—Deme un calabacín, por favor.
Soy de ir a la frutería y pedir así la verdura, porque no tengo integrado cuánto es medio kilo de nada. Y lo que yo quería era un calabacín.
—Tres filetes empanados —pido en la carnicería.
—Te pongo cuatro, que son muy pequeños.
—Vale.
La mujer se sonrió con mi respuesta.
—Soy fácil —le aclaré.
—No cambies nunca —me dijo—. Así le haces la vida más agradable a los demás y te sientes mejor contigo mismo.
Espero que estén buenos, porque ya solo quiero filetes de esa carnicería.
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