Es más, de poder hacerlo, enviaría a colegios enteros a visitar lo que fueron los campos de concentración, a entender lo que supuso el muro, a observar los restos de la iglesia conmemorativa del káiser Guillermo.
Entender cómo todo se puede ir al precipicio por el horror de lo peor del alma humana.
Yo llevaría allí a Trump y lo dejaría una semana, a solas, en el horror de Sachsenhausen.
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