Celebrábamos el cumple de mi amigo Joaquín en un bar el sábado al mediodía y, de golpe, se planteó un problema complejo: A mi amiga Tere la niña se le había quedado dormida encima.
Yo vi el panorama y no atisbé solución. ¿Nos la turnábamos entre todos para tomarla en brazos?
─Y ahora, ¿qué hacemos? ─pregunté.
─Tranquilo, Salva, hemos traído un carrito.
─Ahá.
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