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lunes, mayo 18, 2026

Reloj

Dejar de llevar reloj se convirtió en una decisión hace media vida, no sé si por llevar los brazos desnudos o por querer liberar mi tiempo.

Con el tiempo el móvil tomó el mando: el control pasó de la muñeca al bolsillo.

Es lo que más valoro de los días festivos, el no saber qué hora es. Una suerte de retomar el dominio de uno mismo. Despertarse con la luz del sol y no con un bip-bip que nos rompe el sueño en dos.

Hay esclavitudes necesarias que tocan la moral.

Memoria

La felicidad se encuentra también en cajones de nuestra memoria, no hay que fiarlo todo al presente ni a los proyectos de futuro.

Muchos episodios de mi vida fueron inversiones de futuro bienestar emocional.

Cuántas felicidades actuales no existirían de haber rechazado trabajar en París con treinta años.

Y si con trece años no me hubiera federado en remo, si nunca hubiese llevado una de mis novelas al cine, si no escribiera historias en este post diario. 

¿Cuánta gente que me importa hoy no me habría perdido?

Por eso soy partidario de decir sí, porque si digo que no, estoy cerrando mi biblioteca de escenas a las que recurrir en el futuro.

Somos más completos cuanto más nos hemos puesto a prueba.

Si todos los días fueran iguales, la memoria tendería a convertirse en desierto.

domingo, mayo 17, 2026

Carrito

Celebrábamos el cumple de mi amigo Joaquín en un bar el sábado al mediodía y, de golpe, se planteó un problema complejo: A mi amiga Tere la niña se le había quedado dormida encima.

Yo vi el panorama y no atisbé solución. ¿Nos la turnábamos entre todos para tomarla en brazos?

Y ahora, ¿qué hacemos? pregunté.

Tranquilo, Salva, hemos traído un carrito.

Ahá.

Loncha

No me gusta desayunar siempre lo mismo, pero flipo cuando me hago un croissant con queso y jamón york.

A esas horas en las que el mundo no existe y no ha levantado el día, abro la nevera y disecciono el croissant.

Es entonces cuando llega el momento de la loncha de queso, que viene envuelta entre papeles del mismo color.

'¿Cuánta gente hoy en el mundo no se comerá ese papel sin darse cuenta?'

No hay desayuno de croissant mixto en que esa pregunta no ronde por mi cabeza.

Hasta el día en el que me lo coma yo.

Hay obsesiones peores.

Huelva

No conozco a nadie de Huelva que me caiga mal.

Es un juicio personalísimo de estadística pobre, pero es el que tengo.

Andábamos ayer almorzando con mi querida Elisa, onubense, y el cotilla novelista que hay en mí, escuchó en la mesa de atrás.

Es que los de Huelva son muy... agucé el oído, no sé son como muy... no encontraba la palabra la voz de mujer que tenía a mis espaldas.

Salva me preguntó Elisa, ¿quieres probar la paella?

Luego la pruebo...

¿Son muy qué?

sábado, mayo 16, 2026

Larroussinie

Cuando aparecen personajes del pasado, me ahogo.

Gentes que fueron importantes en mi vida cuando yo era otro Salva, a quienes apenas voy a ver para dar un abrazo.

No apetece explicarles que aquel tipo que conocieron sí tiene, y tuvo, una intensa vida personal, que vive con un hombre al que adora, y con quien se casó.

La homofobia crea jóvenes atormentados de los que nos cuesta desprendernos cuando atravesamos la barrera de destrozar las puertas de ese lugar en el que nos quisieron encerrar.

Y cuéntame, Salva, ¿cómo te van las cosas? 

Ellos no tienen la culpa de que yo ya no sea al que conocieron.

Me van muy bien.

Ni se atreven a preguntar si estoy con alguien, ni a mí me pide el cuerpo contarlo. 

¿Tienes hijos?

No.

Solo quiero escapar a la vida actual: la que construí para ser quien soy.

No me apetece escuchar lo tolerantes que son. Los exámenes ya todos los pasé.

viernes, mayo 15, 2026

Pudor

Una de las ventajas de la inteligencia artificial, que tiene muchas, es la de evitarte sonrojar. 

Y es que hay asuntos por los que le pregunto que entran en el terreno del analfabetismo sobre algunas cuestiones: desde un apartado de la declaración de la renta al uso de un botón del mando a distancia de la tele. 

 Nadie me va a mirar mal diciendo, 'menudo papafrita de ingeniero'. 

 Sí, las desventajas ya las conocemos.

lunes, mayo 11, 2026

Picnic

Como todos los años, habíamos organizado un picnic primaveral.

Tradición desde que la pandemia nos obligó durante un tiempo a no salir de la provincia. 

Fran encontró un espacio arbolado de horizonte infinito camino de Isla Mayor, al que cada año acudíamos cargados de comida casera y ganas de reír.

Pero anunciaron lluvias.

Lo fácil hubiera sido cambiarlo por un almuerzo de sábado en una venta, pero Fran se obstinó. Alquiló, con el acuerdo de todos, un terreno bajo techo a las afueras de Salteras.

Incondicionales, allí nos plantamos todos para echar un día de campo.

Las comidas apenas sirven para ponernos al tanto de cómo nos van las cosas. 

Fran quería, todos queríamos, regalarnos tiempo.

Fiesta

Volvíamos a casa del cine al anochecer, vimos movimiento por la plaza de San Lorenzo y nos acercamos. Sonaba música.

Pronto entendimos que no era un espectáculo para nosotros: un mitin de 'Se acabó la fiesta', el partido fascista liderado por un defraudador de impuestos.

Fran tiró hacia delante, pero yo frené el paso para observar. Sobre todo a la gente joven, a las mujeres. 

Las pintas. 

Tanta bandera de España y tanta bajeza moral.

Lealtad

La lealtad es ocultar las miserias de la gente que amas, porque todos vamos sobrados de ellas.

Lealtad es trabajarlas en privado con esa persona, tus vergüenzas y las de ella.

No hablo de bromas cariñosas en las que Fran pueda reírse en público de mi fama de despistado, sino de cuando observas a quienes no tienen reparo en ridiculizar a alguien querido en público.

Tenemos que rodearnos de personas que nos hagan grandes, no de gente que, con la excusa de la sinceridad, publicite la parte de nosotros que no nos gusta.

domingo, mayo 10, 2026

Mueble

Tenemos un piso tan bonito que olvidamos que había que guardar cosas feas.

Cada vez que Fran se lamenta de lo mucho que tenemos que apretar todo para esconder la fregona siempre le digo:

Podemos colocar un mueblecillo blanco en la terraza.

Su mirada es asesina, así que me callo.

Lo que ocurre es que el tema vuelve una y otra vez, cuando compramos un muerto más que no sabemos dónde poner. Entonces yo lo miro y ya me corta antes de volver a decirlo.

—Pues yo lo pondría —protesto.

Bran

Como mi sobrino Iván nació pocos meses antes de que yo encontrara a Fran, para él su tío Borete es inseparable de Fran.

Con media lengua en sus primeros años, cuando yo llegaba a casa de mi hermana siempre me preguntaba:

¿Y Bran?

No ha podido venir, Iván.

Para él el amor es también ver a dos hombres quererse.

Emoción

El riesgo es perder la emoción y el peligro: conformarse.

Hay que estar muy atento para no acostumbrarnos a las cosas que nos hacen mucho bien. Si perdemos esa capacidad de valorarlas, todo se hace más gris.

Cenábamos entre nuestros mejores amigos tras ir al teatro y, de golpe, vi a Elisa enfrente narrando con pasión qué le había parecido la obra.

Fue la chispa que me hizo salir del letargo al que nos quiere llevar, a escondidas, la inercia del vivir.

viernes, mayo 08, 2026

Arisca

Hay personas que asustan.

Quedas con ellas y te comen a besos. Se interesan por todo lo que ha ocurrido en el tiempo sin vernos, te cuentan cómo van las cosas por su casa, los viajes futuros, proponen planes para vernos en más ocasiones, te muestran fotos, se les llena la boca con lo mucho que te quieren.

Luego te las encuentras de frente al girar una esquina y ves como tuercen la mirada hacia el escaparate, aunque sea de ropa militar para skins.

Despertador

Anoche pasamos un rato precioso en la entrega del Premio Fernando Lara de novela.

Antes de la cena, en un patio del Alcázar, coincidí con un amigo a quien quiero mucho.

¿Nos tomamos algo cuando termine el acto? ─le propuse.

No puedo, Salva. Mañana entro a trabajar a las 7h.

Yo le dije que llevo más de treinta años entrando a esa hora.

¿Y cómo lo consigues? me preguntó.

Pues poniendo el despertador.

miércoles, mayo 06, 2026

Etiqueta

Iba yo tan pancho con mi polo azul recién estrenado a atravesarme toda Sevilla para acudir a mi clase de pilates. Bien perfumado y con los pulmones abiertos.

Perdona me comentó una chica al salir yo del portal.

¿Sí?

Ella paró su bici.

Verás, llevas la etiqueta con el precio colgando por detrás.

Nos entró un ataque de risa a los dos.

Me has evitado hacer el ridículo un buen rato.

Nos alegramos mutuamente la tarde. 

Siempre hay ángeles.

domingo, mayo 03, 2026

Correos

─Mira ─dije a Fran─, el famoso director de Correos.

Afortunado por ir cada semana a enviar novelas dedicadas a mis lectores, conozco al personal de la oficina cercana a mi casa desde hace años. El ambiente es apacible, hasta que aparece el director dando gritos.

Todos los que paramos por allí sabemos que es el director, porque él se encarga de aclararlo cada vez que tiene ocasión.

Que es siempre.

Lo que él no ve son las miradas que se cruzan entre los empleados cada vez que él se va.

Calidad

Dentro de la Dirección de Calidad de cualquier gran industria hay dos divisiones importantes: la Calidad Cliente y la de los Proveedores.

Acostumbrado a batallar media vida profesional en esa dirección, siempre he estado más cerca de la primera, los clientes.

Para gestionar a los proveedores se busca un perfil de rottweiler. Profesionales que sepan azuzar sin más miramientos que conseguir resultados. Un trabajo que exige mucha preparación porque implica conocer al dedillo la tecnología del proveedor.

Los que hemos estado en la división de los clientes tenemos que ser sutiles, empáticos y un punto comercial, para saber contener las crisis con el mínimo daño posible. Aquí la clave es conocer bien tu terreno para no transmitir en ningún caso dudas.

Ahora que lo veo desde fuera y los observo en la máquina de café, me quedo con los de la Calidad Cliente.

Gritar es muy fácil.

sábado, mayo 02, 2026

El juego del murciano

Lo llamo el juego del murciano y es muy didáctico si se sabe utilizar con tacto.

Por ejemplo, cuando estás en una reunión entre desconocidos y alguno de ellos se cuela.

La gente de Murcia es poco de fiar.

Entonces salto:

Perdona, pero soy murciano.

Espero a que trague saliva, se ponga blanco y me pida disculpas.

¡Que es broma!


Tareas

Cuanto más me conozco más sé lo que me conviene y, entre lo que me va bien, está la disciplina de hacer una tarea tras otra, nunca dos a la vez.

No es fácil.

Estoy convencido de que es mi principal fuente de estrés, el estar a lo siguiente cuando aún no he terminado de salir de donde estoy.

El trabajo es el gran acelerador de esa condena, porque obliga a atender asuntos sin rematar lo que uno se trae entre manos.

El tiempo necesita sus tiempos.

Debo ser yo quien decida cuándo sí y cuándo no.


jueves, abril 30, 2026

Remo

De adolescente, me inscribí en un club de remo.

Ese repetir el mismo movimiento durante kilómetros en la llanura líquida del Guadalquivir, bajo puentes y campanas de iglesias, se convertía en una suerte de práctica sudorosa de la meditación.

Pegar el culo a los tobillos, abrir los brazos, meter las palas en el río y empujar con todas mis fuerzas, de las piernas primero, de los brazos después, hasta expulsar el agua, ya casi tumbado.

Una y otra vez.

Mi mente anestesiada, de pronto, por cualquier estímulo, salía de allí, olvidaba lo que estaba haciendo y perdía el equilibrio. 

Cuanto más metido estaba en mi mundo, más cerca de caerme al agua.

Resquemor

Fran usa mucho una palabra que no estaba en mi vocabulario.

¿Te sigue doliendo la muela?

No, pero tengo un ligero resquemor.

Es raro el día que yo no tenga uno. Hoy es aquí en la ingle izquierda, mañana por donde el hígado. Y si no lo tengo, mi mente lo busca. Ese punto sutil que desafina.

Son las sombras del animal que somos, el recordatorio sordo de nuestra fragilidad.

Verá, doctor, convivo con un resquemor.

lunes, abril 27, 2026

Sevilla

Vivo en un pueblo dentro de la gran ciudad. El ventanal de mi salón da a un convento creado en el siglo XV sobre los restos de un palacio medieval, que deja asomar una viejísima torre de ventanas románicas y gárgolas de las de asustar.

No hay ruidos.

Asomarse allí es un privilegio que compensa el pago de la hipoteca. 

Las golondrinas se adelantan cada año para decirme: Salva, prepárate, que ya llega la primavera.

Esas a cuyas tatarabuelas un poeta cantó. 




Boli

Iba a un fisioterapeuta que me trataba cada mes sin tener nada concreto que arreglar.

Me observaba, me tocaba, me hacía moverme, estirar, agacharme y se ponía manos a la obra.

Salva, con las piernas estiradas, intenta tocarte los pies.

Difícilmente llegaba más allá de la rodilla.

Entonces me hacía apretar fuerte, con los dientes, un boli bic. Volvía a repetir y llegaba casi al suelo con la punta de mis dedos.

Vamos a desbloquear esa mandíbula.

Y se ponía a ello.

Hay días que busco bolis para masticar.

Aristarain

Lo escuché ayer por la mañana y sentí un cierto crujido en mí, pero no fue hasta ver la noticia en el telediario cuando me percaté de quién era Adolfo Aristarain.

Durante muchos años uno de sus largometrajes, 'Un lugar en el mundo', era mi respuesta refleja cuando me preguntaban acerca de mi película favorita de todos los tiempos.

Luego se cruzó en el camino 'Estación Central de Brasil' y la desplazó. Eran otros tiempos.

Pero no solo aquella magnífica cinta protagonizada por Sacristán, sino la espléndida 'Martín (Hache)', con una soberbia Cecilia Roth.

Eran historias que me abrían rendijas por las que asomarme a situaciones extremas de personajes normales, que removieron en mí inercias que me llevaron a ser el contador de historias que soy.

No era necesario irse a la Roma Imperial para crear una historia que conmoviese, podía estar en la puerta del vecino de al lado.

Ayer murió Aristarain y, por poco, casi se me pasa rendirle este ínfimo homenaje a este hombre que iluminó mi carrera de escritor. 

sábado, abril 25, 2026

Flamenca

Nos apostamos en un rincón de una caseta durante horas, en esa delicia que supone encontrarte con gente querida sin prisas y con la cabeza llena de rebujitos.

Lo más bonito de la Feria no lo explica el cante ni el baile: es celebrar la vida.

De golpe apareció una japonesa hermosísima vestida de gitana que, con acento incontestablemente andaluz, pidió un plato de tortilla.

Quiero un mundo así.

Vela

Llevé a mi querido Ahmet a mostrarle la Semana Santa sevillana y elegí una cofradía 'dura', de las de vestimenta negra, silencio estricto y pasos sin banda de música.

Era la primera vez que mi compañero turco veía algo igual y nos apostamos en la iglesia de Veracruz.

Con mis carencias para narrarle una tradición religiosa, trataba de explicarle cada detalle de lo que allí ocurría, con la emoción de verlo aturdido.

Todo en inglés.

Cuando, en un momento dado, quise explicarle por qué unos llevaban cruces y otros llevaban velas, me bloqueé al no encontrar esta última palabra.

Candle me dijo él.

Sé traducir cada pieza de un motor y, para mi espanto, se me olvidan palabras mucho más bellas.

Pilates

Mis hermanas tienen una preciosa academia de Pilates y, la duda ofende, Fran y yo somos parte de su clientela.

Los martes que no viajo, allí estamos como un reloj para dejarnos llevar por Raquel, de la que no imaginaba yo su gran capacidad didáctica hasta que nos dio la primera clase, hace años.

Cada sesión, en determinados ejercicios, se nos cruzan las manos a Fran y a mí, y si no se nos cruzan nos buscamos. Nos reímos de los despistes del otro, de mi incapacidad para alcanzar determinadas posturas, de sus atajos para hacer menos esfuerzo.

El otro día un amigo nos contaba que había hablado con Raquel de nuestras clases y de cómo ella le decía:

Son dos tortolitos.

martes, abril 21, 2026

Gruesas

Cuanto menos palabras gruesas más fácil es tener razón.

Es algo que no se aprende sino a base de desencantos con uno mismo.

¿Cómo pude hablarle así?

Los papeles se pierden con facilidad cuando no tienes claro lo venenoso que es para ti.

Mi mayores arrepentimientos no han venido por haberme explicado mal, sino por haberme comportado como un energúmeno.

Rubios

En París es difícil encontrar tipos blancos de diez apellidos franceses recogiendo la basura.

Digo París porque ya veinte años atrás, cuando yo vivía allí, todos los servicios básicos eran desempeñados por magrebíes o negros con cuyas familias te cruzabas en el metro.

Conforme ha ido aumentando el nivel de vida aquí en España, esa ola también ha llegado. No hay españoles de cuna que quieran romperse el lomo recogiendo fresa. Hace unos años se fue a Lepe un primo-hermano y no duró una semana.

Es inhumano, Borete.

Si no hay más remedio, que trabajen. ¡Qué remedio! Pero que no me los cruce por la calle.

Novelero

Me encanta escuchar y, como buen novelero, meto cuñas en cuanto veo silencios. 

—Entonces apareció Natalia y...

—Montó el pollo —interrumpo.

—¿Qué pollo ni pollo, Salva?

Recuerdo, de pequeño, en casa, que en cuanto mis padres comenzaban a hablarnos de alguien yo saltaba como un resorte:

—¿Se ha muerto?

domingo, abril 19, 2026

Cetara

—¿Allí se puede comer?

La taquillera del puerto de Amalfi, con desgana, me respondió que sí.

A esas horas Cetara era el único destino programado para disfrutar de un paseo en barco por la costa, así que allí nos montamos.

Desde ese día sueño con los tagiatelle alla Nerano que devoré en ese diminuto paraíso frente a Sorrento.

Soy de pillar los barcos.

Confitera

La mujer tenía un negocio en mi calle del que no quiero dar más pistas.

Trabajaba como una jabata cuando ya había sobrepasado edades en las que el cuerpo merece descansar.

Sus dos hijos vendieron la tienda en cuanto ella falleció.

Hicieron las cuentas, les daba para ver la vida pasar.

Caramelo

Me ofreció un caramelo de camino a Atocha.

Es sin azúcar y está riquísimo.

Se lo acepté por no hacerle el feo. 

Me preguntó si le gustaba la emisora de radio que estaba escuchando o si prefería otra, o apagarla.

Está bien así.

Reventado tras una jornada maratoniana de reuniones, solo quería tomar el AVE para llegar a Sevilla a la hora de cenar.

¿Se encuentra usted cómodo? insistió el taxista.

Mucho.

Se interesó por mi trabajo, por mi destino. Por la Feria de abril cuando le dije que iba a Sevilla.

Me deseó un buen viaje en cuanto llegamos a la estación.

No cambie le dije, da gusto encontrar a personas como usted.

miércoles, abril 15, 2026

Papá

La muerte de mi padre fue una escena bellísima en medio del dolor.

Rodeado de nosotros, sabiendo que ya no sufría, esas últimas horas fueron de una ternura infinita donde no podía caber más amor.

Cuando su hija mayor se tumbó a su lado se agarró a ella en posición fetal, mientras Mónica quedaba entre sus brazos, con el llanto sereno de quien sabía que el fin se precipitaba.

Incluso esperó a Raquel para lanzar el último suspiro.

Un hombre más. Coherente, desastre, currante, leal. Una persona buena más que se iba, como cada día miles que se van.

Pero era nuestra persona buena.


La religión del amor

En la religión entra en juego un concepto que discrimina: la Fe.

O crees o no te lo crees.

A mí me hubiera gustado una religión más de consenso, en la que pudiéramos entrar todos, más terrenal, más unánime, por qué no: la religión del Amor.

Así de cursi.

Sin dioses.

Que hubiera templos laicos donde el único motivo de reunión fuese el trabajar cómo ser personas decentes. Donde hablaran sabios buenos. 

Que los que no creemos no tuviéramos que comulgar con ruedas de molino para vivir nuestro sueño: ser mejores. Que no se nos perdone la vida ni se nos considere de piedra por no ver lo que otros dicen ver.

Seguro que aparecerían santos a los que venerar.

Siendo buenos, no hay infiernos que temer.

Solís

Conozco a un maravilloso escritor que sabe atravesar todos mis muros.

Es mi tocayo Salvador Gutiérrez Solís.

Diagnosticado de un cáncer gracias a un cribado de la sanidad pública, decidió compartir con todos sus lectores el paso a paso de su lucha contra la enfermedad, sin edulcorar pero con viveza, con pinceladas de humor donde todo se presupone plomizo.

Para el que sufre, no hay nada como sentir que no está solo.

Nos comparte su batalla con la delicadeza de quien saca melodía de las palabras, sin buscar el aplauso fácil ni la compasión: con las armas de la ternura y de un profundo apego a la vida.

Cada operación, cada tratamiento, va trenzado con sus cursos de escritura o con la presentación de su última historia, Premio Jaén de Novela, 'La estrategia del impostor'.

Es toda una bendición tener faros de luz como el que representa este escritor: Salvador Gutiérrez Solís.

Dejaos seducir por él: es carne viva.

lunes, abril 13, 2026

Orban

Anoche fue un día de esperanza. 

Un manipulador, nacionalista, racista, machista, homófobo, admirador de Putin, de Trump, de Netanyahu, ha firmado su última página gracias a la reacción, tardía pero contundente, del pueblo.

Espero que esta sea una vía de luz que rompa ese muro negro de fascismo que parecía irremisible.

Ya sí me permito viajar a Budapest.

domingo, abril 12, 2026

Sello de la Reina de Inglaterra

Borete mi padre se asomó a mi habitación, un sobre con el sello de la Reina de Inglaterra.

Yo ya sabía quién me escribía.

En mi adolescencia, cuanto más me iba metiendo en mí mismo, más creaba un mundo paralelo de protección. En ese universo estaba mi música. Y dentro de ella, 'Everything but the girl', un grupo londinense que ponía letras al amor, a la nostalgia, a la soledad.

"Nos ha encantado tu carta", me decían. "Un día iremos a tocar para ti en tu maravillosa ciudad".

¿Quiénes son? preguntó mi padre.

Una banda de música, papá.

jueves, abril 09, 2026

Tragedia

Me cuesta admitir que la tragedia sea una escuela, pero el intelecto y la experiencia me dicen que sí. Que no es condición necesaria ni suficiente, que no hay matemáticas en esto del vivir, que hay personas brillantes con una historia personal sin sobresaltos. 

Que sí.

Pero de pronto te cruzas con alguien que ha atravesado el pasadizo oscuro del dolor hasta saber construir una nueva sonrisa.

Yo me agarro a su caminar.

Envidia

Lo que más me irrita de las personas es aquello que intuyo en mí.

Porque sé lo feo que hay en muchos de mis comportamientos, tiendo a criticarlo al detectarlo en los demás.

No me gusta ver en ellos mi peor yo.

Tribu

—¿Tendrían sitio para dos? 

 —Solo nos queda esa mesa ahí fuera. 

 Fran me miró y yo negué con la cabeza. 

 —Hace frío —me disculpé—. Mejor otro día. 

 Nos giramos. 

 —¡Esperen! Tengo una mesa de ocho reservada para hace media hora. 

 Acabamos cenando en el interior de la sala con una mesa enorme vacía en un restaurante diminuto.

Ese sábado por la noche, a ninguno de los ocho se les ocurrió disculparse.

Trajes

—En el salón de esa casa le cortábamos un traje a todo el mundo.

Yo no entendí la frase, pero me imaginé a sus amigos colocando prendas una encima de otra para arreglar dobladillos, reducir mangas, ajustar cuellos.

—Y ahora me arrepiento de haber participado en esa cacería —se lamentaba.

—¿Cortabais trajes? —pregunté, perdido con su tono compungido.

Me miró extrañado.

—Salva, es una forma de decir que no dejábamos títere con cabeza.

—Ah.

sábado, abril 04, 2026

Prisas

Cuando era joven tenía prisa por contar de mí, porque tenía necesidad de ser querido.

A cada individuo que se me cruzaba en el camino rápidamente le quería demostrar que yo era una persona interesante, sin darme cuenta de que cuanto más lo hacía menos se fijaban en mí.

En el hermoso mundo de mi presente, aun encuentro quienes actúan con ese ingenuo espíritu adolescente de querer hablar de cuánto bueno encierran dentro de ellos.

No hay que tener prisa, sino escuchar. Es la mejor forma de demostrar que, de verdad, eres una persona que vale.

1000 palabras

El error de la creación artística es pensar que viene sola.

Eso solo le ocurre a cuatro genios.

Alumbrar una novela, por ejemplo, exige de método y disciplina. La sensibilidad, la imaginación y el oficio de escribir se dan por obligatorios.

Cuando me lanzo a construir una historia me marco como meta diaria las mil palabras. Mil. Puede tronar o ser un día plano, que las escribiré. Las musas vendrán, porque ya todos los personajes están trazados en mi cabeza. Hay meses previos de introspección y meses futuros de corrección, pero cuando se escribe, se escribe.

Es un proceso precioso, porque te embarcas en el mundo de gente que no existe y con la que muchos lectores se van a sentir interpelados.

Gente inventada a la que insuflas vida.

viernes, abril 03, 2026

Brasileña

Hay un restaurante en el Algarve, de pescado, luces y cristaleras, donde te sirven unas ensaladas deliciosas.

Una chica brasileña nos atiende desde hace años con un trato exquisito, lo que hace que poco a poco hayamos ido sabiendo más los unos de los otros.

Hasta que un día nos preguntó por dónde teníamos nuestro piso en la zona.

—Menos mal, allí no tenéis muchos indios cerca.

Una emigrante criticando a otros emigrantes.

Tan ridículo.

A mí se me viene abajo una persona, del todo, cuando se muestra racista.

Moral

Tengo en mi equipo a compañeros brillantes que no paran de protestar.

Solucionan, saben de dónde tirar, proponen y, sin embargo, ven todo negro.

Lo estás haciendo bien les repito.

Pero no sirve para nada, Salva.

Personas curtidas a las que debo recordarles cada día la parte luminosa que hay en ellas. Esa que sí hace cambiar las cosas.

Tuve una jefa que un día me dijo:

Salva, lo que más aprecio de ti es que siempre dices que lo vamos a conseguir.

Intruso

Cuando quedamos a celebrar cenas de postín con amigos aún se asoma a la mesa el niño que hay en mí.

Esas charlas largas, los brindis con copas grandes, los cruces de mirada los veo desde mi planeta de espectador.

No es que renuncie a ser mayor, es que sé verme con los ojos de quien observaba escenas similares en tiempos de ingenuidad.

A veces, muchas, mis amigos no saben que están cenando con un intruso.

jueves, abril 02, 2026

Irrepetible

Pertenecemos a la época de la humanidad más explosiva de las que jamás hayan existido.

Siempre ha habido progresos, retrocesos, cambios, pero nunca tanto y tan deprisa: estamos viviendo la ciencia-ficción de los años 70.

Todo lo imaginable parece hacerse realidad, cada invento supera al siguiente: los teléfonos fijos son dinosaurios olvidados, los discos de vinilo reliquias de las que presumir y la inteligencia artificial ya empieza a hacernos dudar de por cuánto tiempo gobernaremos el mundo.

Cuanto más avanzamos da la sensación de que menos somos el centro de nuestras vidas.

Es hermoso. Es aterrador.

Marabunta

Hay situaciones reales que se convierten en sueños y quedan allí instaladas para reaparecer cuando menos las esperas.

Estábamos rodeando Central Station, en Manhattan. Hubo un momento en el que había tal cantidad de gente caminando hacia todos lados que perdí pie: descubrí una grieta por la que se asomaba un dios juguetón. ¡Nadie sabía dónde iba! Sus criaturas se le habían ido de las manos. Íbamos como ositos de Duralex en todas las direcciones.

En décimas de segundo me recompuse y seguí mi camino para escapar.

Sé que estuve allí. ¿Lo estuve?

Sena

El tiempo que estuve trabajando en Francia, con treinta y pocos años, fue uno de los períodos en que más dudas tuve sobre mi capacidad como ingeniero. Me encomendaban proyectos diversos que implicaban tratar con gentes desconocidas para conseguir unos objetivos complicados. 

Viviendo solo en el centro de París, había tardes en las que me escapaba al gimnasio desfondado por la presión.

Ocurrió que llegó el día, tras cuatro años, de volver a Sevilla. 

─Salvador, no hagas planes para mañana al mediodía ─me comunicaron la última semana de trabajo.

Jefazos que controlaban Renault a nivel mundial me invitaron a comer, ¡a mí!, en un barco-restaurante sobre el Sena. Conociendo mi espíritu literario, me regalaron libros sobre literatura francesa y me entregaron una placa de reconocimiento por mi labor.

Esa comida podría no haber ocurrido, pero los libros están ahí, en casa, bien colocados, para recordarme que sí sucedió.

martes, marzo 31, 2026

Memoria

Mariángeles es mi memoria.

En todos los momentos especiales de nuestras vidas, hemos estado allí. Los tres: ella, su memoria y yo.

En Nueva York, Berlín, París, Londres, Lisboa. En su Huelva, en mi Sevilla.

Me vienen chispazos de un pasado feliz y ella lo dibuja con sus recuerdos.

Eso ocurrió el 14 de diciembre del 2013, tú llevabas un polo rojo y acababas de volver de Japón.

No sé dónde almacena tantas fotos sin papel, cómo enlaza una historia con otra, hasta saber qué comimos ese día, de qué hablamos.

Fogonazos de una vida que ella caza para mí.

Fontanero

Los seguros son rápidos para cobrar y lentísimos para solucionar.

Una intervención no muy complicada ha requerido de no sé cuántas llamadas y visitas infructuosas de fontaneros que se quitaban de en medio sin solventar nada y prometían reparaciones que dejaban sin hacer.

Desesperado, Fran me decía el pasado viernes que ya había dado con uno que iba a resolver el entuerto.

Ya nos han fallado otros tres le recordé.

Este no. Este vendrá el lunes y lo dejará todo arreglado.

Le pregunté por qué tanta confianza.

Porque es el único que ha rodeado la alfombra de entrada al baño sin pisotearla.

Ayer fue lunes. El baño ya está impecable.

viernes, marzo 27, 2026

Soria

Para ver Soria hay que ir a Soria.

No pilla camino de ningún lado.

Esta semana he ido por trabajo y confirmé que me embelesa, con el encanto propio de lo sencillo.

A mí, sevillano, me enamoran los enclaves machadianos. Me identifico con esa tristeza andaluza que el genio proyectó en ellas. Ciudades de piedra lejanas a las paredes de cal blanca de su infancia. Tanto que me cuesta distinguir, cuando ya no son más que recuerdo, si aquel portón era de Baeza, si ese instituto era de Segovia, si los paseos bajos árboles sin hojas eran de Soria. 

Cada cierto tiempo vuelvo para reencontrarme con la verdad de cada una de ellas.

Este miércoles bajé hasta el Duero por donde imaginé que bajaba él, paseé sus orillas con su caminar pausado, agarrado a su abrigo en noches invernales, aguantando el viento que yo aguanté.

Asomado a su río, al caer la noche, sin que nadie nos viera, le dejé mis ojos por un buen rato.

jueves, marzo 26, 2026

Anónimo

Cuando uno pasea con espíritu anónimo, sin mirar para adentro, se da cuenta de cuántos mundos hay en este.

Personas que cavilan sus entripados con caras serias, parejas que hablan entre sí, niños que se parten de risa delante de un balón, ancianos que te ven pasar con la melancolía de sus mejores años.

Hacer ese ejercicio es una forma de derretirse: ¡miles de millones de personas con sus cuitas!

Nos comunicamos poco: desconocidos que se cruzan con desconocidos.

Por eso me gusta defender esta ventana, donde nos hablamos pese a no habernos mirado a los ojos.

Saber del extraño es sentirse menos solo.

Berlín

Yo iría cada cierto tiempo a Berlín para recordar la brutalidad de la guerra.

Es más, de poder hacerlo, enviaría a colegios enteros a visitar lo que fueron los campos de concentración, a entender lo que supuso el muro, a observar los restos de la iglesia conmemorativa del káiser Guillermo.

Entender cómo todo se puede ir al precipicio por el horror de lo peor del alma humana.

Yo llevaría allí a Trump y lo dejaría una semana, a solas, en el horror de Sachsenhausen.

domingo, marzo 22, 2026

Gracias

Me gusta que me den las gracias cuando las merezco.

Llevo mal el que se actúe sin ese comportamiento mínimo de educación en nuestras relaciones personales. 

Mis baterías se cargan, en cualquier aspecto de la vida, cuando se me agradece, aunque sea con la mirada, el haber estado ahí.

No creo a quien dice hacer las cosas sin pensar en la reacción de los demás.

Yo no actúo para ser reconocido, pero sí necesito de la otra parte una sonrisa. Un gesto.

Porque yo siempre intento darlo. Porque no entiendo la vida sin afectos.

sábado, marzo 21, 2026

Papel

Los perros también se cansan de ser perros.

Es tierno cuando ves a uno achacoso, siguiendo a duras penas los pasos de su dueño. Ya quedaron lejanos los tiempos en los que tiraba impetuoso de la correa, para ser ahora el perezoso al que tienen que jalearle para que siga caminando.

Son esos que se sientan al solecito en la terraza de un bar, junto a su humano, cotilleando con ojos somnolientos todo lo que se mueve alrededor.

Hasta que alguien se acerca y lanza, simulando oficio, dos ladridos.

Alhóndiga

Yiyi y yo lo vimos claro en cuanto le conté nuestro viaje a Bilbao.

─Esos días nosotros estamos en Castro Urdiales ─me dijo.

Maquinamos no decirle nada a mis hermanas y nos plantamos en Sondika. El punto clave era la Alhóndiga y la hora, las cinco.

'Vamos cincuenta metros por detrás', me dijo por WhatsApp.

Yo mantenía la conversación con Raquel, Fran entretenía a Mónica.

'Entra por aquí', le escribí, 'nosotros lo haremos por el otro lado'.

─Qué sitio más chulo ─comentaba Mónica, siempre reacia a viajar, pero la más entusiasta cuando lo hace.

Rodeamos el parque de columnas, les hice mirar la piscina colgada del techo, el juego de luces en el hall central.

─¡¡¡Ah!!! ─gritó mi hermana─. ¡Si es el tío Yiyi! ─exclamó─. Pero ¡qué casualidad!

Nos gusta jugar a emocionar.

Casera

En la cafetería de la estación de trenes de Valladolid aprendí que las manchas de la ropa se quitan con Casera blanca.

─Mira, reluciente ─me dijo la camarera que me solucionó el manchurrón de tomate en el pantalón─. Vete ahora al baño y pon la pierna bajo el secador.

Así que ya siempre tenemos una botella en la nevera.

Recién llegado a casa del trabajo, esta semana, le pregunté a Fran por una camisa que no encontraba.

─¿La de la mancha? ─me preguntó.

─¿Cómo sabes que...?

─Pues porque me la encontré chorreando sobre la silla con una botella de Casera abierta en medio de la mesa.

─Ahá.

Izquierda

Llegaba apurado a la cita de las siete del museo del Patio Herreriano.

─¿Ha empezado ya?

─Hace dos minutos, en la primera planta ─me dijo la chica de la entrada─. En cuanto salgas al patio, gira a la derecha y ahí tienes ascensor y escalera.

Con mi dislexia de considerar las indicaciones al revés, giré a la izquierda y me encontré con una cinta que impedía el paso. Tenía tanta prisa y la indicación había sido tan clara, que atravesé la cinta en busca de esa escalera.

Ante el conflicto, pudo más la orden que la lógica.

Una mujer de seguridad se asomó.

─Caballero, ¿no ha visto que ahí no se puede entrar?

─La chica de la taquilla me ha dicho a la derecha ─me excusé.

Entonces la vigilante me destrozó con la mirada.

─Claro ─señalé al otro lado del patio─, es la derecha de allí.

¡Hala!

Siempre que puedo, que es siempre, me acerco a las visitas guiadas de las siete de la tarde del museo de arte contemporáneo de Valladolid.

Yo me planto allí a que me cuenten lo que me quieran contar sobre la exposición temporal que haya en esos días.

Esta semana tocó descubrir, con mucha emoción, la obra del sensibilísimo Xisco Mensua.

El guía, no dejéis de acudir a esos recorridos gratuitos, nos hablaba de los encuentros con escolares de Primaria.

Sean de colegios públicos o privados, del centro de Valladolid o de Cabezón, los niños más pequeños siempre sueltan la misma expresión al entrar en una de estas salas.

Los cinco visitantes preguntamos cuál.

Todos se quedan paralizados y dicen: ¡Hala!

Cuenta cómo entonces se acercan con extrema curiosidad a analizar colores, figuras, a girar las cabezas, a imaginar historias.

En cambio, cuando vienen los mayores, en muchos casos sus expresiones son muy distintas: 'vaya mamarrachada de cuadro' o 'eso lo hago yo con los pies'.

Yo soy bastante de Primaria.


domingo, marzo 15, 2026

Fáciles

Fran y yo somos muy fáciles para decir sí. En cuanto nos llaman para quedar, lo hacemos.

No hay más impedimento que el que físicamente estemos allí donde se nos requiere. Todo lo demás se puede arreglar.

Porque toda la gente a la que queremos es mezclable, así que no hay excusa basada en el ya hemos quedado.

Solo nos faltabas tú.

Nuestra vida es una mesa abierta con una silla siempre libre para ti.

Beneficios

Cuando una empresa española presenta un balance anual de beneficios multimillonarios lo primero que hago es alegrarme y lo segundo es preguntarme ¿es sano?

Porque si esta compañía pongamos, por ejemplo, que se dedica a la venta de productos de alimentación y limpieza, artículos de primera necesidad, cada año gana miles de millones de euros, pienso dos cosas: está muy bien gestionada y, me resulta evidente, los precios están inflados. 

¿Alguien duda de que tienen un acuerdo tácito para no hacerse daño entre ellas?

Ocurre lo mismo con la banca, las eléctricas, las petroleras... 

Esos beneficios galácticos van a la cartera de unos pocos, ¿es eso sano?

¿Puede existir beneficio ilimitado en sectores donde el cliente no tiene alternativa real?

No soy ningún bolivariano ni revolucionario comunista, sino una persona con sensibilidad social. ¿No debería el ser humano, a nivel transnacional, establecer unas reglas que permitan revertir hacia la ciudadanía una parte de esos ingentes beneficios que no vienen sino del consumidor?

Cuando las ganancias pasen de lo rentable a la usura tiene que haber un retorno hacia lo público.

Es obsceno que nos hablen de miles de millones de euros de beneficios y que, además, protesten cuando se les dice que hay que mejorar el salario mínimo o disminuir la jornada laboral.

Es buena gestión, sí. Y es avaricia.

Remo

Mi tío Yiyi me salvó cuando yo era un renacuajo de 12 años.

Celebrábamos un bautizo y él se me acercó:

Borete, estás muy delgado. Te convendría hacer deporte, socializar, no estar todo el día encerrado en casa haciendo deberes.

Yo lo miraría con mezcla de pánico y súplica. Pánico por lo que pudiera proponerme, súplica por que me lo propusiera. Necesitaba que alguien me sacara de mi agujero.

A la semana siguiente ya estaba entrenando, ¡todas las tardes!, en un club de remo. Anchoa, íntimo de mi tío, sabía qué hacer conmigo.

Tenía que coger un autobús, plantarme allí, sufrir lo más grande con ejercicios espartanos que no había practicado nunca.

Estaba naciendo otra persona en mí.

Mi tío Yiyi, ¡cómo lo echo de menos!, me salvó.

Huyendo

Creo escribir las novelas desde la libertad más absoluta, sin controlar hasta qué punto mi pasado guía mis letras. Todo aquel mejunje de emociones acumulado en no sé qué lugar de mí.

Cenaba con Leo en Madrid y me comentó que el primero de mis libros que le llegó a Bolivia fue 'Huyendo de mí', una novela en la que retrato mi eterna crisis con una vida laboral que no termina de casar conmigo.

El protagonista era Leo me decía Leo y su profesión era la arquitectura como la suya.

Cuando construí esa historia hacía 20 años que no nos veíamos y pensé que ese nombre y esa profesión las saqué de la nada. Sin embargo, al otro lado del océano, alguien se vio reflejado.

Seguramente porque era así.

Dormir

Se habla del placer del sexo y la comida, pero poco del disfrute del dormir bien.

Desde pequeño siempre ha sido una cualidad que me define. Sí, una cualidad, como puede serlo tener una dentadura perfecta o habilidad para hacer buenas paellas. 

Yo sé dormir bien.

Puedo caer rendido donde sea a cualquier hora con solo proponérmelo. Y al despertar, empiezo, otra vez, un nuevo día.

Hay veces en las que Fran llega muerto del trabajo y tenemos alguna movida social comprometida. Entonces le insisto:

Échate un rato.

Pero si tenemos que salir en media hora.

Inténtalo.

¡Yo no soy tú!

sábado, marzo 14, 2026

Rosalía

Enganchado a un vídeo de la actuación de Rosalía en los premios Brit en Manchester, cuando me dio por mirar al público me horroricé al ver que todos alzaban el móvil para captar vídeos intrascendentes que luego podrían tener sin problemas por canales oficiales.

El otro día, en cambio, me dio por ver el último concierto en directo de Michael Jackson. Un disfrute total en el que los espectadores se entregaban al baile mientras observaban la coreografía de su ídolo.

Qué torpes somos.

Champú

Tras mi cena con Leo en Madrid, me di una ducha en el hotel para calmar el cuerpo.

Desprevenido, el olor del champú me llevó a México. Fue un electroshock sensorial.

Apagué la luz, volví a la ducha y me embadurné la cara de espuma para intentar encontrar dónde en México. Si fue también el champú del hotel donde estuve alojado cuatro meses, si lo fue el ambientador de la enorme habitación o de aquel restaurante cuadrado, en medio de la avenida principal de Torreón, donde solía comer arracheras.

El caso es que viajé en un instante allí donde, también, fui muy feliz.

Me resulta curioso analizar el comportamiento de aquellas personas que siempre responden con un 'no'.

Eso no existe diría una de ellas.

Al menos en el círculo en el que me muevo, sí que las encuentro. A veces, incluso me gusta ponerlas a prueba, sin que ellos lo sepan. Como ya los tengo catalogados, lanzo una afirmación sin mayor importancia:

Ya se va notando que llega la primavera.

No, Salva. Aún vendrán días de mucho frío.

Pero si me muevo a su terreno, tampoco cambian.

Es cierto, el tiempo a veces nos confunde.

No, Salva, siempre ha sido así.

Tienes razón.

No, si lo que tú dices tiene sentido.

Qué majo eres.

No, no te creas, Salva.

¿Te tomas un café?

No, prefiero un té.

¿Verde?

No, negro.

martes, marzo 10, 2026

Dientes

Viajar a menudo y compartir horas con gente de otras culturas me hace construir teorías que no sé si se sostendrían científicamente.

Desde hace tiempo tengo una acerca de la salud buco-dental y de un indicador fiable, creo, para medir el nivel económico de un país: el uso del palillo de dientes.

Sé que en España ir al dentista es casi una actividad de lujo, pero también me consta que está en nuestras prioridades cuando la boca empieza a dar problemas.

Lo que es cierto es que, cuando termino una cena de trabajo, es más habitual ver a un portugués buscar, con educación, cómo hurgar entre sus dientes; mucho más cuando se trata de un turco; casi cotidiano si hablamos de un marroquí.

Siento que cuanto peor es la economía de un país, menos sanos son sus dientes.

lunes, marzo 09, 2026

Perfección

Soy muy enemigo de la perfección.

A mi equipo le insisto en esa idea: no nos dejemos llevar por el purismo de hacer que no haya un solo reproche a nuestros trabajos, porque es la mejor forma de paralizarnos. 

Igual de aplicable a la vida cotidiana: querer lucir divino, caer bien a todos, ser impecable en las formas es un generador de sufrimiento.

Nuestro mundo avanza cuando se actúa, buscando, eso sí, lo mejor de nosotros mismos.

Pero saber decir hasta aquí.

Porque somos, en esencia, imperfectos. Actuemos con nuestra mejor voluntad. Es lo máximo que debemos exigirnos.

domingo, marzo 08, 2026

Iraníes

A los defensores de las brutalidades cometidas en Gaza e Irán se les llena la boca defendiendo las causas feministas y LGTB de esos países como argumento principal para defender que se los masacre.

Deberían empezar por defenderlo en su propio país.

¿Quién es tan inocente para creer que Trump está devastando Irán para liberar a sus mujeres? 

¿Quién, en su sano juicio, duda de que no lo haría de no ser por las cantidades ingentes de petróleo que atesora en su suelo?

Yo estuve trabajando en Teherán y vi esa realidad infame del trato a la mujer. Un país gobernado por una teocracia intolerante que no respeta los derechos de su pueblo. Y no es buscando la destrucción total, como se jacta el payaso americano, como se busca el bien de un país.

De esas bombas saldrá más odio aún. Más destrucción.

Hay medidas mucho más eficaces para hacer cambiar el destino de un pueblo sometido: condicionar la compra de bienes materiales a que se respeten derechos básicos sería un buen principio. El persa es un pueblo viejo, que entendería bien que para vender caviar o petróleo tendría que reorganizar su mundo.

Medidas que tienen que ver con las leyes y la palabra. Pero debemos querer utilizarlas.

Y ni siquiera la vieja Europa ha querido hacerlo. Puede más la codicia. Por eso, casi todos, miran para otro lado.

Leo

Cuando yo era un jovencito en la veintena muy metido en el armario, tras escribirme durante meses con un chico boliviano que me enviaba cartas preciosas desde el otro lado del Atlántico, reuní todos mis ahorros para viajar a verlo.

El encuentro no fue lo esperado porque no hubo química, pero sí un profundo respeto entre los dos. Allí pasé dos semanas maravillosas recorriendo un país que quedó para siempre en mi corazón.

Poco después él me devolvió la visita a Sevilla, cargada del mismo cariño. De eso hace media vida.

En todo este tiempo hubo contacto esporádico gracias a que nos reencontramos por las redes sociales. Entonces supe que se había ido a vivir a Barcelona, que había adoptado a una niña, que triunfaba con su carrera de arquitecto.

Hace unos días me envió un mensaje:

Tengo el corazón hecho pedacitos, Salva.

Esta noche seremos dos señores maduros los que nos encontremos, treinta años después, en un restaurante en Madrid.

Hay abrazos que no pueden esperar.

Flor

En la Feria de Sevilla las mujeres se colocan una flor en el pelo.

¿Hay algo más absurdo? ¿Algo más hermoso?

Cuando te cruzas por las calles de mi ciudad a turistas extranjeras con esa rosa en el moño, te das cuenta de que es una seña de identidad, un intento de asimilarse al paisaje que visitan.

Anoche una dominicana me servía una tarta de queso en un restaurante del centro, con todo el arte del país caribeño. Al darse la vuelta, le vi el clavel prendido a su cola.

«Soy mujer y soy luz».

jueves, marzo 05, 2026

Carmen

"Salva, vente a Valencia", me animó Carmen Estellés hace unos días.

Allí se reunía con dos amigas, Jone y Ana, que llegaban desde Bilbao y Zaragoza para visitarla.

Vi que esos días estaba en Valladolid, que este viernes tenía el estreno de la obra de mi querida Carmen Tamayo, que no me cuadraban las fechas y me disculpé, dolido por no tener la libertad de unirme a ellas.

El jueves me envió fotos desde la plaza de la Catedral. 

Se conocieron a través de mis textos de cada tarde, de comentarlos.

¿Quién me dice que no merece la pena este abrirme en canal diario?

Solo por esa foto, por la amistad entre ellas tres, ya todo tiene sentido.

sábado, febrero 28, 2026

Viernes

Todos los viernes me hago la misma pregunta al comenzar a cenar: ¿merece la pena tanta ansiedad?

Entonces me siento frente a Fran en alguno de nuestros lugares favoritos, descargo durante quince minutos la carga emocional de la semana de trabajo y termino con un brindis con las pulsaciones más controladas.

La vida es muchas veces algo distinto de lo que un día soñé, pero el balance al terminar la cena de los viernes es que, quizás, no me equivoqué del todo.

Cuando tocaba tomar las grandes decisiones, era joven e inexperto. No imaginaba lo que supondría vivir.

Ramires

Los sábados que estamos en el Algarve nos gusta ir a comer al Ramires, en Gaia.

Es un establecimiento inmenso con un trasiego enorme en el que no hay carta: se come pollo. Puedes pedir una ensalada, un vino o unas aceitunas, pero ahí se va a lo que se va.

Lo más llamativo de ese restaurante, abierto desde 1964, es que dentro de su numeroso personal los que han sido elevados a categoría de encargados son mayoritariamente de origen indio.

A eso le llamo yo integración. Gente que viene a currar y, además, lo hace bien, mejor que la media.

Interés

Tengo la amarga virtud de prestar nula atención a lo que no me interesa.

Y es amarga porque no me conviene: no me gustan los coches y me dedico a fabricarlos.

Así que tengo que tirar de Fran cuando me preguntan por el último modelo de Renault. 

—He pensado comprarme un Mégane, Salva ¿qué acabado me aconsejas? me preguntan por WhatsApp.

Entonces miro a Fran.

Dile que el híbrido, acabado Techno.

Yo transmito el mensaje.

Gracias, Salva me responden—. Eres un crack.

Y yo vuelvo a mis libros.

822

De vez en cuando nos gusta escaparnos a un bar en las afueras de Sevilla donde sirven un cachopo delicioso.

Son cuajones al servir, sin dejar de ser amables. Tienen una buena carta de vinos, pero casi nunca les queda lo que pides. Fran, nuestro enólogo particular, acertó tras dos intentos fallidos:

Un 822.

El camarero, al rato, vino con la cabeza gacha para darnos malas noticias. 

Me temo que no nos queda...

Tan bajito hablaba, tan mal pronunciado, tan mirando para abajo... que confundimos la mala noticia.

No nos queda o-cho-dos-dos —dijo en un susurro.

¡Que no queda cachopo! gritamos al unísono.

No, ca-cho-po sí, o-cho-dos-dos no.

Inservible

Cuando las cenas en casa son de postín, y siempre hay excusa para que lo sean, Fran monta una mesa espectacular.

Y si la noche se tercia, planta el barnacle en el centro: una concha fosilizada de muchos agujeros que compró, una noche fría, en Cambados.

Un precioso objeto inútil de azules y blancos.

Tener cosas que no sirven para nada es entenderlo todo.

Papa

Hay días en que te miras en el baño de un bar y te dices:

—Vaya cara de torta de aceite que se me está poniendo.

El rostro va configurándose con los mandamientos dictados por la genética y antes que después saldrá una aplicación de inteligencia artificial que te mostrará una foto hiperrealista para decirte:

—Ese viejo serás tú.

Entonces, antes de volver al bar, le guiño el ojo al espejo.

Teléfono

A los que nos gusta resolver se nos utiliza:

Oye, Salva, ¿podrías enterarte de qué medidas están tomando en la fábrica X para solucionar el problema Y?

Por no crear conflicto, me ocupo de mover todos mis resortes para darle la información al compañero, así que tiro de mi contacto Zutano.

Una vez que le explico cómo la fábrica X pretende solucionar el tema Y, me repregunta:

¿Y cómo van a organizarse?

Entonces sale el Farruco que hay en mí:

Pues puedo pedirle a Zutano que le pregunte a Mengano si es posible que Salustiano le diga cómo se va a organizar Filipino, pero sería más sencillo que tú llamases a tu contacto Filipino.

Condenados

Más de cuatro mil hombres encarcelados y casi cuarenta mil condenas el año pasado por violencia contra la mujer.

No es un hecho interpretable, es la realidad.

Son hombres los encarcelados y mujeres las muertas.

Y por cada mujer muerta hay cientos que han sido ultrajadas, miles que sufren los empujones como lenguaje familiar.

Ocurre que hubo un tiempo en el que la sociedad conjuntamente se conjuró para atacar el problema de raíz, dando herramientas a la mujer amenazada para que tuviera espacios seguros, protección policial, sistemas de alerta.

Hoy, por desgracia, más de un quince por ciento de la población vota a un partido que niega la mayor, que promete eliminar esos lugares seguros, que afirma que esa realidad no existe. Hoy, por desgracia, un partido que gobernó España, que siempre votó, sin entusiasmo, a favor de las políticas contra la violencia de género, ahora empieza a rebajar esa protección con la intención de gobernar. Un partido que comienza a asumir que su feminismo es el de Vox. El feminismo de Vox.

Vergüenza.

Tele

El mejor momento del día es la cena, la ocasión de sentarnos frente a frente y contarnos qué tal nos ha ido el día.

La lucha, a veces, es contra la tele. Mientras que uno pone la mesa y el otro termina de preparar la ensalada, suena el telediario, que nos va provocando paraditas para ver la última barbaridad de Trump o los insultos cruzados en el Congreso.

El caso es que nos sentamos y, en algunas ocasiones, se nos olvida apagarla. Y comemos hipnotizados, sin mirarnos.

Cuando uno de los dos cae, toma el mando y deja la casa en silencio. 

Es cuando empezamos a disfrutar.

jueves, febrero 26, 2026

Uuuuuuu

Teníamos un amigo en el País Vasco del que me acuerdo cada vez que lo imito.

Fueron tantos años de amistad que se me pegó un tic sonoro que él utilizaba cuando nos enfrentábamos a alguna situación esperpéntica, de estas en las que una persona te cuenta una milonga.

Entonces él soltaba un 'uuuuuuuuuu' bajito, agudo y casi infinito.

Gentes tan incoherentes que me obligan a soltar ese ruido, como el de una olla a presión muy caliente, para evitar que explote:

Uuuuuuuuuuuuuu...

Fran me escucha y se muere de la risa.

miércoles, febrero 25, 2026

Pichet

En España no se estila la tradición del 'pichet'.

Esa jarrita de cristal de vino de la casa para acompañar las comidas.

No paro de repetirle a Fran: tenemos que hacernos con uno. Aunque sea por recordar los maravillosos años vividos en París 

Pero en realidad no quiero ver pichets en España, porque si todo estuviera en cualquier sitio perderías el cosquilleo de llegar a Francia y darte el gustazo de pedir:

Quiero un pichet.

martes, febrero 24, 2026

Calabacines

 Deme un calabacín, por favor.

Soy de ir a la frutería y pedir así la verdura, porque no tengo integrado cuánto es medio kilo de nada. Y lo que yo quería era un calabacín.

Tres filetes empanados pido en la carnicería.

Te pongo cuatro, que son muy pequeños.

Vale.

La mujer se sonrió con mi respuesta.

Soy fácil —le aclaré.

No cambies nunca —me dijo—. Así le haces la vida más agradable a los demás y te sientes mejor contigo mismo.

Espero que estén buenos, porque ya solo quiero filetes de esa carnicería.

lunes, febrero 23, 2026

Gemelo

Fran tiene la teoría de que mi hermana Mónica y yo somos gemelos, pese a que entre ella y yo nació Raquel.

Es igual, tú te quedaste esperando en la barriga de tu madre.

Todo lo que ve en Mónica, lo ve en mí: su constancia, su capacidad de aislarse, su torpeza para cocinar, su forma de menear la cabeza para decir que no.

Es tanto así que a los cuatro hermanos nos nombra así: la gemela (Mónica), la hermana de los gemelos (Raquel), el gemelo (yo) y el hermano de los gemelos (David).

Cuando actúo como lo haría ella, me grita:

¡¡¡Gemelo!!!

Y es cierto que yo, a veces, antes de que él diga nada, me digo:

Sí, gemelo.

domingo, febrero 22, 2026

Tráfico

Conducir mucho en carretera también da lecciones de vida.

Sin ir a los casos extremos de accidentes que quedan grabados para siempre en la memoria, hay determinados comportamientos que te hacen reflexionar sobre el alma humana.

Y hay uno especialmente delicado: el comportamiento de los mosquitas muertas.

Son esas personas que, a la búsqueda de su propia seguridad, ponen en peligro la de los demás. Conductores que van a 40 kilómetros por hora en carreteras que permiten ir a 90, lo que bloquea a quien va detrás y necesita llegar a su cita en un tiempo razonable. Obliga a la otra persona a maniobrar con una tensión innecesaria. No se mata el que entorpece, se mata el que acaba arriesgando.

La seguridad no es ir más lento, sino a la velocidad adecuada.

No es frenar al mundo, sino circular con él.

jueves, febrero 19, 2026

Agradable

Ser agradable no está de moda.

Soltar una barbaridad con la excusa de que ya no se puede hablar de nada es la nueva tendencia. Denigrar al diferente argumentando que tenemos la piel muy fina. 

Es que me gusta hablar claro —se vanaglorian algunos.

Se cuentan por multitudes quienes no son conscientes del valor del respeto hacia el otro.

¿Quién iba a decirnos que daríamos tantos pasos hacia atrás?

Educación

La verdadera educación se descubre en el anonimato, en cómo se comporta uno cuando nadie lo ve. Qué dejas tras de ti al salir del baño, al abandonar tu habitación de hotel, al pasear sin gente alrededor.

Educación no es solo actuar de forma correcta en público; es, sobre todo, manejarte con elegancia en privado.

martes, febrero 17, 2026

Agridulce

A mí la comida asiática me entusiasma tanto como me cansa.

Si voy a un japonés o a un chino, que disfruto como un enano, ya estoy vacunado para varios meses. Como si ese arroz frito o los rollitos de primavera se quedaran en mi estómago como defensores de un castillo.

No es el caso de Fran, que me trata de camelar siempre que bajo la guardia, sobre todo usando el argumento de la modernidad:

—El chino de la calle Trajano es espectacular, el japonés que han abierto en Miguel de Mañara, todo el mundo habla de él.

Acaba por convencerme. Lo que ocurre es que leo la carta y acabo pidiendo lo mismo:

—Quiero cerdo agridulce —le digo.

—¡Esto es un japonés!

—Ah, entonces pollo teriyaki.

—¡Cateto!

Prefiero que arriesgue él antes que jugármela.

Aliñado

Tengo una compañera brasileña con la que trabajo a menudo.

Ella desde su fábrica de Curitiba, yo desde el lugar en el que ese día me toque estar. El caso es que nos llevamos muy bien, tenemos una visión similar de cómo orientar a los equipos y, sobre todo, de lo que no hay nunca que hacer.

Su español es perfecto, aunque de vez en cuando mete alguna palabra en portuñol.

Entre ellas está mi preferida, una que utiliza a menudo precisamente para constatar que estamos bien alineados.

Estamos aliñados, Salva.

Claro que sí. Siempre aliñados.

lunes, febrero 16, 2026

Rutina

En cuanto entro en días que se repiten, rompo la baraja.

Me asusta la comodidad de los días iguales, cuando sé que gran parte de la humanidad sueña con el calmado discurrir de escenas copiadas de un día para otro.

Si adquiero unos hábitos, los destrozo. Escribir siempre de seis a ocho, ver por castigo los programas que me gustan, cenar crema de calabacines los jueves, hacer la compra los lunes en el Carrefour. Si voy mucho al teatro, ya quiero cine; si paseo por el parque, ya busco el río.

Lo que no quiero es perder el abrazo de cada noche al dormir.

domingo, febrero 15, 2026

Empatía

El más peligroso de los humanos es aquel que desconoce la empatía.

El que cree que su país es el único mapa posible, que su calle es el centro del universo, que su rellano es la frontera definitiva.

No sé cómo se mide la empatía de un pueblo. No hay termómetros en las plazas ni análisis de sangre colectivos, pero es seguro que la hemos dejado caer sin darnos cuenta.

Qué bueno que surgiera un científico prodigioso que supiera encontrar la vacuna contra la desgana hacia el otro. Vacuna obligatoria, de esas que nada más pinchártela te hiciera decirle al enfermero:

Gracias por cuidar tan bien de mí.

viernes, febrero 13, 2026

Beticucho

Hay quien dice las cosas con gracia y le admites casi todo. Hay otros que, aunque te elogien, te incomodan.

El otro día, alguien que me quiere bien me llamaba, con mucha guasa:

Beticucho, ateo y rojillo.

Oye, pues sí. Qué bien sienta que a uno lo definan en tres palabras.