Muchos episodios de mi vida fueron inversiones de futuro bienestar emocional.
Cuántas felicidades actuales no existirían de haber rechazado trabajar en París con treinta años.
Y si con trece años no me hubiera federado en remo, si nunca hubiese llevado una de mis novelas al cine, si no escribiera historias en este post diario.
¿Cuánta gente que me importa hoy no me habría perdido?
Por eso soy partidario de decir sí, porque si digo que no, estoy cerrando mi biblioteca de escenas a las que recurrir en el futuro.
Somos más completos cuanto más nos hemos puesto a prueba.
Si todos los días fueran iguales, la memoria tendería a convertirse en desierto.
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