemos una lengua hablada en medio mundo y multinacionales expandidas por todo el planeta que son orgullo de un buen hacer. ¿Por qué no apoyamos a estos sectores? Con medidas inteligentes de desgravaciones, asesoramiento, ayudas a la contratación, encuentros internacionales. ¡Qué bueno sería convencer a cada una de las multinacionales de nuestro país para que contratara, al menos, a un españolito en cada lugar del mundo donde tuviesen una tienda, estudio, oficina bancaria o tajo de obra! Serían decenas de miles, llevarían con ellos nuestra lengua y la imagen de sociedad dinámica y volverían con un currículum mucho más rico.

Aunque fuesen planes no suficientemente productivos, hay que lanzar al menos ideas en positivo de que las cosas pueden cambiar y de que el gobierno se preocupa no sólo de retirar dinero y prestaciones a los ciudadanos, sino que también piensa en nosotros como su principal preocupación, poniéndonos en lugar de los mercados.

¡Hay que construir ilusiones!

Cada idea emprendedora tendría que tener un apoyo inmediato de la administración pública, no ncecesariamente económica, aunque sea para sacar adelante una de cada diez que se propongan. Para eso queremos a los políticos que nos gobiernan, para que ayude al pueblo que los eligió, lo escuche y facilite las cosas.

¿Para cuándo el enlace directo entre institutos de formación profesional y empresas?, ¿para cuándo dejamos el que nuestras universidades sean modelos de gestión pública a la escucha del mercado laboral?, ¿hasta dónde hay que llegar para que se facilite la creación de empresas en una ventanilla única?

Para conseguir que un país se levante hay que elaborar un mensaje alentador a base de proyectos. Y este gobierno no tiene ninguno. Sólo recaudar dinero olfateando entre la miseria.

lunes, diciembre 03, 2012

Einstein

Hay noticias que cabrean, otras que alegran, pero hay algunas que despistan.

A mí me jode enterarme que el cerebro de Einstein era especialmente grande y con más nudos neuronales que uno de andar por casa. Hablo en pasado no sólo porque ese órgano tan reputado esté ya muerto, sino porque se encargaron hace décadas de descomponerlo en múltiples trozos para ser analizado en distintos laboratorios repartidos por todo el mundo.

Y me mosquea porque es una noticia desalentadora, ya que aunque sea razonable pensar que la inteligencia no sea un don con el que todo el mundo nace, sí que en cierta forma tenemos la esperanza de que el esfuerzo sea un factor a tener en cuenta cuando pensamos en la preparación de una persona sabia.

Que Einstein tuviera un cerebro fuera de lo normal desde pequeñillo lo pone a la altura de Rocco Siffredi, aunque estemos hablando de otro miembro del cuerpo como base de una vida exitosa.

Romper la alianza entre el empeño por aprender y la sabiduría desmotiva, aunque a mi edad ya no confíe en llegar mucho más lejos, pero sí es cierto que me gusta idealizar la capacidad de una persona para hacerse a sí misma.

Ese estudio pone tan en carne viva la relación entre lo físico y lo mental, algo que no dudo que sea cierto, que viene a resultar contradictorio como análisis.

El hombre, alcanzando las mayores cotas de inteligencia en sus experimentaciones viene a demostrar que una inteligencia excepcional no es más que un puñado de surcos y crestas en lóbulos craneales mejor formados que la media.

El científico sublime descubre la propia pequeñez y arbitrariedad de su extrema inteligencia. Al asomarse al microscopio de su cerebro atraviesa el abismo de sentir que todo lo que sabe no es más que producto de un afortunado cruce de cromosomas del que es complicado presumir.

Seguro que habrá muchos cerebros de la calidad del de Einstein viajando por el mundo desaprovechados, pero también es cierto que muchos sacrificados pensadores nunca llegarían a confirmar su propia grandeza al no haber nacido bien dotados.

Y quizás Rocco Siffredi se lo haya pasado mejor en vida con sus atributos que Einstein con los suyos.

O no.

jueves, noviembre 29, 2012

Peajes

A los políticos se les pueden excusar los errores, faltaría más. Incluso en los tiempos convulsos que corren se entiende aún más complicado gobernar. Nos enfrentamos a escenarios tan nuevos que resulta difícil aplicar medidas estándares, ensayadas. Todo es nuevo y cada día parece peor que el anterior.

La dificultad de su misión no les puede privar de la crítica por los pasos mal dados; ellos decidieron en su momento aportar soluciones y deben hacerse responsables del efecto que sus medidas provocan.

Ahora paso unos días en Portugal, buen ejemplo de gestión atolondrada de la miseria que asuela al sur de Europa.

El gobierno de Passos Coelho decidió hace años imponer peaje en la autopista que recorre todo el Algarve desde la frontera española. No importaba que esa obra se hiciera con financiación de fondos europeos o que implicase crear un muro económico entre dos regiones que llevan poco tiempo haciéndose permeables tras siglos de incomunicación. Todo por obtener más euros con la corta mirada que implica no pensar en la pérdida de turismo que eso conlleva, y aún a sabiendas de que éste es la principal fuente de ingresos, con diferencia, de esta región sureña.

La caída del tráfico ha superado el cincuenta por ciento en esta autopista, algo que podía preverse. Lo que cabría exigirle a esos gobernantes es que hubieran pensado que esa carretera llevaba también al centro del Algarve, desde donde partía la A2 que conduce a Lisboa, de peaje desde que se construyese. Pues bien, la bajada de tráfico en el trayecto del Algarve ha provocado, como efecto dominó, una menor utilización de la autopista a Lisboa. Haciendo la suma, se encuentran con la sorpresa de que la operación ha generado, en su conjunto, una pérdida de 29 millones de euros respecto a lo que ya recaudaban antes de imponer una tasa que penaba a la población del Algarve, a sus comercios, al turismo que le visitaba y a las relaciones fraternales con su vecino español.

Políticos que nos hacen más pobres, más miedosos y recortan nuestros sueños.

sábado, noviembre 24, 2012

Belleza

En su más amplio sentido, la belleza resulta un motor potente de vitalidad.

Es, entiendo, una cualidad estrictamente humana ésta de valorar la belleza en sí.

El hombre podría optar por construir edificios con el fin básico de habitarlos, puentes para atravesar ríos o ropa para protegerse del frío, sin embargo existen Venecias con puentes Rialtos y disfraces exquisitos por el puro vano placer de provocar armonía en nuestras retinas.

A mí se me pasan las horas delante del ordenador contemplando extractos de óperas que investigo por youtube. La magnificencia de una Madama Butterfly esperando el barco de su amor mientras suena el coro a boca chiusa de Puccini provoca en mí tal emoción que da, de por sí y sin más razones, sentido a mi vida.

Y la belleza no construida por el hombre: una cordillera andina, una playa de arena fina al atardecer, la visión de un cielo estrellado en una noche sin luces en medio de ninguna parte. ¡Cómo no sentirse vivo simplemente de observar!

La más pura, cristalina y perversa de las bellezas nos la proporciona, sin embargo, el propio cuerpo humano. El cuerpo y la cara que nos embelesa, nos seduce, condiciona y revuelca por el simple hecho de su simetría, sus formas y colores.

Juntar belleza y ser humano es mezclar ingredientes que se buscan y autodestruyen.

Cuando sientes el secuestro de la belleza humana, del hombre y la mujer, estás perdido y no eres capaz de discernir qué parte de ella mueve el mundo, qué parte de ella es sana y cuál es pérfida porque tras de esa belleza ya no hay un puente, una montaña o una melodía, sino el mismo ser que ha inventado el propio concepto de lo hermoso.

lunes, noviembre 19, 2012

Bálsamo

A veces no creemos lo suficiente en la fuerza de las palabras. Convivimos con gente a la que apreciamos y pensamos que tienen la cabeza tan sólo en su mundo, viviendo al ritmo endiablado de nuestros días sin imaginar que una palabra de cariño, mezclada hábilmente entre otras tantas, puede tener un efecto brutal.

Lo practico a menudo y da muy buenos resultados. Le dices a tu pareja qué bien le queda una camisa o unos pantalones y, aunque se ría quitando importancia, acabarás viéndo cómo se pone esa camisa o pantalones muchos más días de lo que tendría pensado. Si, de pronto, te gusta como una persona pronuncia una palabra, ¡díselo! Puede parecer una tontería, pero seguro que cuando utilice esa palabra se acordará de ti y le producirá un cierto cosquilleo algún día recordar que se lo dijiste.

Se me viene a la mente mi época universitaria, cuando Mariángeles un día me dijo que le encantaba observarme estudiar por mi capacidad de embobarme delante de un libro. Yo me reí, pero esa frase quedó grabada a fuego y, a veces, cuando estoy con mi mesa llena de papeles me acuerdo de ella y me sonrojo.

Ver con ojos alegres y buscar el punto de luz en los otros como gimnasia para hacer remover los mecanismos que consiguen reconocerse a uno mismo como alguien de interés es una práctica sanísima, aunque sea por la forma de pronunciar la letra 'ese', por la manera de bizquear o de colocar los labios a la hora de soplar la sopa caliente.

Tengo amigos que son especialmente secos, pero recuperables, a los que intento encontrar el punto de ingenuidad, frivolidad o humor tonto para hacerles ver que pueden ser graciosos.

Si alguien a quien quieres tiene un complejo de gordura tienes tres opciones: recordárselo, evitar el tema o animarle con comentarios que no tienen por qué ser siempre sinceros. A un amigo al que se le va la vida haciendo dietas, haz por decirle como quien no quiere la cosa que lo ves más delgado, aunque ni siquiera te hayas fijado en su tipo. Lo integrará, aún refunfuñando, en su batalla eterna contra sus complejos.

Lo más complicado es saber introducir ese piropo sin que se note, convirtiéndose así en un guiño camuflado, como los anuncios prohibidos en que se metían fotogramas de coca-cola, invisibles al ojo humano, para hacerte sentir la necesidad de beberla.

Ves el punto a resaltar, lo introduces en cualquier conversación o situación en que no venga a cuento y te dedicas a disfrutar pensando en el bálsamo que esa palabra seguro ha producido.

(Es una estrategia para hacerte querer)

viernes, noviembre 16, 2012

Imprevisible

La clave para entender la vida es asumir que es imprevisible, sin embargo solemos basar nuestra búsqueda de la felicidad en la obtención de la estabilidad: Mantener lo que funciona para que todo fluya.

La vida, lo queramos o no, fluye como quiere, por donde quiere y al ritmo que le da la gana. Ponerle diques para encauzarla es humano, pero fallido como estrategia.

Los imprevistos que nos asaltan y desesperan deben convertirse en nuestros aliados, es la forma más inteligente de disfrutar de la existencia; teoría que sustento en base, entre otras cosas, a lo vivido. La gente más rígida en su concepción del mundo que conozco tiene tendencia a sufrir mucho más.

Nos viene muy bien ser un poco desastres, desordenados, impulsivos, transigentes con lo inesperado, trabajando nuestra capacidad de reírnos del mundo más que la habilidad por contenerlo.

Estas reflexiones no vienen a construir más que una teoría contradictoria: intentar encerrar en un puñado de frases una realidad indefinible como es la existencia.

En mi fuero interno tengo claro, en todo caso, que quiero ser una persona frugal que se deje llevar por las olas que nos llevan de aquí allá, dando paladas grandes en busca de objetivos, sí, pero sabiendo que mis brazos nunca podrán contra la fuerza de la corriente. 

lunes, noviembre 12, 2012

Islas

Dos países inmensos, con sus pueblos milenarios detrás, se enfrentan por unas pequeñas islas situadas a medio camino entre los dos.

Los chinos, con la memoria aún diáfana de los crímenes cometidos el siglo pasado por el imperio japonés, se han lanzado en multitud a protestar contra todo rastro nipón en su territorio, bien visible en multitud de empresas del país del Sol naciente que desembarcaron en China buscando su mano de obra barata y el enorme mercado que representan los mil y pico millones de habitantes del país más populoso del mundo.

Entre las firmas boicoteadas está Nissan, constructor automóvil que tiene en Cantón una de sus principales factorías. Allí se fabrican vehículos de gama media con gran aceptación entre los chinos.

Nissan, aliado con la multinacional Renault, encuentra mucho más económico importar motores diésel y cajas de cambio manuales al constructor europeo, especialista en esas tecnologías; desde Europa, por tanto, salen barcos repletos de esos conjuntos mecánicos que equipan los coches japoneses que compran los chinos.

En el norte de la ciudad de Sevilla, Renault tiene una fábrica enorme, que produce desde hace cincuenta años cajas de cambio para todo el mercado europeo. Hace un decenio, con la Alianza establecida entre unos y otros, en mi factoría nos encontramos con la agradable sorpresa de comenzar a exportar a otros continentes.

Hoy, unas islas deshabitadas provocan una reacción visceral de los chinos contra los japoneses que provoca un descenso espectacular en la venta de los Nissan Micra y lleva a que, por obra del inmisericorde mercado mundial, no se les renueve el contrato a unas decenas de jóvenes sevillanos ante la caída de los pedidos.

Afortunadamente nuestros clientes ya se reparten por cuatro continentes y esto no será más que un pequeño tropezón, pero asusta pensar cómo unas islas deshabitadas perdidas en medio de la nada nos alertan de lo interconectado que está el mundo.

jueves, noviembre 08, 2012

Claxon

Iba en moto al trabajo tras el almuerzo.

Al llegar a la rotonda del Puente del Alamillo, justo a mi lado se abre la puerta del copiloto de un coche que esperaba junto a mí, en el semáforo en rojo. Salió una mujer de mediana edad, pequeña y delgada, de pómulos marcados, pelo teñido, corto, con una sonrisa que contrarrestaba una cierta minusvalía que no acerté a definir. Su fealdad, y posibles complejos, la ensombrecía su sonrisa.

Bajó con dificultad del coche, yo me hice a un lado.

Impecablemente vestida, coqueta, llevaba unos pantalones amplios, rojos, a juego con un fular que colgaba de su hombro derecho; pantalones que quizás trataban de disimular una cojera seguramente vitalicia. Andaba de forma asimétrica, con esfuerzo, digna, a pasos muy cortos. Tan cortos que los dos o tres segundos que tardó en llegar a la acera se me hicieron eternos, con toda una manada de coches con motores rugiendo esperando la luz verde.

La seguí con la mirada mientras rodeaba, al mismo ritmo alegre de pasos minúsculos, el carril-bici.

Vi cómo el fular se le resbalaba sin que ella se diese cuenta.

Fue caer el fular y, al unísono, una jauría de cláxones comenzó a sonar para avisarla.

Ese instante de humanidad arrolladora, emotiva y solidaria, es de los que se harán eternos en la memoria de los que hicimos sonar el claxon.

martes, noviembre 06, 2012

Piedras

Trataron de impedir en los años ochenta la ley que posibilitaba el divorcio a los matrimonios que fracasaban, se organizaron utilizando argumentos religiosos para impedir la ley que regulaba el acceso a un aborto que protegiera a la mujer de hacer frente a una interrupción del embarazo fuera de la clandestinidad, sacaron banderas de España para insultar a los homosexuales cuando se les concedió el derecho a contraer matrimonio.

Y han luchado con todas sus fuerzas para poner piedras en el camino.

El sentido común y la evolución natural de la sociedad española ha ido abriendo camino al andar, quitando las piedras con las que nos querían retener en tiempos que no volverán, épocas pasadas en que todo se evaluaba en forma de pecados y condenas.

Hoy es un día feliz. El Tribunal Constitucional sentencia que las personas tienen derecho a elegir con quien firmar un compromiso vital, que les proteja y dignifique, independientemente de su identidad sexual.

Es una ley que no obliga a los homosexuales a casarse, como la del aborto no inducía a abortar ni la del divorcio fomentaba las separaciones.

Es sencillamente la proclamación solemne de que todos somos iguales, quitando etiquetas de persona más o menos válida según con quien te acuestes.

Han sido miles de años de historia del ser humano sometiendo al ostracismo y la vergüenza a aquéllos que sienten diferente, condenándolos a relaciones ocultas, a vidas dobles y justificaciones perversas.

Una ley no cambia la mentalidad de una sociedad, pero en este caso dignifica y hace justicia a ese porcentaje importante de la población que en todas las épocas pasadas, sin importar razas, naciones o creencias, ha sufrido la burla, el menosprecio y la falta de comprensión.

Días como hoy sí me siento orgulloso de ser ciudadano español.

lunes, noviembre 05, 2012

Dolor

En un almuerzo de trabajo, un compañero que venía de enterrar, pocos días antes, a su hermana tras sufrir un cáncer terminal, razonaba en términos duros a la vez que sensatos: Llegados a una edad tenemos que aprender a vivir con el dolor.

En su caso se refería al dolor físico, porque hablábamos de malas posturas en el trabajo y molestias cervicales, pero sus palabras traslucían un sentido más amplio de lo que entendemos por dolencias, más allá de definiciones.

Hablar de determinados temas puede resultar desagradable, pero ocultar la realidad a veces consume nuestro interior más que hacer frente a nuestros miedos.

Con los años vamos comprendiendo tanto la fragilidad de nuestro cuerpo, transparentando achaques más o menos asumibles que irán yendo a más, como la desazón que van produciendo en nosotros los sinsabores y padeceres de la gente que queremos, de nosotros mismos.

Asumir vivir con el dolor, cuando éste es ineludible, es una forma de combatirlo.

No entendí su teoría como una llamada a la derrota ni una bajada de brazos, sino como una forma inteligente para ser menos frágil, acrecentando nuestra capacidad para disfrutar de nuestra vida.

Es humano sufrir y humano reconocerlo.

Si cuando nos vamos a dar un porrazo colocamos el cuerpo en buena posición y relajamos músculos tal vez sea menor el destrozo que si queremos ignorar los golpes mirando hacia otro lado.

Vivir es, mal que nos pese, adaptarse.

sábado, noviembre 03, 2012

SMS

Soy de las personas a las que les quema el teléfono en los oídos.

Celoso de mi intimidad y hasta cierto punto asocial en lo que se refiere a la selección de los momentos, me resulta tremendamente invasivo el hecho mayoritariamente consentido de la utilización del teléfono móvil como tal, como generador de llamadas a las que alguien debe dar respuesta al otro lado, sobre todo cuando es por el simple hecho de charlar.

Me gustan las conversaciones frente a frente.

Recuerdo como si fuera ayer la primera sensación impactante que suponía la posesión de ese aparato. Iba paseando, a solas, por las playas vírgenes de la costa de Cádiz, aquéllas en las que uno puede llegar casi a perderse de todo edificio y seña de civilización. Recibí una llamada de mi amiga Bárbara y le hice partícipe de mi emoción. Podía acompañarme en ese paseo playero compartiendo durante un rato nuestras historias.

Era mágico y, como todo gran avance de la tecnología, me imponía un respeto enorme por lo que suponía de progreso, de cambio en nuestras costumbres.

Todo paso adelante implica, sin embargo, desprenderse de otras libertades. A día de hoy recibes llamadas en cualquier sitio, sabes quién ha intentado contactar contigo y debes buscar explicaciones, a veces falsas, para justificar el no haber respondido o devuelto la llamada. Es más, si respondes te puedes ver abocado a hablar de trabajo en una cena romántica, de enfados familiares en una reunión de trabajo o de viajes al Caribe en un atasco de tráfico.

Y muchas veces hablar por hablar de nada.

Soy arisco para el móvil en su función de teléfono porque invade mis tiempos, mis silencios y me obliga a retratar mi realidad sin yo quererlo.

Los mensajes, en cambio, son la cara amable, a mi parecer, de este invento, tan reciente a pesar de que parezca que haya existido durante toda nuestra vida.

Enviar un SMS es más educado, limpio, respetuoso. Es un decir 'pienso en ti', 'aquí estoy yo', 'tómate tu tiempo'.

Si antes recibía pocas llamadas... ahora recibiré ninguna.

jueves, noviembre 01, 2012

Inocencia

Las veces que mi sobrino Iván se queda a dormir a casa son un disfrute. Se coloca en medio de la cama como un señor mayor, toma todos los mandos de la tele y le entra una risa histérica de felicidad debajo del edredón comentando cada personaje de cada serie como un gran entendido.

A su desayuno siempre llego tarde, porque los días que se queda en casa son fines de semana en que soy incapaz de abrir los ojos cuando él empieza a moverse impaciente en la cama.

Las mañanas, plenas de lucidez, son el momento en que comienza a realizar las preguntas más delicadas, casi todas versan sobre la naturaleza humana, mi vida sentimental o movidas familiares acompañadas de otras tantas sobre cada paso que doy por la casa, cada libro de la estantería o cacharro que encuentra por el camino.

A mí, desacostumbrado al placer que supone no tener hijos, me sobrepasa a veces esa capacidad inocente de ver el mundo con la mirada limpia de quien no tiene maldad ni se conforma con respuestas indirectas.

Lo que más sorprende, sin duda, es su capacidad de sorpresa y la asunción de verdades que, inconscientemente, no está interesado en investigar de lleno.

Me contaba Raquel, hace unos meses, como se levantaba nervioso tras colocar su penúltimo diente bajo la almohada el día anterior. Tras descubrir los billetes de cinco euros con mi hermana todavía dormida, la despertó excitado para contarle la gran noticia, acompañando su alegría con toda una sarta de preguntas al aire: ¿cómo puede entrar el ratón aquí con la casa cerrada?, ¿cómo puede averiguar que ayer se me cayó el diente?, ¿cómo ha podido levantar la almohada sin yo despertarme?

Observas sus ojos grandes contándote con detalle cada fase de sus juegos de la wii con la misma expresión con la que luego te pregunta acerca de tu vida sentimental.

Bendita inocencia que los malditos maduros sabemos que tiene fecha de caducidad.

lunes, octubre 29, 2012

Categorías

No hay que mirar atrás, se dice.

El ser humano tiende a clasificar todo en categorías, incluso los placeres, las emociones y los dolores.

La felicidad se relaciona con proyectos por realizar, esa línea roja que nos colocamos delante y a partir de la cual todo será más luminoso, la vida por fin tendrá sentido y comeremos perdices. El problema es que llega el día en que atravesamos la línea y no suenan campanas en el cielo, sino que nos construimos otras metas que nos hagan disfrutar del camino hasta rematar alguno más de nuestros sueños.

Esa parece ser la felicidad buena, de categoría A. Mirar siempre al futuro, lo pasado pasado está. Es, nos dicen, nos decimos, de persona inteligente enfocar todo nuestros sueños al futuro, a lo que seremos, a lo que dirán.

Disfrutar del momento es demasiado simple, pasajero, tonto, de hippies o colgados, de perezosos o personas sin ambición. Felicidad de pocas miras, de categoría B.

La peor, en nuestros tiempos acelerados, es la categoría C en el cómputo de los disfrutes. Porque ¡qué triste es regodearse en los recuerdos! Es de viejos, de melancólicos y fracasados.

Sin embargo yo reivindico el placer del recuerdo. Almacenarlos con la mayor precisión posible, diáfanos, cerrar los ojos y recordar el primer sexo, las carcajadas en la playa jugando a las cartas, la lectura de 1984 tumbado en la playa junto a Mariló, las sucesivas declaraciones de amor, las borracheras imposibles cantando a lo María Bethania, el detalle de cada hora y cada paseo por las calles de Nueva York, las cenas de amor, los guiños de tu jefe diciendo que está encantado contigo, el abrazo de mi padre al contratarme la Renault, el primer beso a mi sobrino Iván, recién salido del ascensor del hospital en brazos de mi hermana Raquel, el paseo con Fran por Villaluenga en fin de año, las charlas sobre Saramago con Mariángeles paseando por Conil, las risas de Montse, la vueltas en vespa con Bárbara en busca de uno de sus novios, los chistes absurdos de mi hermano David en la Barqueta, el día que conocí París, aquél en que me llamaron desde un concurso literario, cuando vi en las listas que aprobé la Mecánica de fluidos, el disfrute de mi primera noche en esta casa que es ahora mía, los besos de mi madre al irme a dormir...

Volar con solo un cerrar de ojos, sin más necesidad que una cama y ausencia de luz, con música tranquila...

¿Quién me dice que los recuerdos son felicidad de baja calidad?, ¿quién me demuestra que es un sucedáneo de la real?

Cruzar muchas líneas rojas nos permite acumularlas para, cuando llega al momento, otearlas desde lejos sin avergonzarnos por mirar atrás.

lunes, octubre 22, 2012

Pasión

Trato de hacer de la empatía una de mis cualidades, porque instintivamente lo siento así y porque egoístamente creo que me irá mejor en la vida sabiéndome poner en la piel de los demás.

A pesar de mi querencia por la reflexión y mis horas ensimismado con la lectura o la escritura, sé que estoy en el mundo. Me gusta la calle, escuchar a los demás, observar a mi alrededor y a lo lejos; me gusta involucrarme.

Tener empatía y estar en el mundo me permiten, entiendo, opinar sobre determinadas cuestiones que requieren de esos dos condicionantes para posicionarse con criterio.

Me subleva la gente desapasionada en el trabajo. Sé que hay mil excusas para defender esa desgana, que van desde el salario, las condiciones laborales o los problemas familiares que uno pueda tener en casa; se puede justificar la escasa motivación de las tareas diarias, el jefe insoportable que te ha tocado padecer o la ansiedad de no llegar nunca a alcanzar los objetivos que se te marcan.

Aún así, sin justificar la manida frase de los tiempos que corren, me desespera la falta de profesionalidad en el personal, la escasa inteligencia que muestran al activar los mecanismos propios para estar amargado, y amargando, durante las cuatro, ocho y diez horas que dure su jornada de trabajo.

A veces parece que hay que encomiar al que te atiende en un bar con una sonrisa, al recepcionista que te explica con energía los servicios de un hotel, al taxista que te trata con respeto, al operario de una fábrica que se desenvuelve con soltura para mantener impecable sus máquinas, al directivo de la empresa que defiende con pasión sus objetivos o a su equipo, al monitor de gimnasio que no está ensimismado en su móvil sin preocuparse porque los clientes se puedan destrozar la columna levantando pesos para los que no están preparados.

Es, más que nada, torpe. No buscarse estrategias para hacer de tu trabajo algo atractivo es poco inteligente y dañino. Hay que luchar por hacer de nuestro espacio laboral un lugar digno y eso, por muchas excusas que queramos buscar, está básicamente en nosotros conseguirlo.

Evolucionar, además, es en gran medida resultado de esa disposición personal a luchar por nuestro empleo. El progreso está, mucho más de lo que podamos pensar, en nuestra capacidad para superarnos día a día.

La dejadez, la improvisación, la crítica al compañero, el recurso a la mala gestión del jefe, de los otros, de la empresa son los mayores enemigos de nosotros en tanto que trabajadores.

Hagámoslo aunque sea por homenaje a quienes no tienen posibilidad de ejercerlo.

miércoles, octubre 17, 2012

Lento

Cada vez me voy pareciendo más a mis héroes anónimos, a los Paolos y Beas que un día se cruzaron por mi vida mostrándome que los tiempos pueden medirse sin relojes.

A cada trecho más consciente de las agradables sensaciones neuronales que produce ir lento en los hábitos tontos que menospreciamos a diario, buscando sin forzarlo mi propia naturaleza animal en la eternidad de los instantes.

No sé si llegaré a levitar como Paolo, pero sí es cierto que voy reivindicando para mí la querencia por lo pausado en mi lucha no necesariamente perdida contra lo inminente.

Establezco técnicas que me hacen ralentizar mi devenir diario para no convertirme en rehén de un estrés al que gané hace años una batalla que quisiera fuese definitiva.

La técnica del calcetín, por ejemplo, es muy potente.

Todas las mañanas, con la ciudad aún dormida y la noche oscura, llega el momento en que me coloco los calcetines tras la ducha. Como perro de Pavlov, simplemente la postura de las piernas cruzadas para colocármelos me lleva a provocar los movimientos lentos, a saborear el rito diario de vestirme los pies al que dedico toda mi atención, abstraído de todo lo que tenga que venir y vendrá.

Nos pasamos la vida calculando por adelantado nuestras acciones, poniendo caras a conversaciones aún no mantenidas, respirando rápido por discusiones que tal vez vendrán, amargándonos por problemas que, cuando lleguen, ya sabremos combatirlos.

Pasamos la vida deprisa sin ser conscientes de la felicidad que supone gastar todos los sentidos cada mañana en disfrutar de una puesta de calcetines.

Lenta.

jueves, octubre 11, 2012

Españolizar

Españolizar debe ser de españolazos.

Verbo inventado con agresividad, chulería y pocas luces. Agresivo por lo que implica de sometimiento, chulesco por la prepotencia que refleja y pocas luces porque conjugándolo se consigue justo el efecto contrario del pretendido objetivo.

Olvidémonos de los alumnos catalanes y apliquémonoslo a, por ejemplo, los ciudadanos andaluces. A mí mismo. Que alguien venga a españolizarme me produce un repeluco brutal.

Las patrias, si se quieren querer, deben ofrecerse como espacios de fraternidad en los que uno se sienta como en casa.

Suena a evangelizar, a tratar de convencer de verdades absolutas que no existen cuando se habla de pertenencias personales, subjetivas, a un colectivo u otro.

Españolizar es sinónimo de separarnos más, de no entender nada ni querer ponerse en la piel del otro con quien quieres convivir.

Cada frase de este ministro soberbio, que está convirtiendo la educación en una prestación de lujo, produce más vergüenza.

Con estos discursos envenenados de esencias no hace más que jugar a favor de aquéllos que nos odian, dándole razones para creer que todos los españolitos (por contraposición a los españolazos) somos igual de intransigentes.

A España no se la quiere por cojones, señor ministro. A España se la quiere porque hemos nacido aquí, como queremos a la familia en la que nos hemos criado. Son colectivos que no elegimos pero a los que tomamos cariño por el simple hecho de haber vivido nuestra vida con ellos, en ellos.

Mi España no es la suya, señor Wert, ni la Cataluña que yo admiro es la del señor Mas.

Déjense de españolizar ni catalanizar, dejen a la gente que elija cómo se quiera sentir.

La mejor forma de atraer a alguien es abriendo puertas, no poniendo rejas.


miércoles, octubre 10, 2012

Ego

Cada vez estoy más convencido que el progreso humano, en lo social y en lo personal, debe venir de la mano de la autocrítica.

El hombre es especialista en ver fuera de sí todas las causas de sus males. El Universo entero está conjurado contra cada uno de nosotros haciéndonos la vida imposible. Pecamos precisamente de exceso de ego, de creernos el centro de la Galaxia a base de tomarnos en serio nuestras propias mentiras.

No hay nada más sano que la visión interior, la autocrítica, tratando de encontrar en nosotros qué hay de perfeccionable, cuánto de miedos irracionales y de orgullo mal entendido. La humildad es la mejor de las medicinas, la palanca perfecta para evolucionar.

Uno gana en credibilidad cuando es capaz de mostrar sus carencias sin tapujos; actitud contagiosa, por otro lado. Cuando abres el corazón a una persona de bien, ésta tiende a mimetizar el comportamiento y a rebuscar en sus entrañas lo mejor de sí mismo.

La humildad, sin embargo, no debe estar reñida con la ambición de progresar ni impide la consecución de proyectos difíciles.

Lo veo tan claro que a veces me desespera la incapacidad que demuestran los pueblos para entenderse, a base de pensar que el mal y la podredumbre están en el otro.

La falta de humildad implica falta de sensibilidad y, por tanto, radicalismo. Cuando uno se cree en la posesión de la verdad es incapaz de entender al otro, se atrinchera en su propio adoctrinamiento y dispara con fuego a quien quiera entrar a discutir sus argumentos.

En este momento convulso que vive España, mi querido país, se acentúan esas actitudes soberbias: Nadie quiere comprender al otro, todos los males se han creado contra cada uno de nosotros, centros minúsculos de grandes universos inventados.

viernes, octubre 05, 2012

Ceuta

Hay un juego, divertido y arriesgado al mismo tiempo, que consiste en simular lo que no eres para defender una idea.

Es necesario reaccionar rápido para cortar la jugada y pedir disculpas, si fuese necesario, en caso de que la estrategia derrape, porque no va más allá de la provocación bienintencionada.

Veamos, alguien que no te conoce lo suficiente empieza a echar espuma por la boca hablando de los catalanes, entonces intervienes con humildad para decir:

-Perdona que te interrumpa, es que soy catalán.

La reacción inmediata de aquel que argumenta suele ser de sofoco, seguido de alguna disculpa. Si inmediatamente corriges:

-Era broma, perdona.

Te lanza rayos entonces con la mirada, pero de golpe las bases de su discurso se les vienen abajo.

Esa persona, evidentemente, no puede ser un amigo íntimo que sepa de tu vida, familia, pensamiento político y procedencia. De ahí lo arriesgado del juego.

Tiene muchas modalidades, pero suele resultar muy efectiva. Vale para combatir los ataques a otras nacionalidades (mi padre es francés),  a otras ideas políticas (soy militante comunista), a diferentes tendencias sexuales (en mi casa todos somos gays),  o a enfermedades malditas (tengo SIDA desde hace veinte años), a religiones vilipendiadas (yo me convertí al islam), a ataques fascistas (mi pareja es sudaca), argumentos falaces (soy transexual), clasistas (soy barrendero), generalistas (mi hermano es guardia civil) o xenófobos (mi familia es gitana).

La gente con mente estrecha suele estar poco viajada, su círculo de amistades es normal que sea reducido y homogéneo, acostumbran a asustarse con historias que no han tenido el coraje de experimentar y critican con acidez sus propias frustraciones.

Lo ideal es cuando esa jugada surge de forma auténtica, que es cuando da todo su fruto.

Recuerdo una noche en la Alameda con, entre otros, mi amigo Helio. Llegó un chaval acelerado, no sé amigo de quien era. Sin saber de nosotros más que el hecho de tener alguna amistad en común, comenzó a explicarnos su día de trabajo. El chaval era escaparatista y venía de currar en Ceuta.

-No he visto una ciudad más fea, llena de moros, sucia, ruidosa. No hay un sitio donde tomarse nada tranquilo, la gente es cateta, visten mal. Son antipáticos...

Mi amigo Helio, ceutí y tranquilo como él solo, le interrumpió.

-Yo soy de Ceuta.

El tipo frenó en seco y, al menos, reaccionó con inteligencia.

-¡¡¡Pero el centro de Ceuta es maravilloso!!!

lunes, octubre 01, 2012

Oponer

Pocas cosas más enriquecedoras existen para tu desarrollo como persona que enfrentar tus pensamientos a gente que no comparte tus mismas ideas y tiene argumentos tan bien construidos como los puedas tener tú.

Soy partidario de defender con vehemencia aquello en lo que creo, me siento orgulloso de mantenerme coherente a lo largo de mi vida en las líneas básicas de mi pensamiento, siempre afinadas con la madurez que da el paso del tiempo, huyo de la gente híbrida que adapta el discurso, si lo tiene, a las circunstancias y valoro, cada día más, aquellos que defienden con pasión ideas no necesariamente entendibles por mí, dentro de los límites que el respeto a los principios básicos del ser humano impone.

El placer de charlar con un buen oponente, en un ejercicio apasionadamente estéril por ambas partes en que tratas de convencerlo de tus propias verdades, te hace más tolerante, menos bocazas, más humilde.

La radicalidad de tus argumentos nunca pueden sobrepasar la línea de la descalificación del otro por el simple hecho de pensar de otro modo, y ése es el principal defecto que tienen, a mi entender, los jóvenes que no han vivido lo suficiente como para saber que el mundo está lleno de colores.

A mí nadie me sacará de mi visión política de izquierdas ni de mi creencia en la posibilidad de una España plural donde se respete por igual a sus pueblos ni de la inutilidad de una iglesia católica que considero desfasada; nadie me hará entusiasmarme con estrategias capitalistas neoliberales ni aplaudiré discursos basados en la supresión de derechos sociales adquiridos con esfuerzo ni entenderé a aquéllos que quieran imponer la caridad sobre la solidaridad.

A quien nunca querré como interlocutor será al xenófobo, al violento, al homófobo, al fascista, al embustero, al corrupto, al que justifique terrorismos, al que condene otras religiones, a quien desprecie por no pensar como él.

domingo, septiembre 30, 2012

Nación

Cada vez que aparco en el garaje de mi bloque, justo al hacer la complicada maniobra que me lleva a tener arañazos en el coche por no medir bien los espacios, me enfrento a la pegatina de un vecino que, marcando espacio como un perro cuando mea el árbol, se define como españolíssimo, así, con dos eses y banderas de España a cada lado del título que él mismo se ha otorgado. El resto de los convecinos seremos, a lo más, españoles, sin superlativos ni dobles eses.

Cuando leo la prensa a diario, en que un país como el nuestro se desangra en recortes sociales, miseria, falta de futuro, familias desahuciadas y desasosiego ante lo que se nos viene encima, un político que no tiene ni idea de cómo gestionar sus obligaciones, que se llama Artur Mas, incendia con un vocabulario fácil, a base de medias verdades, con un llamamiento a las tripas de sus compatriotas y odio a todo lo español el panorama ya de por sí terrible.

Para él el término solidaridad no existe, ni el de respeto por el que lo está pasando mal, ni ganas que tiene de enterarse. Para él, Artur Mas, lo importante es la patria y la nación.

Yo, que no quiero entrar en disquisiciones absurdas de plantear cuestiones de banderas, me rebelo ante tanta hipocresía. Rechazo entrar en la estrategia en que determinados políticos nos quieren meter para que acabemos tirándonos platos a la cabeza.

A mí con la patria no.

Tenemos que ser más inteligentes que ellos. Me niego a rechazar a nadie por pensar distinto, a creer que en Barcelona viven los demonios, a pelearme por quien siente más los colores de la nación.

Mi nación son mis amigos y mi creencia última en la sociedad se basa en la democracia.

Tengo mil argumentos para rebatir fanatismos, que no debo utilizar porque no quiero que se me ponga ninguna bandera como barrera o sambenito.

Las mayores desgracias de la humanidad han venido dadas por mesías que se creían en posesión de la verdad del pueblo, que se describían como portavoces de desencantos imaginarios provocados por ellos mismos para tapar sus vergüenzas.

No hay nada más tóxico que un nacionalista.

Y sí, Artur Mas me parece un individuo perverso, rencoroso y destructor.

Mi aprecio, sincero, por Catalunya.


domingo, septiembre 23, 2012

Madeleine

Esta noche de principios de otoño he recibido un email de Kristian, un amigo francés del que hacía tiempo que no sabía nada. De carácter huraño y explosivo al mismo tiempo, gracias a él descubrí Nueva York en una época extraña de mi vida en que no sabía hacia dónde dirigirme. Pasé quince días con él en un pequeño apartamento de Harlem, el cual tomé como referencia para escribir mi novela Andrea no está loca.

Persona compleja, Kristian es culto, golfo, vivaracho e insoportable a partes iguales. Tan pronto te abre su corazón como se mete en su agujero de incomunicación insolente.

Perdí la esperanza de volver a saber de él tras intentar comunicarme durante años.

Me gusta la gente difícil cuando creo que tienen buen corazón, aunque a éste no se le oigan los latidos desde fuera.

Hijo de madre soltera, profesor de institutos marginales de las afueras de París y de muy pocos amigos, Kristian encontró en mí a una persona cercana que le acompañaba a sus conciertos de ópera, le aguantaba sus crisis de pareja y le contaba de sus historias familiares de su lejana, por entonces, Sevilla.

En ese primer viaje a Manhattan apareció su madre, empleada de La Poste con crónicas bajas laborales por problemas psicológicos que le hacían pasar temporadas encerrada, a oscuras, en su habitación.

Hay tanto de nuestro carácter formado por los condicionantes familiares que la aparición de su madre, Madeleine, me hizo comprender en parte ese carácter imprevisible de su hijo, sufriente cuidador de una madre que no tenía cura.

El último día de mi estancia en Nueva York, paseando los tres, a ella, pequeñilla y anciana, se le antojó un bolso de rayas horizontales blancas y azules que hacía juego con su traje. Sin que se diera cuenta yo se lo compré en un descuido, para entregárselo más tarde justo al despedirme. Madeleine se emocionó más de lo que yo podía prever.

Hace diez años de ese día.

Hoy me escribe Kristian para decirme que, tras tres terribles años de demencia, su madre ha muerto.

J'ai littéralement porté ma croix, mais je ne regrette rien et ne pouvais pas faire autrement, porté par une énergie et un amour infinis (He cargado mi cruz, literalmente, pero no me lamento de nada y no podía ser de otro modo, llevado por una energía y un amor infinitos).

Me dice en su email que, ordenando todas las cosas de la madre para repartirlas entre las amigas, encontró el bolso de rayas blancas y azules, que ella utilizó a menudo desde ese día y que le hacía acordarse de mí.

En mi novela creé un personaje, la tía Puri, recreando a Madeleine. En esa historia de ficción también el protagonista le regala un bolso a la tía Puri. También blanco y azul.

He rebuscado en mi librería para encontrar esa escena final y me he emocionado.

Tengo que responder a Kristian.

Sentirse querido

Sólo hay algo más enriquecedor que sentirse querido, y ese algo es el querer de verdad.

Llevar tantos años compartidos con alguien que no me ofrece ningún resquicio de inseguridad en cuanto a su amor por mí ha contribuido espectacularmente a mi avance como persona en todos los campos, ha mejorado mi calidad humana, mi relación con los demás, mi carrera profesional o mi capacidad para escribir historias.

Tener una persona incondicional en sus sentimientos hacia ti, cuando en el fondo de tu corazón sabes que es así, te hace instintivamente cuidarla más, quererla más, entenderla mejor y saber ponerte en su piel.

Sé que hay mucha gente que pasa por este mundo sin llegar a obtener ese regalo del verdadero amor largo, estable y auténtico, y es tal vez por eso que lo valoro tanto, disfrutando el presente con calma y sin perder de vista que una de las razones últimas de mi felicidad la provoca el enorme placer de sentirme una persona amada.

Soy consciente de haber encontrado lo mejor de mí cuando tuve a mi lado al amor verdadero.

martes, septiembre 18, 2012

Resolana

Antes de que le ingresaran por un infarto, mi padre tuvo la errónea certeza de que la presión que sentía en el pecho y que le obligaba, a menudo, a pararse en sus habituales paseos mañaneros para apoyarse en una farola a tomar aire, no eran otra cosa que gases.

De hecho, cuando acudía al médico, estaba tan convencido de ello que cuando salía de la consulta del ambulatorio tenía varias recetas para disminuir esa tendencia natural de los Navarro a tener problemas de estómago.

Ahora, a toro pasado, cuando ya la operación a corazón abierto quedó atrás y la calidad de vida de mi padre es más que aceptable para su edad, nos reímos cada vez que nos cuenta apasionadamente su recorrido por los distintos hospitales, indignado, pidiendo explicaciones a sus dolores de pecho.

Sé que he heredado de él el espíritu despistado, y es tal vez por eso que cada vez que me acuerdo de determinadas meteduras de pata suyas me siento identificado y no paro de reírme a solas.

Uno de los médicos, en esa tournée interminable para acabar con sus problemas de gases, le dio cita para hacerse una resonancia magnética.

La clínica que estaba contratada para hacer ese tipo de estudios estaba situada en la calle Resolana.

Recuerdo como si fuera ayer el mediodía en que me fui de tapas con él, al salir del trabajo. Me empezó a explicar las pruebas nuevas que le habían propuesto.

-Hoy me he tenido que hacer una Resolana magnética.

Yo lo miré, con cara de guasa, y no paré de reírme durante diez minutos.

Aún hoy creo que no se explica de qué se reía su hijo.


domingo, septiembre 16, 2012

Poupar

En mis muchos viajes a Portugal, me gusta pasearme con los ojos bien abiertos observando la realidad que nos ofrece este país vecino, tan cercano geográficamente pero a veces tan distante en sus formas, su esencia o sus anhelos.

Tengo la ventaja, dado lo sencillo que es leer el portugués para un español, de poder desayunar hojeando la prensa portuguesa o viajar de copiloto en el coche leyendo la cartelería de sus pueblos. Incluso uno va haciendo el oído a su musicalidad y puede comprender los principales noticiarios o los comentarios de la radio comercial.

Hay una palabra que se repite por todos lados, siendo de aquéllas que necesitan un traductor si no fuera porque se entiende rápidamente al meterla en contexto.

Poupar.

En los anuncios de los bancos, en los reclamos de las gasolineras, en la fachada de los supermercados, en la entrada a los centros comerciales. El poupar lo inunda todo.

En Portugal se viene sufriendo desde hace años lo que poco a poco ha ido llegando a España, en forma de recortes inmisericordes y subida de impuestos brutal.

Al llevar tantos años yendo de forma habitual al Algarve puedo afirmar que se percibe una enorme tristeza en el pueblo llano, en cuanto te despegas un poco de las zonas construidas exclusivamente para turistas de la Europa norteña y te adentras en los pueblos de interior, siempre humildes y solícitos.

A los portugueses no se les puede acusar de haberse metido en grandes burbujas inmobiliarias, ni han destacado por grandes casos de corrupción ni tienen autonomías a las que se pueda acusar de haber despilfarrado el dinero público. Sin embargo, ahí están, sacrificando todo el bienestar conseguido en decenios por un castigo excesivo de los mercados financieros.

Ahora viajas por el país y el único mensaje repetido es uno: Poupar.

Para poupar (ahorrar) hay que ter (tener).

martes, septiembre 11, 2012

Brigitte

Llegué a París para instalarme un frío y lluvioso enero de hace diez años.

La mezcla de excitación e indefensión se convierte en un cóctel explosivo cuando uno se enfrenta a la aventura de abandonar su país, solo, para tratar de ganarte la vida de forma honesta.

Quien fuera por entonces mi jefe me puso en contacto con su secretaria para que me echase un cable en todo lo que necesitase en esos primeros días de acoplamiento a otra realidad muy distinta, no sólo laboral.

A Brigitte la conocí primero por teléfono, preocupada por evitarme complicaciones innecesarias.

El día que llegué al trabajo me recibió con el afecto preciso de quien me sabía nervioso y me encontré con una señora de cerca de sesenta años, con una importante minusvalía por un grave accidente de tráfico que la obligaba a utilizar muletas y un rostro que reflejaba una indudable belleza pasada, de piel muy blanca, pelo rubio y grandes gafas, como una actriz de Hollywood en sus años de retirada.

Ese mismo día, al finalizar mi primer día de trabajo, me quiso mostrar la manera más rápida de acceder a París desde la periferia, donde se encontraban las oficinas de Renault, para lo que se colocó en su coche delante con idea que la siguiera. Llovía muchísimo, las temperaturas eran muy bajas. Hubo un momento en que, para explicarme, se paró en un semáforo y salió con las muletas hacia mí. Éste se puso en verde pero ella, impasible, con el agua haciéndole desprenderse la pintura celeste de sus ojos, me dio las últimas indicaciones para salir de allí. La veía chorreando y me prometí que eso tenía que agradecerlo de por vida.

A mi jefe, que me hizo venir de España porque me conocía de la fábrica de Sevilla, lo trasladaron, casi nada más llegar yo a París, de nuevo a España y él le dijo a Brigitte, tal vez sensibilizado por el hecho de haberme involucrado en esa odisea para luego desaparecer, que me cuidara como a un hijo.

Coincidíamos en los restaurantes de los alrededores a la hora de la comida, huyendo los dos de los comedores del trabajo, cruzábamos las miradas en la máquina del café cuando a algún insoportable ingenierillo le venían aires de grandeza y nos reíamos a carcajada limpia con mi nula capacidad de manejarme con las palabrotas en francés.

Un día la invité a comer.

Al poco tiempo, y durante tres años, comí a diario en su casa.

Añoro sus kirs de aperitivo, los vinos blancos con ensalada de endivias, los tintos con la carne preparada a la 'bourguignonne' y sus insuperables tartas. Fui conociendo a su familia, su pasado marcado por la lenta muerte de su marido, el abandono de su hija, el terrible accidente de tráfico. He estado en el hospital acompañándola en sus revisiones médicas o sus postoperatorios. Mujer de una debilísima salud de hierro.

Tres años después volví a mi tierra, sabiendo que siempre que voy a mi querido París tengo una mesa llena de grandes platos y vinos esperando a ser disfrutada entre risas.

No hace falta avisar previamente.

jueves, septiembre 06, 2012

El taburete

Mi madre, ama de casa, solía planchar en la cocina. Un espacio cuadrado donde entraba mucha luz y que estaba justo al lado de mi habitación. Recuerdo las horas de la merienda cuando yo estudiaba y sentía el olor a vapor, a detergente; momentos en que me escaqueada de mis libros y me sentaba en un taburete frente a ella para contarle mis hazañas del cole, o le explicaba acerca de mis deberes, cómo eran mis profesores o las peleas con los amigos.

Ya desde pequeño era de preguntas muy directas que me traían respuestas llenas de contenido que no siempre me convenían.

A veces mi táctica era retorcer tanto el razonamiento planteado que mi madre no tuviera otra respuesta posible que aquélla que yo deseaba recibir, inquietudes que por entonces versaban sobre los miedos que tienen los niños al futuro, a la soledad o al hecho mismo de crecer.

En una de éstas, mientras ella planchaba y yo me tomaba mi colacao, le pregunté si era verdad que teníamos que morirnos todos. Yo era tan pequeño que no se me pasaba por la cabeza que la respuesta pudiera ser afirmativa.

-Pues claro, hijo. Todos nos tenemos que morir.

Era tan tajante que no merecía discusión, venía de la persona que más me podía querer en el mundo y me lo soltaba así, sin un amago de duda.

Por ser tan preguntón me llevé una impresión tan brutal que el conflicto con la muerte que todo ser humano tiene yo lo adelanté a edades en que se deben tener otros miedos menos viscerales.

No ha sido hasta hace bien poco que he conseguido dominarlo. Una mañana me planteé: ¿qué sentido tiene amargarse cada día pensando en el momento en que ya no serás nada si cuando no seas nada no te darás cuenta de que no existes?... porque no existirás.

Aterrorizarse ante la muerte, entendí ese día, es de personas poco inteligentes.

¿Para qué avanzar situaciones que te paralicen cuando no hay nada que hacer para evitarlas?

Desde ese día no muy lejano comencé a no pensar todos los días en la muerte.

sábado, septiembre 01, 2012

Anónimos

Hay algo en las ciudades como la mía que consiguen enlazarte emocionalmente a ellas que, sin embargo, no poseen los pequeños pueblos o las grandes metrópolis: son los anónimos conocidos. Personas con las que llevas cruzándote toda tu vida, centenares de ellas, que no conoces en absoluto, que verás diez o veinte veces a lo largo de tu existencia, con las que compartirás un paso de cebra, una mesa cercana de restaurante o una espera en la caja registradora de un supermercado. Anónimos a los que verás más viejos, más gordos, más atractivos, con niños, agarrados a sus parejas, llevando al abuelo de paseo y de los que no eres consciente de haber visto tiempo atrás cuando eras un crío, cuando tu primera botellona, en la época universitaria o hace dos años en el cine.

Hombres y mujeres de tu ciudad que te atan a ella sin que tú sepas que lo hacen.

De vez en cuando paseas y un fogonazo te hace llegar al estómago sensaciones de algo conocido, sin saber que ese instante es producto del encuentro desapercibido con un viandante más.

En Nueva York, Tokyo o Madrid es más difícil atarte tan visceralmente a la ciudad a partir de estos anclajes, porque los miles de personas con los que te cruzas son realmente estampitas o cromos nunca vistos que no te producen emociones subconscientes porque no ha habido ningún pasado compartido. En Conil, Almagro o Palamós los encuentros no implican ningún anonimato, sino historias bien conocidas de familias cuyo historial es vox pópuli.

En Sevilla, sin embargo, somos muchos como para poder pasearnos sin necesidad de saludar a nadie pero lo suficientemente manejables como para no sentirnos un número más en las estadísticas.

Al menos así lo siento.

domingo, agosto 26, 2012

Drama

No soy una persona tímida ni extrovertida. Las relaciones sociales las cultivo con soltura, de hecho las potencio y cuido en lo posible, manteniendo una sutil barrera que me permite preservar mi espacio personal.

He venido construyendo desde hace tiempo una teoría sobre mí, del mismo modo que me gusta elaborarla sobre los otros, para explicar mi lugar en el mundo.

A saber: soy lo que soy por la gran carga dramática con la que he afrontado la vida.

Drama en cuanto a capacidad para atacar con ojos pasionales cada decisión como si fuera la última, creyendo ser consciente de lo que suponía un no en cada caso, interpretando mi vida futura en función de lo no hecho, no disfrutado, no proyectado.

Todo ello no implicaría, en mi caso, una connotación peyorativa sino más bien lo contrario; plantearme que las oportunidades no se repiten, que la gente no pasa por tu lado a pedirte amistad, que los proyectos laborales no esperan a que a ti te entren ganas de aceptarlos, que el amor es especialmente duro cuando no lo mimas.

Un síntoma para mí de vejez sería el dejar de ver la vida así. La energía irá disminuyendo, de hecho ya lo hace, pero no la óptica para afrontar el caminar.

No hay nada más absurdo que estar poniendo esparadrapos antes de tener heridas, y me he encontrado desde siempre con tanta gente así, tan incapaz de apreciar la unicidad de su propia existencia, que me sublevo de pensar, a veces, cuánto las quiero y qué torpes son.

La vida no tiene borrador. 

jueves, agosto 23, 2012

84

Hace unos meses, duchándome, me dio por leer acerca del bote de gel con el que me enjabonaba. Olía muy bien. Entre los ingredientes y las instrucciones me encontré en letra pequeña un 'made in England'.

Me dio que pensar. Las sensaciones no fueron buenas.

Nos bombardean desde las plazas financieras de Londres, especulan con nuestra deuda como país y además nos venden el champú.

Es cierto que gracias al turismo inglés y el alemán no hemos caído aún a las puertas del infierno, pero cierto es igualmente que si vienen es porque les ofrecemos una calidad hotelera y de restauración impecables en entornos que para sí quisieran.

No tengo ninguna intención de hacer un alegato entre los míos contra la compra de productos venidos de esas tierras, pero sí es cierto que el descubrimiento me concienció para comenzar a observar, de forma metódica, los códigos de barras de cada producto que meto en la cesta.

Desde que tengo uso de razón he hecho lo que ha estado en mi mano para apoyar los negocios que han montado mis hermanas, o mis amigos, o la familia en general. Prefiero gastar un poco más, perder algo de confort o repetir más veces en un sitio si sé que estoy haciendo porque la gente que me rodea pueda recibir un pequeño empujón en su tarea de salir hacia delante.

No soy hombre de banderas, pero ahora soy consciente de que el 84 es el inicio del código de barras del producto español, y prefiero hacerme con un champú fabricado en Barcelona o Badajoz, que no uno producido en Sheffield.

En situaciones límite como las que vivimos no hay que lanzar mensajes xenófobos ni andar con patrioterismos, pero sí es recomendable una cierta sensibilidad para hacer un consumo responsable y solidario.

Si me ponen dos bolsas de magdalenas en un estante, tomaré antes la portuguesa (código 56) que la alemana (código 40), aunque tuviese que sacrificar un poco el sabor.

No debemos cerrar los ojos ni dejarnos avasallar.

domingo, agosto 19, 2012

Pocas luces

Ante la abrumadora petición de prórroga de la ayuda de 400 euros a los parados de larga duración que planteaban casi todas las asociaciones sociales y políticas, a las que yo me unía sin lugar a dudas, por lo terriblemente doloroso que supondría dejar a determinadas familias sin un mínimo ingreso, acrecentando el porcentaje de población bajo el umbral de pobreza en nuestro país, hay determinadas certezas que consiguen desmoralizar.

Veía el telediario y aparecía una chica de poco más de veinte años con un bebé recién nacido en brazos, echando espuma por la boca en su reclamación de esa ayuda porque llevaba más de dos años sin trabajar, al igual que su marido y no tenían ningún ingreso.

Una prueba más de la falta de educación, insolidaridad social, falta de sentido común e incultura de nuestra sociedad.

Si tú y tu marido lleváis más de dos años en paro, ¿cómo se os ocurre tener un crío?

¿Dónde enseñamos que para construir un proyecto de vida en familia primero hay que establecer unas bases sólidas?

Es fácil pensar que el país, que somos todos, tenemos que financiar la crianza de chavales que son carne de cañón para actuar con la misma falta de luces que sus padres de aquí a veinte años.

Mientras en nuestro país no consigamos elevar el nivel cultural, educativo y formemos en ética, en los verdaderos valores de una sociedad moderna, solidaria y emprendedora no conseguiremos salir del impasse en que nos encontramos.

La desmoralización viene, de hecho, por la perspectiva que tenemos de que caminamos en sentido contrario, adelgazando la estructura educativa, disminuyendo las exigencias de calidad y dificultando a estudiantes sin recursos el acceso a la enseñanza universitaria.

A los que nos sentimos comprometidos con una visión progresista, que creemos en el reparto de la riqueza y que abominamos de crear guetos de pobreza en nuestras ciudades se nos viene el mundo encima cuando vemos a personajes como éstos, que vociferan con maldiciones pidiendo la ayuda del Papá Estado cuando ni siquiera son capaces de ordenar sus propias vidas. 

viernes, agosto 17, 2012

Dos perros

Vi desde muy lejos a un hombre paseando a dos perros cuando iba corriendo por la playa que une Conil con El Palmar, al anochecer, en ese momento en que el cielo se ha puesto rosa al tragarse la mar el sol y el inmenso arenal se convierte en una gigantesca pista de atletismo natural.

Al no haber apenas nadie en la playa, centré mi vista en los juegos de ese hombre con los perros, que se veían saltar por la orilla buscando piedras que el dueño les tiraba. La visión en esas situaciones es espectacular, sea cual sea, porque la arena húmeda refleja las imágenes de los paseantes como si de un espejo se tratara, una suerte de alucinación sahariana.

Llegando a la torre de Castilnovo, el hombre se sentó mirando al infinito y uno de los perros, el más pequeño, salió corriendo hacia Conil, a una velocidad endiablada. Yo estaba tan lejos que me resultaba imposible avisar al propietario, por lo que tras ver que no conseguía frenar al perrillo, aceleré la carrera para alertar a ese hombre que se quedaba sin un perro.

Exhausto por el cambio de ritmo, pegué un grito cuando tuve fuerzas. Fue gracioso porque el hombre se asustó, como si yo viniese a atracarle.

-¡Se le ha escapado el perro!

El hombre, sin moverse del sitio, me espetó:

-Ese perro no es mío.

Y miró para adelante, tirándole una piedra al que, supongo, sí era suyo.

-Perdone, los vi jugando desde lejos y pensé...

Metí la quinta marcha, y seguí hacia El Palmar.

Cuando estaría a unos doscientos metros del hombre, oí un silbido reiterado. Me giré sin parar de correr y el viento, siempre rebelde, me permitió escuchar un ¡gracias! venido, con retraso, desde ese hombre tirador de piedras.

Seguí más contento que unas pascuas y razonando que, aún en las cosas más nimias, no hay acto que dé más satisfacción en este mundo que el ayudar a los demás.

¡Aunque te equivoques!

lunes, agosto 13, 2012

La familia No-Tocar

Es extraño que perteneciendo a una familia que se siente tan a gusto de serlo, en que hemos sido tan queridos desde pequeños, donde los cuatro hermanos nos hemos tenido siempre y en la que nuestro amor por nuestros padres ha sido tan de verdad y tan profundo, seamos tan ariscos.

Ya a mis hermanas, algo mayores que yo, les llamaban en su pandilla las 'sin-tocar', no por connotaciones sexuales, sino por su poca predisposición a la caricia, el abrazo o los besos entre amigos.

Parecemos suecos.

Se supone que uno se forma como persona con lo vivido desde muy pequeño, período que no puedo más que considerar como tremendamente feliz. Recuerdo el beso de mi madre cada noche, tras darse un paseo por cada habitación, o lanzarme dando un salto encima de mi padre cada vez que venía del trabajo.

El caso es que nos vemos, a estas alturas, y aún somos reacios a darnos besos, como si costaran caros o nos fuéramos a desgastar.

No sé cómo interviene la genética para construirnos así, tan distintos en lo esencial pero tan parecidos en los gestos, las manías, las reacciones y las miradas.

Veo a Iván, tan pequeñillo, y ya aprecio ciertos achaques característicos de familia 'No-Tocar'.

Siempre estamos dispuestos a una charla, un paseo, una cerveza, somos tremendamente fáciles para quedar cuando se nos solicita... pero, eso sí, sin tocar.

sábado, agosto 11, 2012

Siria

La revuelta primaveral de Túnez trajo la esperanza de que la sociedad árabe podría salir de su edad media gracias al impulso de la juventud, ávida de libertad, informada de que otro mundo era posible por medio de internet, exigiendo la democracia que sus dictadorzuelos les escatimaban con prepotencia, como pueblos aún inmaduros a los que perdonaban la vida con políticas que agudizaban la miseria y eternizaban esos sistemas en beneficio de unos pocos.

Tras las revueltas fundamentalmente pacíficas de Túnez y Egipto, nos tocó sufrir con Libia. Allí el Terror estaba instalado con cadenas más rígidas y fue preciso incluso una coalición internacional para evacuar del poder al sátrapa de Gadafi. Pero fueron necesarias demasiadas muertes y pronto cayeron en el olvido las heroicidades de los habitantes de Misrata.

En esos tiempos ya comenzaron las revueltas en siria, y no nacidas sólo en una ciudad o grupo tribal, sino que rápidamente se extendieron por todo el país, haciéndonos familiares nombres de ciudades como Deraa, Idlib, Homs, Alepo o Hama.

En los tiempos actuales en que cada ciudadano con móvil es un portador de noticias, se nos inundan los telediarios con imágenes terroríficas y las matanzas se cuentan por centenas, pero parece que el dolor no lo es en la distancia.

Sorprende, con la que ha caído estas últimas semanas en Alepo, que las Naciones Unidas no se pongan de acuerdo en una resolución que frene esta masacre, que condene los crímenes del régimen y lleve a un punto de negociación inmediato.

¿Cuál es el freno?

Dos países que lideran el mundo y que son, en sí, profundamente antidemocráticos, soberbios y nada respetuosos con los derechos del hombre: Rusia y China.

Sin embargo, son suficientemente potentes como para que se les tosa, se les exija comportamientos limpios y sistemas que garanticen la libertad, auténtica, de sus ciudadanos.

Así que al dictador le amparan dos grandes naciones que no tienen entre sus premisas fundamentales el respeto al ser humano.

¿Hasta cuándo esta hipocresía con el poderoso?, ¿qué se necesita para denunciar sin ambages que así no se puede?

viernes, agosto 10, 2012

Helicóptero

A pesar del inmenso placer que supusieron para mí los quince minutos de vuelo en helicóptero por encima de Manhattan que me regalaron hace un par de años, guardo el sabor amargo de haberlo desperdiciado haciendo decenas de fotos que cualquiera sabe dónde se encuentran.

Intento abstraerme trayendo a la mente el momento en que sobrevolábamos en círculo el Empire State, o cuando se lanzó en línea recta a atravesar Central Park, la inmensidad del puente de Brooklyn, los muelles del Hudson, y todo lo que se me viene a la mente es mi móvil haciendo fotos.

Pensamos más en almacenar historias, aunque sea para contárnoslas a nosotros mismos, que en vivirlas de pleno.

Una buena foto en un lugar espectacular o en un período de tu vida bien definido es un regalo inmenso para los días futuros, pero en los tiempos que corren parece que no hacer una foto de cada amigo con el que cenamos equivale a no haber cenado.

El progreso nos ofrece herramientas preciosas que no siempre sabemos utilizar, imagino que con los años irán encontrando su espacio y su tiempo.

Yo sé que tengo pendiente un vuelo en helicóptero por Manhattan a pleno pulmón, sin electrónica ninguna, con las aspas batiendo el cielo de Nueva York y todo mi espíritu concentrado en saborearlo.

Lo que no sé es si nuestra amiga Isa volvería a hacernos un regalo así.

martes, agosto 07, 2012

Salsa de tomate

Quedar con mi amiga Mariángeles es siempre un enorme placer, pero hacerlo durante varios días es un chute de vitalidad.

Se vino a Conil unos días con Martín, anduvimos por Tarifa y Zahara, nos pusimos al día de las novedades, proyectos futuros y desengaños con que nos va regalando la vida.

En ella yo tengo una gran parte de mi biblioteca de recuerdos. Nos conocemos desde los veinte años y eso, junto con mi frágil memoria, hace que me haga revivir, con su enorme habilidad para almacenar vivencias al detalle, momentos de mi pasado que me emociono al escuchar como si los viviese por vez primera.

Para todo lo anterior a los veinte años tengo a mi hermana Mónica.

Es la ventaja de los que tenemos estropeado el disco duro de los recuerdos, que tenemos una gran capacidad de sorpresa ante situaciones ya conocidas pero olvidadas.

De hecho, creo que una de las razones profundas que me hacen escribir este blog es para ir almacenando esos recuerdos en cuanto aparecen, para compartirlos con los demás y conmigo mismo, para conocerme mejor a base de explorar en las circunstancias, las decisiones y las relaciones que me han hecho ser como soy.

Especialmente emotivo fue el relato en que me contó, cuando comenzaba a viajar con mi empresa para cursos de formación y yo le hablaba del maravilloso París, que ya me había deslumbrado con 18 años viajando con una mochila, al que tenía que acudir como ingeniero de la Renault.

Ocurrió un fin de semana en La Antilla, nos fuimos los dos a pasar el día y acabamos comiendo en un restaurante de primera línea de playa. Ella recuerda que yo pedí un atún con tomate y que le conté, emocionado, la vida profesional que se me ofrecía yendo con frecuencia a trabajar a la capital francesa.

Cuando hube terminado el atún, aprovechando la salsa de tomate que quedaba en el plato, me cuenta que jugué con el cuchillo para diseñarle, con todo lujo de detalles, un plano de avenidas, barrios y monumentos de un París construido en rojo.

Bendita memoria.

sábado, agosto 04, 2012

La prensa catalana

Mi admiración por Cataluña desde bien joven, cuando acudía a los campeonatos de España de remo en Bañolas, mi querencia por Barcelona, ciudad a la que tanto he viajado y con la que nunca dejo de sorprenderme, mis historias de amor por esas tierras o la literatura mamada de Carmen Laforet, Eduardo Mendoza o Juan Marsé me hacen estar siempre pendiente de lo que ocurre por allí, más aún en estos tiempos en que internet te permite pasearte por la prensa de medio mundo sin salir de tu ordenador.

De la misma forma que doy un repaso a las noticias en medios no afines a mi pensamiento como El Mundo o ABC, o que me informo de las noticias locales con el Diario de Sevilla o El Correo, o que pego un salto a lo que ocurre en Europa con Le Monde o The Guardian, siempre tengo un hueco para adentrarme en La Vanguardia o El Periódico, dos emblemas señeros del periodismo catalán.

Me sorprende, en ese recorrido habitual que realizo desde hace bastantes años, la falta de una postura crítica de estos dos periódicos con respecto a la cuestión catalana.

Es cierto que en los periódicos editados en Madrid hay un cierto tufillo centralista, centralizador o jacobino. Al menos en los que están más escorados a la derecha. Pero, en cambio, siempre ha habido editoriales durísimas con el gobierno español, con sus estrategias políticas, económicas o sociales, incluso con la propia sociedad española, a la que, un día sí y otro también, se le critica la falta de espíritu competitivo, formativo, emprendedor, de la misma forma que se informa y se realza lo mucho de bueno que tiene nuestro país.

En la prensa catalana, en cambio, no encuentro esa visión prismática de las cosas, como si la óptica estuviera siempre dominada por el ojo 'nacional-catalán'; con lo bien que viene ponerse también en la piel de los catalanes no nacionalistas, o en la del resto de los españoles, o tener una visión aséptica desde un helicóptero.

Me explico.

Es claro que el balance fiscal de Cataluña con respecto al resto del Estado es deficitario. ¡No puede ser de otro modo! Igual que es deficitario con Madrid, Aragón o Baleares, porque son comunidades más generadoras de riqueza, con una renta más alta. Jamás, sin embargo, he oído a esas comunidades que aportan más de la media quejarse por ello. Es un síntoma de orgullo.

Yo, por ejemplo, pago más impuestos que la media de los españoles porque tengo un salario por encima de la media. ¡Claro que mi balance fiscal es deficitario! Pero yo lo llevo, en mi interior, a gala.

Pues bien, esta prensa en ningún caso hace didáctica con este tipo de razonamientos que rozan lo evidente. Barcelona es mucho más rica que cualquier pequeño pueblo de la provincia de Lleida. ¿Deben establecerse pactos fiscales entre estos pueblos con la gran capital al salir esta última perjudicada en el reparto?

Por otro lado, el actual sistema financiero de Cataluña con respecto al resto del Estado está firmado por la Generalitat, así como por el resto de las comunidades autónomas. No hay ningún atropello desde el momento en que se está actuando bajo la más estricta legalidad.

¿Que no se convalidó un Estatut aprobado por la mayoría del parlamento catalán? Es cierto. Como también lo es que el sistema constitucional, amplísimamente aprobado por los catalanes, instaura que ese Estatut debe ser refrendado por el parlamento nacional, algo que no se consiguió con los argumentos traídos desde Barcelona.

Si la financiación se está volviendo injusta con el paso de los años, se deberá volver a negociar en base a datos coherentes y se tendrá que llegar a un nuevo acuerdo, sin amenazas ni ultimatums, porque los acuerdos son acercamientos de postura entre las partes, no imposiciones lanzadas desde púlpitos políticos.

Si desde la prensa catalana se insiste en que todo lo malo, todas las asfixias económicas y los recortes vienen desde Madrid, estaremos empujando al pueblo a odiar todo lo que tenga que ver con el resto del Estado. Y ese línea editorial no lleva más que al odio y al ansia de 'liberación'.

¿Por qué no se critica la gestión de la Generalitat?, ¿por qué no se explica que la situación financiera del gobierno catalán es producto de la mala gestión de los recursos que tiene establecidos por ley y firmados por consenso mutuo Estado-Generalitat?, ¿por qué tenemos que soportar el resto de los españoles la continua cantinela de que estamos robando al pueblo catalán?

¿Dónde está la autocrítica como gobierno, como estructura social?

Imagino que habrá hechos reales, constatables y factuales que demuestren que los gastos suntuosos de la Generalitat durante muchos años se han apoyado en una generación de deuda inasumible por generaciones venideras.

La crisis la padecemos todos los pueblos de España, no es una historia de malos y buenos.

Yo, con mi granito de arena, intento cada vez que puedo luchar por la convivencia entre quienes habitamos este viejo país. Y lo hago con armas efectivas, porque tengo amigos de los buenos en Donosti, en Barcelona, en Madrid, en Valencia.

Si se quiere la independencia, se debe dar la oportunidad para conseguirla. Es una opción tan válida y respetable como cualquier otra, pero que se diga alto y claro. El andar contaminando continuamente a base de agravios es la peor medicina para hacer avanzar en armonía a una sociedad que no se merece tanto envenenamiento.

Lo digo con todo mi afecto y consideración hacia la sociedad catalana.

miércoles, agosto 01, 2012

La ventanilla

El pasado verano, el día menos apropiado y de más calor, se me descolgó la ventanilla del coche. El arreglo es sencillo siempre que se tenga tiempo y exista el repuesto en el taller al que lo lleves. Como no era el caso porque salíamos hacia San Sebastián, nos hicieron un apaño colocándonos un tablón de madera para sostener la ventana.

En el viaje lo pasamos tan bien que el tema de la avería se nos olvidó rápido. Tan sólo molestaba cuando teníamos que entrar en el parking de nuestro amigo Txema, muy estrecho y empinado, lo que obligaba a hacer contorsiones para salir del coche y que éste no se calara al arrancar.

Las risas vinieron en los peajes, cuando decidimos pasearnos el sur de Francia. En cada estación yo hacía la misma maniobra, me adelantaba a la zona del cobrador, que me miraba extrañado, me levantaba y le daba el dinero dándole una explicación de la avería de mi ventanilla.

'Están buscando el repuesto'.

Fran y Carmela, mis compañeros de viaje, se partían de risa y me imitaban a cada parada en cada peaje, y en Francia hay muchos.

Soy así desde pequeño, cuando algo resulta extraño doy explicaciones, aunque la cajera del peaje pueda pensar:

'¿Y a mí que me cuentas?'

No podría colarme en un sitio, irme sin pagar de un bar, entrar en una fiesta sin haber sido invitado, meterme en casa de nadie de quien no esté yo seguro que le agrade mi presencia.

Como yo sepa que algo no funciona, mi cuerpo no está tranquilo a no ser que dé explicaciones, aunque sea en un peaje.

lunes, julio 30, 2012

Pepe Oropesa

Es el único cooperante español que ha rechazado la invitación del Gobierno español para abandonar los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, debiendo firmar una carta en la que se hace totalmente responsable de su situación, a pesar de las advertencias desde Exteriores de que no se pagará rescate por él en caso de secuestro.

Si, como dicen desde el ministerio y no hay por qué ponerlo en duda, hay indicios claros de una inminente acción terrorista entiendo la postura en pro de una protección de aquellos ciudadanos de nuestro país que trabajan por hacer menos miserable las condiciones básicas de vida de esos miles de refugiados.

Mi reflexión va más allá de este hecho concreto y se centra en la disposición de estos jóvenes a complicarse la vida por echar un cable a pueblos que sufren.

No sé hasta qué punto puedan tener un sueldo digno, son voluntarios de raíz o ambicionan una vida mejor haciendo este trabajo de base, yo sólo sé que yo no estoy allí.

En sitios como Tinduf, Burundi o Bangladesh, donde la miseria está a la orden del día, lugares donde la asistencia médica se convierte en una quimera, sitios donde hay inseguridad jurídica, conflictos bélicos e incluso hambrunas, hay jóvenes como Pepe Oropesa que dicen que no se quieren ir de vuelta.

Personas como yo tranquilizan sus conciencias haciendo donativos mensuales a Unicef o Médicos sin fronteras por la imposibilidad de, ni tan siquiera, plantearse perder una semana de vacaciones para ir a cualquiera de esos sitios, señalados con el dedo de la miseria, para ayudar de alguna manera, que hay muchas.

Cuando sabemos que hay gente que sí, jóvenes que prefieren estar pasando un calor tremendo en barracones de mala muerte, sin acceso a otro ocio que el que, quizás, le pueda dar una conexión a internet, cuando nos llegan noticias de personas como ésta, que han nacido en nuestras ciudades, en barrios de Sevilla o de Logroño y que podrían estar de botellona o de vacaciones en la playa con los amigos o la familia, ante esas noticias yo me planteo que ellos deben ser mucho más felices que los que no somos así de valientes, porque imagino que la satisfacción personal de una mirada de un niño hambriento al que le das de comer, o el de un hombre al que le calmas el dolor sin otro objetivo que ayudarle, esa satisfacción te debe llevar al cielo en la tierra.

No sé en qué condiciones viven, ni sé si tienen un sueldo digno ni qué pone en el contrato de un cooperante, lo único que sé es que yo no estoy allí.

sábado, julio 28, 2012

Disfrute

Levantarse con la luz del día y no con un sonido repetitivo que martillea tus sueños antes de traerte a la realidad, darse una ducha sin prisas ni obligación de afeitarse antes, vestirse con pantalones cortos y chanclas, tomar las llaves y escapar a la calle, comprar el periódico, pedirse un desayuno copioso y extender las noticias frente a ti, en papel, del incómodo ése que te hace jugar con la taza, las tostadas, sin saber dónde colocarlas, que se te mancha de migas y de aceite. Recrearte durante un par de horas leyendo artículos de opinión o reportajes, no aprisa y corriendo, por internet, mientras engulles un zumo y dos magdalenas a las seis de la mañana antes de ir al trabajo. Terminar de leerlo, pasearte la ciudad, entrar en librerías, iglesias con puertas abiertas o grandes almacenes sin ánimo de comprar ni prisas por llegar a ningún lado. Saber, además, que van a ser así de placenteras las tres semanas que quedan por venir.

Soy la persona más feliz del mundo con la vida que llevo, pero estas tres semanas de libertad que me regalan una vez al año significan para mí reencontrarme con el disfrute de saber que otra vida existe, la del ritmo pausado y los paseos sin rumbo fijo.

Esta tarde ya podré correr por la playa al caer el sol y bañarme al anochecer en las playas del Atlántico. ¡Qué más se puede pedir!

No sé si el ser humano está orientando bien el tiro a lo largo de su historia para construir estructuras de vida tan programadas, en que todos somos o queremos ser rehenes de estos ciclos que nos hacen soñar durante el año con unos días de vacaciones concentradas en un pack que, de no tomarlo con buen tino, puede crearnos más ansiedad que alivio de ver pasar los días y no saborearlos como se merecen.

Creo que la clave es no esperar más de ellos que lo que cada día te pueda traer. Tener la mente abierta, llenar bien los pulmones, estar dispuesto a decir que sí a todo plan, a cualquier amigo que aparezca, a no cerrarte a rutinas ni a objetivos cifrados, que de eso tenemos suficiente durante el resto del año.

¡Viva el verano!

miércoles, julio 25, 2012

Constancia

Un riesgo que veo en los tiempos acelerados que nos ha tocado vivir es el de la dispersión.

Se nos ofrecen tantas informaciones y estamos tan expuestos a emociones tan variadas que perdemos capacidad de concentrarnos en nada.

Hay catalogadas enfermedades referidas a esta nueva era, como el hecho de estar continuamente actualizando la bandeja del correo por ver si llega algún email, facebook para comprobar si alguien ha hecho algún comentario, mirando el móvil por confirmar si tu destinatario ha leído el whatsapp que le enviaste hace 30 segundos.

Es tan explosivo el bombardeo de necesidades superfluas creadas por sistemas en los que hemos caído de lleno que parece imposible ver una película tirado en el sofá, del tirón, sin echar una ojeada a internet, al móvil o sin hacer zapping para ver que están echando en una de las tropocientas cadenas existentes.

Ese exceso tiene su atractivo, está claro. Nos hace sentirnos, quizás, más en el mundo. Pero, tal vez, también nos obligue a prodigarnos continuamente para confirmar, precisamente, que estamos en el mundo. Que no se olviden que existimos.

Midiendo la felicidad propia en el número de 'me gustas' en nuestra pantalla del ordenador con el que nos despertamos cada mañana no podemos llegar a buen puerto.

Una consecuencia de esta precipitación en los modos es, a mi entender, la falta de constancia de los individuos y, por ende, de la sociedad en la que vivimos.

Todo es tan acelerado que rehuimos cualquier tipo de disciplina interna.

¡Es tan fácil abandonar y pasar a otra cosa!

La constancia es un elemento fundamental para construir todo proyecto personal, profesional o lúdico. Determinación para insistir, fuerza de voluntad para cimentar.

Como fuegos de artificio, pasamos de un deseo a otro sin apenas esbozar el boceto de lo que pretendemos.

Ahora o nunca, rápido, que la vida se nos va... Pero la vida se nos va, pienso, cuando todo lo hacemos rápido, sin bases, con ansia.

En la constancia está el disfrute.