—¿Allí se puede comer?
La taquillera del puerto de Amalfi, con desgana, me respondió que sí.
A esas horas Cetara era el único destino programado para disfrutar de un paseo en barco por la costa, así que allí nos montamos.
Desde ese día sueño con los tagiatelle alla Nerano que devoré en ese diminuto paraíso frente a Sorrento.
Soy de pillar los barcos.
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