—Borete —mi padre se asomó a mi habitación—, un sobre con el sello de la Reina de Inglaterra.
Yo ya sabía quién me escribía.
En mi adolescencia, cuanto más me iba metiendo en mí mismo, más creaba un mundo paralelo de protección. En ese universo estaba mi música. Y dentro de ella, 'Everything but the girl', un grupo londinense que ponía letras al amor, a la nostalgia, a la soledad.
"Nos ha encantado tu carta", me decían. "Un día iremos a tocar para ti en tu maravillosa ciudad".
—¿Quiénes son? —preguntó mi padre.
—Una banda de música, papá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario